Desde las jornadas “feministas” de Gijón de julio de 2019, el “debate” sobre si las mujeres trans (asignadas hombre al nacer) debemos formar parte de la lucha feminista ha estado a la orden del día dentro del activismo. En estas jornadas se hicieron afirmaciones transmisóginas como que las mujeres trans somos “tíos” o “troyanos que quieren destruir el feminismo”.

Por Luna Ramos

La composición de estas jornadas nos revela el carácter institucional de este discurso transfóbico disfrazado de feminismo: sus protagonistas tránsfobas figuras como Alicia Miyares (ex consejera de igualdad por el PSOE, entre otros cargos), Amelia Valcárcel (Consejera de Estado) o Ángeles Álvarez (diputada del PSOE las últimas dos legislaturas).

Otro ejemplo, también actual, son los recientes comunicados cargados de LGTBIfobia del Partido Feminista de España (PFE, parte de Izquierda Unida), en los que se acusa genéricamente a homosexuales y transexuales de tener como objetivo “alquilar úteros femeninos para producir niños o niñas que quieren conseguir para su propio disfrute como un objeto más que añadir a sus posesiones” acusando a un colectivo entero de promover un negocio (que desde Corriente Roja condenamos) del que la mayoría partícipe son parejas heterosexuales que no pueden concebir (aunque efectivamente existan organizaciones LGTBI institucionales que apoyen su legalización). En la misma línea, estos comunicados acusan a las personas transexuales de ser agentes de la industria farmacéutica por el mero hecho de requerir tratamientos hormonales, afirmación carente totalmente de sentido pues, si las mujeres trans conseguimos sortear todas las trabas que el sistema sanitario nos impone para alcanzar dicho tratamiento (que no son pocas), este estará constituido por medicamentos fabricados para personas cis (no-trans) ya que somos una minoría social que no interesamos a la industria.

El PFE se posiciona también en estos comunicados en contra de la ley vasca por la que se despatologiza la transexualidad permitiendo el acceso a tratamiento médico sin necesidad de diagnóstico psicológico, ley que no es regalada si no resultado de la sangre derramada por esta cuestión (recordemos al joven trans vasco Ekai, que se suicidó en febrero de 2018 esperando su tratamiento hormonal). En estos mismos comunicados el PFE utiliza a Elsa, la niña trans que habló en el Parlamento de Extremadura (a la que se refieren en masculino), para negar la existencia de la infancia trans.

Recordemos que el PFE ha constituido la comisión de mujer de IU desde 2015 hasta hoy, cuando tras la presión e indignación del movimiento la dirección de IU, ahora parte del gobierno, ha decidido expulsar por fin a este grupo reaccionario.

El discurso transfóbico, como hemos comprobado, tiene acogida en los partidos institucionales de “izquierda” y constituye por sí mismo un “chiringuito” en el que sus defensoras buscan una falsa polémica que no es más que transfobia, asegurándose así un lugar en las instituciones al dividir el movimiento feminista para dirigir una parte de él que las respalde.

La transfobia es una realidad social y una ideología opresora que busca dividir a la clase trabajadora y legitimar nuestra mayor explotación (el porcentaje de paro entre la población trans del Estado Español es del 80%). La transfobia como herramienta para dividir es tan palpable como la división de la Comisión 8M, con la que el feminismo transfóbico ha roto (situándose a la cabeza dirigentes de la burocracia sindical como Ana Sánchez de la Coba, secretaria de igualdad de UGT). Esta ruptura ha convocado en Madrid una manifestación alternativa al 8M al más puro estilo Vox, que también convoca una contramanifestación.

Desde Corriente Roja nos desmarcamos del discurso del “feminismo transfóbico” y denunciamos a aquellas organizaciones que lo promueven, por lo que este 8M llamamos a las mujeres trans a salir a la calle para exigir:

– ¡Ni un paso atrás en nuestros derechos! Combatamos el discurso machista, transfóbico, racista y homofóbico de la ultraderecha y la izquierda institucional con la movilización y la lucha en la calle.

– Aumento del gasto sanitario ¡Despatologización entidades trans!

– ¡Derecho a la autodeterminación de género!

– ¡Aumento del gasto en educación! Educación sexual obligatoria y en valores de igualdad en el currículum escolar.

– Recursos para protocolos específicos que prevengan el acoso escolar por LGTBIfobia.

– Políticas laborales que contemplen cupos especiales de empleo y otras medidas que nos posibiliten un trabajo digno, alejado de la violencia mortal de la prostitución.

– ¡Atención médica, psicológica y judicial ante cualquier agresión transfóbico-machista!