En plena crisis climática, la revuelta de los tractores llega al Estado Español

Como un reguero de pólvora, las movilizaciones de agricultores y ganaderos se fueron extendiendo desde principios de año por distintos países de la UE hasta llegar al Estado español. Unas protestas que no son nuevas pero que esta vez han sorprendido por la rápida extensión de las convocatorias y la virulencia de sus métodos. Esto se ha traducido en cortes de calles y carreteras en varias ciudades y comunidades autónomas, y en intentos de bloquear puertos y centros logísticos que se han saldado con algunas detenciones junto a posibles sanciones administrativas.

Por: Corriente Roja

Hablamos de un sector que, al igual que en otros sectores de la economía en la fase de capitalismo imperialista en la que nos encontramos, se ha ido centralizando y concentrando en cada vez menos manos, mientras la agricultura familiar era condenada a la ruina. Mientras la producción ha ido aumentando de forma constante, avalada por el desarrollo de la agroindustria que gobiernos y UE han favorecido, el número de granjas europeas ha pasado de quince a diez millones en los últimos veinte años y en los próximos 15 años desaparecerán otros 6,4 millones, según el estudio The Future of the European Farming Model del Parlamento Europeo. 

¿Cuáles son las principales demandas?

Salvando las particularidades en cada país, hay quejas compartidas: Los bajos precios a los que les compran las grandes cadenas de distribución el producto en origen, el aumento del precio del combustible fósil a la par que varios países retiraron las subvenciones, el aumento del precio de las semillas -cuyas patentes están en propiedad de grandes empresas multinacionales y de los químicos como fertilizantes y fitosanitarios-, la lentitud a la hora de recibir los pagos de las ayudas de la PAC (Política Agrícola Común) o los temores ante la firma de nuevos acuerdos comerciales con terceros países de los que exigen el freno, como Mercosur. A esto se suma la denuncia de las consecuencias de la peor sequía en los últimos años, que ha supuesto un duro golpe para el campo.

La respuesta del nuevo gobierno “progresista” es más de lo mismo

En respuesta a sus demandas, Pedro Sánchez, que no quiere molestar demasiado a las patronales agrarias cuyas reivindicaciones considera “legítimas”, ya ha dicho que se compromete a reforzar los controles para garantizar el cumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria, por la que los operadores e industrias agroalimentarias tienen la obligación de pagar a agricultores y ganaderos unos precios que supongan al menos los costes de producción. El ministro Planas, por su parte, ha avalado a Von der Leyen en el desmonte de la supresión progresiva de los pesticidas.

También ha prometido simplificar la burocracia relacionada con la Política Agraria Común (PAC) y redoblar los esfuerzos para que la UE adopte en sus acuerdos comerciales las llamadas cláusulas espejo en las importaciones agroalimentarias que fijan las mismas condiciones y requisitos a las producciones de terceros países y países de la UE. Promesa barata porque para su aprobación se requiere una unanimidad que ahora mismo no existe en Europa.

Como decíamos en 2020, “si el nuevo gobierno sigue mirando de rodillas a la Unión Europea y gobernando sin querer enfrentarse a las multinacionales agroalimentarias y a los latifundistas, acabará por lograr el repudio de todo el campo y abriendo un pasillo por el que entre hasta la cocina la derecha franquista”.

La desfachatez de la derecha y ultraderecha y su agenda negacionista del cambio climático

No hace falta ser muy avezada para ver que no se pueden separar estas protestas, que en los últimos años vienen siendo recurrentes, del contexto de Elecciones Europeas en la que nos encontramos y en la que las encuestas auguran un ascenso importante de la derecha y la extrema derecha. 

La sequía como expresión del cambio climático, es consecuencia de la catástrofe ambiental que estamos viviendo, a la que se suman otras como la pérdida de biodiversidad o la contaminación de los suelos y los acuíferos, que son resultado directo de la extensión del agronegocio. Según diferentes estudios, actualmente el 80% de los hábitats en Europa están en mal estado y el 70% de los suelos, en un estado poco saludable.  A pesar de esta realidad tan evidente, un sector de los agricultores y ganaderos medianos y pequeños, obligados a producir de forma cada vez más competitiva y en situación cada vez más precaria, dan crédito al discurso negacionista de la extrema derecha y reaccionan con virulencia a la implementación de las nuevas normativas de la UE para una supuesta transición verde, que catalogan como una excesiva burocracia.

La extrema derecha trata de influenciar el movimiento aprovechando la desesperación de los pequeños y medianos agricultores y ganaderos, su desconfianza hacia los sindicatos agrarios mayoritarios y las iniciativas autónomas de movilización. Es el caso de la llamada “Plataforma 6 de febrero”, supuestamente apartidista, pero detrás de la cual es fácil encontrar la mano de Vox.

Cuando hablan de una excesiva burocracia, apuntan contra medidas como la obligación de dejar en barbecho -tiempo de espera sin cultivar para que la tierra recupere nutrientes- una determinada extensión de terreno de cultivo. También están en contra de la tibia Ley de restauración de la naturaleza, colocada en el punto de mira ante posibles futuras reducciones de la superficie cultivable[1] y de la regulación de los fertilizantes.[2]. Esta Ley ha sido recién paralizada por la Comisión Europea como respuesta a las protestas del sector. En particular han suspendido el plan de reducción del uso de los pesticidas, que es una de las piezas clave del “Pacto Verde” (Green New Deal). También arremeten contra la Ley de Biodiversidad o incluso contra la Ley estatal del Bienestar animal.

Desde algunos de estos grupos influenciados por la extrema derecha se exige la derogación de toda legislación promulgada en los últimos años relacionada con las políticas verdes procedentes de la Unión Europea, que se permita cultivar en tierras que se declaren zonas protegidas y un plan hidrológico nacional con las obras hidráulicas necesarias para que no falte el agua de riego.

Conviene “separar la paja del trigo”

Cuando hablamos de los agricultores y ganaderos, no se trata en absoluto de un colectivo homogéneo, sino que abarca desde las explotaciones familiares abocadas a la ruina hasta los grandes empresarios de la agroindustria (sin olvidar las grandes corporaciones de la industria alimentaria, las grandes cadenas de distribución, los grandes oligopolios químicos y de semillas, así como los sectores financieros asociados). No es igual un agricultor familiar ecológico de verduras y frutas que vende en el mercado local, que las macrogranjas de cerdo y los megainvernaderos del sur de Andalucía. No existe una única realidad que afecte de forma homogénea a los agricultores y ganaderos de los países que registran movilizaciones o han llamado a ellas, si bien es cierto que sí comparten retos y amenazas.

También en el Estado español, grandes terratenientes del campo que se llevan la mayoría de las subvenciones del Estado y de la UE, como los fondos de la PAC buscan intencionadamente aparecer asociados con pequeños agricultores y ganaderos, algunos de ellos cooperativistas, cuando son sus enemigos. Mientras los primeros son responsables de mantener en condiciones casi de esclavitud a la mano de obra en el campo, negándose a aplicar incluso las irrisorias subidas del Salario Mínimo Interprofesional, los segundos están cada vez más condenados a desaparecer ante un modelo de producción y distribución, cuya lógica socava las bases materiales de su existencia.

La “agricultura industrial” y las “macrogranjas”, ecológicamente insostenibles, devastan los territorios mientras las provincias del interior se vacían. Disminuyen las explotaciones agrícolas y ganaderas, pero aumentan su tamaño, al tiempo que la agricultura y la ganadería se vuelven “industriales” y aparecen las llamadas “empresas integradoras” (vinculadas a fondos de inversión y de capital riesgo). Es el resultado de la lógica capitalista de concentración de la riqueza, en la que la cadena agroalimentaria (insumos, producción, distribución, comercialización) va quedando en manos de grandes grupos capitalistas, entre ellos Mercadona, Carrefour, Lidl, Eroski, Ebro o Nestlé. Mientras tanto, la UE y los gobiernos liberalizan el comercio en relación a Mercosur, Marruecos o Sudáfrica, poniendo en competencia directa a los agricultores y ganaderos familiares con los agronegocios de otros países en condiciones muy diferentes de regulación y costes.

El pacto verde europeo o la farsa de la transición energética

En palabras de la UE, el Pacto verde europeo (Green New Deal) sería una “hoja de ruta» que da respuesta a la «emergencia climática» declarada en noviembre de 2019 por el Parlamento Europeo.

Pero si hay algo que podamos decir de las medidas que contiene el Pacto Verde europeo además de su tibieza y su falta de financiación, es que son una farsa y una hipocresía absoluta, también en lo que se refiere al campo.

Es una ilusión pensar que manteniendo el actual modelo agro ganadero productivista, todas las granjas podrán hacer una transición pacífica a la agroecología, una vez que cada agricultor se convenza de que es un contaminador. La completa liberalización del mercado, la mundialización de los cultivos y la búsqueda ciega de beneficios del agrobusiness que la UE y sus gobiernos protegen son los responsables de la crisis actual.

En cuanto a la PAC, es un fraude completo en todos los terrenos, excepto en los generosos beneficios que reciben los grandes empresarios agrícolas. En su inicio, la PAC estableció medidas efectivas de protección mediante una fuerte regulación y durante mucho tiempo no hubo necesidad de subvenciones ni ayudas directas a los agricultores. Pero a partir de 1992coincidiendo con el Tratado de Maastricht fue sustituida por una política neoliberal, que instituyó las ayudas por hectárea (independientemente de la producción) y ninguna condicionalidad en favor de una agricultura sostenible ni del medio ambiente, pues iba contra del libre mercado y comenzó con los tratados de libre comercio en beneficio de los oligopolios industriales y los grandes empresarios agrícolas.

Medidas para una transición a una agricultura y ganadería justa y en equilibrio con el medio ambiente

Desde Corriente Roja pensamos que es imposible disociar la lucha social de la cuestión medioambiental. Desde las organizaciones políticas y sindicales de clase y combativas, es preciso organizarse y luchar, buscando la alianza con las explotaciones familiares, por medidas de transición hacia una agricultura y ganadería menos consumidora de petróleo, fertilizantes, herbicidas y fitotóxicos, respetuosa con los animales y en equilibrio con la naturaleza. Hay que poner en marcha un plan para clausurar las macrogranjas, limitar la agricultura industrial, reorientarla hacia una agricultura sostenible y de proximidad y recuperar el cultivo de tierras fértiles abandonadas.

Esto, al tiempo que se garantizan salarios y condiciones laborales justas y alimentos saludables al alcance de todas y todos. Eliminar productos químicos y disminuir máquinas supondría además crear empleo, porque el número de trabajador@s agrícolas tendría que aumentar drásticamente.

Hay que exigir la regularización de la población migrante que trabaja en el campo, el castigo efectivo a la patronal que no cumpla con los convenios colectivos, así como a quienes no coticen por sus empleados/as, en vez de castigar a estos últim@s como ocurrió en el caso de Baena Franco y Agrícola Espino en Andalucía.

