El 28 de junio de 1969, millares de lésbicas, gays, bisexuales, travestis y transgéneros (LGBTs) de Nueva York se enfrentaron con la opresión en una verdadera rebelión contra la lgbtfobia. Durante cuatro días, cerraron las calles con barricadas, enfrentaron a la policía y ganaron apoyo de la población y de los movimientos sociales.

Por: Pedro Henrique Ferreira y Alex Figueiredo, de la Secretaría LGBT del PSTU (Rio de Janeiro)

En la época, 49 de los 50 Estados de los EEUU criminalizaban los “comportamientos homosexuales” con leyes tan bizarras como la que prohibía que una persona portase más de tres piezas de ropas o adornos del “sexo opuesto” y resultaban en escenas brutales de humillación, golpizas y prisiones por parte de una fuerza policial que aún lucraba con esquemas de corrupción en asociación con los dueños de los puntos de encuentro en el gueto. Además, LGBTs sufrían con tratamientos deshumanos e internaciones compulsivas, ya que la “no heterosexualidad” era considerada una enfermedad mental.

Stonewall: corazones, mentes y calles en llamas

El epicentro de la rebelión fue el Stonewall Inn, un bar frecuentado por personas que, como descrito en la época, “no tenían nada que perder”: jóvenes expulsados de casa, travestis, transexuales y drags, muchas de ellas negras y latinas, como las trans Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, que estuvieron en la línea de frente de la confrontación.

Los policías fueron acorralados y atrancados en el bar que, por poco, no fue incendiado por una multitud cuya rebeldía asumió forma de radicalidad y desenfreno. Primero, volaron monedas; después, ladrillos. En pocas horas, se levantaron barricadas, lo que transformó la región en territorio libre.

En medio de la lucha, hubo un intenso proceso de organización de las LGBTs. Fue allí que nacieron grupos como el Gay Liberation Front (GLF, Grupo de Liberación Gay), uno de los principales responsables por la primera Parada del Orgullo Gay un año después. También fue allá que se estrecharon los lazos con otros movimientos (negro y feminista en particular) y organizaciones políticas de izquierda.

No mucho para conmemorar

Stonewall no fue la primera rebelión ni el primer movimiento LGBT. Con todo, fue fundamental para todo lo que vino después. Sabemos que aún hoy hay mucho por lo que luchar. La marginalidad y la violencia no fueron erradicadas. Diversos derechos conquistados en décadas de lucha siguen en la cuerda floja.

Con el Covid-19, eso está peor. Las LGBTs enfrentan enormes obstáculos para garantizar renta y mantener el aislamiento social, incluso porque están en los peores puestos de trabajo, en el subempleo y en la informalidad, cuando no sujetas a la prostitución, como es el caso de 90% de las transexuales.

Para las LGBTs jóvenes, la cuarentena puede tornarse un pesadilla en función del aumento de la violencia doméstica y de la amenaza de expulsión de casa, en particular en el Brasil, que hace décadas ocupa el vergonzoso puesto de país donde más LGBTs son muertas, en una media de una persona cada 26 horas. Solo en 2019 fueron 297 homicidios y 32 suicidios. Los efectos colaterales de la pandemia son ejemplificados con un dato: entre enero y marzo, se registró un aumento de 90% en el número de asesinatos de personas trans.

Desafío: frenar a la derecha, los conservadores y los fundamentalistas

Para Bolsonaro, Mourão, Damares y sus aliados, cuantos más LGBTs fueren asesinados o murieran, mejor. Este gobierno tiene las manos sucias con nuestra sangre y todavía dice “¿Y de ahí?” para millares de muertes. Lo mismo puede decirse sobre el país que fue la cuna de la Rebelión de Stonewall, con Trump igualmente lgbtfóbico y genocida.

Sin embargo, hoy, también es de los Estados Unidos que viene el ejemplo a ser seguido. La lucha contra el asesinato de George Floyd y la violencia racista y policial está poniendo en jaque el sistema estadounidense, cuestionando la base de la democracia de los ricos y dando ejemplos sobre la importancia de la unidad y de la organización de los de abajo para luchar por una sociedad justa, igualitaria y libre.

Mercado vs lucha: más allá del arco iris

Lamentablemente, hoy ni siquiera el carácter rebelde y radical de Stonewall y de la lucha contra el racismo en los EEUU están presentes en la mayoría de los movimientos LGBTs. Las paradas del Orgullo LGBT generalmente son despolitizadas y financiadas por el “Pink Money” (grandes empresas o asociaciones con gobiernos) que lucran con el evento, mientras cotidianamente nos oprimen, explotan y marginan.

El ejemplo de San Pablo, la mayor Parada del mundo, es lamentable. Hace décadas, ocurre en el feriado, para atender la demanda de turismo. Eso se mantuvo en 2020, a pesar de haber sido virtual, como ejemplo del desprecio o del distanciamiento a propósito del significado de Stonewall.

Convidamos a todos y todas a revivir la Revuelta de Stonewall en un video-acto, en las redes sociales el próximo 28 de junio, en el cual discutiremos las lecciones de Stonewall y cómo hacer avanzar en la lucha contra la lgbtfobia, en una perspectiva revolucionaria, socialista e internacionalista, que sea construida en unidad con el conjunto de la clase trabajadora, de las mujeres, de los negros y negras, de los indígenas y de los demás sectores oprimidos y explotados.

Vamos a hacer resonar la rebeldía LGBT, pero también a hacer avanzar la erradicación de toda forma de opresión: con la necesidad de organizarse en un partido revolucionario que contribuya a la construcción de una sociedad en la cual sea posible vivir de forma plena toda la diversidad. Una sociedad que renazca de las cenizas de la llamada “Babylon” (el capitalismo), como defendía uno de los volantes que circuló por Stonewall.

Artículo originalmente publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.