Los últimos acontecimientos, como el asesinato de George Floyd y la violencia policial contra jóvenes y mujeres negras [pretas] en el Brasil dejan al descubierto la política de genocidio y racismo que ha crecido con los gobiernos racistas de ultraderecha de Trump y Bolsonaro.

Por: Secretaría Nacional de Negras y Negros del PSTU, Brasil

La recesión económica y la crisis sanitaria tornaron esa situación aún más explosiva, con olas de protestas, saqueos, derribo de estatuas de traficantes que lucraron con la esclavitud, etc. El pueblo negro demuestra estar dispuesto a reaccionar y, en esa reacción, las mujeres negras han estado al frente.

De acuerdo con el diario The New York Times, de abril de 2020, las mujeres representaban 55% de los pedidos de seguro de desempleo en los Estados Unidos, llegando a una tasa de desempleo de alrededor de dos dígitos, la mayor de la historia desde 1948. Hubo un aumento de 3,1% hasta cerca de 15%, frente a 13% entre los hombres.

Las tasas son aún peores entre las mujeres negras, donde el desempleo llegó a 16,4%, y para las latinas, 20,2%. Una situación que sofoca tanto como la rodilla del policía racista que mató a George Floyd.

Las instituciones de régimen burgués de los Estados Unidos fueron puestas en jaque. Y esas luchas que abrieron una situación revolucionaria en el corazón del imperialismo contaron con la amplia participación de las mujeres negras, latinas y LGBTs.

En el marco de las luchas que surgieron en los últimos años en repudio a la violencia racista, surgió también el movimiento Black Lives Matters (Vidas Negras Importan), creado en 2013 por tres mujeres lésbicas de clase media, y que ganó gran proyección en 2014 con las protestas contra la muerte de Michael Brown y de Eric Garner.

Es un movimiento horizontalista que se apoya en ONGs, muchas de ellas financiadas por el millonario George Soros, mayor donante del Partido Demócrata, que ya donó treinta millones de dólares al movimiento. La Fundación Ford, el Banco JP Morgan y el Google son otros padrinos financieros de este movimiento. A pesar de sus límites de clase, la existencia de Black Lives Matters es un gran ejemplo de la importancia de la mujer negra en este proceso de reorganización de nuestras luchas.

En realidad, las rebeliones en los Estados Unidos forman parte de un proceso de lucha que viene ganando fuerza desde 2014, con la insurrección en Ferguson que duró varios días, bajo fuerte represión policial, incluso utilizando tanques militares en las calles, luego de la muerte del joven negro Michael Brown, de apenas 18 años.

En 2015 hubo otro ascenso de protestas contra la muerte de Freddie Gray, de 25 años, que sufrió varias lesiones en la columna vertebral ocho días después de haber sido preso por la policía. Cabe destacar que en este período el país era gobernado por Barack Obama, primer presidente negro de los Estados Unidos, lo que nos lleva a concluir que tanto el Partido Demócrata como el Republicano han atacado a los negros, pues están al servicio de la dominación imperialista de las grandes empresas y de la burguesía.

En el Brasil, la represión policial ha aumentado en los últimos años, llegando a ser el país que más mata jóvenes negros. Según el Mapa de la Violencia, cada 23 minutos un joven negro es asesinado. Este país tiene la policía que más mata en el mundo y una población carcelaria que ya cuenta con más de 800.000 presos, la mayoría negros y pobres, según datos divulgados en 2019 del Banco de Monitoreo de Prisiones, del Consejo Nacional de Justicia (CNJ).

Según el último Levantamiento Nacional de Informaciones Penitenciarias del Ministerio de Justicia, de 2014, el encarcelamiento femenino creció 567% entre los años 2000 y 2014, llegando al nivel de 37.380 mujeres. Buena parte de esas mujeres fueron encarceladas por haber sido encuadradas en la Ley Antidrogas (11.343/2006), implementada por el gobierno del PT como forma de control social de los negros y pobres.

Durante el gobierno Dilma hubo un crecimiento de 150% en inversiones con políticas de represión, según datos del propio Ministerio de Justicia. Ese dinero podría haber sido aplicado en el combate al femicidio, pero sirvió justamente para encarcelar y matar a mujeres pobres y negras.

En un período de 16 años, que va de la gestión de Fernando Henrique Cardoso (FHC, del PSDB), pasando por Lula y Dilma (PT) y por Temer (MDB), el femicidio creció 54% entre las mujeres negras y disminuyó entre las mujeres blancas en casi 10%, según datos del Mapa de la Violencia de 2015. En 2013, el Brasil fue el país con la mayor tasa de femicidios en el mundo. Omitir este dato, como hacen los reformistas, es una extensión de esos crímenes.