Lee aquí | L@s trabajador@s de Baena Franco y Agrícola Espino no pueden pagar el fraude de los empresarios

Compartimos la exigencia de un precio justo para los productos agrícolas y ganaderos que cubran los precios de coste y permitan un nivel de vida digno a las explotaciones familiares acabando con la desorbitante diferencia entre los precios que se pagan en origen y los que se cobran a los consumidores, que en su gran mayoría somos clase trabajadora. Una diferencia que es el resultado del dominio que ejercen los oligopolios de la industria alimentaria y de la distribución y comercialización de los productos agrícolas y ganaderos.

Hay que prohibir y castigar severamente la venta a pérdidas que las grandes cadenas de distribución imponen a pequeños y medianos agricultores. Hay que establecer un organismo público que garantice el monopolio estatal de la distribución, fijando los precios de origen y finales. Dicho organismo debe estar bajo control de la clase trabajadora del campo, pequeños productores y consumidores.

No se puede dar respuesta a la crisis del campo sin arremeter contra los latifundistas, las “empresas integradoras”, las grandes empresas de ganadería industrial, los oligopolios comerciales, las grandes corporaciones químicas y de semillas y la UE que los protege. Hay que acabar con el escandaloso reparto de las ayudas de la PAC comunitaria, al servicio de la gran propiedad y la gran industria agroalimentaria donde la cuantía de las ayudas agrícolas está basada en el tamaño de la propiedad y no en los cultivos.  

En el Estado español nunca se realizó una verdadera reforma agraria que modificara sustancialmente la estructura de propiedad de la tierra y la pusiera al servicio de quienes la trabajan. Actualmente, el 6,10% de propietarios controlan el 57,83% de las tierras (13 millones de ha.). Las sociedades mercantiles poseen ya el 14% de las tierras agrícolas. Entre 1999 y 2020 desaparecieron un total de 49 fincas diarias, vaciándose los campos. Una de las primeras medidas de esa reforma agraria pendiente debe ser expropiar los grandes latifundios para que pasen a ser explotados colectivamente por la clase trabajadora agrícola, bajo criterios de sostenibilidad ambiental.

Hay que acabar con el uso disparatado e irracional de los recursos hídricos. Reequilibrar profundamente la relación entre las grandes ciudades -verdaderos agujeros negros medioambientales- y el medio rural, cada vez más contaminado, desatendido y despoblado. No puede haber una sociedad ecológicamente sana sin resolver este enorme problema provocado por el capitalismo.


[1]. La Ley de Restauración de la Naturaleza propone incluir en las tierras “elementos paisajísticos de gran diversidad”, como setos, hileras de árboles, acequias o estanques. En estos espacios pueden vivir animales polinizadores y otras especies que puedan llevar a cabo también el control biológico de plagas y se reduzca la necesidad de pesticidas. Los partidos conservadores europeos afirmaron que la legislación “obligará a los agricultores a abandonar algunos de sus campos, pondrá en peligro las cadenas de suministro europeas o que disparará los precios de los alimentos”. Así, entre los mensajes que han circulado en España por redes sociales, algunos aseguran que si esta Ley sale adelante, los agricultores españoles “deberán abandonar el 40% de sus tierras”.

[2]. Esta Ley establece objetivos concretos como reducir a la mitad el uso de plaguicidas de aquí a 2030, reducir los fertilizantes en al menos un 20%, aumentar la superficie agrícola dedicada a la agricultura ecológica hasta el 25% y reducir en un 50% los antimicrobianos utilizados en los animales de granja. También la normativa europea les obliga a reducir la densidad de animales en las granjas, eliminar las jaulas o restringir el uso de fertilizantes y plaguicidas

Tomado de http://corrienteroja.net 12/02/2024

El desarrollo del capitalismo en Rusia

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Introducción: Donde Lenin ha dado un jaque mate a los populistas, diseccionó científicamente a la sociedad rusa y construyó la base programática del partido marxista ruso.

El tercer volumen está compuesto por la obra: El desarrollo del capitalismo en Rusia, cuya elaboración se inició en enero de 1896 y finalizó su redacción en 1899, habiéndose publicado en el mismo año. Tras tres años de trabajo, recibió 1.500 rublos por los derechos de autor del libro, lo que equivalía entonces a unos 10 años de salario de un trabajador.

El tomo terminaba con un artículo “Una crítica no crítica” en respuesta a P. Skvortsov, un “marxista legal” que publicó un artículo crítico al libro El desarrollo del capitalismo en Rusia.

Lenin comenzó a estudiar este libro a la edad de 26 años, en prisión, mientras esperaba la definición de su lugar de exilio en Siberia.

Dos veces por semana, a lo largo de 1896, recibió en prisión paquetes de libros, traídos por su hermana, de las bibliotecas públicas.

En el exilio, siguió pidiendo prestados libros de las bibliotecas públicas y comprando libros con estadísticas del campo ruso.

Exiliado en el pueblo de Shúshenskoe, distrito de Minusinsk, provincia de Yeniseisk, cerca de Mongolia, continuó trabajando en la preparación del libro El desarrollo del capitalismo en Rusia.

En diciembre de 1897, Lenin solicitó libros de filosofía de Marx y Engels y la Crítica de la filosofía del derecho, de Hegel. Por tanto, la afirmación de biógrafos más recientes de que Lenin no conocía las obras de Hegel es dudosa. Según esta interpretación, Lenin no vio la necesidad de estudiar la dialéctica hegeliana hasta 1914, cuando superó su “crudo materialismo”. Se trata de una subestimación del pensamiento de Lenin, quien estudió en profundidad el Libro I de El Capital para escribir sus primeros escritos sobre Rusia, entre ellos el estudio de la dialéctica materialista, que fue la base del “Desarrollo del capitalismo en Rusia”, que ahora reseñamos.

En junio de 1898 finalmente recibió un baúl con libros encargados que tardó un año en llegar.

En octubre de 1898 envió una carta a su madre, María Alexándrovna Uliánova, donde le anunciaba que había terminado el borrador del libro El desarrollo del capitalismo en Rusia.

En este libro, Lenin cita más de 500 libros, artículos, estudios científicos y materiales estadísticos.

Explicó su método de trabajo para preparar el libro en una carta de 1896:

“La lista de libros está dividida en dos partes, tal como lo estará mi trabajo: A. -Parte teórica general. Requiere menos libros, por lo que, de cualquier modo, confío escribirla, aunque exige mayor trabajo previo. B. -Aplicación de los principios teóricos a la situación concreta rusa. Esta parte exige muchos libros. Lo más difícil de obtener es: 1) publicaciones de los zemstvos. Dicho sea de paso, tengo parte de ellas, parte podrá conseguirse (las monografías breves) y parte obtenerse por intermedio de los estadísticos conocidos; 2) publicaciones oficiales: trabajos de comisiones, informes y actas de congresos, etc. Todas estas publicaciones son importantes y conseguirlas resultará más difícil. Algunas están en la biblioteca de la Sociedad Económica Libre, creo que incluso la mayor parte.

(…)

Tengo ahora todo lo necesario, y aún más de lo necesario. La salud es totalmente satisfactoria. Hasta consigo aquí el agua mineral: la traen de la farmacia el mismo día que la encargo. Duermo unas nueve horas diarias y en el sueño veo distintos capítulos de mi futuro libro.”

A finales de 1898 comenzó la impresión de su libro El desarrollo del capitalismo en Rusia. Lenin pidió que se enviaran pruebas del libro para ver si había que hacer alguna corrección.

El 31 de marzo de 1899 salió de la imprenta la primera edición de El desarrollo del capitalismo en Rusia. Proceso de conformación del mercado interior de grandes industrias, con la firma de Vladímir Ilín. La primera edición fue de 2.400 ejemplares, que se agotaron rápidamente.

En abril de 1899, el periódico Russkie Védomosti publicó un anuncio sobre la aparición del libro: «Vladimir Ilin. – El desarrollo del capitalismo en Rusia. Proceso de formación del mercado interior para la gran industria. Precio 2 rublos 50 kopeks, 480 páginas».

En 1905-1907, Lenin preparó la segunda edición de su libro, donde introdujo sustanciales adiciones en varios capítulos.

Este libro fue una base fundamental del partido que se estaba creando. Lenin argumentó que el programa debería comenzar con una explicación científica de la sociedad rusa (características económicas fundamentales del sistema, las clases fundamentales en lucha, el objetivo estratégico y la táctica del partido). Una parte importante de estos objetivos era librar una lucha ideológica, teórica y programática con los populistas (que era el movimiento de izquierda más grande en ese momento), oponiéndose a la cosmovisión marxista. A partir de esta elaboración, se definió al proletariado como la clase dirigente de la revolución rusa y también se definió el sector fundamental de intervención del partido (el proletariado industrial) y las posibles alianzas de clases en Rusia en ese momento (y las condiciones para realizar estos acuerdos y alianzas).

El libro mostraba que Lenin siempre trabajó teóricamente al servicio de la acción del partido, tratando de utilizar el marxismo como guía para la acción del partido, uniendo la ciencia social marxista con la lucha espontánea del movimiento obrero.

Casi no hay libros de Lenin que no sean comprensibles para cualquier trabajador interesado en la lucha revolucionaria. Lenin escribió para formar combatientes para la lucha proletaria. Escribió para formar una intelectualidad de la clase obrera.

A continuación, presentamos una reseña del libro, por capítulos:

En el primer capítulo, Lenin analizó los fundamentos teóricos de la economía política, basándose en El capital, de Karl Marx, donde analizó la relación entre el capitalismo mercantil (primera fase del capitalismo), que correspondía, en la Rusia de la época, a la transición de la industria manufacturera a su fase más alta, el capitalismo industrial mecanizado. En esta primera fase mercantil se produce una división social del trabajo, donde el trabajo agrícola se diferencia en muchos trabajos industriales artesanales, provocando una división social del trabajo y un mercado interno. La propia agricultura se ha convertido en una industria, ya que libera a los campesinos para procesar alimentos de forma industrial y para el mercado. Como resultado, la población rural disminuyó y la población de las ciudades aumentó, donde el agricultor se convirtió en proletario al ser expropiado de su propiedad. También se formó una burguesía rural, que contrataba empleados para trabajar en sus fincas al tiempo que abría pequeñas industrias rurales que procesaban su producción agrícola. Esta diferenciación entre burguesías y proletarios creó el mercado interno, ya sea a través de un mayor consumo por parte de burguesías y proletarios, ya sea a través del consumo de medios de producción por parte de la burguesía, que dio un salto hacia la nueva rama productiva: la de los medios de producción. Los populistas afirmaron que como el capitalismo conducía al empobrecimiento del proletariado, el capitalismo no podía desarrollarse debido a la atrofia del mercado interno, porque no había nadie para consumir los productos del trabajo. Por lo tanto, según ellos, el capitalismo tendría que ir al mercado extranjero, ya que no tenía futuro en las condiciones de Rusia en ese momento. Con base en El Capital, Lenin desmontó este argumento diciendo que el capitalismo creó su propio mercado interno al colocar como central la producción de los medios de producción (capital constante – máquinas y equipos), generando un sistema que tiene la producción por la producción, diferente a todos los otros modos de producción anteriores, cuyo centro era el consumo de valores de uso (que se producían en la familia o comunidad cerrada por encargo) y no la producción de bienes a gran escala para consumidores desconocidos. Evidentemente, un sistema de este tipo tiene que basarse en enormes desigualdades que se combinan en el mercado mundial. El sistema capitalista se mueve a través de contradicciones entre producción y consumo, entre producción social y apropiación privada, entre fuerzas productivas y relaciones de producción –propiedad privada–, la socialización de la producción mundial y las fronteras nacionales. Lenin demostró que el error de los populistas y de la economía política clásica es que no vieron el papel central del capital constante en este sistema y cómo crea el mercado interno a través de saltos en el crecimiento de las fuerzas productivas de la sociedad mientras aumenta el proletariado, que se empobrece – negando la democratización de los logros técnicos para la clase trabajadora – al tiempo que aumenta la acumulación de capital en unas pocas manos.

