Hace unos días se conoció la noticia de que Donald Trump y su esposa Melania dieron positivo en el test de coronavirus. El presidente estadounidense fue internado y fue atendido en el Hospital Militar Walter Reed (Maryland). El hecho tiene profundas implicancias políticas nacionales e internacionales.

Por Alejandro Iturbe

La primera consideración que surge de este hecho es la constatación de que este virus no perdona ni distingue a quienes negaron su peligrosidad y su dinámica (los “negacionistas”), ni siquiera a los presidentes que orientaron su política de gobierno y sus actitudes personales con esta consideración. Ya el brasileño Jair Bolsonaro se contagió (aunque tuvo un cuadro más leve de la enfermedad); ahora es el turno de Trump.

El gran problema es que esta política no solo ocasionó su propio contagio sino que produjo un gran sufrimiento a los pueblos que gobiernan: Estados Unidos y Brasil son los países que encabezan el triste ranking mundial del impacto de la pandemia en el mundo.

Es cierto que Trump desde finales de marzo o inicios de abril cambió su política hacia una orientación más activa. Pero los dos meses previos habían dejado un sustrato de la pandemia que se demostró muy difícil de revertir.

Un escándalo periodístico-político

El tema de la actitud de Trump parece ser más grave aún. En un libro de reciente publicación (Rage – Rabia), el legendario periodista de The Washington Post Bob Woodward [1] reúne 18 entrevistas realizadas con Trump desde febrero de este año.

En esas entrevistas, Trump revela que desde finales de enero él sabía que el virus era potencialmente “letal” y fácilmente transmisible por el aire: “Usted solo respira y se contagia”. Pero que lo minimizó públicamente  para “evitar el pánico” en el país [2].

En otras palabras, le mintió abiertamente al pueblo estadounidense. Para defenderse del escándalo que el libro provocó, optó por atacar al periodista e insistir que había hecho lo correcto. “Bob Woodward tuvo mis declaraciones durante meses. Si él pensaba que eran tan peligrosas, ¿por qué no informó sobre ellas inmediatamente para salvar vidas? ¿No tenía esa obligación? No, porque él sabía que eran respuestas correctas: ‘¡Calma, nada de pánico!’”, escribió en su cuenta de Twitter [3].

El escándalo acabó salpicando al propio Woodward. Jeff Jarvis, consultor de medios y profesor de periodismo de la City University de Nueva York, lo criticó duramente: “Bob Woodward violó el primer deber del periodismo: servir al público. Con su silencio, es cómplice de los asesinatos de Trump. […] Ya no es un periodista.”. Por su parte, David Boardman, jefe del Departamento de Periodismo de la Universidad Temple y ex director del Seattle Times, reflexionó que “esta cuestión surgió con frecuencia últimamente, ya que los periodistas guardan informaciones importantes para sus libros. En la situación actual de vida y muerte, esta práctica tradicional no es ética” [4].

El tema excede en mucho la cuestión de la ética periodística (o del egocentrismo) de Woodward: cuestiona la supuesta independencia de los principales medios periodísticos y su teórica función de “decir la verdad” al público. Supuestos que llevaron a decir al periodista e historiador británico Thomas Macaulay, en el siglo XIX, que “el periodismo es el cuarto poder”.

Lo cierto es que los principales medios muchas veces esconden a la gente información importante, la deforman o la liberan en función de los intereses y necesidades del proyecto burgués al que están ligados. Es el caso de The Washington Post, históricamente relacionado con el Partido Demócrata, que no tuvo problemas en ocultar durante meses la información dada por Trump (y ser “cómplice de sus asesinatos”) pero ahora libera la información en el tramo final de la campaña electoral.

La verdadera causa de las mentiras

Trump argumenta que mintió para “evitar el pánico” en el país. Es una doble mentira: su verdadero objetivo era evitar que las medidas necesarias para combatir la pandemia (aislamiento y cuarentena) impactasen aún más sobre la ya golpeada economía capitalista estadounidense: el 9 de marzo declaró “Nada cierra por causa de la gripe”.

Con su criterio de burgués imperialista, no importaba si ponía en riesgo la vida de millones de trabajadores con tal de mantener o recuperar el nivel de ganancias de las empresas. Ahora lo expresa con mucha claridad, al ser uno de los campeones de la “nueva normalidad”; es decir, la política de retomar sin restricciones las actividades económicas en pleno desarrollo de la pandemia.

