Fruto de un proceso que ya dura tres años, el “acuerdo del siglo” trajo entre otros puntos el no desmantelamiento de los asentamientos ilegales.

Por: Soraya Misleh, para Carta Capital, 30/1/2020.-

El espectáculo grotesco de anuncio del llamado “acuerdo del siglo” este 28 de enero por Trump, en los Estados Unidos, es una afrenta a los palestinos y a la inteligencia de cualquiera que, incluso mínimamente, se indigne con la injusticia histórica cometida contra esa población. Una acción mediática oportunista que antecede procesos electorales en los Estados Unidos y en Israel –en que la crisis interna es creciente–. Y en medio del juicio de impeachment de Trump en el Senado americano y de esa posibilidad abierta en el caso del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, por corrupción. El escenario ideal para [en] el palco desviar la atención para esas cuestiones y todavía ratificar efectivamente la limpieza étnica continua y la violación de derechos humanos en la Palestina ocupada.

Tal vez la declaración que más demuestre eso sea la de Netanyahu, uno de los personajes clave en este espectáculo. Al clasificar este momento como histórico, comparó la propuesta de Trump a la del ex presidente americano Harry Truman, en 1948, al reconocer el Estado de Israel –el cual fue creado el 15 de mayo de aquel año mediante limpieza étnica deliberada de los palestinos (la Nakba, catástrofe)–. “En este día, usted [Trump] se tornó el primer líder en reconocer la soberanía de Israel sobre Judea y Samaria, vitales para nuestra seguridad y centrales para nuestra herencia”, afirmó el satisfecho Netanyahu, como reproduce el reportaje en la Folha de S. Paulo.

“Judea y Samaria” es como los sionistas denominan a Cisjordania, Palestina ocupada en 1967. El uso de nombres hebreros de antiguos reinos que habrían existido hace milenios es una representación religiosa para atraillar falsamente la región a lugares judíos. En el Brasil, ha servido para ganar el apoyo de evangélicos. En realidad, un maquillaje utilizado para la colonización y la limpieza étnica continuas. De hecho, Trump, en su “acuerdo del siglo” presenta lo que sería la “legitimación” de la ocupación criminal que se expande a pasos agigantados. Una búsqueda por concluir la serie de capítulos en las propuestas del imperialismo y aliados de la paz de los cementerios; en otras palabras, sepultar la causa palestina.

Mapa presentado por Donald Trump sobre el “acuerdo del siglo”.

Netanyahu informó que comenzará a “implantarlo” en los próximos días. Él aplaudía efusivamente, al lado de su rival en las elecciones para el Parlamento sionista, Benny Gantz, y en presencia de los embajadores de Omán, los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. Ningún dirigente palestino participó; todos vienen rechazando la propuesta. Algunos días antes, la Autoridad Palestina declaró que tomaría medidas legales en caso de que la propuesta fuese presentada por Estados Unidos. Y viene amenazando romper con los acuerdos de Oslo y disolverse. Estos últimos fueron firmados por Yasser Arafat, presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y Yitzhak Rabin, primer ministro de Israel, el 13 de setiembre de 1993, frente a la Casa Blanca, bajo intermediación del entonces presidente americano Bill Clinton. La acción, también mediática y vendida al mundo como “oportunidad histórica”, resultó en brutal expansión colonial sionista, facilitada por la cooperación de seguridad con Israel por parte de la entonces creada Autoridad Palestina, la cual de hecho se tornó gerente de la ocupación, sin autonomía y con dependencia económica integral de Israel.