La contradicción entre la tendencia a un ensanchamiento ilimitado de la producción y el consumo limitado no es la única del capitalismo, que, en general, no puede existir y desarrollarse sin contradicciones. Las contradicciones del capitalismo atestiguan su carácter históricamente transitorio, ponen en claro las condiciones y causas de su descomposición y transformación en la forma superior, pero en modo alguno excluyen la posibilidad del mismo ni su carácter progresivo en comparación con los sistemas precedentes de economía social.”

Otra cuestión crucial tenía que ver con la controversia sobre el carácter progresista del capitalismo en Rusia: para Lenin era una cuestión relativa:

Esa necesidad muestra palpablemente la labor histórica progresiva del capitalismo, que destruye el viejo aislamiento y el carácter cerrado de los sistemas económicos (y, por consiguiente, la estrechez de la vida espiritual y política), que liga todos los países del mundo en un todo económico único.” Portanto, para Lênin, o papel do capitalismo na socialização da produção no país e no mundo era revolucionário e progressivo em relação aos sistemas feudal ou escravista.

El capítulo 2 trata de la diferenciación de clases del campesinado. Aquí Lenin analizó las formas específicas del surgimiento de clases sociales en el campo ruso. Fue una aplicación del método marxista que partió de principios teóricos, pero estudió los elementos específicos y originales del proceso ruso: 1. El entorno económico-social del campesino ruso (incluida la “Comuna rusa”) ya era una economía mercantil, donde todas las contradicciones propias de este tipo de economía capitalista (competencia entre productores, compra y arrendamiento de tierras por parte de una minoría de campesinos ricos, concentración de la producción en manos de la burguesía rural, expropiación de la mayoría de los campesinos, transformándolos en proletarios) ya predominaban en el campo ruso. Lenin, polemizando con los populistas demostró que

Atribuimos a esta conclusión una importancia cardinal, y no sólo en el problema del capitalismo en Rusia, sino también en lo que se refiere a la significación de la doctrina populista en general. Precisamente esas contradicciones nos muestran de manera patente e irrefutable que el régimen de las relaciones económicas en la aldea de la «comunidad» no representa en modo alguno un tipo económico especial («producción popular», etc.), sino un tipo pequeño burgués corriente. Contrariamente a las teorías reinantes en nuestro país durante el último medio siglo, el campesino comunal ruso no es antagónico con respecto al capitalismo; es, al contrario, su base más profunda y más firme”.

Que el desarrollo de estas contradicciones condujo a una diferenciación de clases entre los campesinos (la “descampezinación”), “la destrucción radical del antiguo régimen patriarcal campesino y la formación de nuevos tipos de población rural”. Estos tipos son la burguesía rural (principalmente como pequeña burguesía) y el proletariado rural, los trabajadores agrícolas asalariados. La burguesía rural (campesinos acomodados) producía agricultura comercial y poseía industrias y negocios. Esta burguesía rural pasó a ser preponderante en el campo y “señora de la aldea”. El otro tipo preponderante fue el proletariado rural (campesinos pobres, jornaleros, peones, etc.), que, al no poder tocar sus tierras, las alquilaron a los ricos y terminaron, para sobrevivir, obligados a vender su fuerza de trabajo. Entre uno y otro está el campesino medio. Su finca sólo garantizaba su supervivencia y precisamente por eso era muy inestable. Cualquier sequía prolongada convertía a una gran proporción en proletarios. Lenin concluyó, siempre apoyado en Marx, que “la diferenciación de los campesinos crea el mercado interno capitalista”, donde los nuevos proletarios aumentaron su gasto en bienes de consumo y la nueva burguesía invirtió gran parte de su dinero en forma de capital, comprando medios de producción, desarrollando su explotación y abriendo nuevas ramas industriales y comerciales. Todo este movimiento hacia la economía capitalista seguía, sin embargo, impulsado por el capital mercantil y usurero:

“Las tesis fundamentales de la concepción de Marx a este respecto son las siguientes: 1) el capital comercial y el usurario por un lado, y el capital industrial [es decir, el capital invertido en la producción, bien sea agrícola o industrial] por otro, representan el mismo tipo de fenómeno económico abarcado por la fórmula: compra de mercancía para venderla con ganancia (Das Kapital, I, 2. Abschnitt, capítulo 4, en especial págs. 148-149 de la segunda edición alemana). 2) El capital comercial y el usurario preceden siempre históricamente a la formación del capital industrial y lógicamente son condición necesaria de ella (Das Kapital, III, 1, S. 312-316; trad. rusa, págs. 262-265; III, 2, 132-137, 149; trad. rusa, págs. 488-492, 502), pero ni el capital comercial ni el usurario representan aún de por sí una condición suficiente para el nacimiento del capital industrial (es decir, de la producción capitalista); no siempre descomponen el viejo modo de producción sustituyéndolo por el modo capitalista; la formación de este último «depende por completo del grado histórico de desarrollo y de las circunstancias dadas».

En Rusia, este capital mercantil precedió y promovió al mismo tiempo la dominación del capital industrial (compra de tierras para vender el producto en el mercado), que estaba en pleno desarrollo en el campo. Sin embargo, este desarrollo del capitalismo en el campo ruso se vio frenado por estructuras feudales, como la sujeción de los campesinos a la tierra, el pago en trabajo, la usura, la prohibición de movimiento entre regiones, la prohibición de la venta de lotes individuales, el pago por el derecho a la posesión de parcelas individuales en usufructo, que los campesinos debían pagar a la comunidad y al gobierno, etc. Lenin vio, en estas tierras comunales, elementos positivos de la propiedad de la tierra, pero advirtió que estaban en proceso de descomposición, debido a la diferenciación social interna de la propia comunidad campesina. Los populistas apostaban por la propiedad comunal de la tierra (que todavía existía en una parte importante del territorio ruso) sin ver que la penetración del capitalismo en todos los ámbitos rurales estaba minando esta “Comuna Rural”, diferenciando estas comunidades entre burguesía y proletariado rural.

El capítulo 3 se denominó “Paso de los propietarios de tierra de la economía basada en la prestación personal a la capitalista” donde Lenin continúa analizando las formas específicas de desarrollo del capitalismo en el campo ruso. La “economía de pago en trabajo, no asalariado” mantenía la servidumbre feudal en el campo, cuando el noble terrateniente entregaba parcelas de tierra a los campesinos a cambio de trabajo en sus tierras: pago en forma de trabajo. El noble entregó parte de la tierra a la comunidad en usufructo ya que era la única forma de tener obreros trabajando en sus tierras. Seguía siendo una economía natural, donde el trabajador estaba atado a la tierra. En este sistema, el campesino tenía sus propios medios de producción, que utilizaba en las tierras del señor feudal. Este terreno cedido en usufructo a la “Comuna” era un “salario pagado en especie”, una institución típica de los sistemas precapitalistas. El sistema capitalista, a diferencia de estos sistemas anteriores, expropiaba tierras a los campesinos para obligarlos “libremente” a asalariarse, mientras que en el sistema patriarcal los nobles entregaban la tierra como condición para tener un trabajador a su disposición, sin pagar salario. Aquí el campesino dependía totalmente del terrateniente y sólo se le permitía pasar de una región a otra con pasaporte, estaba sujeto a castigos corporales, etc. La abolición de la servidumbre en 1861, con la reforma campesina, socavó el sistema patriarcal. Se llevó a cabo una reforma agraria que separó las tierras del terrateniente de las tierras del campesino, quienes recibían un “nadiel” (pedazo de tierra) a cambio de un “bono solidario”, donde este terreno era pagado (“rescate”) regularmente con el trabajo de los campesinos. Según Lenin, se estableció una transición que reunió los rasgos del sistema patriarcal con el capitalismo, siendo este último el más dinámico, que se fue tragando al otro, con un salto en el uso de maquinaria que revolucionó la producción rural y el sistema salarial pagando el doble del “pago en trabajo”. Aquí se muestra a Lenin utilizando el método marxista, la concepción materialista de la historia, la dialéctica, para establecer una visión del sistema agrícola en Rusia en movimiento, de un sistema a otro, histórico, dentro de la totalidad mundial. Analizó las contradicciones de la sociedad en su movimiento, para encontrar la formación de clases sociales en el campo ruso. Los populistas, por el contrario, partieron de un prejuicio (“el capitalismo no tiene futuro en el campo ruso porque el campesino tiene la propiedad comunitaria de la tierra”) y negaron esta diferenciación de clases que estaba surgiendo en la base material de la sociedad rusa y que expresaba en la superestructura política del país. Al defender la “comuna rural” (sujeta y dominada por los terratenientes), los populistas terminaron defendiendo la vieja economía patriarcal, con el pago en trabajo, el sometimiento del campesino al terrateniente, el pago del “depósito solidario”, la obligación a trabajar gratis para el noble y además sujeto a malos tratos y a la prohibición de cambiar de lugar de residencia. Así, los populistas crearon una idealización de la vida patriarcal rusa, el pago en trabajo y otros restos feudales de la producción campesina, una idealización de la explotación medieval, de los rasgos reaccionarios de la pequeña burguesía, porque creían que tal sistema garantizaría la unión del campesino con sus medios de producción. Por tanto, intentaron hacer retroceder la rueda de la historia. Los marxistas, por el contrario, analizaron el carácter progresista de estas relaciones capitalistas en relación con la sociedad feudal, ya que impulsó la revolución en el uso de las máquinas y del trabajo asalariado en el campo, que ya se había convertido en mayoritario. Al desarrollar las fuerzas productivas impulsó la socialización del trabajo a través de grandes empresas y maquinaria moderna y generó, al mismo tiempo que separó, las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista: la burguesía y el proletariado. La intensificación del trabajo aumentó, la jornada laboral llegó a ser de 15 horas diarias, en pésimas condiciones de trabajo y de vida. “Los hechos nos dicen, en efecto, que el vasto movimiento orientado a transformar la técnica agrícola comenzó sólo en el período posterior a la Reforma, período de desarrollo de la economía mercantil y del capitalismo. La competencia y la dependencia del agricultor respecto al mercado mundial creadas por el capitalismo convirtieron en necesidad la transformación de la técnica, que la caída del precio de los cereales ha extremado”. Con el uso de máquinas en la producción agrícola aumentó la intensidad del trabajo de los trabajadores rurales, aumentó la jornada laboral, el uso de mujeres y niños en la producción y el trabajo nocturno. Creó un ejército de reserva industrial en el campo de aproximadamente dos millones de proletarios rurales de un total de 6,3 millones de trabajadores agrícolas. Así, más de la mitad de los campesinos ya se habían proletarizado y trabajaban para la burguesía rural y los nobles terratenientes.

