Este año nuevamente saldremos a las calles este 25 de noviembre, a denunciar la terrible violencia que sufrimos las mujeres en todo el mundo. Recordaremos en ese día a las hermanas Mirabal que fueron asesinadas por el dictador Trujillo en República Dominicana y en su nombre nos hemos apropiado de esta fecha para gritar ¡Basta de violencia machista!

Por Secretaría de Mujeres de la LIT-CI

La violencia en el mundo

Llevamos casi dos años de pandemia, la violencia antes de la crisis sanitaria de la Covid-19 era brutal hacia las mujeres, pero ha empeorado y dado saltos cualitativos en estos 19 meses.

La OMS declaraba que: “Cerca de 736 millones de mujeres (es decir, una de cada tres) sufren violencia física o sexual infligida por un compañero íntimo o agresiones sexuales perpetradas por otras personas, unas cifras que se han mantenido estables a lo largo del decenio más reciente.

Esta violencia empieza temprano: una de cada cuatro mujeres de entre 15 y 24 años que han mantenido alguna relación íntima habrán sido objeto de las conductas violentas de un compañero íntimo cuando cumplan 25 años» [1]

Los índices de violencia varían y se incrementan a medida que los países son más pobres. Las que más expuestas están son las jóvenes, las negras y las indígenas,  y las mujeres diversas, que además reciben odio lesbobitransfóbico.

A esta situación se suma además para las mujeres trabajadoras la violencia económica que ha superado niveles históricos. Según el último informe de la ONU “la pandemia sumirá a 96 millones de personas en la pobreza extrema en el 2021, de las cuales 47 millones son mujeres y niñas.”

“Desde el inicio de la pandemia, en Europa y Asia Central, el 25 % de las trabajadoras por cuenta propia perdieron sus empleos, en comparación con el 21 % de los hombres, una tendencia que se prevé que continuará a medida que aumente el desempleo. De acuerdo con los pronósticos de la Organización Internacional del Trabajo, se podría perder el equivalente de 140 millones de empleos a tiempo completo como consecuencia de la COVID-19, y las mujeres tienen un 19 % más de probabilidades de perder su empleo que los hombres.”

“Las mujeres prevalecen en muchas de las industrias más golpeadas por la COVID-19, como las de servicios de alimentación, las minoristas y del entretenimiento. Por ejemplo, el 40 % de todas las mujeres empleadas (510 millones de mujeres en todo el mundo) trabajan en los sectores más afectados”. [2]

Si bien venimos de procesos de triunfo al conseguir el aborto legal en varios países de Latinoamérica, la violencia sexual y el impedimento a la planificación familiar por parte de los gobiernos sigue siendo un hecho innegable de violencia. Las muertes por aborto clandestino, o la cárcel y castigo a las que acceden al mismo son aún muy altas.

La mortalidad materna se disparó en el mundo, en algunos países se duplicó – como el caso de Colombia- y en otras se triplicó, a causa de las muertes directas por Covid, pero principalmente a causa de embarazos no deseados por la caída abrupta de servicios de anticoncepción, que llevaron a un aumento de abortos inseguros, y a la deficiente atención prenatal producto del cierre de maternidades y desvío de recursos para atender el COVID.  Estas muertes golpearon a las mujeres más pobres, rurales, racializadas y a miles de niñas.

No es la pandemia, es el capitalismo

Recientemente se realizó el Women Economic Forum 2021[3], allí las representantes femeninas de la ONU llegaron a la terrible conclusión de que “la pandemia trajo aparejado un retroceso de más de 18 años en la participación laboral de la mujer en América Latina y el Caribe”. Pero es importante decir, que no es la enfermedad o una catástrofe natural lo que nos hace retroceder en nuestros derechos.

La situación de las mujeres ya era terrible antes de la pandemia, porque este sistema de explotación y opresión que está en decadencia sólo funciona para garantizar ganancias a los empresarios y no para cuidarnos.

Los gobiernos en su gran mayoría redujeron los presupuestos en atención a la violencia machista, cerraron programas e incluso negaron atención médica prioritaria al aborto. Los gobiernos así sean progresistas, gastaron la mayor parte del presupuesto público en garantizar los beneficios empresariales y no en atender la violencia machista ni las necesidades sociales que se agravaron con la pandemia. Las denuncias por violencia aumentaron exponencialmente y hasta se ha creado una señal con el puño para identificar a nivel internacional una situación de emergencia.

El desempleo, el hambre y los confinamientos sin subsidios y servicios básicos disponibles son responsabilidad de los gobiernos burgueses, no del virus. Que las mujeres tuvieran que perder el empleo, renunciar a sus estudios por cuidar a la familia y los enfermos en esta pandemia es responsabilidad de los gobiernos y los empresarios.

Las empleadas domésticas perdieron casi en un 70% sus empleos, y el desequilibrio de las tareas domésticas y de cuidado aumentó a niveles agobiantes. Del mismo modo, la preferencia empresarial de volcar el trabajo a la virtualidad, expulsó del mercado de trabajo a las mujeres más pobres ya que no tienen herramientas ni acceso a servicios de internet. Hoy la brecha de género digital es un nuevo indicativo de la violencia machista.

