“Los epígonos actuales, o sea, los muchos malos discípulos de Lenin, adoran cubrir sus lagunas en todos los aspectos con citaciones que, muchas veces, no son en absoluto apropiadas. Para un marxista, no es la citación sino el método correcto lo que permite resolver el problema. Pero con la ayuda de un método correcto no es difícil encontrar la citación conveniente”. León Trotsky

Por: Gustavo Machado, para Teoria & Revolução

En el presente texto pretendemos analizar el origen y, principalmente, el significado del lema “marchar separado, golpear juntos” tomado por los bolcheviques. Lenin en particular, como un criterio para definición de frentes, de diversos tipos, con otras organizaciones. Se trata de una orientación largamente olvidada y prácticamente sepultada por los marxistas desde la posguerra. En función de eso, es una tarea de mayor importancia reexaminar el alcance y consecuencias contenidas en esa formulación.

La posición de Marx, Lenin y Trotsky sobre los frentes

En principio, a título de mera curiosidad histórica, observamos que el origen de la expresión es alemana y, como tantas otras formulaciones apropiadas por el marxismo, tiene origen militar. Más precisamente con el mariscal alemán Helmuth von Moltke, que comandó las batallas que culminaron en la unificación del Estado alemán bajo el liderazgo de Prusia en la segunda mitad de los años sesenta del siglo XIX. Su principio estratégico era sintetizado en la frase: “marchar separado, golpear juntos” (Getrennt marschieren, vereint schlagen), que decía respecto básicamente a las batallas en campo abierto.

No es extraño, así, que Marx jamás haya usado directamente la expresión. No obstante, su contenido puede ser claramente identificado en el “Mensaje al comité central de la Liga de los Comunistas” de marzo de 1850, cuando dice que “La actitud de partido obrero revolucionario de cara a la democracia pequeñoburguesa es la siguiente: marchar con ella en la lucha por el derrumbe de aquella fracción cuya derrota es deseada por el partido obrero; marchar contra ella en todos los casos en que la democracia pequeñoburguesa quiera consolidar su posición en provecho propio” (MARX, 1982, p. 85).

No sin razón, la sugerencia de Marx al partido obrero en lo que dice respecto de las elecciones será:

“Al lado de los candidatos burgueses democráticos figuren en todas partes candidatos obreros, escogidos en la medida de lo posible entre los miembros de la Liga, y que para su triunfo se pongan en juego todos los medios disponibles. Aun cuando no exista esperanza de triunfo, los obreros deben presentar candidatos propios para conservar la independencia, hacer una evaluación de fuerzas y demostrar abiertamente a todo el mundo su posición revolucionaria y los puntos de vista del partido. Al mismo tiempo, los obreros no deben dejarse engañar por las alegaciones de los demócratas de que, por ejemplo, tal actitud divide el partido democrático y facilita el triunfo de la reacción. Todas esas alegaciones tienen el objetivo de ilusionar al proletariado; los éxitos que el partido obrero alcance con semejante actitud independiente pesan mucho más que los daños que pueda ocasionar la presencia de unos cuantos reaccionarios en la asamblea representativa” (MARX, 1982, p. 90).

Ya en Marx podemos constatar que la orientación arriba citada no es una mera táctica entre otras sino una orientación general a ser observada en todos los casos, ya que se trata de un texto programático dirigido al comité central de la Liga de los Comunistas que abarcaba varios países. No se trata, por lo tanto, del análisis de un caso específico sino de un texto que, en la época, fue tomado como un complemento programático al Manifiesto Comunista, incorporando las experiencias de las revoluciones de 1848-1849. Tanto es así que solamente la segunda parte del Mensaje, escrito como un documento separado, trata de las especificidades de los países europeos en que la Liga de los Comunistas intervenía.

Tampoco se trata de un dogma sino de un criterio de análisis de la realidad que comporta, conforme la situación, formas diversas de aplicación. No obstante, como todo criterio que busca vincular el caso particular con la universalidad del programa, tiene como consecuencia una orientación general. De ahí la indicación, por ejemplo, de que “en la medida de lo posible”, en los procesos electorales, figuren en todas partes candidatos obreros escogidos entre los miembros de la Liga de los Comunistas.

