El último jueves, el anuncio oficial del Instituto Butantan sobre la tasa de 78% de eficiencia de la vacuna CoronaVac, y la entrada en el pedido de registro de emergencia en la Anvisa [Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria], trajeron un aliento y un horizonte de esperanza en un momento en que el país acumula la trágica marca de más de 200.000 muertes por el Covid-19 en el Brasil, solo en casos notificados. Un hecho notable de este Instituto, de sus investigadores y profesionales de la salud, tan atacados por los gobiernos en el último periodo.

Por: Redacción PSTU – Brasil, 9/1/2021

Pocas horas después, el actual ministro de Salud, el general Eduardo Pazuello, en un pronunciamiento público cuyo mayor tiempo fue dedicado a criticar a la prensa, también anunció la compra de cien millones de dosis producidas por el Butantan, incorporando la vacuna en el Plan Nacional de Inmunización (PNI) con 46 millones de dosis hasta abril. Fue un retroceso de Bolsonaro frente a la presión de la opinión pública, ya que, en octubre del año pasado, este mismo gobierno había desautorizado cualquier convenio con el Instituto localizado en San Pablo, afirmando que “no habrá cualquiera y ninguna vacuna”.

Al mismo tiempo, Pazuello recordó una vez más el acuerdo con la vacuna de la AstraZeneca, empresa a la que el gobierno Bolsonaro había dado exclusividad para el plan de inmunización. Citó incluso un acuerdo con la Johnson & Johnson (tres millones de dosis en el segundo trimestre). Y con la Pfizer, reclamando de la cantidad que la farmacéutica dispuso para el país, con apenas 500.000 dosis en enero, algo que no suple siquiera la población de Osasco [un barrio de la zona Oeste San Pablo]. Él solo no recordó que el Brasil, por el negacionismo de su gobierno, fue el último en encomendar la vacuna quedando así atrás de la fila de los países que hace meses ya habían pedido la producción de la farmacéutica.

El gobierno aún pone en rol de posibilidades las 42 millones de dosis de la Covax Facility, el consorcio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para países pobres, pero estas sin ninguna previsión de cuándo llegarán. En total, la promesa del gobierno es de disponer 354 millones de dosis, en un plazo aún indefinido. Considerando que, sacando a la Johnson, las vacunas prevén dos dosis para la inmunización, esa cantidad atendería a 177 millones de los 210 millones de brasileños.

En lo que debería haber sido una conferencia de prensa pero que se tornó un mero pronunciamiento, ya que no fue abierto a preguntas, Pazuello no respondió a la principal pregunta que todos esperan hace meses: ¿cuándo comenzará la vacunación? Según el general ministro especialista en logística, en enero. O febrero. En la peor de las hipótesis, en marzo. O sea, se hizo más evidente que la conferencia de Pazuello solo sirvió para contraponerse a Doria en esta guerra electoral en que se tornó la cuestión de las vacunas, entre Bolsonaro y Doria, en la que lo menos importante es la vida de las personas. El país continúa a ciegas, apilando muertos y sin ninguna planificación.

Después de que la India, donde se localiza la fábrica de la AstraZeneca, vetó la exportación de los insumos de la vacuna para atender a su población local, lo que de concreto existe en el Brasil son las 10,8 millones de dosis de la CoronaVac, en este momento en stock en el Instituto Butantan de San Pablo, a la espera de la aprobación de Anvisa.

La vacunación ya debería haber comenzado en todo el país

Las declaraciones de Pazuello no resuelven el embrollo que envuelve el inicio de la vacunación. El gobierno paulista ya anunció el inicio de la campaña en el Estado a partir del 25 de enero, y coordina con los municipios la logística de la distribución y aplicación de las vacunas. Fecha esta que podría ser anticipada dependiendo del gobierno federal. El Ministerio de Salud, por su parte, argumenta que, según la Medida Provisoria publicada por Bolsonaro el último miércoles, la vacunación comenzaría de forma simultánea en todo el país, lo que impediría el inicio de la inmunización en San Pablo, conforme el gobierno paulista prometió.

