El corte del auxilio de emergencia, de R$ 600 a R$ 300, anunciado por el gobierno Bolsonaro, ocurre justo en el momento en que vivimos el absurdo aumento del precio de los alimentos más básicos, como el arroz y la carne. Con R$ 300 no se consigue comprar siquiera una canasta básica, que en San Pablo llegó a R$ 540.

Por: Redacción PSTU – Nota editorial

Al mismo tiempo, el gobierno se une a banqueros y grandes empresarios para reabrir la economía, mandando a millones al matadero; se aprovechan de la crisis para despedir, rebajar salarios y “passar a boiada” en los derechos [arrasar con ellos].

Es lo que ocurre en la Embraer, que echó a la calle a 2.500 trabajadores. La Volkswagen, por su parte, anunció que despedirá a 5.000. Los empleados de los Correos, que ya tienen uno de los menores salarios entre las estatales, sufren una ofensiva contra sus derechos en el marco de una preparación para la entrega de la empresa.

Mientras tanto, el gobierno hace avanzar la devastación del medio ambiente. El Pantanal está amenazado con las quemas mientras la Amazonía tiene un aumento de 68% en el desmonte. La respuesta del gobierno es la misma: persecución a los servidores del Ibama [Instituto Brasileño del Medio Ambiente y los Recursos Naturales], del Inpe [Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales], y de los demás organismos que puedan ir contra los intereses de los madereros, pecuaristas y latifundistas.

Máscara de Bolsonaro puede caer

Bolsonaro está frente a un impasse: el auxilio de emergencia lo blindó de las barbaries practicadas durante la pandemia y hasta le garantizó aumento de su popularidad, reflejo de la brutal desigualdad y de la miseria estructural del país. Pero, para garantizar algún tipo de renta mínima y no tocar en los privilegios de los del “piso de arriba”, quiere atacar a los asalariados y los auxiliados. Fue por eso que ventiló el fin del abono del PIS [Programa de Integración Social] o, más recientemente, el congelamiento de las jubilaciones y del salario mínimo.

Las tales filtraciones del equipo económico a la prensa sobre estas medidas impopulares son, en verdad, globos de ensayo de Bolsonaro, que testea como van a pegar esos ataques. Así, frente a la mala repercusión, es solo arrojar la culpa en Paulo Guedes. Es como el papel del policía malo y el policía bueno en las películas. Pero, por detrás de ese juego de escena, hay un plan para atacar aún más a los trabajadores, evitar desgastes, y garantizar la reelección y su proyecto de poder.

Veamos hasta dónde va ese engaño. Incluso porque el gobierno continúa su marcha contra los derechos de los trabajadores, como la reforma administrativa que ataca de forma dura a los servidores, y el brutal ajuste fiscal que va a sacar mil millones de reales de las universidades federales en 2021.

Una reciente encuesta divulgada por la revista Exame muestra que por detrás del crecimiento entre las personas que evalúan el presidente como “bueno” u “óptimo” está el aumento de los que lo consideran “regular”, lo que puede indicar el techo y la inconsistencia de la popularidad de este gobierno, que se deparará con un futuro difícil.

Unificar las luchas

Mientras cerramos esta edición, los trabajadores de los Correos entran en su quinta semana de huelga. Es una lucha heroica, de un gremio súper explotado que enfrenta una campaña de calumnia por parte del gobierno y del conjunto de la prensa, pero que se mantiene firme y pone en discusión la defensa de una estatal estratégica para el país. Los trabajadores de la Embraer también están en huelga contra 2.500 despidos.

Por su parte, los petroleros, otro batallón pesado de la clase trabajadora, están en campaña salarial y luchan contra los mismos quites de derechos por parte de la estatal, que sigue la política privatista de Bolsonaro. Es fundamental rodear de solidaridad estas luchas, batallando por la unificación de esas movilizaciones contra la política de entrega, destrucción y semiesclavitud del gobierno Bolsonaro.

La oposición parlamentaria, como el PT y el PCdoB, no solo no se lanzan a fondo en el apoyo a esas luchas ni enfrentan directamente los planes del gobierno, como reproducen en los Estados que gobiernan la misma política de Bolsonaro y Paulo Guedes. El PCdoB llegó a votar en el Congreso Nacional por la exención a los pastores millonarios.

Por su parte, el PSOL defiende un programa que no va más allá de gobernar el capitalismo, reeditando un proyecto de conciliación de clases, con una fraseología más a la izquierda en algunos lugares, pero que no plantea como objetivo el socialismo.

Por eso la importancia de una alternativa revolucionaria y socialista en estas elecciones, que plantee de forma abierta que no hay salida para la clase trabajadora y para el pueblo pobre dentro de este sistema. El capitalismo solo nos reserva desempleo, hambre y miseria, como estamos viendo con la pandemia. Para cambiar, de hecho, la clase trabajadora, los negros, los jóvenes, las mujeres, las LGBTs, los indígenas y todos los sectores explotados y oprimidos deben organizarse para destruir este sistema y construir un gobierno suyo, que funcione por medio de consejos populares.

Es a ese objetivo que están volcadas las precandidaturas del PSTU. Queremos disputar la conciencia de la clase en defensa de un proyecto socialista y no dejarla rehén de alternativas de la burguesía o de la conciliación de clases, cuyos efectos nefastos estamos sintiendo. Para eso, convidamos al conjunto del activismo.

Artículo editorial de Opinión Socialista n.° 598, del 16/9/2020, publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.