Los palestinos enfrentan en este momento en Jerusalén un capítulo más de la continua Nakba –la catástrofe con la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948 mediante limpieza étnica planificada, cuando dos tercios fueron expulsados violentamente de sus tierras–.

Por Soraya Misleh

La semana ha sido marcada por la resistencia contra la expulsión de 550 de los 2.800 palestinos de sus casas en el barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén, expansión colonial sionista agresiva, y más prisiones políticas. Este 7 de mayo, último viernes del Ramadán –mes sagrado de los musulmanes–, Israel da una nuestra más de su naturaleza racista, régimen colonial y apartheid. Llegó a arrojar bombas de gas lacrimógeno dentro de la Mezquita de Al-Aqsa, donde se concentraban millares de palestinos, que resolvieron permanecer en el local, donde realizaron una cena de iftar (quiebra nocturna del ayuno en el mes del Ramadán) en apoyo a los habitantes de Sheikh Jarrah.

La protesta se dio luego de que Israel accediera al barrio de Jerusalén e impidiese a los palestinos de otros lugares sumarse a la resistencia de los moradores en un intento de no ser expulsados violentamente. Hasta el cierre de este texto, informes daban cuenta de al menos 163 heridos en la protesta de Al-Aqsa, algunos en estado grave, número que no para de crecer. Además de decenas de presos políticos palestinos.

Del lado de afuera, la violencia brutal sionista se dirigía contra los que intentaban acceder al área de la Explanada de las Mezquitas y protestaban con consignas y piedras contra militares sionistas fuertemente armados, dotados de tanques de agua, balas de acero revestidas de goma, gas lacrimógeno y granadas de choque.

Bajo la hipócrita disculpa de impedir el acceso por cuenta de la pandemia de Covid-19 –un escarnio, una vez que se niega a inmunizar a los que viven bajo ocupación en Cisjordania–, Israel sigue con la punición colectiva para minar la resistencia palestina a la limpieza étnica y el apartheid.

Recientemente, impuso barrera al Portón de Damasco, en Jerusalén, que permite el acceso a la ciudad y, por lo tanto, a la Explanada de las Mezquitas, y fue obligado a levantarlas ante la resistencia heroica e histórica palestina. El portón es la forma, incluso para trabajadores y trabajadoras palestinos de ciudades y aldeas de Cisjordania, de acceder a Jerusalén para ganar su sustento para sobrevivir. Las protestas, por lo tanto, denuncian ese régimen criminal, que este viernes decidió por la provocación de impedir el acceso a Al-Aqsa y bombardear a los que resistían en un día sagrado para los musulmanes. Y el 10 de mayo, colonos sionistas amenazan invadir Al-Aqsa, según información divulgada por el portal Monitor do Oriente.

Vale recordar que otra provocación en el local fue el detonador de la Segunda Intifada (levante popular entre 2000 y 2005): la invasión del carnicero sionista Ariel Sharon a la Mezquita de Al-Aqsa, escoltado por soldados de la ocupación. Las tensiones crecen al ritmo de las denuncias internacionales del Estado colonial y de apartheid israelí.

Salve Sheikh Jarrah

Bajo la ocupación, el blanco principal en el este momento es el barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén, en el cual una neblina de gas lacrimógeno arrojado por Israel tomó cuenta e invadió los hogares el 5 de mayo. “No podemos respirar en nuestra propia casa”, relató un morador, conforme el reportaje publicado en el portal Middle East Eye. Los palestinos enfrentan una brutal represión por resistirse a dejar su tierra. Bajo órdenes del tribunal sionista de evacuación están bajo amenaza de limpieza étnica en este momento familias que reúnen 40 personas, siendo 30 adultos y 10 niños. Sheikh Jarrah reúnes entre los moradores a palestinos desplazados internamente durante la Nakba de 1948.

Acción israelí en el barrio Sheikh Jarrah, en Jerusalén.

La situación ya dura décadas, con expulsiones frecuentes para a expansión colonial sionista. Solamente en febrero y marzo últimos, fueron siete familias palestinas. Ahora, el tribunal sionista llegó al escarnio de recomendar que los palestinos, para no ser expulsados por la fuerza, negocien pagar un alquiler por sus casas a los colonos israelíes que vengan a ocuparlas, los cuales detentan documentos falsificados alegando propiedad. Eso recuerda los grillajes de tierras en el Brasil –proceso histórico que consiste en envejecer documentos de posesión falsos– para expulsar a las comunidades tradicionales por parte de los latifundistas. Los palestinos rechazaron la orden.

En artículo para el Monitor do Oriente, el Dr. Belal Yasin denuncia incluso la confiscación de 40% de las tierras del vecindario para construcción de un memorial a los militares sionistas muertos en 1967 –cuando Israel ocupó militarmente Gaza, Cisjordania y la parte oriental de Jerusalén (22% de la Palestina histórica restante después de la Nakba de 1948). “Eso desplazará por lo menos a 28 familias palestinas, totalizando cerca de 550 personas, la mayoría niños y mujeres, que quedarán sin casa”, escribe él. Y nuevas expulsiones están previstas para agosto en Sheikh Jarrah.

El gas que invadió las casas fue acompañado de disparos de cañones de agua con olor fétido para forzar a los palestinos a salir de ellas. En las calles, prisiones políticas, golpizas y balas de acero revestidas de goma hirieron a diez personas. También puede verse la imagen de un soldado de la ocupación arrodillado en el cuello de un joven palestino (foto principal del artículo), de la misma forma que hizo el policía blanco Derek Chauvin que mató a George Floyd el año pasado en Minneapolis, Estados Unidos.

La “plaza de guerra”, como definió otro habitante de Sheikh Jarrah en el reportaje del Middle East Eye, tenía como platea indeseada –y protegida por el ejército sionista que hacía la carnicería– a colonos israelíes que pedían la expulsión de todos los palestinos del barrio y hacían explícito su racismo, gritando “muerte a los árabes”.

Palestinos en todo el territorio histórico fragmentando han levantado la bandera “Save Sheikh Jarrah”. En el área ocupada en 1948, salieron a las calles de Jaffa contra un capítulo más de la limpieza étnica. En toda Cisjordania y Gaza, bajo ocupación desde 1967, también han expresado apoyo y clamado por solidaridad internacional.

Jerusalén está uniendo a trabajadores y trabajadoras palestinos y puede ser el detonante para una Intifada que viene gestándose hace algunos años, pero que encuentra como obstáculos a los poderosos enemigos históricos de la causa palestina: el imperialismo/sionismo, los regímenes árabes y la burguesía árabe/palestina. Ejemplo en esta semana fueron las prisiones políticas realizadas por Israel en las aldeas de Cisjordania, con la colaboración de la gerente de la ocupación: la Autoridad Palestina. Honraba, así, su cooperación de seguridad con el Estado sionista conforme los desastrosos acuerdos de Oslo firmados en 1993 entre la OLP e Israel, bajo la intermediación del imperialismo estadounidense.

Es urgente fortalecer las denuncias como parte de la solidaridad internacional efectiva a los palestinos en este momento, y expresar el apoyo incondicional a la resistencia. Por Palestina libre, del río al mar, con el retorno de los millones de refugiados a sus tierras, ¡Salve Sheikh Jarrah!

Traducción: Natalia Estrada.