El Partido de los Trabajadores de Costa Rica logró la inscripción electoral para participar de las presidenciales del 7 de febrero de 2022. Este es sin duda un logro de la izquierda socialista y revolucionaria en aras de construir una alternativa en medio de la pandemia y la miseria capitalista.

Por PT-Costa Rica

Esta es la tercera participación en una elección presidencial, luego de las participaciones en 2014 y 2018. Fue un largo proceso donde el Tribunal Supremo Electoral le impuso un gran número de trabas a nuestra organización, pero al final, el pasado 28 de octubre se recibió el visto bueno para las candidaturas a presidencia, las dos vicepresidencias, así como las candidaturas para diputados en las siete provincias del país.

La presencia de un partido trotskista y revolucionario como el PT sin duda es una victoria porque existe un mar de partidos burgueses y el reformista Frente Amplio, que lanzan promesas y buscan siempre defender este Estado capitalista. En este escenario somos la única organización que plantea una ruptura con el capitalismo en su fase imperialista, así como la necesidad de construir una sociedad socialista mediante la vía revolucionaria, como el único camino para garantizar condiciones de vida dignas para el pueblo trabajador.

En la fórmula presidencial tenemos al compañero Jhon Vega como candidato a la presidencia, tal como en el año 2018. Tenemos también al profesor Greivis González y la compañera Jessica Barquero, trabajadora social, como candidatos a la primera y segunda vicepresidencias respectivamente.

Candidaturas Obreras y Populares

Al lado de estos compañeros presentamos una plana de candidaturas obreras, campesinas y populares que nos llenan de mucha satisfacción y que expresan el rol del partido durante estos 16 años de existencia al lado de la clase trabajadora en sus luchas cotidianas contra la miseria capitalista.

Dentro de estas candidaturas se destacan las de Alexis Casanova quien es dirigente del sindicato de Dos Pinos, principal empresa de alimentos del país y una de las más grandes de Centroamérica, la de Olga Brenes, dirigente del sindicato de SELIME (empresa subcontratista de limpieza) y la de Obeth Morales dirigente del sindicato de la empresa piñera Dole. Tener dirigentes obreros en las filas y candidaturas del PT son un importante paso para nuestro partido que reflejan su relación con la clase obrera. Y estas candidaturas adquieren una mayor significancia cuando tomamos en cuenta la dictadura patronal que existe en Costa Rica en el sector privado. Estos candidatos nuestros han tenido que enfrentar despidos, amenazas, procesos judiciales, discriminación en sus centros de trabajo, persecución, y aún así se han mantenido firmes y han logrado exitosamente organizar a sus compañeros de trabajo para enfrentar a la patronal, en un país donde los sindicatos en la empresa privada se cuentan con los dedos de las manos.

Acompañando a estos compañeros tenemos las candidaturas de destacados dirigentes como Freddy Rodríguez, comunista desde hace más de 50 años, quien fue dirigente de bananero y hoy se encuentra al frente de un sindicato de pescadores artesanales en Puntarenas (provincia costera del lado del Pacífico). También entre las candidaturas se encuentra la compañera Lidieth Rojas; dirigente de la lucha por la recuperación de tierra para campesinos en la zona norte del país, quien se encuentra procesada judicialmente por dirigir la lucha por la tierra. Se suma a la lista de candidatas la compañera Mirna Hernández, reconocida dirigente comunal de Los Guido, barrio obrero y popular de la periferia sur de San José.

El contexto de esta elección

Esta elección se da en un contexto nacional e internacional marcado por la pandemia. En Costa Rica, el COVID-19 mató a más de 7 mil personas y 560 mil contagios. Esta crisis sanitaria se combina con una crisis social sin precedente: la pobreza alcanzó el nivel histórico del 24% de la población y el salario cayó a un 13,8%; cientos de pequeñas y medianas empresas cayeron en la ruina.  En medio de esta crisis, el discurso del gobierno burgués del presidente Carlos Alvarado fue de llamar a la población a sacrificarse para salvar la economía, bajo ese pretexto impuso una serie de medidas como los despidos, reducción de salarios y de la jornada laboral, así como congelamientos al salario.

Pero ese discurso de exigir a la población someterse a ajustes a la baja en sus condiciones de vida contrasta con la política hacia los grandes empresarios. A ellos se le mantuvieron sus privilegios intactos, como el no pago de impuestos en régimen de zona franca. El país siguió pagando puntualmente la deuda y las medidas de confinamiento nunca fueron contundentes para las grandes empresas. En cuanto a la política de vacunación, recién hasta esta época del año se ha alcanzado cierta cobertura significativa, aunque aún se mantiene el 30% de la población sin vacunarse. Además, el gobierno fue cómplice del sistema de apartheid de las vacunas, donde los países semicoloniales como el nuestro quedaban en el último orden de prioridad. Incluso recién hasta el mes de octubre se comenzó a vacunar a la población migrante nicaragüense en condición irregular, quienes trabajan en condiciones laborales deplorables como mano de obra barata en la construcción, o las plantaciones agrícolas en su mayoría. Cabe señalar que esta disposición sigue teniendo muchas restricciones que deja a muchas de estas personas sin acceso a las vacunas.

