Cuando pensábamos que no podía empeorar, la naturaleza nos da otro mensaje. En estos días nos informaron sobre una nube de langostas que se formó en el Paraguay, atravesó varias regiones de la Argentina y estaba rumbo a la frontera del Brasil con el Uruguay. Y no es la primera vez en este año; en febrero, África sufrió las consecuencias del mismo fenómeno. Los religiosos que ya consideran el coronavirus como un castigo, explican la nube de langostas como una plaga bíblica. Los negacionistas deben creer que no es más que una “nubecita”. Pero existe una explicación científica, relacionada con el calentamiento global. Y la plaga es el capitalismo.

Por: Lena Souza

El fenómeno ha aumentado en frecuencia y magnitud

No es esta la primera plaga de langostas que ocurre en la Tierra. De acuerdo con la revista Galileu, los seis peores momentos en que ocurrió y causó muchos estragos fueron en Egipto en 1400 a. C., y según la biblia esta sería la octava “de las 10 plagas enviadas por Dios para castigar a los egipcios, que adoraban a otros dioses y esclavizaban al pueblo de Israel”[1]. Los demás episodios en que causó muchos perjuicios fueron en los Estados Unidos (1874), Egipto (2004), México (2006), Israel (2013), Este del África (2019/2020).

A finales de 2019 y comienzos de 2020, la plaga (como es llamada) devastó plantaciones enteras en el África Oriental, pasando por países como Kenia, Somalia y Etiopía, que como sabemos ya sufren con la escasez de alimentos debido a varios otros eventos climáticos. Algunos dicen que fue la mayor de los últimos 25 años, en tanto la FAO la clasificó como la peor de los últimos 70 años. De acuerdo con el Subsecretario General de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, “Una nube de langostas de un kilómetro cuadrado, tiene en media de 40 a 80 millones de langostas y puede consumir comida suficiente en un único día para alimentar a 35.000 personas. Se estima que un examen en el Nordeste de Kenia tenga hasta 2.400 km2; por lo tanto, si mi calculadora funciona, todo lo que eso significará es que habría entre cien y doscientos mil millones de langostas en él, y estas devorarían comida suficiente para alimentar a 84 millones de personas en un único día”[2]. Otras estimaciones dicen que pueden comer en un día una cantidad de pasto equivalente a la alimentación de 2.000 cabezas de ganado.

Para los negacionistas, así como en el caso de la pandemia de Covid-19, asociar esos fenómenos como la nube de langostas con la crisis climática es crear pánico; sin embargo, no es necesario ser un especialista para ver que la frecuencia y la magnitud de las nubes aumentaron en las últimas décadas y establecer las relaciones del calentamiento global con el fenómeno.

En el caso de esta región del África las condiciones para el brote de la nube de langostas también están relacionadas con eventos climáticos, como período de sequías acompañadas de lluvias intensas que provocan inundaciones. Además, el aumento de temperatura en los océanos también genera más ciclones que crean la condición ideal para las langostas.

La formación de la nube está directamente ligada con las condiciones climáticas extremas, siendo que cuanto más seco y caliente es el clima, más favorece que ocurra, y el calentamiento global puede hacer que esos eventos se den con más frecuencia.

Actualmente debería hacer frío en la parte sur del planeta, no obstante, está seco y caliente, lo que favorece el brote en el Paraguay y el desplazamiento por los demás países.

De acuerdo con el climatólogo Carlos Nobre, las langostas son insectos que viven aislados, pero los cambios en el clima pueden funcionar como un gatillo para que se agreguen, y continúa: “Las olas de calor se forman luego de una lluvia fuerte seguida por un período de calor, después de un estación muy seca. Con esa combinación de factores, las langostas comienzan a reproducirse y migran de acuerdo con la dirección del viento”[3].

