Brasil camina rápidamente para superar las 240.000 muertes en la pandemia. Mientras tanto, el programa de vacunación del gobierno anda a paso de tortuga y puede ser amenazado. La esperanza de una vacunación rápida que garantice inmunidad a la población se desvanece frente a la política asesina de Bolsonaro, un fervoroso militante a favor del virus y de la muerte.

Por: Redacción PSTU-Brasil

En una live del 30 de enero, Bolsonaro habló del “trabajo excepcional de Pazuello” y dijo que él “es un tremendo gestor”. Sobre la tragedia en Manaus, proclamó: “no es competencia nuestra y ni atribución llevar oxígeno para allá”.

Intentando evitar un impeachment, ahora Bolsonaro dice que solo fue contra el lockdown y la destrucción de empleos. No obstante, incluso usando un nuevo atuendo, él no consigue apagar el rastro de muerte ni esconder al negacionista que vive dentro suyo.

La política genocida de Bolsonaro y Pazuello hizo del país uno de los países más mortíferos en la pandemia. El Instituto Lowy, de Australia, listó al Brasil como el país que tuvo el peor enfrentamiento a la pandemia entre 98 países analizados. Otro estudio muestra que el riesgo de que un brasileño haya muerto de Covid-19 en 2020 fue casi cuatro veces mayor que en el resto del mundo.

La tragedia de Manaus (Amazonas) hace sonar el alerta. Al no garantizarse el aislamiento social con un programa efectivo de auxilio de emergencia para los trabajadores y pequeños comerciantes; al empujar a los trabajadores al matadero obligándolos a “encarar el virus”, como dice el presidente; al negar la gravedad de la pandemia y encogerse de hombros para las miles de muertes (“todo el mundo morirá algún día”, dijo él); al empujar medicamentos sobrefacturados y sin eficacia; o al lanzar dudas sobre la eficiencia de las vacunas, fomentando un movimiento antivacuna que no existía en el Brasil; el virus encontró aquí un lugar propicio a su desarrollo biológico.

Por lo menos 18 variantes de virus SARS-CoV-2 fueron identificados en Manaus. Una de esas mutaciones puede tornar el virus más contagioso. Hay incluso otra variante que puede dificultar la acción de anticuerpos de quien tuvo la enfermedad una primera vez. Estas mutaciones ya están circulando por el Brasil y llegaron a otros países, como el Japón.

Bolsonaro siempre apostó a la mentira de la inmunidad de rebaño. El problema es que esa inmunidad no existe sin vacunación, y el genocida sabe de eso. Al seguir su curso natural, cualquier virus se modifica, y solo una vacunación en masa puede interrumpir tal curso. Esa realidad nos coloca frente a un futuro incierto ante a las mutaciones de un virus que ya mató a más de dos millones de personas en el mundo.

¿Por qué las mutaciones son preocupantes?

La mayor preocupación es que las mutaciones puedan comprometer la eficacia de las vacunas desarrolladas hasta ahora. Cada vez que el virus es transmitido, él va haciendo copias de sí mismo, con alguna cosa diferente o fuera del lugar. Eso puede crear mayor resistencia del virus a algunas vacunas. Por ejemplo, mutaciones del virus en África del Sur llevaron al gobierno a suspender la vacuna de la Oxford-AstraZeneca, temiendo su eficacia, aunque sea un estudio no conclusivo y pequeño.

De cualquier modo, cuando ocurren mutaciones, la salida es inmunizar cada vez más rápido a la población con todas las vacunas disponibles para evitar que el virus se multiplique de forma indiscriminada. Con más gente blindada por la vacuna, el virus se replicará en menor escala y, por lo tanto, tendrá menos posibilidades de “copiarse” equivocado y generar nuevas cepas. Además, es preciso restringir la circulación del virus realizando una cuarentena de verdad.

Con todo, una cuarentena de hecho y una vacunación rápida y masiva están lejos de la realidad brasileña. Además de vacunas insuficientes, Bolsonaro y los gobernadores militan contra el aislamiento social. El presidente hasta milita a favor de aglomeraciones y contra el uso de máscaras. Por eso, es absolutamente criminal la vuelta a las aulas en un momento en que nuevas variantes del virus comienzan a circular.

Cuadro de vacunación: ¿Cuántas y cuáles vacunas tenemos? ¿Cuántas dosis?

Hasta el 8 de febrero, el Programa Nacional de Inmunización brasileño cuenta con dos inmunizantes autorizados de forma urgente por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa): la vacuna Oxford-AstraZeneca y la CoronaVac. En total, fueron disponibilizadas en territorio nacional 10.900.120 dosis de la vacuna (83% son de la CoronaVac), lo que garantiza la vacunación de casi seis millones de personas.