Estamos seguros de que muchas muertes se pudieron haber evitado, pero tanto el gobierno como todos los partidos en el parlamento se colocaron desde el primer minuto en favor del lucro de las grandes empresas nacionales y extranjeras, por encima de la defensa de la vida de la clase trabajadora.

También esta coyuntura de la pandemia mostró una vez más la cara más brutal del capitalismo, sistema en permanente crisis que empuja a la humanidad a la barbarie y es incapaz de garantizar las necesidades más elementales de la población trabajadora. El Estado, con sus diferentes instituciones como el parlamento, los ministerios, el sistema judicial y los cuerpos policiales, lejos de ser imparcial de garantizar el bien común, es un estado que defiende y protege las grandes ganancias y los intereses de la clase capitalista que ha seguido recibiendo jugosas ganancias durante la pandemia.

Nuestra candidatura de entrada se plantea la necesidad de romper con ese modelo económico y denunciar el accionar del régimen de los partidos defensores de los grandes empresarios nacionales y extranjeros. Vamos a esta campaña a plantear iniciativas concretas ante el ataque a las condiciones de vida, pero también a no despertar falsas ilusiones sobre el régimen: Decimos que la única salida de fondo es la lucha y organización para destruir el estado capitalista y construir una sociedad socialista donde sean los trabajadores quienes gobiernen.

Nuestras propuestas de lucha y socialistas

La pandemia profundizó la crisis social y económica del país, todo un retroceso de décadas en las conquistas del pueblo pobre mediante las luchas. Acorde con ello, levantamos una serie de propuestas que puedan solventar esta situación.

En primer lugar, planteamos la necesidad de acabar con el capitalismo, que es el verdadero culpable de todos los males que sufrimos la clase trabajadora. La pandemia por sí misma no habría traído todas las consecuencias que hemos sufrido, si se hubiera puesto como principal interés la salud, pero bajo este sistema eso es imposible, lo que prima es el lucro de las grandes empresas nacionales e imperialistas, quienes verdaderamente gobiernan en el país.

En nuestra campaña ubicamos como principal tarea la urgente necesidad de romper con las políticas imperialistas que han saqueado el país a favor de los grandes empresarios. Esto empieza por la ruptura con el imperialismo y las políticas de los organismos financieros internacionales, por la derogatoria de los tratados de libre comercio y el desmonte de todas las leyes que le dan estatus de colonia a nuestro país, así como por la ruptura de los acuerdos con el FMI. Por el fin de los acuerdos de patrullaje conjunto y toda aquella agenda que pretende militarizar la región. Como alternativa a esa vinculación internacional creemos que es fundamental manifestar en la discusión luchar por la integración centroamericana bajo el control de los trabajadores. Esto será mediante una revolución social que instaure una nueva federación centroamericana ahora de gobiernos de trabajadores, pero esta tarea tiene como antesala la inmediata y urgente necesidad de unificar a los trabajadores de Centroamérica para luchar contra los gobiernos dictatoriales, como los de Juan Orlando Hernández de Honduras u Ortega de Nicaragua. Nos declaramos por la defensa de los derechos democráticos en toda la región, para tener una Centroamérica libre de tiranías neoliberales.

En esta campaña planteamos la necesidad de recuperar el país para los trabajadores e impulsar un modelo socialista mediante la expropiación de las principales empresas, como única forma de garantizar que la riqueza que se produce en el país se invierta en las necesidades del pueblo; la suspensión inmediata del pago y auditoría de la deuda pública mediante una auditoría desde las organizaciones sindicales y populares para definir sus tramos ilegales para determinar cuánto corresponde a acreedores privados y a negocios corruptos.

Lo anterior lo planteamos junto con la necesidad de luchar por las necesidades inmediatas de la clase trabajadora y el pueblo de Costa Rica que nos parece que pasan por:

En primer lugar, un aumento salarial de emergencia del 13,8% para todas las personas trabajadoras que permita subsanar la pérdida del valor adquisitivo del salario y recuperar el terreno que ha perdido en el último año.

Planteamos la necesidad de luchar por una reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales sin reducción de salario que permita la creación de nuevos empleos. Con esta medida se crearía 1 nuevo empleo por cada 5 trabajadores actuales, es decir un aumento del 20%. También se ubica la prohibición de despidos por voluntad del patrono para que ningún patrono mande a las familias trabajadoras a la miseria por el mero deseo de mantener sus jugosas ganancias.