Pero es bueno recordar que en la época de Marx la legalidad de partidos y organizaciones obreras, sobre todo políticas, era rara y prácticamente inexistente. Qué dirán, como en las décadas que siguieron, organizaciones reformistas que buscaban apoyar su discurso en Marx. No sin razón, es con el guiño reformista de la socialdemocracia alemana y la emergencia de la fracción menchevique en la socialdemocracia rusa en el inicio del siglo XX, que tal tema será retomado y reexaminado, particularmente por Lenin.

Es exactamente en ese contexto que la formulación “marchar separado, golpear juntos” adentra la tradición bolchevique. El momento de esa incorporación puede ser fechado de forma precisa. Se dio por medio de Parvus, un ruso radicado en Alemania y miembro de la socialdemocracia alemana, pero que alertó conjuntamente con Trotsky en la revolución de 1905, siendo, incluso, coautor de la primea elaboración de la teoría de la revolución permanente. Fue justamente al hacer el prefacio de un escrito de Trotsky, aún en el inicio de 1905, en medio de la polémica de si los revolucionarios deberían o no participar de un gobierno provisorio que resultase de la revolución en curso, que Parvus dice: “Es necesario servirse de todas las corrientes revolucionarias y de oposición, pero, al mismo tiempo, tenemos que preservar la capacidad de acción política autónoma”. Enseguida, enumera los siguientes criterios:

  1. No mezclar organizaciones: Marchar separados, golpear juntos.
  2. No renunciar a sus propias reivindicaciones políticas.
  3. No ocultar las divergencias de intereses.
  4. Seguir a su aliado como se sigue el carril a un enemigo.
  5. Preocuparse más en utilizar la situación creada por la lucha que en preservar un aliado (PARVUS, 2016, p. 4).

Pues bien, tanto el prefacio de Parvus, como el escrito de Trotsky, será blanco de la crítica de Lenin, excepto el fragmento arriba indicado, sucesivas veces retomado por él en el período subsiguiente. Veamos.

En el artículo “Un acuerdo de lucha para la Insurrección”, de febrero de 1905, Lenin dice que la “historia de las épocas revolucionarias nos da muchos ejemplos de enormes daños que causan las experiencias precipitadas e inmaduras de una ‘unidad de lucha’ en que se juntan los elementos más heterogéneos para formar comités del pueblo revolucionario”. Y advierte: “con lo que solo se obtiene el inevitable resultado de fricciones mutuas y amargos desengaños”. Interesante notar que Lenin no se refiere, en este párrafo, a especificidades del proceso de 1905, sino a una lección de la “historia de las épocas revolucionarias”. Y esto tiene su razón de ser. Al final, el “marxismo, que ustedes consideran un dogma estrecho, es para nosotros la síntesis de esas lecciones históricas, de esa orientación que la historia nos ofrece”, y continúa Lenin: “vemos en el partido independiente e irreconciliablemente marxista del proletariado revolucionario la única garantía de la victoria del socialismo y el camino que está más libre de vacilaciones para la victoria”. “Por esa razón, no renunciaremos jamás, ni incluso en los momentos más revolucionarios, a la total independencia del partido socialdemócrata, ni a la absoluta intransigencia de nuestra ideología” (LENIN, 1980, p. 162).

Como se desprende de las palabras de Lenin, la necesidad de los frentes ocurre, sobre todo, en los momentos revolucionarios, en función de la necesidad de reunir las fuerzas en movimiento para golpear al enemigo común. Pero incluso en esos casos, la única garantía de victoria del socialismo está en un partido del proletariado que sea independiente e irreconciliablemente marxista. Es en ese contexto que Lenin dice que “debemos, inevitablemente, marchar separados, pero podemos más de una vez y, en particular ahora, golpear juntos”. Y más adelante complementa: “una claridad y precisión absoluta en las relaciones entre los partidos, tendencias y matices es premisa absolutamente necesaria para todo acuerdo provisorio más o menos fecundo entre ellos” (LENIN, 1980, p. 162). Importante notar: acuerdos provisorios entre distintas organizaciones. Al final, en la acepción de Lenin, un acuerdo no puede ser fundado en un programa común, una línea media entre las concepciones de dos o más organizaciones, sino en la necesidad de una acción común.

