¿Porto Alegre para los trabajadores, o fiscalizar las tercerizaciones, contratistas y Parcerías Público-Privadas (PPP’s)?

Por: Denior José Machado – Porto Alegre (RS)

En el marco del desgaste del PT en nivel nacional, junto con los grandes partidos, y del actual prefecto de Porto Alegre, José Fortunati (PDT), Luciana Genro del PSOL emerge como una posibilidad de ser electa prefecta, o de disputar el segundo turno.

Este ascenso electoral que el PSOL tiene en varias ciudades se combina con una particularidad aquí en Porto Alegre: Luciana y su corriente en el PSOL, el MES, al contrario de la mayoría nacional, no cae en la cantilena del combate al “golpe” de Temer, estrategia montada por el PT para capitalizar el enorme rechazo al gobierno en favor de Lula 2018, usando a Dilma como mártir, al mismo tiempo que no llama a una lucha real para que la clase trabajadora derrote los ataques y derribe a Temer. Esa localización diferenciada de Luciana tiene la ventaja de colocarla a la izquierda del PT y recoger los votos de los que se sintieron traicionados por este.

Pero, ¿qué significa estar a la izquierda del PT? La propia formación de la lista para la prefectura muestra que, de hecho, despegarse de Dilma y hacerle crítica al PT no es suficiente para ser algo cualitativamente diferente. Hay una tentativa de capitalizar la caída del gobierno del PT, pero desde un punto de vista de una crítica meramente moralista sobre la corrupción. Hace parte de una programa de izquierda la denuncia de la corrupción, pero ¿solo la izquierda tiene esa bandera?

Mucho se dijo sobre que izquierda y derecha eran términos que habían perdido su significado. Para los marxistas, ese término casi periodístico siempre fue insuficiente para definir la lucha por el socialismo. El socialismo marxista siempre se distinguió del socialismo pequeñoburgués, y aún más del burgués, como el de Chávez y Brizola. Una nueva sociedad sin explotación solo podría brotar de un programa y una lucha de clase. El PSOL tiene socialismo en el nombre, pero muchas veces intenta sacarse esa ropa que considera incómoda y se define o identifica con los partidos dichos anticapitalistas, que tienen un proyecto de sociedad en abierto.

Pero, en esta confusión, lo que falta claramente es una definición de clase, y el protagonismo de los trabajadores. Como consecuencia, el proyecto político no solo no se define por un objetivo socialista, ni siquiera puede ser anticapitalista.

El programa de Luciana, construido antes de la convención del PSOL, y la propia convención, tiene un gran ausente: la clase trabajadora y, por consiguiente, la lucha de clases. No podría ser diferente: se preparaba el terreno para la coalición con la Rede de Marina Silva, y con el PPL. Esa alianza preferencial fue tejida hasta el último minuto, de ojo en algunos segundos de TV pero cediendo una buena parte de lo que debería ser un programa de izquierda.

Mostrando la calidad de los aliados procurados, el tiempo de la Rede fue adquirido por el PMDB sin ceremonia, quedando el PSOL con los segundos del PPL, otro nombre de alquiler proveniente del PMDB.

En este punto, el eclecticismo del MES no se distingue mucho del PSOL nacional: a pesar de “seguir” la orientación nacional de no coligarse con el PT y el PCdoB (no seguida por el PSOL en 100 municipios), se mezcla con el “oba-oba” general: el PSOL está aliado, en 43 municipios con el PSB, el partido burgués del fallecido candidato a presidente, Eduardo Campos y, lo que es más escandaloso, en 28 municipios con el DEM, en 29 con el PP, en 27 con el PMDB, y en 21 con el PSDB, según datos provisorios del Tribunal Superior Electoral (TSE).

Estas “tácticas” son aceptadas por algunos apoyadores en nombre de condiciones mejores de disputa en la TV, etc., pero que no implicarían en cambios del programa del PSOL. Sin embargo, el inicio de la campaña indica que no solo las coaliciones sino el propósito mismo de elegirse cueste lo que cueste ya fue suficiente para que la candidatura se oriente para la venta de la ilusión de cambiar sin cambiar nada en esencia de lo que son los gobiernos capitalistas de los municipios.

