En defensa de la vida, del empleo, del salario, de la renta, de la alimentación, de los servicios públicos y de la soberanía, poner las ciudades en las manos de los trabajadores y trabajadoras, a través de consejos populares.

Por: PSTU – Brasil

La campaña del PSTU quiere ser el punto de apoyo a las luchas y la organización de la clase obrera, de los trabajadores, de la juventud, de los sectores oprimidos y del pueblo pobre, de los barrios populares y de la periferia.

Vamos, juntos, a construir la lucha y a organizarnos contra la explotación, el desempleo, el racismo, la LGBTfobia, el machismo y la xenofobia. En defensa de una vida digna, del empleo, del salario, de la educación y la salud públicas y gratuitas, de la vivienda, del saneamiento básico para todos, y del transporte público de calidad.

Para eso, es preciso sacar a Bolsonaro-Mourão, y a todos aquellos que gobiernan para los ricos y corruptos.

Nosotros queremos presentar propuestas de emergencia y una salida obrera y socialista para la crisis. Los ricos son los que deben pagar por la crisis. Hoy, los dueños de las fábricas, los bancos, las constructoras, los supermercados son los dueños de las ciudades y del poder. De la misma manera que son dueños del país.

Nosotros queremos la ciudad en manos de los trabajadores y el pueblo pobre. Por eso defendemos un gobierno socialista, de los trabajadores. La ciudad debe ser controlada por comités o consejos populares organizados en los barrios, en la periferia, en los lugares de trabajo, en la educación y en la salud. Que sean la clase trabajadora y el pueblo pobre los que decidan sobre qué hacer con 100% del dinero del presupuesto público, y fiscalicen su aplicación. La Cámara debe someterse a los Comités Populares. Todo político debe tener mandato revocable, y ningún político debería ganar más que un obrero o una profesora.

Siempre tuvimos como principio no aceptar dinero de empresas, porque sabemos que quien paga la orquesta escoge la música. Las elecciones son antidemocráticas. Un partido como el PSTU no puede participar en condiciones de igualdad, mientras los grandes partidos tienen todo el tiempo del mundo en la TV y ríos de dinero de empresarios y corruptos.

No será con elecciones que iremos a cambiar, de verdad, la ciudad o el país y construir una nueva sociedad. Esto solo será posible con la lucha unificada de los trabajadores. Pero elegir revolucionarios del PSTU fortalece la lucha de los trabajadores y por un proyecto socialista.

Vamos a tomar las ciudades para los trabajadores, como un quilombo[1] socialista, una trinchera de lucha. Vamos a luchar para poner la ciudad al servicio de la clase trabajadora, de la juventud, del pueblo pobre de las periferias, de los negros, LGBTs y mujeres de la clase trabajadora, para todo a lo que tenemos derecho.

Pero una gestión socialista también hará de las ciudades un punto de apoyo en la lucha para sacar a Bolsonaro y Mourão, cambiar el país y el mundo. Para luchar por el fin de la explotación y del sistema capitalista. Una trinchera en la lucha por una sociedad socialista, donde la producción no esté al servicio de las ganancias de un puñado de multimillonarios y de la explotación de la mayoría del pueblo pobre y trabajador, que sea de la igualdad económica y política.

Cada voto en el PSTU, en la lista 16, va a ser útil para fortalecer el proyecto revolucionario y socialista, y la lucha de la clase trabajadora, del pueblo pobre, de los negros, de las mujeres y LGBTs, para cambiar, de verdad, todo eso que está ahí.

Basta de arrojar la crisis en las espaldas de los trabajadores

El desempleo en masa, que venía de antes, la pobreza y la miseria estallan en las ciudades, agravados por la pandemia. Por primera vez, el número de desempleados superó el de los trabajadores con empleo. El corte del auxilio de emergencia por la mitad, decretado por Bolsonaro, va a arrojar a millones en la miseria. El precio de los alimentos se dispara y la comida desaparece de la mesa de los trabajadores y de los más pobres. Los pequeños y medianos negocios están siendo destruidos sin ninguna ayuda de los gobiernos. En las periferias, la juventud negra es víctima de un verdadero genocidio.

El proyecto de Bolsonaro, de este Congreso Nacional y de la mayoría de los gobernadores y alcaldes es descargar los efectos de la crisis en las espaldas de los trabajadores, del pueblo pobre, de las mujeres, los negros, las LGBTs, a fin de proteger y garantizar las ganancias de los banqueros y grandes empresarios. Es acabar con lo que queda de los derechos laborales, de las jubilaciones y de los servicios públicos. Es privatizar y entregar el país.

En los municipios, esa política se expresa en el desmantelamiento de los servicios públicos, en la entrega de la salud a las célebres organizaciones sociales privadas, en los ataques a los trabajadores del Estado y en la privatización. Incluso hasta el agua está siendo privatizada, con la entrega de las empresas públicas de saneamiento al capital privado.

Es en las ciudades donde este proyecto capitalista de barbarie, que destruye incluso hasta el medio ambiente, poniendo en riesgo nuestra propia sobrevivencia, se expresa de forma más concreta.

Una vez más, los viejos políticos de traje y corbata van a hacer las mismas promesas de siempre. Prometerán más empleo, más puestos de salud en los barrios, más escuelas y guarderías, mejor transporte público, saneamiento y todo lo demás que el elector quiera oír. Todo envuelto en campañas millonarias, vendiendo la falsa imagen de una ciudad que nunca se tornará realidad. Por el contrario, una vez electos, continuarán gobernando para los ricos, los grandes empresarios y los banqueros.