Algunos meses más tarde, Lenin escribe otro artículo denominado “La Dictadura Democrática Revolucionaria del Proletariado y del Campesinado”. Tal artículo tiene el mérito de explicitar la naturaleza de clase de las organizaciones involucradas en un posible frente. Dice que “la participación en el gobierno provisorio revolucionario sería extremadamente peligrosa si la socialdemocracia olvidara, aunque fuese por un solo instante, las diferencias de clase existentes entre el proletariado y la pequeña burguesía; si concluyera tardíamente una alianza desfavorable para nosotros con uno u otro partido pequeñoburgués de intelectuales que no merezca confianza; si la socialdemocracia perdiera de vista, aunque fuese por un solo momento, sus objetivos independientes y la necesidad (en todas las circunstancias y coyunturas políticas de cualquier tipo, en todos los virajes y alteraciones políticas sin excepción) de colocar en primer plano el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado y de su organización política independiente”. Y complementa luego enseguida: “Parvus subraya con toda energía una de las condiciones que jamás debemos olvidar: golpear juntos y marchar separados, no mezclar organizaciones, vigilar al aliado como un enemigo, etc.” (LENIN, 1980, p. 309).

Como se nota, los elementos arriba indicados deben ser llevados en cuenta “en todas las circunstancias y coyunturas políticas de cualquier tipo, en todos los virajes y alteraciones políticas sin excepción”, siendo algo que “jamás debemos olvidar”. Por eso, no se trata de un análisis circunstancial, sino algo que debe ser considerado en todas las situaciones, en las palabras de Lenin, sin ninguna excepción. Importante resaltar que la cuestión era puesta en esos términos por Lenin incluso en la época, cuando su programa para Rusia aún no era el de la revolución socialista, sino una democracia burguesa bajo dirección de un gobierno obrero y campesino.

Por fin, no podemos dejar de mencionar otro artículo de Lenin, de 1907, que trata de las elecciones para la Duma, denominado: “Los bolcheviques y la pequeña burguesía”. En ese artículo, Lenin plantea la siguiente cuestión: “¿Cómo garantizar que los pequeñoburgueses reconocidos por Novi Luch [periódico trudovique] como aliados no traicionarán y se colocarán del lado de los kadetes?” Como se sabe, los trudoviques eran una escisión de un típico partido socialista pequeñoburgués de izquierda, los socialistas revolucionarios. Y responde en seguida: “Precisamente porque es imposible garantizar tal cosa estamos contra cualquier acuerdo permanente con los trudoviques. Nuestra línea es ‘marchar separadamente, golpear juntos”. Y complementa: “Precisamente así procederemos en las elecciones de San Petersburgo y así procederemos siempre” (LENIN, 1981, p. 175).

No es casual, por lo tanto, el hecho de que ese lema bolchevique sea retomado innumerables veces por León Trotsky, siempre que el tema en debate era la naturaleza y objetivo de los frentes y bloques entre organizaciones. Esto se dará en los debates sobre el frente único entre la Socialdemocracia y el Partido Comunista en Alemania frente al nazismo, en el caso del Frente Popular francés e, incluso, en carta en que aconseja a los activistas indianos frente a las corrientes nacionalistas de aquel país. No obstante, un documento en especial se reviste de particular interés teniendo en vista los propósitos de este artículo. En una carta que se creer está dirigida a Wolf Weiss, alemán exiliado en Checoslovaquia. Trotsky responde exactamente la pregunta de cuál es la actitud de los revolucionarios frente al frente único. O sea, se trata de una respuesta con valor universal y no del análisis de un caso específico. En esa carta, Trotsky sintetiza así la cuestión:

“En relación con el frente único, creo que es difícil plantear el problema con claridad, debido a la tendencia común de confundir los muchos significados del mismo. El concepto de ‘frente único’ está estrechamente ligado al conocido lema: marchar separados, golpear juntos. El frente único es necesario si tenemos que golpear juntos. Por eso, no se trata de una institución permanente, sino de un plan de batalla circunstancial. En épocas de ‘quietud’, el frente único sería la excepción. En un período revolucionario, el frente único puede extenderse e incluso asumir formas organizativas (por ejemplo, la formación de los sóviets revolucionarios). Sea como fuere, en todos los casos se trata de estrechar filas para golpear; la premisa paralela es la existencia de organizaciones de masas.

