Iniciamos en este periódico una Campaña titulada “Trabajar menos para trabajar todos”, donde discutiremos el problema del desempleo y de la precariedad, cómo se concreta en varios sectores hoy, y cuáles son las alternativas de la clase trabajadores frente a su agravamiento en estos tiempos de crisis.

Por: Em Luta – Portugal

Los patrones viven a costa de la riqueza producida por nuestro trabajo y deben soportar los costos de esta crisis. Por eso, no podemos aceptar que el desempleo transforme a una parte de los trabajadores en miserables. Así, es necesario defender una real protección en el desempleo, de acceso a todos y con valores que permitan vivir, y no mendigar, como hoy.

Simultáneamente, los trabajadores no pueden pagar el costo de la crisis a través del financiamiento directo de los lucros de las empresas (lay-off, por ejemplo) o indirectamente, al permitir que las empresas despidan e imputen a la Seguridad Social un crecimiento de costos que es de responsabilidad suya.

La solución del desempleo pasa por crear empleo digno y estable para todos. ¿Cómo hacerlo? Las propuestas son varias, pero hay una esencial: trabajar menos horas, para poder trabajar todos.

Medidas
Reducción del horario de trabajo sin reducción de salario

Históricamente, la revolución industrial y la electricidad trajeron un aumento de las horas de trabajo. La clase trabajadora entabló una lucha histórica por la reducción de la jornada semanal de trabajo. En Portugal, las 8 horas diarias (48 semanales) fueron conquistadas en 1919. Solo en los años 90 se implementaron las 40 horas semanales. Países como Francia tienen 35 horas semanales, lo que en Portugal solo existe en el sector público. Hoy, la tecnología y la automatización permiten disminuir aún más el horario de trabajo, lo que haría posible más tiempo para la recreación, para la familia, etc.

Frente a esta crisis económica hay menos consumo y menos trabajo en diversos sectores, como la aviación o el turismo, o sea, hay una menor necesidad de horas para hacer el trabajo necesario. En la lógica capitalista, la respuesta es reducir el número de trabajadores, agravando el desempleo. Pero hay alternativas: dividir el número de horas de trabajo necesarias por los trabajadores existentes, reduciendo la jornada individual de trabajo y manteniendo el salario sin ninguna reducción.

Otras propuestas

Esta propuesta debe, en nuestra opinión, ser solo el punto de partida para discutir un conjunto de exigencias para ir al fondo de la cuestión. En ese sentido, debemos juntar las reivindicaciones de un plan de obras y servicios públicos que cree empleo y responda a las necesidades sociales y ambientales del país, pro ejemplo, aumentando el número de trabajadores en la salud, la educación y otros servicios públicos y sociales (como hogares y guarderías, que hoy están fuera del ámbito estatal), que mejore las infraestructuras de transportes colectivos y dé respuesta ambiental. Debemos también restringir la utilización del trabajo por turnos a los sectores esenciales, obligando a que haya más trabajadores en simultáneo en el horario “normal” para cumplir el trabajo necesario. Es preciso prohibir los despidos y acabar con las empresas de trabajo temporario y de outsorcing y los recibos verdes.

Polémica
¿Una propuesta irrealizable o revolucionaria?

Esta propuesta permitiría no solo responder estructuralmente al problema del desempleo, sino también dar una calidad de vida y de salud muy superior a todos los trabajadores.

Pero sí, ella tiene un costo: meterse con los bolsillos de los grandes capitalistas, que viven de apropiarse de la riqueza creada por nuestro trabajo. Sabemos que muchos capitalistas dirán que eso no es sostenible. Exijamos, entonces, la abertura de los libros de contabilidad, para que sean los trabajadores los que controlen lo que se gasta, dónde se gasta, para dónde van las ganancias y, si es necesario, que los trabajadores tomen el control de las empresas, reorganizando su producción al servicio de que sea socialmente útil y necesario, y no lo que es lucrativo para los capitalistas.

La posibilidad o imposibilidad de concretar estas reivindicaciones depende de la relación de fuerzas de la clase trabajadora y solo la lucha podrá dictar su implementación. Sin salir a luchar, la alternativa será pagar con desempleo y miseria una crisis que no es nuestra. Por eso, luchar por estas reivindicaciones es el inicio, pero sabiendo que del capitalismo nada podemos esperar. Acabar con el desempleo precisa de una nueva revolución.

Texto originalmente publicado en el periódico Em Luta n.° 24 (noviembre de 2020, p. 9).-
Traducción: Natalia Estrada.