¿Cuántos fueron vacunados?

En todo el territorio nacional, fue vacunada solo 0,9% de la población, una media de 250.000 personas por día, siendo que el Sistema Único de Salud (SUS) tiene capacidad de vacunar a diez millones de personas por día.

¿Cuántas vacunas precisamos?

Para erradicar el virus, es preciso vacunar a cerca de 70% de la población, o sea, más de 160 millones de personas, con dos dosis de esas vacunas. Eso significa que precisamos más de 300 millones de dosis de vacuna. Cuanto más rápido sea la vacunación, menor será el riesgo de mutación del virus, que puede desarrollar variantes más mortales y resistentes a las vacunas actuales en desarrollo.

Cuerda floja: la pandemia puede implosionar la recuperación de la economía

Para asegurar su victoria en el Congreso, Bolsonaro compró a los diputados del centrón [partidos de centro] con loteo de cargos en el gobierno y en las estatales. Prometió R$ 3.000 millones en dinero público. No obstante, lo que parece ser una victoria puede convertirse rápidamente en un problema para el gobierno, caso la vacunación no avance.

El total descontrol de la pandemia amenaza las expectativas de recuperación de la economía, proyectada en 3,5% para 2021, lo que en la práctica significa casi estancamiento en relación con el trimestre final de 2020. Se suma a esto la inflación de la comida, que fue de más de 20% en 2020 y aún será del doble de la inflación media en 2021.

No por casualidad, los líderes del centrón, como Arthur Lira, proclamaron que la principal tarea del Congreso es la vacunación. No porque ellos estén preocupados con la salud del pueblo. Además, Lira hizo hasta una fiesta con derecho a la aglomeración y propagación del virus para conmemorar su elección a la presidencia de la Cámara de Diputados. En verdad, esta banda está defendiendo la recuperación de la tasa de ganancias de la burguesía. Por eso quieren acelerar la compra de vacunas.

En ese sentido, el Congreso aprobó una Medida Provisoria (MP) para acelerar el uso urgente de vacunas en hasta cinco días, caso hayan sido validadas por autoridades internacionales. La intención es presionar a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) para aflojar las exigencias en la aprobación del uso urgente de vacunas contra el Covid-19.

Parlamentarios de la base del gobierno vienen intimidando a técnicos de la Agencia, defendiendo principalmente la liberación de la vacuna rusa Sputnik V, que tiene diez millones de dosis previstas para el Brasil. No obstante, la nueva regla pone en riesgo la evaluación técnica de las vacunas.

La liberación de la Sputnik V “a toque de caixa” [rápidamente] revela la desesperación del gobierno. Según una pesquisa de la Edelman, 76% de los brasileños quiere vacunarse, lo que pone a la inmensa mayoría de la población contra la política genocida de Bolsonaro.

El gobierno es totalmente responsable por esta situación. Incluso con todo el desmantelamiento, si no fuese por el Instituto Butantan y la Fiocruz, ni esa vacunación insuficiente habría comenzado.

¡Dependencia es muerte! Desindustrialización del Brasil crea dependencia de insumos

La insuficiencia de vacunas deja a la luz la enorme dependencia de la economía capitalista brasileña, sometida al proceso de intensa recolonización y desindustrialización de la economía en las últimas décadas.

Una prueba de esto es que el sector de insumos necesarios a la producción de vacunas y medicamentos fue detonado en los últimos 40 años. Según la Asociación Brasileña de Insumos, en 1980 la industria producía 55% de los insumos. Hoy, suple apenas 5% de las necesidades del país.

El Brasil es totalmente dependiente de China y de la India en la fabricación de insumos. El Instituto Butantan tiene capacidad y podría fabricar un millón de dosis por día, pero la producción está parada porque depende del Insumo Farmacéutico Activo (IFA) hecho por el laboratorio chino Sinovac.

Además, en 2018 el gobierno de Michel Temer cerró la central nacional responsable por la logística de distribución de vacunas. Así, tercerizó el servicio y pasó a contratar una empresa privada para hacer la distribución: la VTCLog, del grupo Voetur.

Esta compañía recibe, almacena y controla la distribución de los insumos del Ministerio de Salud, incluyendo los de Covid-19. El valor del contrato con la VTCLog es de R$ 97 millones anuales y va de 2019 hasta 2023. El resultado de la tercerización es la inmensa desorganización, bastante informada por la prensa, de la distribución de las pocas dosis de vacunas que recibimos hasta ahora.

El atraso en la producción y la distribución desigual de las vacunas también significa que el Covid-19 podrá continuar circulando durante años, especialmente en regiones más pobres del país.