Tomemos un ejemplo del fallecido ‘frente único’ del ILP y del PC británico. Era una alianza permanente entre grupos de propaganda. Esto no es un frente único sino el reconocimiento franco de que uno de los grupos (o tal vez ambos) no tienen derecho a una existencia política independiente. Marchan juntos antes de haber reunido las fuerzas necesarias para golpear. Quien tiene algo que decir a la clase obrera, debe marchar solo. […]” (TROTSKY, 1979, pp. 321-322).

Como se ve, antes que tratarse de una frase de efecto, una formulación episódica y circunstancial, la formulación “marchar separados, golpear juntos” traduce un criterio a ser considerado en el análisis de cada caso particular. Un criterio reivindicado y por diversas veces aplicado tanto por Marx como por Lenin y Trotsky. A pesar de eso, como podemos constatar fácilmente, su uso y, sobre todo, su significado, fue sometido a un largo olvido en el interior del marxismo.

Un nuevo criterio: Gramsci

Reconstruir la historia de este olvido no es tarea de las más simples. Lejos de querer responder a esa cuestión, lo que exigiría un estudio de largo aliento, es posible indicar, al menos, que uno de sus capítulos se encuentra en Gramsci, particularmente en sus Cuadernos de la Cárcel. En el tercer volumen de la edición brasileña tenemos un tópico que trata exactamente de lo que sería el “pasaje de la guerra maniobrada (y del ataque frontal) a la guerra de posición también en el campo político” (GRAMSCI, 2004, p. 255). A continuación, Gramsci dice que “esa parece ser la cuestión de la teoría política más importante puesta por el período de la posguerra y la más difícil de resolver correctamente. Ella está ligada a las cuestiones levantadas por Bronstein [Trotsky], que, de un modo o de otro, puede ser considerado el teórico político del ataque frontal en un período en que este es apenas causa de derrotas” (GRAMSCI, 204, p. 255). Aquí ya se comienza a vislumbrar un criterio radicalmente distinto de aquel aplicado por los autores clásicos, en que la política no se jerarquiza por la lucha directa, el ataque frontal, sino por la llamada guerra de posición, en este fragmento, confrontada directamente con las posiciones de Trotsky.

Como se sabe, en la acepción de Gramsci, en el occidente capitalista de la posguerra la cuestión de la revolución proletaria dejaba de ser producto de la acción directa del proletariado –guerra de movimiento– pasando a ser, mucho más, producto de la guerra de posición, esto es, la preponderancia de la disputa por hegemonía en el interior de los organismos de la sociedad civil. Motivo por el cual el frente único dejaba de ser algo momentáneo, circunstancial, para tornarse una “táctica” sujeta a vigencia por todo un largo período. Más aún, antes de tratarse de un “cerrar filas para golpear”, algo teniendo en vista un “ataque frontal” al enemigo, el frente único era ampliado para el “campo político”. No sin razón, Gramsci evalúa que la política de frentes del bolchevismo, tal como aplicada en el interior de la propia Rusia, estaría superada. Ese es el sentido que Gramsci confiere a la política de frente único adoptada en el tercer congreso de la III Internacional.

Él dice: “me parece que Ilicht [Lenin] había comprendido la necesidad de un cambio de la guerra maniobrada [de movimiento], aplicada victoriosamente en el Oriente en 1917 [Revolución Rusa], para la guerra de posición, única posible en el Occidente […]. Me parece este el significado de la fórmula de frente único” (GRAMSCI, 2004, p. 262).