Con el fin de acabar con el recargo de las labores de cuido sobre las mujeres, colocamos la necesidad de universalización de los servicios estatales de cuido. De esta forma, ellas que estas puedan trabajar y contar con independencia económica.

Reivindicamos el derecho a la tierra y la vivienda, mediante un plan nacional de vivienda, que garantice un hogar digno para la clase trabajadora. Esto se combina con la necesidad de la reforma agraria para la expropiación de la tierra cultivable en manos de las grandes transnacionales y de las tierras ociosas, para que estas sean repartidas a los pequeños y medianos campesinos para que las trabajen.

Para nosotros, el programa tiene un componente central alrededor de las mujeres trabajadoras. Como vimos, ellas han llevado la peor parte en medio de la pandemia, donde se ha profundizado la desigualdad salarial, la pobreza y la violencia machista. Además de la universalización del cuido, proponemos una política específica de empleo hacia las mujeres, por el fin de la desigualdad salarial y garantizar igual salario por igual trabajo. También proponemos la socialización de las tareas domésticas a través de la creación de comedores y lavanderías comunales, para que el Estado asuma su responsabilidad. Creemos necesaria la declaratoria de emergencia nacional ante la violencia machista, para que se puedan destinar los recursos económicos necesarios para garantizar brindar servicios de atención ante las situaciones de violencia.

La lucha contra las opresiones es central también en nuestro programa, por eso hablamos de la más amplia unidad de la clase trabajadora, por los mismos derechos y condiciones de trabajo, sin importar la nacionalidad, el género o la orientación sexual.

Exponemos que exista una real tipificación de crímenes de odio y mantener un registro y penalización de estos delitos debido a la orientación sexual, asistencia social para todas aquellas personas LGBTI que hayan huido de sus hogares por discriminación y exclusión por su identidad de género u orientación sexual o promulgación de Ley Trans que contemple la rectificación registral para todas las identidades autopercibidas, incluida la niñez; para que se garantice el acceso a la salud, tratamientos y cirugías; así como cupos laborales y de acceso a la educación superior para personas trans.

También colocamos la igualdad de derechos laborales para los migrantes, multas altas para los patronos que no los cumplan y restitución inmediata de derechos. Defendemos la necesidad de acceso a la seguridad social el aseguramiento en la CCSS y cárcel a los patronos que incumplan estas obligaciones, por el derecho a formar sindicatos y a ser electos como representantes. Urge tirar abajo la Ley de Migración, por la regularización migratoria inmediata de los trabajadores y sus familias. Finalmente, levantamos el derecho a votar y a ser electos.

Un llamado a la rebelión

En este nuevo proceso electoral, el Partido de los Trabajadores es la única organización que plantea un programa socialista y revolucionario. Frente a los problemas que vive la clase trabajadora, en cuanto a desigualdad, pobreza, caída de los ingresos y ataque a los derechos, decimos que esto no se logra mediante el voto u ocupando puestos en la podrida institucionalidad burguesa. Para nosotros la única forma de recuperar el país para los trabajadores es mediante la más amplia unidad de la clase trabajadora para imponer mediante la movilización, una política propia y conquistar el poder político.

Para eso necesitamos unir las luchas de trabajadoras y trabajadores del sector público y privado, nacionales y migrantes, mujeres y jóvenes. Necesitamos construir un Gobierno con nuestras propias organizaciones, que permita la participación directa de los trabajadores en la toma de decisiones y no delegarlo a unos cuantos diputados que solo defienden a los grandes empresarios.

El primer paso para lograr esto es luchar en el sector privado contra la dictadura de la patronal y conquistar el derecho a la sindicalización. Junto a esto debemos luchar porque los trabajadores migrantes, especialmente nicaragüenses, tengan los mismos derechos políticos que los costarricenses. La experiencia ha demostrado que es con la organización y la lucha que podemos conquistar derechos, como se hizo con la jornada de 8 horas, el aguinaldo o tantos otros derechos.

Nuestra campaña está en función de plantear la organización independiente de la clase trabajadora contra el capitalismo que empuja a las masas a la miseria y la barbarie. Vamos a ir a los barrios obreros, las fábricas, plantaciones y centros de trabajo a presentar nuestras propuestas de lucha ante el hambre y el desempleo, pero también diremos que es necesario romper con este modelo imperialista y destruir el Estado capitalista mediante una revolución socialista que acabe de raíz con la explotación. Sobre esta base se conquistará el poder político e instaurar el gobierno de los trabajadores basado en consejos populares.

En esta campaña, tal y como lo hacemos en las luchas cotidianas de la clase trabajadora donde intervenimos, hacemos un llamado a construir y sumarse a las filas del Partido de los Trabajadores, por una alternativa socialista y revolucionaria ante la pandemia y la miseria capitalista.