La ejecución de Marielle Franco en 2018 ocurrió durante la intervención militar de Temer (MDB). El asesinato de Ana Cláudia Ferreira en Rio de Janeiro y de Marise Nóbrega en San Pablo, ambos practicados por policías, son ilustrativos de ese femicidio negro. Además del requinte de crueldad de esas ejecuciones, indigna también saber que esos policías o los mandantes continúan sueltos.

Todos estos hechos traen a escena el debate sobre racismo como la ideología y la práctica que atraviesa las instituciones capitalistas, mucho más allá de las relaciones interpersonales. El racismo y el machismo se mantienen porque son necesarios para el mantenimiento del capitalismo decadente.

La violencia contra latinos y negros, en los Estados Unidos, creció en las últimas décadas como parte de las políticas de gobiernos como el de Bill Clinton que, en 1994, aprobó la ley de los tres delitos, de autoría de Joe Biden, actual candidato a presidente por los Demócratas. Esta ley fue mantenida en el gobierno de Obama, en el cual la persona que cometiese el tercer delito grave era condenada a prisión perpetua.

En muchos casos, los negros y latinos son presionados, aceptando acuerdos sin juicio, admitiendo delitos que no cometieron para evitar penas mayores. He ahí la causa del elevado número de presos en aquel país que ocupa la cima de los encarcelados en el mundo.

No obstante, es importante destacar que hay una camada de intelectuales que consigue hasta identificar el racismo como ideología y práctica impregnada en todas las instituciones del Estado, pero difícilmente responsabilizan directamente a los gobiernos, los partidos y los grupos económicos para los cuales esos partidos gobiernan; el racismo aparece como una cosa suelta en el aire y el Estado y las empresas como espacios que deben ser dirigidos por negros para que el racismo se desvanezca. Esa visión es equivocada e ingenua.

El racismo tiene origen histórico y va adaptándose a medida que el capitalismo cambia de época o de situación. Combinado con el machismo, el racismo sirvió como resguardo para poner a la mujer negra como objeto sexual y justificar su superexplotación, sea en la época colonial, sea en la fase imperialista que el capitalismo vive.

Esas ideologías sirven a la burguesía, por eso, esta jamás abrirá mano de ellas, y no será cambiando el color de algunos burgueses que esa situación cambiará. Por lo demás, solo cambiará con la destrucción de esas instituciones y de la base material de donde emergen esas ideologías, o sea, con el propio capitalismo.

En el Brasil y en los Estados Unidos, la derecha racista conservadora, que se alojó en las estructuras del Estado burgués negando la existencia del racismo, impuso la idea de superioridad blanca, visiones deterministas, evolucionistas, y valores culturales eurocéntricos, además de acentuar la guerra social contra los negros, indígenas e inmigrantes.

Negros que asumen cargos en gobiernos como el de Bolsonaro, son verdaderos capataces de hacienda. Un ejemplo es Sérgio Camargo, que ejerce un cargo en el segundo escalón al frente de la Fundación Palmares. Sus ideas son contrarias a las luchas y referencias negras como Zumbi dos Palmares, y ya llegó al disparate de crear un sello para quien fue “injustamente acusado de racismo”, deturpando la finalidad de ese organismo que es la promoción, preservación de la cultura afro-brasileña y también la certificación de los quilombos [refugios de negros que escapaban de la esclavitud, y que hasta hoy permanecen, ndt.] en el país.

Las mujeres negras de nuestra clase tienen que tomar en sus manos el papel que les cabe en este actual contexto: el de estar al frente de las movilizaciones por la caída de estos gobiernos, de este sistema y de sus capataces.

No hay más espacio para proyectos reformistas por dentro de este sistema decadente. Defendemos la más amplia unidad para la caída de estos gobiernos, pero ya está más que comprobado que cambiar señores por capataces no resuelve nuestros problemas históricos y estructurales. Este debate no es moral, es estratégico y, en el actual contexto, es de vida o muerte. Instituciones imperialistas, partidos reformistas, mera representatividad parlamentaria o empresarial pueden hasta fortalecer el proyecto de la clase media y de la ultraminoritaria burguesía negra, pero no el de las mujeres del universo plebeyo de la comunidad negra.