El capítulo 4 trata del crecimiento de la agricultura comercial y de las formas específicamente rusas de este crecimiento. Lenin partía de un hecho: el crecimiento de la agricultura comercial aumentó la productividad social y la cantidad de cereales cosechados al tiempo que existía una división social del trabajo, con el aumento de la población industrial y comercial y la división de la población agrícola entre empresarios y proletarios rurales. Analizó cada rama de la agricultura y su transformación en agricultura capitalista: la agricultura cerealista, la ganadería, la lechería, el lino (tejidos) y la industrialización de la patata, el alcohol, el azúcar, la harina, el aceite de oliva, el tabaco, la horticultura y la fruticultura. Esta agricultura capitalista no se limitaba únicamente a las pequeñas propiedades: la mayoría de las granjas tenían más de 1000 hectáreas y empleaban a miles de trabajadores agrícolas (con un promedio de más de 100 trabajadores por granja). La gran hacienda capitalista absorbió la producción de la pequeña propiedad, que producía en asociación con el gran agricultor industrial-intermediario. En general, donde prevalecía el sistema anterior y la pequeña propiedad, el nivel de vida era relativamente peor que en las condiciones de la agricultura comercial, ya que el pequeño agricultor tenía un nivel de vida y unos ingresos inferiores a los del proletario rural. Pero mientras los ingresos de los propietarios aumentaban, con el aumento de la producción y la mejora de la tecnología, se producía un empeoramiento de la alimentación, de las condiciones de trabajo y la ruina de los campesinos pobres. Aparecieron las figuras de los campesinos sin tierra y de los mendigos: “El progreso de la agricultura comercial empeora la situación de los grupos inferiores de campesinos y los expulsa definitivamente de las filas de los agricultores.”

Lenin identificó la transformación de la agricultura en una rama industrial capitalista, al procesar productos agrícolas, donde las propias granjas producían la materia prima extraída de la tierra o vendían su producción a industriales ya establecidos. El progreso de la agricultura comercial estimuló la demanda de trabajadores agrícolas asalariados y, con la difusión de la maquinaria en el campo, el uso de mano de obra femenina e infantil. De esta manera se produjo la “decampesinización” y el sistema económico semifeudal se transformó del pago por trabajo al pago de salario por un día determinado. Lenin concluyó este capítulo destacando: 1. El carácter creciente de la evolución de la agricultura hacia una empresa comercial e industrial, especializada en un producto específico para su venta en el mercado. 2. Que este crecimiento de la agricultura capitalista creó el mercado interno del capitalismo. 3. Tuvo el significado histórico de una “gran fuerza progresista” al superar los hitos del estancamiento secular de la economía feudal y patriarcal (con el sometimiento del campesino a la tierra del terrateniente/noble, con el sistema feudal de pago en trabajo, castigos corporales, condena a trabajar en obras públicas, etc.) y creó la gran industria capitalista que impulsó el desarrollo de las fuerzas productivas y la posterior división nacional e internacional entre clases sociales, socializando la producción a nivel nacional e internacional, propiciando el crecimiento de ciudades y rompiendo con la brutalización y el aislamiento de la vida rural-feudal-patriarcal:  “…sin la movilidad de la población es inconcebible el desarrollo de su conciencia y actividad.”  

Sin embargo, al mismo tiempo, el capitalismo exacerbó las contradicciones inherentes al sistema, como las violentas crisis cíclicas que afectan al sistema, las cuales, después de hacer caer la producción, generan un impulso aún mayor para el desarrollo de la producción mundial y la socialización del trabajo, donde las pequeñas empresas en crisis son absorbidas por el gran capital. El surgimiento y desarrollo del capitalismo generó el fortalecimiento de una minoría burguesa poderosa y rica, que concentró los medios de producción en sus manos y generó el empobrecimiento de la clase trabajadora en el otro extremo, creando un ejército industrial de desempleados, cuya función era degradar los salarios del conjunto de la clase trabajadora. Durante toda una parte de este capítulo, Lenin se refirió a la polémica sobre la “Comuna rusa” y a la opinión de Marx al respecto: para los populistas “El principio de la comunidad impide que el capital se   apodere de la producción agrícola«.

Sin embargo, Marx demostró en El Capital que el sistema capitalista se apoderó de todas las formas económicas precapitalistas y las subordinó a su sistema, como ocurrió en América, donde subordinó las formas feudales y esclavistas al mercado mundial capitalista en formación. Marx señaló que “la propiedad comunal es un complemento de la pequeña propiedad”. Los populistas anteponen una forma de propiedad de la tierra a otra al preguntar: “¿comunidad o capitalismo?” cuando se vio en Rusia en el momento en que el capitalismo penetró en la “comuna rusa”[1] y produjo una diferenciación de clases entre el campesinado. Lenin decía que el centro de la discusión no es la forma de posesión de la tierra:

La cuestión de veras importante no se refiere en modo alguno a la forma de posesión de la tierra, sino a los vestigios puramente medievales que continúan gravitando sobre los campesinos: el carácter cerrado de la comunidad campesina como institución estamental, la caución solidaria, las contribuciones desmesuradamente altas que pesan sobre la tierra campesina, sin comparación con los impuestos con que se gravan las tierras de propiedad privada, la falta de libertad completa para la movilización de las tierras campesinas y la restricción de la libertad de movimiento y de migración. Todas estas caducas instituciones, que no garantizan en absoluto al campesino contra la diferenciación, conducen únicamente a multiplicar las diversas formas de pago en trabajo y de explotación usuraria, a retener en enorme escala todo el desarrollo social.”

Los populistas utilizaron citas de Marx, en abstracto, para deducir que el capitalismo era incompatible con la propiedad comunal de la tierra y la agricultura racional. Por tanto, creían que el capitalismo no se establecería en Rusia. Sin embargo, Marx afirmó “el papel histórico progresista del capitalismo en la agricultura”:[2]

“Por su naturaleza misma, la pequeña propiedad de la tierra excluye el desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo, las formas sociales del trabajo, la concentración social de capitales, la ganadería en gran escala y la aplicación progresiva de la ciencia.

«La usura y el sistema de impuestos deben llevarla en todos los sitios a la ruina. El empleo de capital para la compra de tierra quita este capital a la agricultura. Infinita dispersión de los medios de producción y aislamiento de los mismos productores. Dilapidación inmensa de la fuerza humana. El empeoramiento progresivo de las condiciones de producción y el encarecimiento de los medios de producción constituyen una ley necesaria de la pequeña propiedad. Para ese modo de producción, los años de buena cosecha representan una desgracia» (III, 2, 341-342. Trad. rusa, 667).[3]

«La pequeña propiedad del suelo supone que la inmensa mayoría de la población es rural, que el trabajo individual predomina sobre el social; que, por consiguiente, eso excluye la diversidad y el desarrollo de la reproducción, es decir, de sus condiciones materiales y espirituales, excluye las condiciones de un cultivo racional» (III, 2, 347. Trad. rusa, 672).[4]

[Lenin sigue, refiriéndose a Marx] Lejos de cerrar los ojos a las contradicciones propias de la gran agricultura capitalista, el autor de estas líneas [Marx], por el contrario, denunciólas implacablemente, sin que ello le impidiera estimar el papel histórico del capitalismo.

«…Uno de los grandes resultados del modo capitalista de producción estriba en que éste, por una parte, transforma la agricultura, de una ocupación empírica, mecánicamente transmitida por herencia, de la parte menos desarrollada de la sociedad, en un empleo consciente y científico de la agronomía en la medida que esto es posible con la propiedad privada del suelo; en que, por una parte, separa absolutamente la propiedad de la tierra de las relaciones de señorío y de esclavitud, mientras que, por otra parte, separa por completo la tierra, como condición de producción, de la propiedad del suelo y del propietario de la tierra… Por una parte, la racionalización de la agricultura, dando por primera vez la posibilidad de organizarla socialmente; por otra, la reducción al absurdo de la propiedad del suelo: tales son los grandes méritos del modo capitalista de producción. Lo mismo que sucede con sus restantes méritos históricos, también éste lo compra al precio del completo empobrecimiento de los productores directos» (III, 2, 156-157. Trad. rusa, 509-510).[5]

Incluso a pesar de estas advertencias de Marx, los populistas evitaron confrontarlo y prefirieron atacar a los “discípulos rusos”.

El capítulo 5 analizó las primeras fases del capitalismo en la industria rusa. La industria nació en el campo, de pequeños productores rurales que comenzaron a procesar los productos extraídos de sus fincas, para venderlos en el mercado. En esos primeros días, el capital comercial jugó un papel importante en la expansión de la industria campesina, en el largo camino desde la modesta industria nacional hasta la gran industria mecanizada. Esta pequeña industria fue creada por campesinos acomodados, un típico régimen pequeñoburgués, que creció hasta formar la gran burguesía rural y sólo fue posible gracias al surgimiento del proletariado rural, surgido de la descomposición general de la pequeña propiedad campesina pobre y de la conversión de pequeñas industrias campesinas en grandes industrias capitalistas. Lenin resume todo el proceso afirmando:

El proceso de separación entre la industria y la agricultura va relacionado con la diferenciación de los campesinos, y se opera por .vías distintas en ambos polos de la aldea: la minoría acomodada monta empresas industriales, las amplía, mejora la agricultura, contrata braceros para el cultivo de la tierra, consagra cada vez una mayor parte del año a la industria y —en cierto grado del desarrollo de esta última— encuentra más ventajoso separar la empresa industrial de la agrícola, es decir, dejar la agricultura a cargo de otros miembros de la familia o vender las dependencias, el ganado, etc., y convertirse en pequeño burgués, en comerciante.

La separación entre la industria y la agricultura va precedida en este caso de la formación de relaciones capitalistas en la agricultura. En el otro polo de la aldea, la separación entre la industria y la agricultura estriba en que los campesinos pobres se arruinan y se transforman en obreros asalariados (industriales y agrícolas). En este polo de la aldea no son las ventajas de la industria, sino la necesidad y la ruina, lo que obliga a abandonar la tierra y no sólo la tierra, sino también el trabajo industrial independiente; el proceso por el que la industria se separa de la agricultura es aquí un proceso de expropiación del pequeño productor.”