Causó cierta polémica una declaración de Luciana en el debate de la Band: “Las PPPs tienen que tener una asociación [parcería] real. Lo privado puede lucrar, pero lo público tiene que ser beneficiado”.

En realidad, todo esto ya estaba trazado en el programa. Como dice uno de sus lemas: “Manos limpias y pies en el suelo”. Expresa su creencia de que no es posible un programa de ruptura con el régimen y de embate de la clase contra el capital, por lo menos en Porto Alegre. ¿Qué es posible? Ser honesta, y convivir con lo que está ahí: privatizaciones, tercerizaciones, PPPs, deuda pública. Al final, todo está fijado en contratos de algunas décadas, plazo que, por lo visto, Luciana le propone al pueblo esperar. ¿Qué hacer mientras tanto? Ser honesta y fiscalizar, fiscalizar, fiscalizar: si no, veamos las siguientes noticias y declaraciones:

 

“Para cualificar la oferta del transporte colectivo, apuntó una mayor fiscalización sobre las empresas”;

“Auditoría de contratos, más fiscalización sobre las tercerizadas, concursos públicos y reversión del remate de la máquina pública”;

“Creemos que es posible mejorar las recetas [presupuestos], como mínimo con mayor fiscalización, para que las leyes sean efectivamente cumplidas”;

“Creación de mecanismos de control social sobre los contratos del Sistema Único de Salud (SUS) con la red filantrópica, que no presta cuentas y consume dinero público al mismo tiempo que reduce las camas disponibles para el sistema público”;

“Eficiencia y transparencia de las licitaciones, con cláusulas sociales y ambientales en los contratos, y sumisión de los edictos a comités de especialistas independientes para impedir la lógica de las ‘cartas marcadas’;

“Ampliación de la exigencia de contrapartidas sociales de las contratistas que vencieron las licitaciones, como construcción de equipamientos públicos de infraestructura social”;

“Auditoría de las contrapartidas de los grandes emprendimientos inmobiliarios”;

“Exigir una auditoría independiente de las empresas privadas de transporte público para corregir posibles fallas, desvíos e ineficiencias operacionales, y reducir la necesidad de aumento de las tarifas”;

“Es necesario rever el valor de las transferencias y ofrecer soporte pedagógico para calificar las instituciones contratadas. Cada alumno de la red propia cuesta R$ 8,8 mil por año a las arcas públicas, mientras en las contratadas el valor cae para R$ 3,1 mil. El proceso requiere mayor fiscalización (en este caso, además de fiscalizar, está proponiendo aumentar las transferencias a las escuelas contratadas. Porto Alegre tiene la peor atención del país).

Y así, infinitamente. Luciana vende la ilusión de que fiscalizando hará con que el capitalismo funcione mejor y revierta en ganancia colectiva, social. Ahora, si eso fuese posible, el capital contrariaría su propia esencia y condición de existencia, que es la acumulación, que tiene como consecuencia el aumento de la brecha entre la riqueza de cada vez menos familias y la miseria de cada vez más trabajadores o marginalizados.

Si eso fuese posible, no sería necesario superar el capitalismo, y el propio lema “anticapitalista” de los partidos con el cual el PSOL se alinea en nivel internacional perdería el sentido. Más difícil de explicar aún esa posición de Luciana y del MES cuando el mundo capitalista vive su mayor crisis desde 1929, demostrando que no cambió su esencia, y que en este momento representa un peligro aún más mortal para los trabajadores. Mantener la ganancia del capital en todo el mundo una vez más significa súper explotación, atacar los derechos, el empleo y el nivel de vida de las grandes masas.

El programa de un partido socialista tiene que decir claramente la verdad a las masas, alertarlas para los riesgos, denunciar a los partidos y gobiernos burgueses, y llamar a los trabajadores a la lucha contra ellos y lo que representan: el capitalismo.

