Usted está a fin de mes y precisa hacer las compras de la casa. En la caja del supermercado pide para pagar a crédito. Tiene noción de que los intereses son absurdos pero, ¿qué le va a hacer?

Por: Diego Cruz

Poco tiempo después, aquella pequeña cuenta crece con intereses de 300% al año y se torna prácticamente impagable. Usted corta gastos, economiza, pero el salario no alcanza para pagar aquello. Solo si pide un nuevo préstamo al banco.

Si los intereses usureros de la tarjeta de crédito ya son revulsivos, imagine entonces recibir en su casa la factura de una cuenta de algo que usted nunca compró y con intereses igualmente extorsivos. Pues, es justamente eso lo que ocurre con la llamada deuda pública.

No la escogemos, nunca la contratamos y mucho menos nos beneficiamos con ella. Sin embargo, todos los años es como si cada uno, independientemente de la edad, recibiese una cuenta en casa de más de 23.000 reales [5.952 dólares]. Ese es el valor total de la deuda repartida entre los habitantes del Brasil.

¿Cómo pagamos esa deuda?

Usted nunca recibió esa cuenta en casa, pero la paga de igual forma. ¿Cómo ocurre eso? El gobierno emite títulos de la deuda pública y los vende en remates en el mercado financiero. Los compradores son grandes bancos, nacionales y extranjeros, como el Citibank, el HSBC o el Itaú.

En la práctica, es una especie de préstamo, a intereses muy altos, que es la tal tasa Selic, de la cual siempre se habla en la televisión. Esos intereses son definidos por el Banco Central. Cada punto que ellos aumentan representa miles de millones más, todos los años, para esos banqueros. Al contrario de un financiamiento que usted hace en el banco para comprar un automóvil, por ejemplo, o de la cuenta del supermercado que paga con la tarjeta de crédito, ese préstamo del gobierno no tiene retorno. No es hecho para construir escuela u hospitales. Es hecho para pagar los intereses que están venciendo. O sea, el gobierno va allá y se endeuda para pagar los intereses de una deuda que ya existe.

Es una bola de nieve que solo aumenta, cuyos intereses consumen hoy 47% del presupuesto del gobierno federal. Eso significa que, todos los años, casi la mitad de lo que el gobierno recauda va para pagar los intereses de la deuda pública, tanto interna como externa.

En el Presupuesto de este año, el total de esa cuenta va a sumar 1,3 billones de reales. ¿Es posible imaginar tanto dinero? Solo para tener una idea, es 13 veces el valor gastado en salud o educación. Eso, con todo, son solo los intereses, ya que el total de la deuda pública misma equivale hoy a 86% del Producto Interno Bruto (PIB), la suma del valor de todas las riquezas producidas en el país en un año.

El mecanismo de la deuda es responsable por la transferencia de las riquezas del país para una docena de banqueros internacionales. Eso es hecho desviando recursos del Presupuesto para el pago de los intereses de la deuda.

Pero, ¿de dónde vienen esos recursos? Generalmente, cuando se habla de la cuestión de la deuda, se menciona solo el problema del desvío del Presupuesto, lo que ya es grave. Por ejemplo, no da para discutir Previsión pública y mostrar que no existe robo alguno sin hablar de la deuda. No obstante, el problema viene de más abajo. Todos nosotros pagamos esa deuda.

Extracción de plusvalía

A fin de mes, un obrero de una fábrica, por ejemplo, no produjo solo el equivalente a su salario. El salario es una pequeña parte del valor producido por su fuerza de trabajo. Es lo que él gana para mantenerse, alimentarse, vestirse, etc. El valor correspondiente a lo que él produjo, descontando la pequeña fracción del salario, va a los patrones en forma de ganancia. Es con el llamado trabajo no pago o plusvalía. Los recursos generados por el trabajo forman las ganancias de los patrones, incluyendo ahí lo que ellos pagan en impuestos.

Cuando hablamos de Presupuesto público, estamos hablando básicamente de recaudación generada por medio de impuestos. Pero hasta los impuestos pagados por los empresarios, que son proporcionalmente menores de los que pagamos nosotros, son pagos por nuestro trabajo. Eso, cuando los patrones no evaden.

¿Vio cómo son las cosas? Pagamos nuestros impuestos y hasta los de los patrones. La transferencia de recursos hacia el exterior, realizada por la deuda pública o la remesa de lucros por las empresas, es exactamente eso: el robo de la plusvalía producida por los trabajadores en el país.

Sanguijuelas: un agujero por donde se escapan nuestros recursos

La deuda pública es el principal motivo por detrás de la falta de dinero para áreas como la salud y la educación. Ese tubo que chupa los recursos del país desvía el dinero de esas áreas para los banqueros. ¿Cómo ocurre eso?

Casi todos los días oímos en los noticieros hablar sobre el superávit primario. Dicen que es necesario hacer superávit primario, que el tal superávit primario está en riesgo con la crisis y que el país puede perder el grado de inversiones. Pero, ¿qué significa todo eso?

Todo lo que el gobierno recauda, principalmente con impuestos, pero también por otros medios, como los lucros de las estatales, forman las “receitas” primarias [recursos del Estado]. Es el Presupuesto de la Unión [Brasil entero]. De eso se sacan los gastos primarios, que son los gastos con jubilaciones [pensiones], salud, educación, etc.

Bueno, si la recaudación es para costear esos gastos, ¿por qué el país precisaría tener superávit, o, en otras palabras, ganancia? ¿Por qué es necesario que sobre? Simplemente para garantizar el principal gasto del gobierno, que es el pago de los intereses de la deuda. Por eso, los intereses no entran en esa cuenta. Si entrasen, quedaría al descubierto el desfalco que la deuda hace en el Presupuesto.

Instrumento de dominación

La llamada Ley de Responsabilidad Fiscal reafirma el pago de la deuda como prioridad absoluta del gobierno. Así, para garantizar los recursos a los banqueros, el gobierno precisa hacer que las “receitas” –lo que él va a recaudar– sean muy superiores a los gastos. Eso se hace aumentando los impuestos, privatizando y, principalmente, cortando gastos sociales. Todo para mantener la relación deuda-PIB estable, que es una señal para los banqueros de que el país continuará pagando en día.

El tal grado de inversión es, así, una especie de sello de calidad de los bancos para decir que este país está haciendo de todo para garantizar sus lucros. Existen muchas formas de transferir nuestros recursos para afuera. Las inversiones financieras especulativas, por ejemplo, entran y ya enseguida salen, cargando parte de nuestras riquezas en forma de ganancias. Las multinacionales, por su parte, remiten directamente sus lucros al exterior.

La deuda pública funciona de la misma forma. El capital de grandes bancos e inversionistas entra aquí y sale cargando parte de nuestras riquezas como lucro en forma de intereses. La diferencia de este mecanismo es que él transfiere la mitad de nuestro presupuesto todos los años hacia el exterior. Es, así, el principal instrumento de la dominación del Brasil por los bancos y los países imperialistas.

Traducción: Natalia Estrada.

Artículo publicado en Opinión Socialista n.° 504, setiembre de 2015.-

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