El capítulo 6 analizó el avance de la manufactura capitalista en el campo ruso. La manufactura es una fase de la técnica de transición del capitalismo entre la artesanía y la industria basada en máquinas, donde ya existía una división avanzada del trabajo, pero aún con producción manual. A finales del siglo XIX y principios del XX, la manufactura se extendió por toda Rusia, especializándose ramas industriales por regiones e iniciándose la separación entre campo e industria, creándose sobre todo un proletariado originario del campo (a veces todavía propietario de pequeñas parcelas de tierra – “nadiel”), pero que ya no es un agricultor sino un trabajador asalariado. Esta manufactura se basó fundamentalmente en la industria “kustar” (industria que nació del procesamiento de productos agrícolas realizado por los propios agricultores), pequeña producción industrial, muchas veces utilizando el trabajo a domicilio, y que se convirtió en proveedora de mano de obra capacitada para la gran industria mecanizada y de ahí también surgieron los grandes industriales burgueses, que utilizaban esta industria en la producción subcontratada de partes del proceso productivo fabril. A pesar de ser una extensión (“secciones exteriores”) de los talleres industriales, el trabajo doméstico asumió un papel importante en el desarrollo de la manufactura en Rusia en ese momento porque evitaba el gasto de abrir talleres, reducía los gastos de alimentación de los trabajadores y permitía que las horas de trabajo fueran auto ampliables hasta 19 horas al día. En este capítulo, Lenin analiza datos sobre ramas industriales por región en Rusia. Esta manufactura adquirió una característica específica en Rusia porque se basaba en una pequeña industria rural (“kustar”), manteniendo la conexión de la industria con el campo. En este tipo de industria se prolongaba la jornada laboral y se reducía el nivel de vida y el consumo, enriqueciéndose a gran velocidad la burguesía comercial, convirtiéndose en la burguesía industrial.

“En todas las industrias que hemos examinado, estructuradas según el tipo de manufactura, la inmensa mayoría de los obreros no es independiente, se halla subordinada al capital, sólo percibe el salario y no posee ni las materias primas ni el producto terminado. En el fondo, la inmensa mayoría de los obreros de estas «industrias» son obreros asalariados, aunque esta relación no alcanza nunca en la manufactura la perfección y pureza que es propia de la fábrica. En la manufactura, con el capital industrial se entrelaza del modo más variado el comercial, y la dependencia en que el trabajador se halla con respecto al capitalista adquiere un sinfín de formas y matices, empezando por el trabajo asalariado en un taller ajeno, continuando con el trabajo a domicilio para el «patrono» y terminando con la dependencia en la compra de las materias primas o en la venta del producto. Junto a la masa de los obreros dependientes sigue siempre manteniéndose en la manufactura un número más o menos considerable de productores cuasi independientes. Pero todo este abigarramiento de formas de la dependencia no hace más que encubrir el rasgo fundamental de la manufactura, que la escisión entre los representantes del trabajo y del capital se manifiesta ya aquí con toda su fuerza. Cuando se produjo la liberación de los campesinos, esta escisión había sido ya consolidada en los mayores centros de nuestra manufactura por la sucesión de varias generaciones. En todas las «industrias» que antes hemos examinado vemos una masa de la población que no tiene ningún recurso para vivir, fuera del trabajo bajo la dependencia de personas de la clase pudiente, y, por otra parte, una pequeña minoría de industriales acomodados que tienen en sus manos (en una u otra forma) casi toda la producción de la zona. Este hecho fundamental es lo que da a nuestra manufactura un carácter capitalista muy acentuado, a diferencia de la fase anterior. También allí se daban la dependencia del capital y el trabajo asalariado, pero aún no habían cristalizado en ninguna forma firme, aún no habían abarcado a la masa de los industriales, a la masa de la población, no habían provocado la escisión entre los distintos grupos de personas que participaban en la producción.”

La manufactura, basada en la división sistemática del trabajo, simplificó las tareas industriales, preparando las operaciones mecanizadas de la gran industria, sin embargo, esta misma división del trabajo fomentó la pequeña producción industrial, incluso la subcontratación vía trabajo a domicilio. De esta manera específicamente rusa, la manufactura preparó las condiciones para la industria mecánica a gran escala, una fase en la que entró el capitalismo ruso a principios del siglo XX.

En general, hubo un aumento en el nivel de consumo de los trabajadores de estos centros industriales manufactureros, ya no agrícolas, que recibían salarios superiores al ingreso promedio de los campesinos pobres, vestían ropa de tela moderna, adquirían productos industriales como samovares (para fabricar té), aumento de la educación y la cultura en general. Sin embargo, esta mejora se compara con la situación de vida de los campesinos pobres y arruinados, porque, en general, la vida de los trabajadores y las condiciones laborales empeoraron con pésimas condiciones de higiene en el trabajo, jornadas laborales de 14 a 15 horas (llegando hasta 19 horas), adquiriendo todo tipo de enfermedades profesionales. Si para una pequeña porción de los trabajadores industriales hubo una mejora sustancial, para la clase trabajadora en su conjunto hubo un empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo (lo que se demuestra en el extenso ejército de reserva industrial), especialmente para los sectores más explotados y oprimidos del proletariado. El desarrollo del capitalismo en Rusia trajo consigo la ley del empobrecimiento general del proletariado (pobreza creciente) en proporción inversa al crecimiento de la acumulación de riqueza capitalista. “El empobrecimiento completo de la masa de productores, que es condición y consecuencia de la manufactura capitalista”. Siempre junto a las grandes fábricas, donde los salarios y las condiciones laborales son mejores, había una profusión de las pequeñas empresas donde reinaba la explotación brutal de los trabajadores, incluido el uso de mano de obra femenina e infantil. Las mejoras obtenidas fueron siempre logros de la lucha obrera, como fue el caso de la reducción de la jornada laboral, por ley, a 11 horas y media, en Rusia, en 1897. Nunca fue un regalo de la burguesía o de los nobles. Sin embargo, estos logros no se extendieron a todas las empresas, especialmente a las pequeñas fábricas “kustares” (con su complemento, el trabajo industrial realizado a domicilio), que empleaban alrededor de 4 millones de trabajadores, precisamente los sectores más explotados y oprimidos en condiciones degradantes, laborales, casi gratis. El trabajo industrial a domicilio, característico de la fase manufacturera del capitalismo, ocurre en todas las fases de este sistema. Por eso hoy, en el siglo XXI, está regresando: no es más que una expresión del uso del ejército industrial de reserva para incrementar la explotación del proletariado.

El capítulo 7 analiza la evolución desde la fase manufacturera del capitalismo ruso hasta la fase de la gran industria mecanizada. Lenin comienza definiendo esta fase del capitalismo:

“Al pasar a la gran industria maquinizada (fabril) es preciso, ante todo, dejar sentado que su concepción científica no corresponde en modo alguno al sentido corriente, en uso, de este término. En nuestra estadística oficial y nuestra literatura en general se entiende por fabrica toda empresa industrial más o menos grande, con un número más o menos considerable de obreros asalariados. En cambio, la teoría de Marx sólo llama gran industria maquinizada (fabril) a un grado determinado del capitalismo en la industria, precisamente al superior. El carácter fundamental y más esencial de esta fase es el empleo de un sistema de máquinas para la producción.[6] El paso de la manufactura a la fábrica representa una plena revolución técnica, que derroca el arte manual del maestro, acumulado durante siglos, y a esta revolución técnica sigue inevitablemente el cambio más radical de las relaciones sociales de producción, la escisión definitiva de los diferentes grupos de personas que participan en la producción, la ruptura completa con las tradiciones, la agudización y ampliación de todos los aspectos sombríos del capitalismo, y, al mismo tiempo, la socialización en masa del trabajo por el capitalismo. La gran industria maquinizada es, pues, la última palabra del capitalismo, la última palabra de sus «aspectos, positivos y negativos.”

Este salto en la producción fabril mecanizada encontró resistencia en las características de la economía feudal que aún prevalecían en algunas regiones industriales (la minería en los Urales, por ejemplo): las minas eran propiedad de terratenientes nobles, que utilizaban el monopolio de su nobleza para impedir la competencia y uso de “sus” campesinos como mano de obra, quienes recibían salarios en forma de pago por el trabajo, por el derecho a rescatar su pedazo de tierra. Debido a estas dificultades para el libre desarrollo del capital, la minería y el petróleo se trasladaron al sur de Rusia, donde representaban el 5% de la producción mundial de hierro.

En Rusia, tras la abolición de la servidumbre en 1861, se produjo un crecimiento vertiginoso de las grandes fábricas, que concentraban a la mayoría de los trabajadores:

NÚMERO DE TRABAJADORES EN GRANDES EMPRESAS CAPITALISTAS (EN MILES)

Añosen la industria manufactureraen la industria mineraen los ferrocarrilesTotalPoblación urbana
1865509165327066.100
18908403402521.43212.000

Así, el número de trabajadores que trabajan en grandes empresas capitalistas se duplicó en 25 años, creciendo mucho más rápido que la población general y urbana. Los trabajadores industriales representaban el 12% de la población urbana de Rusia en 1890. “En 1866, en las fábricas con 1.000 y más obreros había un 27% del total de los obreros de las grandes’ fábricas; en 1879, un 40%; en 1890, un 46%.” Según Lenin, esta concentración de trabajadores en las grandes fábricas rusas era mayor que la concentración de trabajadores en las grandes fábricas alemanas.

Los economistas populistas utilizaron datos estadísticos para poder probar su tesis de que el capitalismo no tenía posibilidades de prosperar debido al espíritu comunista del campesinado, relacionaron a los trabajadores industriales con toda la población de Rusia, para concluir que estos trabajadores representaban solo el 1% de la población. Por lo tanto, un “puñado insignificante” en comparación con la población rusa total.

Esta minimización ocultaba que en 1903 ya había 2.792.374 trabajadores industriales, mineros y ferroviarios que, sumados a los aproximadamente 4 millones de trabajadores de las industrias “kustares”, alcanzaban ya casi 7 millones de trabajadores industriales, sin considerar a los trabajadores agrícolas.

A partir de estos datos, Lenin amplió el estudio de la población en su conjunto y su relación con la producción, para determinar la ubicación de clase de la población rusa a partir del censo general de 1897 sobre la estadística de las ocupaciones de toda la población:

OcupacionesIndependientesFamiliaresTotal de población
De ambos sexos  
a) Funcionarios y tropa1,50,72,2
b) Clero y profesiones liberales0,70,91,6
c) Rentistas y pensionistas1,30,92,2
d) Recluidos, prostitutas, de profesión indeterminada, desconocida0,600,30,9
Total de población no productiva4,12,86,9
OcupacionesIndependientesFamiliaresTotal de población
De ambos sexos  
e) Comercio1,63,45,0
f) Transporte y comunicaciones0,71,21,9
g) Empleados privados, sirvientes, jornaleros3,42,45,8
Total de población semiproductiva5,77,012,7
OcupacionesIndependientesFamiliaresTotal de población
De ambos sexos  
h) Agricultura18,275,593,7
i) Industria…….5,27,112,3
Total de población productiva23,482,6106,0
Total33,292,4125,6

De este censo, Lenin concluyó que:

“Desde este punto de vista, toda la población debe ser dividida en tres grandes apartados: I. Población agrícola. II. Población industrial y comercial. III. Población no productiva (más exactamente, que no participa en la actividad económica). De los nueve grupos aducidos (a-i) sólo uno no puede ser incluido directamente y por completo en ninguno de estos tres apartados fundamentales. Se trata del grupo g: empleados privados, sirvientes, jornaleros. Este grupo hay que distribuirlo aproximadamente entre la población comercial e industrial y la agrícola. Hemos incluido en la primera la parte de este grupo de la que se. indica que vive en las ciudades (2.500.000), y en la segunda, la parte que vive en el campo (3.300.000). Entonces obtenemos el cuadro siguiente de la distribución de toda la población de Rusia:

Población agrícola de Rusia97.000.000 (77,4%)
Comercial e industrial21.700.000(17,2%)
No productiva6.900.000(5,4%)
Total125.600.000(100%)

Y concluyó:

“Este cuadro deja ver con claridad, por una parte, que la circulación mercantil y, por consiguiente, la producción mercantil, están firmemente asentadas en Rusia. Rusia es un país capitalista. Por otra parte, se ve que Rusia está aún muy atrasada con relación a otros países capitalistas en su desarrollo económico.”