Tanto es así que, más adelante, Gramsci ejemplifica con el caso del Comité Anglo-Ruso en Inglaterra. Deja claro que el criterio para los frentes ahora es otro:

“Solamente en un caso debería existir una ruptura entre los comunistas y la izquierda inglesa: si Inglaterra estuviera a la vera de la revolución proletaria y nuestro Partido fuera suficientemente fuerte para encaminar solo la insurrección” (GRAMSCI, 2004, p. 382).

Consideraciones finales

Es preciso comprender correctamente en qué sentido la formulación “marchar separadamente, golpear juntos” se presenta como un “lema”, un “precepto”, una “regla”, una “premisa”, una “línea” a ser seguida. Como se nota, para Lenin, así como para Trotsky y Marx, no se trata de una táctica circunstancial, ocasional. Esa formulación se impone, usando las palabras de Lenin, “inevitablemente”; se trata de “condiciones que jamás debemos olvidar” y, va todavía más lejos, “precisamente así procederemos en las elecciones de San Petersburgo y así procederemos siempre”. Tenemos, por lo tanto, un criterio a ser siempre seguido en la conformación o no de los frentes, bloques y unidades. ¿Tendríamos así un dogma o una formulación no dialéctica?

Los que así formulan la cuestión, lejos están de ser dialécticos. Dialéctica no es una palabra mágica que permite que todo sea hecho conforme el análisis de cada caso. Es el empirismo que saca sus conclusiones basadas únicamente en el análisis de casos. O lo que es peor, las impresiones de la actuación cotidiana. El marxista ciertamente analiza los casos particulares, pero tal análisis está subordinado a su concepción crítica revolucionaria de la sociedad burguesa, esto es, al programa de la revolución socialista que, por su parte, se basa en un análisis objetivo de las necesidades históricas de una clase social: el proletariado.

El análisis marxista de situaciones particulares, por lo tanto, está siempre asentado en una perspectiva dotada de universalidad: la crítica histórica de la sociedad burguesa. De ahí la confusión empirista pseudomarxista que cree que el análisis correcto –del caso concreto– es el análisis de situaciones particulares aisladas de la universalidad del programa. Lenin combatió duramente tal perspectiva presente entre varios mencheviques.

Ciertamente, el marxismo es dialéctico porque “marchar separadamente, golpear juntos” no es un dogma sino un criterio. Existen formas diferentes de “marchar separadamente y golpear juntos”; ahí entra el campo de las tácticas, en este caso. Por ejemplo, ¿es posible marchar separadamente por medio del entrismo en otras organizaciones? Con certeza. No obstante, ¿el entrismo es la forma más adecuada para marchar separadamente? Evidentemente, no. No sin razón, solamente situaciones excepcionales pueden hacer del entrismo la táctica adecuada, aún así, por un corto período de tiempo y con objetivos bien definidos.

Esto es así porque el campo de las tácticas es flexible, pero no ecléctico, empírico. Posee criterios porque está subordinado a un programa que, por su parte, se asienta en aspectos objetivos e históricos y no circunstanciales. En los días de hoy, cuando la palabra frente se convierte en una especie de fetiche entre varias organizaciones de izquierda, es esencial rememorar esa formulación y reflexionar sobre su significado y consecuencias. Así como en los impactos históricos de su abandono.

Referencias

MARX, KARL. Mensagem ao Comitê Central da Liga dos Comunistas (1850). Marx-Engels: Textos. v. 3. São Paulo: Edições Sociais, 1982. pp. 83-92

PARVUS, Alexandre. Prefacio a Antes del 9 de enero de L. Trotsky, en: https://www.marxists.org/espanol/parvus/1905/enero/prefacio-antes-9-enero.pdf Consultado el 9/05/2016.

LENIN, Wladimir Ilitch. Obras Completas, tomo 8. Moscú: Progreso, 1980.

_____. Obras Completas, tomo 12. Moscú: Progreso, 1981.

TROTSKY, León. Escritos, Tomo VII, v. 2, Editorial Pluma, 1979.

GRAMSCI, Antonio. Cadernos do cárcere. 3a ed., Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2004, vols. 3.

Artículo publicado en la revista Teoria & Revolução, 9 de mayo de 2017 (http://teoriaerevolucao.pstu.org.br)

Traducción: Natalia Estrada.