Jue Mar 30, 2023
30 marzo, 2023

Vera Lúcia: «Sueño con el día en que los trabajadores y los pobres tomen el poder que les corresponde por derecho»

La imagen de la entrega de la banda presidencial durante la toma de posesión fue muy fuerte e impactante. En lugar de los uniformes que exhalan naftalina, nostálgicos de la dictadura, un indígena, un obrero, un niño negro, un muchacho PCD (persona con discapacidad), una cocinera, una cartonera (recicladora), etc. Una pequeña muestra de los más explotados y oprimidos de este país.

Por Vera Lúcia, de São Paulo (SP)

La fuga cobarde del genocida hizo posible esta composición llena de simbología, que dice: el pueblo pasa el poder al presidente electo. Es decir, el poder está en manos del pueblo, que lo delega en el presidente elegido en las urnas. La emoción en este escenario es legítima, especialmente entre quienes luchan por un mundo más justo, y enfrentaron un período de dura represión, retrocesos y persecuciones.

El problema es lo que hay detrás de esta escena. El nuevo gobierno que llega al poder, hay que decirlo, no representa a estos sectores. La cocinera que está al lado de Lula bien podría haber sido una de las víctimas de la masacre de Pinheirinho[i] perpetrada por Alckmin. El indígena, una víctima de la expansión de las fronteras agrícolas perpetrada por el agro en los gobiernos Lula.

La realidad detrás de este simbolismo es más dura y cruel: el gobierno Lula-Alckmin representa el mismo agro que destruye el medio ambiente y diezma a los pueblos originarios. Están las grandes empresas y multinacionales que despiden y suprimen los derechos de los metalúrgicos. Está al servicio de los banqueros que extorsionan y drenan la riqueza que produce la clase trabajadora. La ley antidrogas, sancionada por Lula, multiplicó el número de jóvenes negros encarcelados.

Para representar fielmente el carácter del gobierno Lula-Alckmin, sería más realista que estuvieran ahí Olavo Setúbal, Benjamin Steinbruch, Luiz Trabuco de Bradesco, Rubens Ometo de Cosan, Armínio Fraga; hombres blancos, multimillonarios, representantes de gran capital, los mismos que siempre han estado ahí durante los últimos 500 años. Gente que, dentro y a través de este gobierno, seguirán atacando precisamente a los que le pusieron la banda a Lula.

Los símbolos son importantes e indican una determinada personalidad. Ya sea de una persona, una institución o un gobierno. Pero la práctica y la realidad son cruelmente determinantes.

Sin embargo, esa escena me conmovió, como muchas otras. Pero no precisamente por lo que ocurrió allí, una ceremonia protocolar. Me imaginé cuando los trabajadores, los indígenas, las mujeres, los jóvenes y los más masacrados por el capitalismo, finalmente ocupen el poder, y estén subiendo la rampa, no como extras, sino como protagonistas. Cuando tomen el poder por sus propias fuerzas y, con él en sus manos, decidan los rumbos de su propio destino.

A partir de entonces, no los veremos en una puesta en escena de transmisión de un poder que no ejercerán. Efectivamente los veremos recibiendo la banda para gobernar.

Un feliz 2023 para todas y todos, y que este sueño se haga realidad.


[i] Intervención de las fuerzas de represión, en enero de 2012, para desalojar y destruir una ocupación de 8.000 personas por parte del Gobierno del Estado de São Paulo (Alckmin).

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