Como lo expresa la actitud de Bob Woodward y The Washington Post los demócratas han sido y son cómplices de esta política (por ejemplo, votaron en el Congreso a favor de la exención impositiva que desfinanciaba el sistema público de salud), aunque la hayan criticado públicamente y ahora “detonen” la denuncia sobre las mentiras de Trump.

Jugando con fuego

Lo cierto es que Trump juega con fuego. No solo con la vida de millones de estadounidenses sino también con la suya propia, la de su esposa y la de sus colaboradores. Diversos medios consideran que se habría contagiado en un concurrido acto realizado en el salón/auditorio Rose Garden de la Casa Blanca en la que presentaba la candidatura de la jueza conservadora Amy Coney Barrett para la Suprema Corte [5].

El salón estaba lleno, sin respetar el distanciamiento aconsejado para evitar los contagios ni la propia reglamentación de la Casa Blanca que prohibió reuniones de más de 50 personas.  La mayoría de los asistentes no usaba barbijo y muchos de ellos se saludaban con abrazos.

El resultado es que ya varios asistentes han dado resultado positivo para el Covid, incluyendo asesores de Trump en su gobierno y en la campaña electoral. La irresponsabilidad de Trump es tan grande que, incluso en pleno tratamiento en el hospital, convocó a sus seguidores y salió en un auto para mostrar que estaba “bien” [6].

Atención VIP

En el hospital militar, Trump recibió un tratamiento muy especial: se le destinó una sección completa de 300 m2 solo para él, lo atendió un numeroso equipo de médicos, y se le suministraron los medicamentos más nuevos y promisorios en el tratamiento del Covid, como el cóctel de anticuerpos de la Regeneron Pharmaceuticals y el remdesivir de la Gilead Sciences, junto con toda otra serie de fármacos.

Un tratamiento muy diferente del que reciben los trabajadores del mundo que se contagian. Incluso, en algunos países, hubo quienes ni siquiera llegaron a ser atendidos por falta de camas disponibles y murieron en la calle. Por supuesto, no nos referimos a la capacidad o al esfuerzo de los médicos, enfermeras y demás trabajadores de la salud pública, que están en la “línea de frente” del combate al Covid, muchos de los cuales ya dejaron su vida en ese trabajo. Nos referimos a la disparidad de recursos disponibles en uno y otro caso.

Este criterio de clase en los recursos de atención es defendido y enseñado por algunos médicos de la burguesía: “Los presidentes son tratados de manera diferente”, dijo Art Caplan, director de Ética Médica de la Escuela de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York. Otros la criticaron:

“Se envía un mensaje a la población americana: si usted es un VIP [Persona Muy Importante], hay algo que puede conseguir, algo que el resto de nosotros no puede”, dijo Jeremy Faust, médico de emergencia del Hospital Brigham & Women’s en Boston, y editor de Brief19, un boletín diario sobre el Covid [7].

Las informaciones sobre la evolución de la salud de Trump han sido contradictorias. Se informaron algunas complicaciones, como debilidad y problemas de oxigenación, pero su médico personal, Sean Conley, siempre dijo que evolucionaba favorablemente y que ahora estaba “muy bien” y “sin síntomas de la enfermedad” [8]. Sin embargo, según algunos medios, el tratamiento que recibió es característico de casos muy graves [9] y Conley se negó a responder algunas preguntas precisas de los periodistas, como el estado pulmonar de Trump.

Ahora ha recibido el alta del hospital y ya ha vuelto a la Casa Blanca, donde continuará su tratamiento. Cualquiera sea su verdadero estado de salud, allí continuará teniendo una atención VIP: además de Conley, habrá todo un equipo de médicos y enfermeras disponibles las 24 horas [10].

En su retorno, volvió a mostrar un total desprecio por el número de contagios y víctimas del Covid, que su política negacionista y sus mentiras aumentaron. «No deje esto dominarlo. No tenga miedo», dijo a sus seguidores desde en un video difundido el lunes 5 de octubre. Al mismo tiempo, volvió a pedir el reinicio pleno de las “actividades” [11].

Entre las luchas y las elecciones

En un artículo recientemente publicado en esta página, dijimos que la situación estadounidense “está marcada por la combinación de dos procesos: la continuidad de la rebelión de la población negra contra la violencia racista policial (aun cuando en estos momentos no esté en los picos de meses atrás) y las próximas elecciones presidenciales” [12].

En ese material, referimos que las encuestas daban al demócrata Joe Biden una ventaja de 7 puntos porcentuales sobre Trump. Luego del primer debate realizado la semana pasada y de que se conoció que el actual presidente se había contagiado, esa ventaja subió para 10 puntos. Muchos estadounidenses consideraron que fue “irresponsable” al contagiarse [13]. En ese marco, Trump continúa insinuando que no respetará el resultado electoral si pierde porque, en ese caso, habría habido “fraude”.