Ante semejante situación mundial, se expresaron con mayor crudeza las violencias sobre las migrantes, refugiadas e indígenas. La brutal represión en la frontera sur de EEUU, en la Palestina sitiada sin acceso a vacunas, las violaciones realizadas por las tropas de ocupación en Haití o en Afganistán, donde ahora las mujeres cambian de opresor en manos del terrible Talibán.

Necesitamos una revolución socialista para terminar con este sistema asesino, que utiliza la opresión que sufrimos las mujeres para dividirnos como clase y explotarnos más, darnos menos salario que a los hombres, que seamos las desocupadas en masa las que presionen para bajar las conquistas laborales del conjunto de la clase obrera. Porque además el capitalismo se desentiende de las tareas domésticas y de cuidado que debería garantizar de manera colectiva, colocándolas en las espaldas de las trabajadoras y mujeres pobres.

Basta de mentir con el empoderamiento

Los números son terribles, las historias reales detrás de los mismos son desgarradoras y, sin embargo, las líderes mundiales que se autodenominan feministas siguen insistiendo que la salida es tener más mujeres en cargos de poder.

La terrible gestión de la pandemia por parte de los gobiernos y los organismos internacionales no se debe a que son de mayoría masculina, se debe a que responden a los intereses de las grandes empresas y que la ganancia está por encima de la vida de la humanidad. El apartheid de vacunas aplicado en el mundo, responde a la voracidad de los laboratorios y la rapiña imperialista y no a la composición de género de sus directorios.

Si bien estamos a favor de la paridad y la igualdad de oportunidades, no creemos que la salida individual, que la lucha de “mujeres contra hombres” o que los organismos y gobiernos burgueses al mando de mujeres nos darán la liberación que necesitamos. Como ellos mismos han demostrado, son las mujeres trabajadoras y más pobres las que sufren las peores consecuencias y expresiones de la violencia machista, y allí donde gobiernan mujeres no han cambiado cualitativamente las condiciones de opresión.

La lucha común por una revolución socialista con la clase obrera, con los sectores oprimidos y todos los que sufren la violencia de este sistema es la única que puede acercarnos a una mejor situación.

Unidad de la clase contra la opresión y explotación

Nosotras soportamos la carga, aumentamos las tareas, cuidamos la niñez, ancianos, enfermos, nos aislamos con nuestros agresores, nos siguieron violando, matando o golpeando por nuestra identidad de género. Pero decimos ¡Basta!, salimos a la calle y seguimos peleando.

Este 25N salimos con las mujeres polacas que siguen reclamando el derecho al aborto, con las cubanas que quieren derechos democráticos y libertad de las personas presas políticas, resistimos con las afganas y las palestinas. Salimos y debemos seguir saliendo con nuestra clase, con los millones de trabajadores que no soportan más el peso que los ricos quieren hacerles cargar.

No confiamos en las caras femeninas que ponen en los gobiernos, ni en las trampas electorales que sólo favorecen a los poderosos. Confiamos en nuestras fuerzas, en saber que para terminar definitivamente con la violencia machista y la opresión debemos luchar contra este sistema que nos explota y oprime.

Pero en la lucha contra el machismo y la opresión, queremos y necesitamos el apoyo de los hombres trabajadores, porque el machismo que oprime, humilla y sobreexplota a las mujeres sirve tanto para dividir y debilitar a la clase, como para aumentar la explotación de todos los trabajadores. En este sentido estamos en contra de todas las visiones sexistas contrarias a la batalla para que los hombres rompan con su propio machismo y vengan a luchar con nosotras.

La lucha por nuestros derechos tiene que ser de toda la clase obrera, para que nuestros compañeros dejen también de reproducir el machismo y que nuestras organizaciones combatan ese flagelo en nuestro interior para que nosotras tengamos un lugar en la lucha común. La pelea no es por separado, es de manera común combatiendo el machismo en el interior de nuestra clase. No hay salida para terminar con la opresión sin derribar este sistema capitalista que nos oprime y destruye.

Para lograr que haya un plan de emergencia para la violencia machista, debemos luchar contra los planes de ajuste y los gobiernos que lo emplean. Este 25N saldremos a las calles, tomaremos medidas de cuidado, pero no dejaremos de exigir el derecho de vivir.

  • ¡Basta de violencia machista!
  • ¡Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir! ¡Atención prenatal de calidad!
  • ¡Basta de opresión y explotación!
  • ¡Plan de emergencia para combatir la covid-19 y la violencia machista!
  • ¡Aumento drástico de recursos y presupuesto para Servicios de prevención, atención y protección a las víctimas!¡No al pago de la deuda!

Notas:

[1] https://www.who.int/es/news/item/09-03-2021-devastatingly-pervasive-1-in-3-women-globally-experience-violence 

[2] La pandemia de la COVID-19 y sus efectos económicos en las mujeres: la historia detrás de los números | ONU Mujeres (unwomen.org)  

[3] El coronavirus generó un retroceso de más de 18 años en la participación laboral de las mujeres (latinoamericapiensa.com)