Ahora, Lenin comienza a separar clases sociales y sectores de clases:

“En los 97.000.000 de la masa campesina es preciso distinguir tres grupos fundamentales: el inferior, las capas proletarias y semiproletarias de la población; el medio, los pequeños propietarios pobres, y el superior, los pequeños propietarios acomodados. Más arriba hemos analizado con detalle los caracteres económicos fundamentales de estos grupos, como diferentes elementos de clase. El grupo inferior lo constituye la población desposeída y que vive en lo fundamental o a medias de la venta de la fuerza de trabajo. El grupo medio lo forman los pequeños propietarios pobres, pues el campesino medio, aun en el mejor de los años, apenas sale adelante, pero la fuente principal de subsistencia es aquí la pequeña hacienda «independiente» (supuestamente independiente, claro es). Por fin, el grupo superior son los pequeños propietarios acomodados, que explotan a un número más o menos considerable de braceros y jornaleros con nadiel y de obreros asalariados de toda clase en general.

La parte aproximada de estos grupos en la suma general es: 50%, 30% y 20%.”

Por tanto, en el campo la población agrícola se dividió de la siguiente manera: 48.500.000 habitantes proletarios y semiproletarios, 29.100.000 pequeños propietarios pobres y alrededor de 19.400.000 campesinos acomodados, ricos.

Para toda la población de Rusia, agrupando a la población agrícola, comercial e industrial y a la población no productiva, Lenin encontró la siguiente división de clases en toda la población rusa de 1897:

  Toda la población
Gran burguesía, terratenientes, altos funcionarios y demásunos3.000.000 (2,3%)
Pequeños patronos acomodados«23.100.000(18,4%)
Pequeños patronos pobres«35.800.000(28,5%)
Proletarios* y semiproletarios«63.700.000(50,7%)
Totalunos125.600.000
  • Proletários são, pelo menos, 22 milhões.

Los aspectos positivos de esta fase capitalista fueron:

1. La división del trabajo se simplificó tanto que se generalizó el uso de máquinas en la producción industrial para reproducir movimientos repetitivos en la producción.

2. Esto permitió un salto en la productividad laboral, es decir, en la producción por trabajador.

3. Fomentó el ingreso de mujeres y adolescentes a la producción de bienes, aunque con fines de sobreexplotación terminó por impulsar la independencia de las mujeres frente a su esclavitud doméstica. En las fábricas de Rusia en 1890 ya había un 24% de mujeres trabajando en la producción.

4. Condujo al conocimiento social de la producción de riqueza, un salto en la contabilidad social de la producción.

5. La socialización completa de la producción de bienes, que rompió con la producción artesanal, individual, para la producción social, de toda una fábrica, de toda una rama productiva.

6. La internacionalización de la producción que se expandió por todo el mundo, donde la producción de una mercancía contaba con la participación de millones de trabajadores de varios países, con materias primas originarias de varios continentes.

7. Movimiento que rompió el estancamiento productivo medieval y destruyó las tradiciones patriarcales y pequeñoburguesas, el aislamiento y embrutecimiento de la vida rural y la dependencia total del campesino del señor feudal.

8. Elevar el nivel de vida de la población de las regiones industriales y su cultura, educación, etc.

9. Este salto en la socialización e internacionalización de la producción exigía, requería, cada día, una regulación internacional de la producción, un control social de la producción global de bienes que alcanzaba su apogeo en todo el mundo. Esta socialización es la base de la nueva formación económico-social socialista.

Los aspectos negativos (u “oscuros”, como dice Lenin) de esta fase superior del capitalismo fueron:

1. El uso generalizado de máquinas hace superflua una parte importante de trabajadores, generando un enorme ejército industrial de desempleados que presiona a la baja los salarios.

2. El uso generalizado de máquinas también provocó jornadas de trabajo más largas.

3. La aparición de todo tipo de enfermedades profesionales debido a la intensificación del ritmo de producción de bienes.

4. El salto en la acumulación de riqueza de la burguesía provocó el empobrecimiento general de la población, aunque hubo una mejora en las condiciones de vida y de trabajo en relación con las relaciones laborales patriarcales medievales.

Los populistas intentaron demostrar que la gran industria capitalista no prosperaría en Rusia debido a la fuerza de las pequeñas propiedades que mantenían vínculos con el campo y la propiedad comunitaria de la tierra.

Así pues, los 3/4 de la última» (de toda la producción anual) corresponden a las empresas de un tipo relativamente pequeño. Las raíces de este fenómeno pueden estar en muchos elementos sustancialmente importantes de la economía nacional rusa. Se debe incluir aquí, entre otros, el régimen de posesión de tierras en la masa de la población agrícola, la vitalidad de la comunidad (sic!), que en la medida de sus fuerzas obstaculiza, en nuestro país el desarrollo de la clase profesional del obrero fabril. Con esto se combina (!) también la difusión de la forma doméstica de transformación de los productos, precisamente en aquella zona de Rusia (la central) donde principalmente se encuentran nuestras fábricas» (ibíd., cursiva del Sr. Kárishev).”

Así, los economistas populistas distorsionaron los datos para probar su tesis preconcebida. Los datos del cuadro siguiente demuestran una tesis contraria a la de los populistas:

Lista de fábricas con un valor de producción superior a 1000 rublos.

tiponúmero de fábricas%número de obreros%valor de la producción anual%
grandes6.89174,5%342.47397,9%276.211.00099,7%
pequeñas2.36625,5%7.3272,1%987.0000,3%
total 9.257100,0%349.800100,0%277.198.000100,0%

Fuente: Anuario del Ministerio de Hacienda.

Con estos datos, Lenin demostró que la gran industria concentraba el grueso de los trabajadores y el valor de la producción.

Sin embargo, la cuestión no se limitó a un problema cuantitativo: la gran industria permitió multiplicar el valor de la producción con el uso de máquinas, lo que modificó las relaciones entre la fábrica y el campo, disociando completamente uno del otro, mientras que la pequeña producción permaneció vinculado al campo y al trabajo manual. Son diferentes relaciones sociales de producción que se remontan a tres fases distintas de la producción industrial capitalista: la pequeña producción artesanal (campesina), la manufactura capitalista y la gran industria mecanizada.

“Las tres formas básicas de la industria antes señaladas se distinguen sobre todo por un estado distinto de la técnica. La pequeña producción mercantil se caracteriza por una técnica manual, completamente primitiva, que no cambió casi desde tiempos inmemoriales. El industrial sigue siendo campesino, que adopta por tradición los métodos de transformación de las materias primas. La manufactura introduce la división del trabajo, que aporta una transformación sensible de la técnica, convirtiendo al campesino en operario, en «obrero que hace piezas determinadas». Pero la producción manual se conserva, y, sobre su base, el progreso de los modos de producción se distingue inevitablemente por una gran lentitud. La división del trabajo se produce espontáneamente, se adopta también por tradición, como el trabajo campesino. Sólo la gran industria maquinizada introduce un cambio radical, echa por la borda el arte manual, transforma la producción sobre principios nuevos, racionales, aplica sistemáticamente a la producción los datos de la ciencia.

Hasta tanto el capitalismo no organizó en Rusia la gran industria maquinizada, y también en las ramas de la industria donde aún no la ha organizado, observamos un estancamiento casi completo de la técnica, vemos el empleo del mismo torno a mano, del mismo molino de agua o de viento que se utilizaba en la producción hace siglos. Por el contrario, en las ramas de la industria que la fábrica ha sometido a su influencia vemos una revolución técnica completa y un progreso extraordinariamente rápido de los modos de producción maquinizada.

En relación con el distinto estado de la técnica vemos diferentes fases de desarrollo del capitalismo. La pequeña producción mercantil y la manufactura se caracterizan por el predominio de las empresas pequeñas, de las que únicamente se destacan unas pocas grandes. La gran industria maquinizada desplaza definitivamente las empresas pequeñas.

Finalmente, el capítulo 8, llamado “formación del mercado interior”, esbozó un panorama general del desarrollo del capitalismo en Rusia, comenzando con el crecimiento del trabajo asalariado. Lenin estimó en 15,5 millones de proletarios, de los cuales 3,5 millones eran trabajadores agrícolas, 1,5 millones de trabajadores industriales, mineros y ferroviarios, 5 millones de asalariados generales, 1 millón de trabajadores de la construcción, 2 millones de trabajadores de extracción de madera, carga y descarga, peatones, 2 millones trabajadores que trabajan en casa. De este total, había 2,5 millones de mujeres y adolescentes en producción. Hubo un desplazamiento de trabajadores de la agricultura a la industria, creando grandes centros industriales que atrajeron a millones de trabajadores rurales, ya que ofrecían mejores salarios y una vida en ciudades con más derechos.

Los populistas afirmaron que el capitalismo no tenía futuro en Rusia debido al pequeño peso de los trabajadores en el país en su conjunto. Lenin respondió diciendo:

Se ha puesto plenamente de relieve el papel dirigente del proletariado, así como que su fuerza en el movimiento histórico es inconmensurablemente mayor que su proporción numérica en la masa total de la población.”

Esta tesis resultó cierta tanto en las revoluciones de 1905 como en la de 1917.

Lenin también demostró que el desarrollo del capitalismo en Rusia podría ocurrir sin tener necesariamente un mercado externo. Pero, el salto en la industrialización del país obligó a los capitalistas a buscar mercados externos, a través de la colonización interna y externa, donde se colonizaron regiones enteras para exportar petróleo, minería, madera y productos alimenticios, vinos y otros productos que ocupaban un espacio importante en el mercado mundial. La industrialización y colonización del Cáucaso (Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Chechenia, etc.), junto con otras regiones que componían Rusia, dieron un impulso al desarrollo del capitalismo en Rusia.

