La ola de denuncias sobre el robo con las vacunas muestra que el genocidio promovido por Bolsonaro va más allá del negacionismo criminal, siendo impulsado también por la corrupción.

Por: PSTU – Brasil

Además la pandemia, el pueblo enfrenta una política económica que profundiza el desempleo, el hambre y la miseria. La inflación de los alimentos se dispara, así como los despidos, la informalidad y el trabajo precario. Esa es la tragedia social que vivimos.

La inflación en los últimos doce meses está en alrededor de 9%, mientras solo la canasta básica aumentó entre 25% y 30%. Una disparada de precios que no viene acompañada por los salarios. Según el Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (Dieese), 58% de los acuerdos salariales estuvieron por debajo de la inflación, y solo 14% contaron con aumento real.

Según la Red Brasileña de Pesquisa en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Red Penssam), 118,6 millones de brasileños vivían con algún grado de inseguridad alimentaria en diciembre pasado. Es más de la mitad de la población. De ellos, 19 millones pasaban hambre.

Desigualdad vergonzosa

Mientras tanto, el lucro de 262 grandes empresas listadas en la Bolsa de San Pablo en el primer trimestre del año fue de R$ 83,3 mil millones, el mayor valor desde 2018. En el mismo periodo, los bancos lucraron casi R$ 80.000 millones y aún tuvieron la desfachatez de despedir a 13.000 bancarios.

Por su parte, los 65 multimillonarios del Brasil concentran una fortuna de U$D 219.000 millones (RS 1.226 billones de reales), lo que daría para pagar un auxilio de emergencia de un salario mínimo a 65 millones de brasileños por un año y medio. Eso es más que doce presupuestos anuales de la Bolsa Familia, o 6 o 7 veces el presupuesto de la Unión para salud en 2020. Para tener una idea, 1% de la población de 212 millones concentra 28,3% de toda la renta, según el Banco Credit Suisse.

Fuera Bolsonaro y Mourão, ya

En este contexto, Bolsonaro profundiza la subordinación del país y su proceso de recolonización por el imperialismo. Este gobierno tiene un proyecto de entrega del país, de aumento de la explotación y, además, autoritario, junto con la cúpula de las Fuerzas Armadas. La tarea más inmediata hoy es sacar a Bolsonaro y su gobierno, ya, no esperar a 2022. Y para eso, tenemos que unir a todos los están a favor de esta lucha, como hicimos con las Directas Ya. Pero es preciso ir más allá.

Acabar con la desigualdad y enfrentar a los súper ricos

Si para sacar a Bolsonaro es preciso la más amplia unidad, en la discusión de qué poner en su lugar, la conversación es otra. Precisamos de un cambio estructural del país, y eso exige enfrentar a los súper ricos y a las 262 grandes empresas que controlan 70% de la economía, no gobernar con ellos como propone el PT (apoyado por la mayoría de la dirección del PSOL). Ningún gobierno capitalista hará eso, ni Doria o Ciro, ni Lula con la burguesía.

Precisamos de vacuna para todos, con la quiebra de las patentes; pleno empleo y salario digno con derechos, con la reducción de la jornada sin reducción de los salarios. Aparte de eso, un plan de obras públicas que genere empleos, además de vivienda popular, educación y salud públicas, gratuitas y estatales, bajo control de la población.

Tenemos que luchar por la revocación de las reformas laboral y previsional; por los derechos laborales, previsionales y de organización de los trabajadores de aplicativos. Impedir la privatización de los Correos, de la Eletrobras, reestatizando las empresas privatizadas, incluso la parte de la Petrobras entregada al capital privado, bajo control de los trabajadores y de la población.

Un programa de la clase trabajadora también precisa luchar contra el racismo, el machismo y la LGBTIfobia, garantizando derechos a los inmigrantes superexplotados del Brasil. Precisa incluso defender los derechos de los pueblos indígenas y de los pueblos de la selva, luchando por la demarcación de las tierras indígenas y quilombolas [tierras de refugio de los esclavos que huían o eran liberados, donde habitan hoy muchos de sus descendientes, ndt.].

Todo eso es posible de garantizar en un país tan rico como el Brasil, siempre que luchemos contra la rapiña del imperialismo y de los súper ricos. Para comenzar, es preciso parar el negocio fraudulento de la deuda pública y suspender su pago a los grandes inversores, realizando una auditoría.

Precisamos, incluso tasar en 40% las grandes fortunas de los 65 multimillonarios, además de un impuesto fuertemente progresivo sobre el capital. Reformular el Impuesto de Renta eximiendo al trabajador y a la clase media y tasando a los ricos. Y tasar en 50% las ganancias y dividendos de las 262 empresas que juntas controlan 70% de la economía.

Alternativa revolucionaria y socialista

No vamos a conseguir cambiar nada de eso a través de elecciones controladas por el poder económico y mucho menos a través de gobiernos que mantengan a los capitalistas lucrando. El Brasil precisa de un gobierno socialista de los trabajadores, que gobierne a través de consejos populares que decidan todo, organizados en lsoo barrios, en las fábricas, en las escuelas. Para eso, precisamos avanzar en la lucha, en la conciencia y organización independiente de la clase trabajadora y de los sectores populares, y no ponerlas a remolque de frentes con la burguesía.

Para eso, y para derrotar a Bolsonaro, precisamos trabajar para construir un polo por una alternativa revolucionaria y socialista, que pueda avanzar en la lucha por el Brasil que queremos y precisamos. Vamos a avanzar en movilización, conciencia y organización si construimos ese polo para actuar en las luchas y en las elecciones, teniendo, sin embargo, como prioridad la acción directa para la transformación socialista del país y del mundo.

Artículo editorial, publicado en www.pstu.org.br, 20/7/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.