Frente a todos los elementos citados de luchas negras en los EEUU y en varios países de Europa contra el racismo, y que también influenciaron el Brasil, el Julio de las Pretas, en alusión al mes en que se celebra el Día Internacional Latinoamericano y Caribeño de la Mujer Negra, el 25 de julio, gana enorme importancia. Nosotros del PSTU queremos aprovechar este momento para discutir una salida para las mujeres negras, combinada con una salida estratégica para el conjunto de la clase trabajadora.

Lo que significa el “Julio de las Pretas”

El 25 de julio, “Día de la Mujer Negra Latinoamericana y Caribeña”, surgió a partir de 1992 con la realización del Primer Encuentro de Mujeres Afro-Caribeñas ocurrido en la República Dominicana. La fecha pasó a ser valorada en el calendario de luchas de los movimientos de mujeres negras, del movimiento negro y sindical. En el Brasil, desde 2014 el 25 de julio fue oficialmente considerado como Día de la Mujer Negra y homenajea a Tereza de Benguela, una referencia en la lucha de esta dirigente que estuvo por dos décadas al frente del Quilombo de Quariterê en el siglo XVIII en Guaporé, Mato Grosso. En el mes de julio incluso se celebra el Día de la Mujer Africana, el 31, por lo tanto, hay varias celebraciones este mes que hacen mención a las mujeres negras. Esas fechas son importantes para dar visibilidad a la historia de lucha y resistencia, pero también para denunciar la situación de explotación y opresión de las mujeres negras en la actualidad.

Así, la Secretaría Nacional de Negras y Negros del PSTU realizará una serie de iniciativas alrededor del tema Julio de las Pretas: de los Estados Unidos al Brasil – racismo, pandemia y rebelión negra.

Estas actividades tendrán como centro la discusión en torno a la condición social y económica de las mujeres negras, cómo estamos siendo afectadas por la actual crisis sanitaria, por la crisis capitalista, pérdida de derechos, desempleo, trabajo doméstico, femicidio, encarcelamiento, etc.

En América Latina y el Caribe somos cerca de 30% de la población total, según a Asociación Red de Mujeres Afro-Latinas, Afro-Caribeñas y de la Diáspora (Mujeres Afro) que igualmente viven, como la mayoría de las negras en el Brasil, en situación de desempleo, subempleo, discriminación y violencia. Es hora de hacer un balance de los últimos años y encarar la realidad presente de frente para avanzar en nuestra reorganización como negras, mujeres y trabajadoras.

No vamos a olvidar que durante el gobierno del PT se dio la ocupación militar de Haití (2004 a 2017), resultado de un acuerdo con Bush a cambio de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONIU. Haití, en ese período, estaba en ascenso en las luchas. La ocupación militar dejó como saldo millares de muertos, un país devastado y más de 2.000 mujeres violadas. Algunas de ellas dieron a luz a hijos de militares de la ONU. Haití sirvió como campo de entrenamiento de los generales bolsonaristas en pleno gobierno del PT.

De los once generales que comandaron la tropa militar en Haití en el período del gobierno del PT y del MDB de Temer, cinco de ellos ya tuvieron cargos importantes en el gobierno de Bolsonaro. Entre ellos están el general Augusto Heleno que comandó la Minustah de 2004 a 2005, y hoy ocupa el cargo de ministro del Gabinete de Seguridad Institucional. Está incluso Carlos Alberto dos Santos Cruz, que actuó de 2007 a 2009; Floriano Peixoto Vieira Neto, de 2009 a 2010; Edson Leal Pujol, de 2013 a 2014; Ajax Porto Pinheiro, de 2015 a 2017; Tarcísio Gomes de Freitas, de 2005 a 2006; y Fernando Azevedo e Silva, en el período de 2004 a 2005.

No nos curvaremos para besar las botas de esos gusanos asesinos, como hace Sérgio Camargo, ni mucho menos besar las manos de los reformistas traidores, para manchar nuestros labios con sangre de nuestra propia gente.

Es hora de presentar una salida revolucionaria para las mujeres negras en conjunto con la clase trabajadora, para más allá de la política identitaria y de empoderamiento individual. Tenemos orgullo sí de nuestra identidad de ser mujer negra, pero no queremos parar por ahí, pues la simple autodeclaración no libra nuestras vidas de los azotes de este sistema. El capitalismo es el sistema que crea todos los males sociales, que genera el racismo y que utiliza el machismo y otras formas de opresión para perpetuar nuestro sufrimiento, por lo tanto, es necesario destruirlo a través de la revolución socialista.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.