Lenin concluyó este capítulo explicando la “misión” del capitalismo en Rusia, su papel histórico en el desarrollo económico de Rusia:

“El reconocimiento del carácter progresivo de este papel es del todo compatible … con el reconocimiento pleno de los aspectos negativos y sombríos del capitalismo, con el reconocimiento pleno de las contradicciones sociales profundas y múltiples inevitablemente propias del capitalismo, contradicciones que ponen de manifiesto el carácter históricamente transitorio de este régimen económico. Precisamente los populistas —que tratan con todas las fuerzas de presentar la cosa como si el reconocer el carácter histórico progresivo del capitalismo significase ser su apologista…”

Esta es una afirmación importante de Lenin porque, en general, la idea es que Lenin era un defensor del capitalismo mientras que los populistas se oponían a este sistema. Nada más equivocado. Lenin reconoció el capitalismo como un sistema progresista en relación al sistema feudal que prevaleció en el país hasta 1861 y que mantenía, principalmente en el campo, relaciones de producción medievales. Los dos elementos centrales progresistas del capitalismo que nacía en Rusia fueron, en primer lugar, el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social, que dio un salto a la fase de la gran industria mecanizada, dejando atrás el trabajo manual y la técnica primitiva (arado de madera, molinos de agua como fuerza motriz, confección manual de ropa). Otro aspecto importante del desarrollo de las fuerzas productivas, según Lenin, es el crecimiento de la fabricación de medios de producción (para el proceso de producción fabril) a un ritmo más rápido que la producción de medios de consumo en la sociedad. Esta es una característica central del sistema capitalista, que impulsa su desarrollo a pasos agigantados, producción tras producción, generando su propio mercado de consumo. Sin embargo, debido a que la producción es llevada a cabo por propietarios privados, sin planificación nacional e internacional, conduce a auges y crisis capitalistas cada vez más fuertes, donde el desarrollo de las fuerzas productivas (producción mecanizada a gran escala a nivel internacional) choca con las relaciones de producción, basadas en la propiedad privada de los medios de producción. En segundo lugar, el elemento progresista del capitalismo es la socialización del trabajo, que supera la producción dispersa en pequeñas empresas, propia del sistema anterior con consumo local restringido y producción individual y artesanal, creando un enorme mercado nacional e internacional. La producción individual para uno mismo o por encargo se convierte en producción para toda la sociedad y “cuanto más desarrollado está el capitalismo, más fuerte es la contradicción entre este carácter colectivo de la producción y el carácter individual de la apropiación”, contradicción central del capitalismo y que provoca crisis y la necesidad de avanzar hacia el socialismo, suprimiendo la gran propiedad burguesa y colocándola bajo control social. Esta socialización de la producción significa una concentración sin precedentes de la producción de bienes, tanto en la agricultura como en la industria, por un número cada vez menor de grandes empresas. Significa también superar la economía feudal, medieval, basada en el sometimiento del campesino a la tierra y a su señor feudal (noble, terrateniente), trabajando gratis para su señor, como forma de pago en trabajo por su parcela de tierra. (que pertenecía a la “Comuna” y fue entregada al campesino y su familia en usufructo. “En comparación con el trabajo de los campesinos dependientes o sujetos a explotación usurera, el trabajo de los trabajadores asalariados es un fenómeno progresista en todos los ámbitos de la economía nacional”. El capitalismo en Rusia atrajo a alrededor de 2,5 millones de mujeres para trabajar en las fábricas, un movimiento que debilitó a la antigua familia patriarcal, permitiendo a las mujeres ser independientes de los hombres, igualándolas en derechos aunque no las igualaban en términos de salarios. La industrialización de Rusia y la concentración de la población trabajadora en las grandes ciudades permitieron el aumento de la educación escolar y la conciencia de clase del proletariado, que pudo superar el capitalismo, como sociedad históricamente de transición, lo que creó las condiciones materiales para su superación por el socialismo.

Por tanto, la opinión de que Lenin defendió el capitalismo como un sistema progresista en sí mismo y que se desarrollaría a lo largo de una larga etapa no es más que un mito. Los apologistas del capitalismo en esta discusión fueron los “marxistas legales” (Struve, Tugán-Baranovski y otros) que utilizaron el marxismo como puente para fundar el partido Kadete, de la burguesía liberal-constitucionalista.

Las diferencias de Lenin con Struve y Plejánov en 1895

Aunque Lenin estaba de acuerdo con estos dos marxistas, especialmente Plejánov, quien fue el fundador de la primera organización marxista en Rusia e inspiró a Lenin en muchas de sus posiciones, su análisis de Rusia y su cosmovisión marxista ya diferían mucho del objetivismo fatalista de Struve cuánto del materialismo mecanicista de Plejánov. Estas diferencias quedaron evidentes en el libro «Contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve» de 1895.

Al utilizar el marxismo, no como un dogma, sino como una herramienta para el análisis científico de Rusia, Lenin fue original.

Tenía la misma opinión que Struve de que la penetración del capitalismo en Rusia era progresiva, pero Struve creía que el capitalismo traería progreso y democracia a Rusia y que su implementación era inevitable, como una ley histórica ineludible, como una fase que cada país tendría que pasar. Era la rueda de la historia, que se movía del atraso al progreso.

Lenin atacó esta posición de objetivismo fatalista, que convirtió a Struve en un apologista del capitalismo. Lenin dijo esto en 1895, cuando Struve todavía era considerado un socialdemócrata, un marxista. Diez años después, Struve se convertiría en uno de los líderes del partido Kadete, el partido de la burguesía liberal rusa.

Lenin consideró la implementación del capitalismo en Rusia como progresista sólo en relación con el feudalismo: sacó al campesinado de su aislamiento rural y el desarrollo de las ciudades, el surgimiento del proletariado y la burguesía, abriría las condiciones para una lucha de clases abierta por el socialismo. Lenin tenía claro que, con el desarrollo del capitalismo en Rusia, la pobreza y el desempleo aumentarían en un extremo, mientras que la acumulación de capital aumentaría en el otro. Su progresismo radicaría únicamente en el hecho de que se demostraría que el capitalismo es simplemente una sociedad de clases, con profundas desigualdades sociales y una explotación brutal, que debería ser superada por el socialismo. Lenin derivó de esta visión que la tarea central de los marxistas era promover la lucha de clases contra los capitalistas, elevando la conciencia de clase de los trabajadores.

La diferencia con Plejánov, que en aquel momento era su dirigente (la mayoría de los historiadores dicen que era su “maestro”, a quien Lenin seguía con los ojos cerrados, en todos los aspectos políticos, filosóficos, teóricos y programáticos. Veremos que no era del todo así), es que Plejánov imaginaba la implantación del capitalismo en Rusia como una marcha inexorable de la historia con sucesivos modos de producción que iban del atraso a la modernidad, a la civilización.

 “El socialdemócrata nada en la corriente de la historia[7] y las causas del desarrollo histórico “no tiene nada que ver con la voluntad humana o la conciencia”.[8]

Ya en su cuarto libro, «Contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve«, de 1895, Lenin se diferenciaba de esta visión marxista vulgar, dejando claro que el marxismo no estaba de acuerdo con «la creencia de que cada país debe pasar necesariamente por la fase capitalista«.

Esta apología del desarrollo capitalista hecha por Plejánov llevó a una posición diferente a la de Lenin respecto al enfrentamiento del proletariado con la burguesía rusa. Plejánov y Axelrod, líderes del grupo Emancipación del Trabajo, del que Lenin era partidario, criticaron la visión hostil de Lenin sobre la burguesía rusa, expuesta en este libro de 1895. Plejánov era partidario de la alianza del proletariado con la burguesía rusa y dijo en la cara de Lenin: “le estás dando la espalda a la burguesía, cuando deberíamos marchar junto con ella”.

Esta diferencia explotaría en toda su magnitud en la revolución de 1905, pero ya había salido a la luz en los debates programáticos del congreso de 1903, donde la alianza con la burguesía se convertiría, al cabo de dos años, en el eje central del programa menchevique.

Lenin también vio el papel de los narodniki como progresista, especialmente el aspecto democrático revolucionario de sus primeros líderes y no se negaba a utilizar el terror revolucionario en todas las circunstancias. Lenin dijo que, si las tácticas terroristas eran contraproducentes en este momento, podrían usarse en otras circunstancias. Lenin siempre reivindicó el lado heroico de los combatientes narodniki y aprendió mucho de sus métodos de clandestinidad. Por otro lado, para Lenin un acuerdo con la burguesía rusa era inaceptable, pero era admisible con el campesinado pobre que luchaba por la tierra.

Estas diferencias, que en 1895 eran embrionarias, adquirirían en el futuro una gran importancia, de la que hablaremos en su momento.

La polémica de Lenin con los populistas

La polémica de Lenin con los populistas fue de otro calibre: los populistas desempeñaron un papel progresista en la crítica al capitalismo, pero hicieron esta crítica desde el ángulo de la defensa de la sociedad patriarcal (feudal) en nombre de la vida campesina natural, de la “comuna rural rusa”. Los populistas atacaron a los marxistas diciendo que estaban en contra del campesinado y a favor del capitalismo y que no entendían las contradicciones del desarrollo del capitalismo en Rusia. Creían que el capitalismo no se desarrollaría en Rusia porque había agricultura y una industria campesina basada en la propiedad colectiva de la tierra, por lo tanto, los campesinos no cambiarían su vida regulada en el campo por la vida escandalosa y libertina de las ciudades:

“Es importante subrayar la entidad de nuestra conclusión en lo que respecta a la superpoblación relativa (o al contingente del ejército de reserva de los desocupados) creada por el capitalismo. Los datos concernientes al número total de los obreros asalariados en todas las ramas de la economía nacional descubren con especial evidencia el error básico de la economía populista al particular. Como hemos tenido ya oportunidad de señalar en otro sitio (Estudios, págs. 38-42*), este error consiste en que los economistas populistas (los señores V. V., N.-on y otros), que han hablado mucho de la «liberación» de los obreros por el capitalismo, no han pensado siquiera en investigar las formas concretas de la superpoblación capitalista en Rusia; después, en que no han comprendido en absoluto la necesidad de la enorme masa de los obreros de reserva para la propia existencia y el desarrollo de nuestro capitalismo. Mediante palabras doloridas y cálculos curiosos acerca del número de obreros «fabriles» han convertido una de las condiciones fundamentales del desarrollo del capitalismo en prueba de que el capitalismo es imposible, equivocado, carece de terreno propicio, etc.” (…) Sería un error profundo pasar por alto esta diversidad; sin embargo, en este error caen quienes razonan, como el Sr. V. V., que el capitalismo «se ha encerrado en un rincón de un millón o un millón y medio de obreros y no sale de él». (…) Por ello, ese «rincón» que parece a algún populista tan insignificante, encarna en realidad la quintaesencia de las relaciones sociales contemporáneas, y la población de este «rincón», es decir, el proletariado, es, en el sentido literal de la palabra, sólo la primera fila, la vanguardia de toda la masa de trabajadores y explotados. Por ello, únicamente examinando todo el régimen económico contemporáneo desde el punto de vista de las relaciones formadas en ese «rincón» se puede comprender las relaciones fundamentales entre los distintos grupos de personas que participan en la producción y, por consiguiente, advertir la orientación fundamental de desarrollo del régimen dado. Por el contrario, a quien se aparta de este «rincón» y examina los fenómenos económicos desde el punto de vista de las relaciones de la pequeña producción patriarcal, el curso de la historia le convierte, o en un soñador ingenuo, o en un ideólogo de la pequeña burguesía y los agrarios.