Luciana Genro no propone un programa que ataca la explotación capitalista, pero toma el cuidado, curiosamente, de hacer algunos “agrados”, aparentemente de ningún interés mayor para la mayoría. Seis de los puntos relativos a la economía son incentivos fiscales y de otros tipos a la producción cervecera artesanal de la ciudad.

Pero no solo eso. En lugar del programa de obras públicas para habitación, que defendemos clásicamente en situaciones de desempleo y crisis, propone: “Incentivar la creación de empresas innovadoras (“startups”) volcadas a la reforma y a la construcción de viviendas populares”.

Hay otras “soluciones” en que el programa de Luciana se coadyuva perfectamente con el de los partidos burgueses, como el de seguridad, en el que defiende más policías, más guardias municipales, sin, en ningún momento, plantear la desmilitarización, democratización y control efectivo de las policías por la población, con elección de delegados y jefes por las comunidades.

Queda claro el objetivo trazado por el PSOL: llegar al poder en varios municipios. En relación con esa estrategia, todo lo demás es táctico. Quieren hacer un modelo de administración que los alce a vuelos mayores. Como vimos, Luciana se propone fiscalizar lo que está ahí, lo que es una versión rebajada de los antiguos reformistas que se proponían administrar el capitalismo, esos tantas veces llamados traidores por Trotsky. El PSOL es una caricatura del antiguo reformismo. Y patéticos son lo que se proponen seguirlos, alegando tácticas para “destruir” el neorreformismo.

Por cierto, siempre resta el viejo argumento, repetido por Luciana en la convención del PSOL: no es posible construir el “socialismo en un solo municipio”. Parece ser un argumento con el cual los “posibilistas” ponen a los revolucionarios contra la pared. Pero, justamente porque no es posible hacer el socialismo solo en Porto Alegre, es que los socialistas no deben proponerse hacer una administración meramente local.

Por eso mismo, la conquista de una prefectura solo tiene sentido como parte de una lucha que la clase trabajadora esté haciendo en todo el país. Un motivo más por el cual Luciana debería tener como uno de sus ejes derrotar a Temer vía la Huelga General. Porque solo esa lucha nacional puede salvar a un gobierno socialista en Porto Alegre de la decepción, poniendo la prefectura al servicio de organizar a los trabajadores de la ciudad para ser un punto de apoyo para la lucha de clases en el país. Por cierto, eso solo ocurrirá si fuera demostrado a ellos que es posible invertir las prioridades en la ciudad, con beneficios inmediatos aun cuando limitados, y ponerlos en las manos de la clase organizada. Por ese motivo la III Internacional sugería a los partidos comunistas, siempre que la correlación de fuerzas lo permitiese, que las decisiones fuesen tomadas por un consejo (“soviet”) de trabajadores.

Si, por un lado, el PSOL está muy lejos de aquel PT que proponía “consejos populares” en la campaña electoral de Olívio, está cada vez más cerca del que llevó al PT a pasarse con bolsos y bagajes para el lado de la burguesía, confundiéndose con lo que de peor tiene este régimen “democrático”. El PSOL siquiera propone superar este régimen, contraponiendo los consejos populares. Quiere apenas aumentar los mecanismos de consulta y profundizar el Presupuesto Participativo. Acepta el financiamiento empresarial, variando los criterios. En otras elecciones justificó recibir dinero de la Gerdau, Zaffari, etc., por no ser bancos o contratistas, o por haber donado a todos los partidos, lo que no es verdad cuando se trata del PSTU.

Eso completa el círculo de nuestra discusión. El PSOL surgió en aparente oposición radical al PT, proponiéndose ser el “PT de los orígenes”, lo que jamás fue. Nunca tuvo como centro las luchas, organizar a la clase trabajadora en su interior, luchar contra el régimen. Pero, irónicamente, puede llegar a ser muy parecido a lo que el PT se tornó, siguiendo esos pasos.

Traducción: Natalia Estrada.