Política de represión al tráfico solo vale para pobre y negro.

Por: PSTU-Brasil

La prisión del sargento de la Aeronáutica que integraba la comitiva presidencial de Bolsonaro, con 39 kilos de cocaína, en el aeropuerto de Sevilla, en el Estado español, expone toda la hipocresía de la llamada “guerra a las drogas” practicada exclusivamente contra la población joven y negra de las periferias.

El militar fue detenido este martes (25/6) cuando el avión de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) en que viajaba hizo escala en el Estado español, con destino final al Japón. El avión acompañaría el viaje oficial del presidente Bolsonaro al Japón para la reunión del G20. Luego de la prisión, Bolsonaro, que venía enseguida después, alteró su ruta y posó en Lisboa. La droga habría sido encontrada en el bagaje de mano del militar detenido. Según el propio vicepresidente, Hamilton Mourão, el sargento traficante volvería del viaje en el mismo avión que Bolsonaro.

La reacción de Bolsonaro fue protocolar, a través de un corto mensaje en twitter. Bien diferente, por ejemplo, de la “moción de congratulaciones” que, cuando diputado, envió al presidente de Indonesia cuando el gobierno de aquel país confirmó la ejecución de Marco Archer, brasileño preso cuando intentaba entrar en el archipiélago con 13 kg de cocaína. Archer fue fusilado en 2015. “Caso en el Brasil este mismo crimen fuese punido con pena de muerte, muchas vidas de inocentes serían ahorradas”, dice un fragmento de la carta de Bolsonaro, que felicita al presidente indonesio.

Lo que Bolsonaro no dice es que la pena de muerte para el tráfico de drogas existe sí en el Brasil. Pero no para milicianos [parapoliciales] que integran su gobierno y su círculo personal, o para los grandes traficantes, y sí para la población pobre, sobre todo, jóvenes y negros que, sin empleos o perspectivas de futuro, son empujados al crimen. Y, frente a la justificativa de la “guerra a las drogas”, son abatidos a montones por la policía.

En el Brasil, la represión al tráfico es disculpa para reprimir a pobres en los morros y favelas, lastimar a la población, matar y/o encarcelar en masa. El país tiene la tercera mayor población carcelaria del mundo, con más de 726.000 presos, según Relevamiento Nacional de Informaciones Penitenciarias (Infopen). Casi la mitad sin haber sido juzgada ni siquiera en primera instancia. Más de la mitad de esos presos son jóvenes de 18 a 29 años, y 64% son negros.

Situación que el gobierno Bolsonaro quiere profundizar con, por ejemplo, el paquete “anticrimen” de Sérgio Moro, que libera a la policía para matar sin cualquier opción de punición. O la propia política armamentista de Bolsonaro, cuyo objetivo es el de armar a la clase media y a los milicianos.

Nunca fue contra las drogas

No es la primera vez que la FAB se envuelve en tráfico internacional de drogas. En 1999, un avión de la Fuerza Aérea transportaba 33 kilos de cocaína a Francia. Música del rapper Sabotage ya denunciaba en 2000: “Quien está en el error sabe/cocaína en el avión de la FAB”. Es público y notorio que el tráfico solo existe porque hay un gran traficante con tentáculos en prácticamente todas las áreas del Estado: policía, Justicia… y las Fuerzas Armadas.

La cantidad y la tranquilidad con que el sargento cargaba la droga muestra la certeza de impunidad y complicidad de los órganos del Estado. Solo fue preso por cuenta de la policía española. ¿Alguien se acuerda del helicóptero prendido con 450 kilos de pasta de coca en una hacienda de la familia Perella, en Minas Gerais, aliada de Aécio Neves [ex candidato a presidente por el PSDB]? Nadie fue preso, la Justicia hizo vista grosa y quedó todo por ahí mismo.

La política de represión contra el tráfico de drogas nunca fue, de hecho, contra las drogas. Es una guerra contra los pobres y la población negra de este país. Fuera de eso, es discurso hipócrita de quien tiene culpa en registro. Por eso, es urgente descriminalizar las drogas, desmilitarizar la Policía Militar (PM), y acabar con el genocidio y el encarcelamiento de la población negra.

Traducción: Natalia Estrada.