Aún de acuerdo con esa misma fuente, dada las condiciones climáticas para reproducirse, estas necesitan buscar alimento, el instinto natural es migrar y en ese desplazamiento las hembras ponen los huevos que son fuente para nuevas generaciones y la formación de nuevas nubes.

Es importante decir también que aun cuando sea llamada plaga, las langostas son muy importantes para el equilibrio ecológico. Son uno de los principales insectos que transforman materia en energía y, por su parte, generan nutrientes para el suelo, a través de las heces, además de suministrar energía para otros predadores que se alimentan de las propias langostas.

Como explica Leonardo Melgarejo, director de la Asociación Brasileña de Agroecología, “el fenómeno es una expresión del desequilibrio ecológico que favorece esta gran población de insectos, asociada a la desaparición de los llamados «controles naturales», con la extinción o la reducción drástica de las poblaciones de pájaros, arañas, y pequeños roedores como la mulita y los conejitos de las indias.

“El hábitat de esos animales está dando lugar a los proyectos cada vez más extensivos del agronegocio. «Todos comen langostas y esto todo está desapareciendo con el avance de la soja y de las otras monoculturas extensivas. El uso de venenos que atacan a algunas culturas también mata a los predadores de estos insectos», argumenta”[4].

La plaga es el capitalismo

El capitalismo es la plaga, tanto para las langostas, pequeños seres de la naturaleza y que forman parte de una cadena importante para equilibrio ecológico, como para los seres humanos que tenemos la capacidad para la transformación. Y, si las langostas no tienen conciencia y capacidad para entender que el capitalismo es su enemigo, nosotros seres humanos sí las tenemos.

No obstante, no son todos los seres humanos que enfrentan el hambre y otras penurias provocadas por los fenómenos naturales que son consecuencia de la degradación y destrucción de la naturaleza que produce el capitalismo.

Es la clase trabajadora y los pobres del mundo que sufren las consecuencias, y somos nosotros los que podemos cambiar esta situación. El capitalismo es un sistema que no sirve a los seres humanos y a la naturaleza, de la cual dependemos para sobrevivir. Y este tiene que ser destruido y sustituido por un sistema que cree las condiciones para la igualdad y la libertad del ser humano, y que también cree las condiciones para que tengamos una relación de equilibrio con la naturaleza.

Si tenemos que aprender alguna cosa con las langostas es que agregarse y atacar de forma unificada es muy importante para la conquista del objetivo. No obstante, como somos seres humanos tenemos la condición de pensar en estrategia; es necesario entender quién es el enemigo y quién lo defiende. Siendo así, si todavía teníamos dudas, los últimos meses y la pandemia de coronavirus ya nos mostraron que el enemigo es el capitalismo y la clase que lo defiende.

Si teníamos dudas sobre que la crisis ambiental también es provocada por este sistema, las evidencias están cada vez más a nuestra vista.

Antes de que este sistema y la clase que lo defiende acaben con la naturaleza y con los/as trabajadores/as y pobres del planeta, tenemos que organizarnos y estudiar sobre la sociedad socialista. Nuestra organización como clase y la construcción de la sociedad socialista será el insecticida que acabará con la plaga del capitalismo.

Notas:

[1]https://revistagalileu.globo.com/Sociedade/Historia/noticia/2020/06/os-6-piores-episodios-de-nuvem-de-gafanhoto-da-historia.html#:~:text=A%20infesta%C3%A7%C3%A3o%20de%20gafanhotos%20%C3%A9,escravizavam%20o%20povo%20de%20Israel.

[2] https://news.un.org/es/story/2020/02/1469391

[3] https://veja.abril.com.br/blog/impacto/nuvem-de-gafanhotos-qual-e-a-relacao-entre-o-clima-e-os-insetos/

[4] https://www.diariodocentrodomundo.com.br/essencial/nuvem-de-gafanhotos-e-expressao-do-desequilibrio-ecologico-diz-ambientalista/

Traducción: Natalia Estrada.