El Brasil podría ser un importante fabricante de insumos, incluso un desarrollador de ellos. En el país, desarrollamos la vacuna contra la fiebre amarilla. Sería posible inmunizar a la población en tres o cuatro meses y aún ayudar a inmunizar el mundo. Pero la desindustrialización y la falta de financiamiento para la investigación científica (que recibe menos que las compras de leche condensada y chiclets del Palacio del Planalto [Casa de Gobierno]) demolieron nuestra soberanía sanitaria. Por eso, el país es rehén de las grandes farmacéuticas, que tienen a Bolsonaro como gran aliado.

En octubre de 2020, en reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el gobierno brasileño se posicionó contra la quiebra de patentes de medicamentos y vacunas contra el Covid-19, comportándose como un lamebotas del imperialismo. El 18 de enero, mientras el sistema de salud en Manaus entraba en colapso, una nueva discusión ocurrió en la OMS, y el Brasil se abstuvo, no votando a favor de la quiebra de patentes.

Capitalismo. Monopolio farmacéutico impide producción en masa de vacunas

La pandemia también deja a la luz la sed mortal de lucro de los capitalistas. El derecho de propiedad intelectual es una de las estrategias de los grandes laboratorios que defienden su patente para impedir que otros fabriquen y vendan la vacuna a precios más bajos. Desde el inicio de la pandemia, las corporaciones farmacéuticas mantienen el control rígido sobre los derechos de propiedad intelectual, mientras prosiguen con acuerdos comerciales secretos y monopólicos visando ganar mucho dinero.

Los grandes laboratorios no revelan ni siquiera el precio de las dosis de vacunas vendidas. Exigen contratos confidenciales con los gobiernos y buscan dividir el mercado para poder negociar precios diferenciados con diferentes países. También son sigilosas las informaciones sobre producción y logística, y existen las llamadas cláusulas de responsabilidad. El objetivo es maximizar las ganancias y buscar eximirse de cualquier problema que pueda ocurrir.

Estimativas indican que, siguiendo las tasas anuales de vacunación, apenas cerca de 10% del mundo será inmunizado hasta el final del año, y 21% hasta finales de 2022. Las patentes en manos de los grandes monopolios farmacéuticos impiden una producción en masa de vacunas ya disponibles.

La capacidad productiva de muchos países está paralizada, mientras un puñado de multimillonarios se enriquece a costa de más muertes provocadas por el virus. La subproducción de vacunas es, en este momento, una condición para que los monopolios aumenten sus ganancias. Más adelante habrá una superproducción de vacunas en escala global. Pero hasta allá, el virus seguirá las leyes de la naturaleza, despreciando las leyes del capital, amenazando transformar algunas de las vacunas desarrolladas en agua con azúcar, a raíz de nuevas mutaciones.

Programa: ¡Vacuna para todos ya! ¡Fuera Bolsonaro, Mourão y Pazuello!

Bolsonaro es el mayor militante a favor del virus. Su gobierno de muerte es un obstáculo para la vacunación.

Solo la lucha y la movilización sacarán este gobierno miliciano [parapolicial]. Sacarlo de allí es condición fundamental para enfrentar la pandemia y salvar vidas. Las condiciones para eso avanzan, como mostró su caída en las encuestas.

Quebrar patentes e invertir en tecnología

La salida para detener la pandemia y salvar vidas es enfrentar los monopolios y quebrar las patentes de las vacunas, junto con inversiones masivas en tecnología, para producirlas en nuestro país. De lo contrario, corremos el riesgo de paralizar la vacunación, abriendo margen para nuevas cepas del virus.

¡Cuarentena de verdad!

El lockdown es una necesidad para detener la circulación del virus y de sus capas más virulentas. Para garantizar una cuarentena de verdad, es preciso auxilio de emergencia de verdad para los trabajadores y para los pequeños comerciantes amenazados de quiebra. Es preciso también proteger el empleo y prohibir los despidos. Bolsonaro dice que no tiene dinero, pero prometió dar R$ 3.000 millones al centrón para vencer las elecciones en el Congreso.

Sacar dinero de los ricos

En el Brasil, el capital extranjero controla 60% de la economía. La producción industrial nacional fue desmontada y el país se tornó un mero exportador de commodities (petróleo, minerales, soja y maíz), aumentando nuestra dependencia. Es posible garantizar empleo con salario digno e invertir en ciencia y tecnología. Basta sacar el dinero de donde está concentrado: en las manos de los multimillonarios, de las multinacionales y de los banqueros, y poner fin al dominio de los países imperialistas.

Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 606, disponible en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.