El acuerdo del siglo

Viejos argumentos son ahora retomados, con el anuncio del célebre “acuerdo del siglo”. “Oportunidad histórica” y “última chance para la paz” pululan entre las frases de sus defensores. El acuerdo tiene semejanzas con Oslo, como la cuestión de la graduación en su implementación. El tal “Estado palestino” –en tal vez la mitad del territorio previsto en la dicha “solución de los dos Estados”– no pasa de una ficción y solo sería creado en cuatro años. Abu Dis, una pequeña aldea que reúne a refugiados palestinos desplazados internamente, en Jerusalén, sería posiblemente la capital de ese imaginario futuro Estado. Así como Oslo, no resuelve obviamente cuestiones claves, como el derecho inalienable de retorno de los millones de refugiados palestinos a sus tierras y el derecho al agua. Pero consigue ser aún peor. Sin la presencia palestina y bajo su rechazo, está más para una versión contemporánea de la Declaración Balfour. En esta, presentada el 2 de noviembre de 1917, Gran Bretaña, entonces el imperialismo del momento, se declara favorable a la constitución de un lar nacional judío en tierras palestinas. Da, así, su aval y se coloca como aliada del proyecto colonial sionista que culminó en la Nakba, su continuidad y profundización más de cien años después.

Fruto de ese proceso que ya dura tres años, el “acuerdo del siglo” trae entre sus puntos el reconocimiento de Jerusalén como capital indivisible de Israel, el no desmantelamiento de los asentamientos ilegales, y la anexión definitiva por el Estado sionista del Valle del Jordán, fundamental para garantía de agua para la sobrevivencia palestina.

Desde el punto de vista económico, Trump promete 50.000 millones de dólares en ayuda al “futuro Estado palestino” para reducir los elevados niveles de pobreza y desempleo resultantes de la propia ocupación ilegal que su acuerdo avala. Una tentativa de “comprar” a la dirección, que se extiende también a negociaciones con los regímenes árabes.

No obstante, la respuesta de los palestinos es efusiva y viendo siendo repetida hace tiempo: “Palestina no está en venta”. Enseguida del anuncio, miles tomaron las calles de Gaza y Cisjordania en protesta por la propuesta indigna, que ha unificado a las direcciones y la comunidad palestina alrededor del mundo, así como organizaciones solidarias –que refuerzan el llamado por BDS (boicot, desinversión y sanciones) a Israel. En Twitter, entre los asuntos más comentados del mundo está el llamado “Free Palestine” (Palestina libre).

La Liga Árabe, consciente de que el “acuerdo del siglo” tiene potencial explosivo en la región, convocó una reunión de urgencia para el 1 de febrero. Como mínimo, el pedido es que Israel no anexe tierras palestinas, por caso Cisjordania, cuyo ministro de Asuntos Extranjeros alertó sobre los peligros de la medida unilateral. En la región, incluso Egipto sugirió que los palestinos analicen la propuesta cuidadosamente. Irán y Turquía condenaron el acuerdo, así como los opositores de Trump, los demócratas Bernie Sanders y Elizabeth Warren. Y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) afirmó su compromiso de que se alcance la paz sobre la base de las resoluciones: la dicha “solución de los dos Estados”.

Entre las posiciones vergonzosas no podía faltar la de Bolsonaro que, desde la India, insistió en la intención de transferir la Embajada brasileña de Tel-Aviv para Jerusalén –como fiel seguidor de Trump y Netanyahu–. No bien volvió del viaje, según reportaje de la Folha de S. Paulo, se reunió con el embajador israelí Yossi Shelley. A continuación, el Itamaraty publicó una nota endosando el “acuerdo del siglo”.

El momento es delicado para la causa palestina, sin embargo, es también la oportunidad de fortalecer la solidaridad internacional efectiva, en especial la campaña de BDS, y unificar la resistencia heroica e histórica palestina. Es la oportunidad de romper con los desastrosos acuerdos de Oslo, que nunca trajeron un día de paz a los palestinos, por el contrario. Es también la oportunidad de cesar todas las ilusiones. Parar de hablar de paz –cuando no pasa de la paz de los cementerios– y comenzar a hablar de justicia para la totalidad del pueblo palestino.

En esa dirección, en su twitter el escritor israelí Miko Peled trajo el contrapunto al plan de Trump: “En respuesta al ‘acuerdo del siglo’, precisamos presentar un plan alternativo claro que incluye rechazo del sionismo y de Israel, implementación del retorno de los refugiados palestinos, y una transición de #ApartheidIsrael [un Estado de Apartheid] para una Palestina libre y democrática”. Palestina no está en venta.

Traducción: Natalia Estrada.