El PSTU defiende un conjunto de propuestas para atender las necesidades más básicas de la clase trabajadora, del pueblo pobre y oprimido que se ve frente a la una crisis cada vez mayor, que amenaza no solo los empleos y la renta sino incluso el más básico derecho como el acceso a los alimentos, transformados en commodities para enriquecer a media docena de multinacionales.

Por eso, de inmediato, hacemos un llamado: la primera condición para impedir el avance de la barbarie es derrocar a Bolsonaro-Mourão y su proyecto de dictadura y semiesclavitud. Así como a los alcaldes lacayos que imponen su política en los municipios. ¡Fuera Bolsonaro y Mourão!

Sin embargo, solo eso no basta. Para cambiar de hecho la vida de la clase trabajadora y de la mayoría del pueblo es preciso otro proyecto de sociedad. Precisamos de un gobierno socialista donde los trabajadores gobiernen a través de consejos populares. Los dueños de las fábricas, de los bancos, de las constructoras, de las grandes redes de supermercados son los dueños de las ciudades y del poder.

Queremos que la clase trabajadora gobierne junto con el pueblo pobre, las mujeres, los negros y negras, LGBTs y quilombolas, indígenas, y todos los sectores que, hoy, son victimizados por la explotación y por la opresión. Utopía es creer que por dentro del capitalismo es posible cambiar alguna cosa. Este sistema de muerte y explotación solo nos reserva más desempleo y miseria, mientras continúa enriqueciendo a un puñado de multimillonarios.

Falsas alternativas en disputa en estas elecciones

Varias políticas y perspectivas se enfrentarán en estas elecciones municipales. De un lado estarán los representantes de la extrema derecha, del gobierno genocida de Bolsonaro. Son los que se alinean de forma automática con el presidente y su política de semiesclavitud, de opresión y preconceptos, de defensa de la dictadura y de destrucción completa del medio ambiente. También, habrá aquellos representantes de la derecha tradicional, que se colocan como oposición a Bolsonaro, critican su perfil autoritario, pero comparten y se ponen al frente del proyecto ultraliberal, de privatización general y de entrega del país, como el DEM, el PSDB, etc.

PT, PCdoB y PSOL no son solución

Por parte de la izquierda parlamentaria, el PT y partidos como el PCdoB se presentan como oposición y alternativa a Bolsonaro. No obstante, los lugares donde gobiernan reproducen la misma política neoliberal del gobierno federal. Y traen, nuevamente, el viejo programa de conciliación de clases de los gobiernos del PT. Luego de 13 años de gobierno del PT en el país, sabemos que una política que intenta conciliar los intereses de los trabajadores y de los grandes empresarios y banqueros resulta en el mantenimiento de los intereses de la burguesía, en migajas para los más pobres en tiempos de crecimiento y, en las crisis, desempleo y ataques.

Y lo principal: no resuelve los problemas estructurales de este país o de nuestras ciudades. Después de más de una década de gobierno del PT, para la mitad de la población ni el saneamiento básico fue garantizado.

Por su parte, el PSOL, que aparecía para muchos activistas más a la izquierda que el PT, está aliado con él en diversas ciudades y cuenta con un proyecto semejante, haciendo alianzas con partidos de la burguesía. Al no proponer una ruptura con el sistema, prioriza, en el día a día, la disputa meramente electoral, para gobernar el capitalismo. Si antes esa era una política utópica, en tiempos de crisis esa contradicción se torna aún más evidente.

Sin un proyecto de ruptura con el capitalismo, ese camino va inevitablemente a reproducir las experiencias de conciliación de clases del PT, que gobernó 13 años el país. Y todos ya vimos en qué dio. Y en los Estados en que sigue gobernando, lo hace con la burguesía contra los trabajadores, así como el PCdoB, en Maranhão.

Un proyecto socialista y revolucionario

La pandemia hace explícito el perverso funcionamiento del sistema capitalista. Mientras los más pobres mueren o quedan desempleados, los 42 multimillonarios del país acumularon más de R$ 180.000 millones en sus fortunas, en el auge del Covid-19. La crisis es usada por el gobierno y los grandes empresarios para aumentar aún más la explotación.

La tarea más urgente planteada para la clase trabajadora es la de fortalecer un proyecto socialista de sociedad. Las elecciones municipales hacen parte de esta lucha. No podemos dejar a los trabajadores y el pueblo pobre a merced de la misma política genocida de Bolsonaro o de proyectos que son más de lo mismo.

Es por esto que el PSTU presenta en las ciudades candidaturas revolucionarias para alcalde y concejal. Son obreros, trabajadores de la ciudad y del campo, negros, mujeres y LGBTs que defienden un programa socialista para la clase trabajadora, el pueblo pobre y oprimido. Un proyecto que afirma que son los trabajadores los que deben gobernar, a través de consejos populares. Cada voto en nuestras candidaturas es un voto que fortalece ese proyecto.

Al mismo tiempo que presenta la necesidad del socialismo como estrategia, nuestra campaña ataca los privilegios de los políticos. No aceptamos dinero de empresas y banqueros. Defendemos la reducción de los salarios de los políticos al techo del salario de un profesor de la red pública o de un obrero, y la revocabilidad de los mandatos en cualquier momento. Cada parlamentario electo por el PSTU no gozará de los privilegios y los altos salaros sino que continuará teniendo la misma renta y el nivel de vida de la clase trabajadora.

[1] Quilombo es el antiguo refugio de los esclavos que escapaban o los que eran liberados, y sus descendientes; estas comunidades existen aún hoy en diversos lugares del Brasil, y sus habitantes son llamados quilombolas, ndt.

Artículo publicado en www.pstu.org.br. Contacto: [email protected]

Traducción: Natalia Estrada.