En el artículo, también expresamos que las elecciones intentarían “apagar los incendios”. Inmediatamente agregamos: Pero no está tan claro que estas elecciones cumplan el rol tradicional que estas tienen, que es canalizar los procesos de lucha dentro del sistema parlamentario y cortar las movilizaciones”.

Es decir que, gane Trump o Biden, solo consigan postergar los choques de la lucha de clases que las profundas razones estructurales y coyunturales que los generan hacen prever como posibles.

Además de la continuidad de los focos de rebelión antirracista, otros datos muestran esa posibilidad. En plena pandemia y en plena carrera electoral, un artículo del 30 de setiembre pasado informa: “Una ola de más mil huelgas espontáneas ha recorrido todo Estados Unidos desde el comienzo de la pandemia… Las huelgas salvajes han sido impulsadas por las protestas contra el racismo tras la muerte de George Floyd en Minneapolis, en mayo” [14].

El ritmo de esta oleada se aceleró a partir de junio por “La frustración con los bajos salarios en la industria de servicios y la debilidad de las protecciones de los empleados… en medio del aumento de las muertes por coronavirus” […]. «En esta ola de huelgas, el impulso viene de las bases. Los trabajadores han decidido que han tenido suficiente y están preparados para presionar por el cambio», expresó Dean Baker, economista del Centre for Economic and Policy Research.

Ese es el camino: el de la lucha de los trabajadores. No solo para derrotar a Trump (más aún si gana un segundo mandato) sino para enfrentar un eventual gobierno de los demócratas que, más allá de sus “cantos de sirena”, solo será más de lo mismo.

Tal como expresaba la última declaración de la LIT-CI, en ese camino es necesario que los trabajadores y las masas comprendan que “¡Es preciso luchar por un gobierno de los trabajadores en Estados Unidos! ¡Es necesario construir una nueva dirección revolucionaria en el curso de las luchas, en Estados Unidos y en el mundo!” [15].

[1] Robert “Bob”Woodward, de 77 años, fue mundialmente conocido por haber revelado en 1974, junto a su colega Carl Bernstein, el “Caso Watergate”, que involucraba al entonces presidente Richard Nixon y que llevó primero a su impeachment y luego a su renuncia.

Notas

[2] https://noticias.uol.com.br/colunas/kennedy-alencar/2020/09/09/em-livro-trump-admite-que-mentiu-a-americanos-sobre-gravidade-do-virus.htm

[3] https://brasil.elpais.com/internacional/2020-09-13/um-presidente-linguarudo-como-trump-um-jornalista-ganhador-do-pulitzer-e-18-conversas-explosivas.html

[4] Ídem.

[5] Sobre el tema de la Corte Suprema ver el artículo publicado en nuestra página en inglés: https://litci.org/en/the-undemocratic-nature-of-the-supreme-court/

[6] https://noticias.uol.com.br/internacional/ultimas-noticias/2020/10/04/presidente-donald-trump-deixa-hospital-e-acena-para-apoiadores.htm

[7] https://www.infomoney.com.br/economia/tratamento-vip-de-trump-para-coronavirus-pode-enviar-sinal-errado-dizem-medicos/

[8] https://br.reuters.com/article/topNews/idBRKBN26R345-OBRTP

[9] https://www.americadigital.com/columnistas/al-presidente-trump-se-le-esta-aplicando-un-tratamiento-unico-en-el-mundo-con-farmacos-que-unicamente-se-les-suministra-a-los-casos-graves-110944

[10] https://g1.globo.com/mundo/noticia/2020/10/05/trump-deixa-hospital-e-retorna-a-casa-branca-para-continuar-tratamento-de-covid-19.ghtml

[11] Ídem.

[12] https://litci.org/es/estados-unidos-entre-la-rebelion-negra-y-las-elecciones/

[13] https://www.elperiodico.com/es/internacional/20201004/biden-amplia-ventaja-encuestas-tras-semana-horrible-trump-coronavirus-8141387

[14] https://www.smh.com.au/world/north-america/wave-of-1000-strikes-ripples-across-the-us-as-crisis-bites-20200929-p5606t.html?fbclid=IwAR18IEkXZYTySoMSe09REwoKMrokXws-tEgqdPyF7ap4yA8sHkHLDb5GUEM

[15] https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/un-proceso-revolucionario-sacude-estados-unidos/