Todo indica que el gobierno Bolsonaro espera la llegada de dos millones de dosis de la India, de la farmacéutica AstraZeneca, para ser el primero en iniciar la vacunación, llegando adelante del Butatan y capitalizando políticamente contra Doria. Incluso si las vacunas sirven solo como una acción de propaganda frente a las reales necesidades del país. El verdadero objetivo es una foto para la prensa. En este sentido, un atraso de la CoronoVac debido a la falta de liberación de Anvisa atendería este conflicto espurio.

Es simplemente criminal que no se haya iniciado aún la vacunación en el Brasil, país hace poco tiempo atrás referencia en procesos de inmunización en masa, con dos Institutos de renombre internacional: el Butantan, en San Pablo y la Fiocruz, en Río de Janeiro. Mientras continúa esa disputa política por las vacunas, el país vuelve a tener el registro de más de mil muertes diarias por la enfermedad, lo que afecta, sobre todo, a los trabajadores y la población más pobre y vulnerable.

Llegada de lotes de la CoronaVac en San Pablo.

Tampoco tiene sentido la polémica de si San Pablo puede iniciar la inmunización antes que el resto del país. Lo que se debería estar discutiendo es la razón por la cual no se comenzó la vacunación en todo el territorio nacional, por lo menos de los grupos de riesgo, como los profesionales de la salud y los ancianos, cuando más de 50 países alrededor del mundo ya lo hacen. No tienen la menor cabida impedir el inicio de la vacunación en San Pablo, así como no tiene el menor sentido no estar vacunando, no solo en San Pablo como también en los demás Estados, o siquiera tener una previsión concreta de cuando esto va a comenzar.

Las clínicas particulares están ahora en la India negociando la importación de cinco millones de dosis de vacuna, a fin de vender, en el Brasil, a quien pueda pagar. Esa cantidad es casi la mitad de las dosis que tenemos dispuestas ya en el país. Lo que plantea la cuestión: ¿por qué no es el gobierno el que está allá adquiriendo esa vacuna para inmunizar a la población a través del sistema público de salud? Caso se efectivice la compra, el Estado debería confiscar las vacunas y disponerlas en el Sistema Único de Salud (SUS) para toda la población, comenzando por los grupos de riesgo. Es inadmisible que los ricos tengan las vacunas garantizadas, mientras el conjunto de la población continúa muriendo.

Más absurdo aún es que sean los mismos sectores que sostienen a Bolsonaro en el gobierno, y que nos trajeron a la situación en la que estamos hoy. Si los ricos quieren vacuna, que se junten a los que luchan para sacar este gobierno y garantizar vacunas para todos.

Sería posible, desde ya, comenzar la vacunación de los grupos prioritarios y de riesgo en todo el país, mientras se adquieren insumos para la producción para el resto de la población en el menor tiempo posible. El atraso, la negligencia y la política genocida de Bolsonaro ya costaron muchas muertes. Esta vez, no por el Covid-19 sino por la falta de vacunas.

Estatización de las grandes farmacéuticas y más dinero para la salud y la investigación

Otro punto que la pandemia abre es el proceso de desnacionalización del país. Con institutos de investigación de referencia internacional, el Brasil hoy está completamente a merced de media docena de grandes farmacéuticas multinacionales, que deciden quien tendrá o no la vacuna. Más que eso, en uno de los países más industrializados del mundo, existe el riesgo de que falten jeringas para la vacunación. La educación, la ciencia y la investigación vienen siendo atacadas de forma sistemática no solo por el gobierno Bolsonaro sino por el propio gobierno Doria, que hace propaganda a la vacuna del Butantan al mismo tiempo que amenaza cortar presupuesto de la Fapesp [Fundación de Apoyo la Investigación del Estado de San Pablo].

Es necesario estatizar las grandes farmacéuticas poniéndolas bajo control de los trabajadores, y revertir la destrucción de la enseñanza y de la investigación, aumentando el presupuesto en el área, valorando a los investigadores y profesionales de la Salud, así como los Institutos que ya cuentan con larga tradición en el sector y sufren con la acción de estos gobiernos. Cada vez más, una cuestión de vida o muerte.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.