Los populistas creían que el socialismo ruso sería un producto automático de la “comuna rusa”, cuya vanguardia sería el campesino, el mujik ruso que, debido a la existencia de la propiedad comunal de la tierra, saltaría directamente del feudalismo al socialismo.

La historia ha dado un rotundo no a esta concepción socialista utópica: el capitalismo se desarrolló en Rusia, con todas las contradicciones que señaló Lenin en este libro. El campesino ruso no fue la vanguardia de la lucha por el socialismo e incluso después de la toma del poder por el proletariado fue un instrumento del renacimiento del capitalismo a través de la pequeña propiedad campesina, que no fue expropiada en los primeros años de la revolución, y fue la base de la contrarrevolución armada burguesa e imperialista, donde 17 ejércitos intentaron invadir Rusia y derrocar el poder soviético.

La discusión de Marx con los populistas

Algunos camaradas podrían pensar: ¿tiene algún sentido repetir estas controversias pasadas?

Sí, vale mucho la pena, principalmente porque un sector de la intelectualidad marxista está recuperando posiciones populistas para hoy. Y lo peor es que dicen que Marx tenía la misma visión que los populistas y no tenía ningún acuerdo con los marxistas rusos.

Este sector de la intelectualidad está liderado por Kevin Anderson, un académico inglés, y Marcello Musto, profesor y sociólogo italiano. Dicen que Marx, hacia el final de su vida, estudió mucho la Comuna Campesina Rusa y la vida campesina basada en la comunidad rural. Estos autores llegaron a la conclusión de que Marx creía que en Rusia era posible saltar directamente del feudalismo al socialismo, sin pasar por el capitalismo, basándose en la Comuna rural. De hecho, estos autores retoman en el siglo XXI la idealización de las comunidades campesinas indígenas y de las pequeñas propiedades rurales, así como del campesinado en general, de los indígenas en general, como motor revolucionario, en sustitución del proletariado.

La evolución del pensamiento de Marx y Engels frente a la “Comuna rusa”

Algunos marxistas creen erróneamente que esta evolución sólo ocurrió con el Marx “maduro”, en la década de 1880.

Pero, en El Capital vemos ya el análisis de la acumulación originaria en América que, tras la invasión europea, dio un “salto” de 5 mil años, del comunismo originario al capitalismo, sin pasar por una escala histórica.

Marx y Engels vieron la posibilidad de un salto histórico de este calibre en Rusia:

“La tarea del Manifiesto Comunista era proclamar la inminente disolución de la propiedad burguesa moderna. Pero en Rusia, frente al rápido florecimiento de las artimañas capitalistas y a la propiedad burguesa de la tierra que recién ahora comienza a desarrollarse, más de la mitad de la tierra está en posesión común de los campesinos. Ahora surge la pregunta: ¿puede la comunidad rusa, la aldea (…) pasar inmediatamente a la [forma] superior de posesión común comunista? O, por el contrario, ¿tendrá que pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente? La única respuesta posible hoy en día es la siguiente: si la revolución rusa se convierte en la palanca de una revolución proletaria en Occidente, de modo que las dos se complementen, la actual propiedad común rusa del suelo puede servir como punto de partida para el desarrollo comunista”.

Este fue un paso importante en la teoría marxista, en oposición al materialismo mecanicista, que veía a la sociedad desarrollándose en una noción de progreso histórico, desde el comunismo “primitivo” hasta el socialismo, pasando necesariamente por la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo.

Sin embargo, Marx y Engels diseñaron esta posibilidad de “saltos” preservando la visión materialista y dialéctica, donde los hombres hacen la historia bajo ciertas condiciones que son independientes de su voluntad.

Por lo tanto, este salto no podría lograrse a través de las virtudes de la propiedad comunal de la tierra, sino debido a la existencia previa del capitalismo en Europa occidental, Rusia no tendría que pasar por la prueba del capitalismo, siempre y cuando la revolución rusa se convirtiera en un punto de partida para la revolución europea.

Nótese que también en este caso, Marx y Engels no contraponen la revolución democrática rusa con la revolución socialista en Europa occidental, sino que sitúan una relación de transformación de una revolución en otra, donde la revolución rusa sería una palanca, subordinada a la revolución europea.

El error teórico de Kevin Anderson y Musto ante los “saltos” y el “viejo Marx”

Estos autores extrajeron del contexto histórico la parte de la elaboración de Marx y Engels que cambió (los “saltos”) y olvidaron lo que quedó (la subordinación de la revolución democrática rusa a la revolución proletaria en Europa).

Para Musto, Marx empezó a tener una concepción política correcta a partir de 1881, porque a partir de entonces [Marx fue]: “Impulsado por la duda y la hostilidad hacia los esquemas del pasado….”

Anderson insinúa su posición: «el movimiento anticapitalista está buscando caminos ‘autónomos’ hacia una nueva sociedad”. (…) “la cuestión en 1881 era si las formas comunales podrían dar origen a nuevos tipos de socialismo”. (…) “Un nuevo tipo de revolución comunista”.

Para legitimar una posición de “nuevos sujetos” revolucionarios, eliminan, en el análisis, la base material de la sociedad, transformando a los indígenas/campesinos en la fuerza dirigente de un nuevo tipo de revolución, ni burguesa ni proletaria.

Lenin incorporó la revolución rusa como prólogo de la revolución europea

Lenin siguió de cerca este debate mientras escribía “El desarrollo del capitalismo en Rusia”. Como vimos anteriormente, no compartía la visión fatalista y mecanicista de Plejánov y coincidía en que, teóricamente, se pueden saltar etapas en el desarrollo histórico de un determinado país, incluida Rusia, pero ese salto no era lo que estaba ocurriendo en Rusia, sino que era en pleno desarrollo del capitalismo, apoyado en la división social del campesinado y la Comuna rusa.

Sin embargo, a diferencia de los populistas que veían una excepcionalidad en el camino de un socialismo nacional ruso, Lenin captó los fundamentos de la respuesta de Marx a Vera Zasúlich: “puede haber un salto en Rusia del feudalismo al socialismo, basado en la Comuna, siempre y cuando la revolución democrática rusa se combina con la revolución socialista europea, que la revolución rusa sea el prólogo de la revolución europea e internacional”.

Lenin se apegó a la respuesta de Marx (dando importancia al final de la declaración) y la convirtió en uno de sus ejes programáticos: la revolución rusa (por ser un país atrasado desde el punto de vista capitalista) será el prólogo (el detonante) de la revolución europea y mundial, con el proletariado ruso a la vanguardia, aliado con el campesinado pobre. Así, la revolución rusa podría ser una señal para la revolución europea, que a su vez alentaría la revolución rusa.

Los populistas buscaban un socialismo (nacional) ruso, con el campesinado como clase dominante (con sus tres sectores unidos: pobres, medios y burgueses) sin una alianza con el proletariado, por lo tanto, lucharon por un socialismo pequeñoburgués utópico.

En una carta de 1899, Lenin decía que las relaciones de intelectuales populistas, como Danielson, aunque fue traducido y publicado por marxistas alemanes, no eran tan “amistosas”. Según Plejánov, Engels pretendía “moler” (hacer polvo) a Danielson. Esta opinión demostraba que Lenin estaba plenamente consciente del debate de los populistas con Marx y Engels y de la correspondencia con Vera Zásulich, que pertenecía a la misma redacción de Iskra que Lenin.

Trotsky se refiere a este debate diciendo, en su libro “La juventud de Lenin”, que: “El propio Marx vio en la comuna rural del sistema ruso no un “principio” socialista, sino más bien un sistema histórico de servidumbre campesina y la base material del zarismo”.

UNA CRITICA NO CRITICA – 1900

(CON MOTIVO DEL ARTICULO DEL SR. P. SKVORTSOV EL FETICHISMO MERCANTIL EN NAUCHNOE OBOZRENIE; NUM. 12 DE 1899)

Lenin escribió este artículo en respuesta a un artículo del «marxista legal» P. Skvortsov, sobre el libro El desarrollo del capitalismo en Rusia. Fue escrito en 1900, al finalizar su exilio en Siberia.

El artículo trataba fundamentalmente del método de trabajo (marxista X ecléctico), porque el artículo de Skvortsov atacaba el libro de Lenin sin hacer una crítica directa, sino utilizando un método de salirse por la tangente y utilizar citas de Marx – “la mitad de ellas ajenas al tema” – como argumento de autoridad.

Lenin dijo “el temible crítico retrocede del análisis de la realidad, concreta y con historia propia, a una simple copia de Marx.”

“Está claro sólo que mi pecado mortal estriba en la «traducción libre» o —debe ser— en que expongo a Marx «con mis palabras» según se expresa el Sr. Skvortsov en otro lugar del artículo. ¡Imagínense! ¡Exponer a Marx «con palabras propias»! El «auténtico» marxismo consiste en aprenderse El Capital de memoria y citarlo venga o no venga a cuento… à la Nikolái-on.”

Lenin no está satisfecho con el método de usar “lugares comunes completamente abstractos” y concluyó:

“Para terminar, unas palabras sobre la «ortodoxia», que no serán superfluas teniendo «en «cuenta que la intervención del Sr. P. Skvortsov en el papel de marxista «auténtico» hace especialmente necesaria la determinación más exacta posible de mi posición si se me permite expresarme así. Sin el menor deseo de colocar al Sr. B. Avílov junto al Sr. Skvortsov, encuentro preciso, sin embargo, referirme a un párrafo del artículo que el primero inserta en este mismo número de Naúchnoe Obozrenie. Al final del Postscriptum, el Sr. B. Avílov dice: «el Sr. Ilín (está) por la ‘ortodoxia’. Mas, al parecer, para la ortodoxia, es decir, la simple interpretación de Marx, hay aún mucho campo…» (pág. 2308).

Creo que las palabras que he subrayado son, probablemente, un lapsus, pues yo he dicho con precisión completa que por ortodoxia no comprendo en modo alguno la simple interpretación de Marx. En el mismo artículo a que se refiere el Sr. B. Avílov, tras las palabras «No, nos quedaremos mejor ‘bajo el signo de la ortodoxia'», se dice: «No vayamos a creer que la ortodoxia permite tomar cualquier cosa como artículo de fe, que la ortodoxia excluye la transformación crítica y el desarrollo ulterior, que permita cubrir las cuestiones históricas con esquemas abstractos. Si hay discípulos ortodoxos incursos en estos pecados, en verdad graves, la culpa recae por completo sobre esos discípulos, y en modo alguno sobre la ortodoxia, que se distingue por cualidades diametralmente opuestas» (Naúchnoe Obozrenie, 1899, núm. 8, 1579). Así pues, yo he dicho abiertamente que la aceptación de algo como artículo de fe, la exclusión de la transformación crítica y del desarrollo es un pecado grave, y para transformar y desarrollar, la «simple interpretación» es, a todas luces, insuficiente. El desacuerdo entre los marxistas partidarios de la llamada «nueva corriente crítica» y los partidarios de la llamada «ortodoxia» consiste en que unos y otros quieren transformar y desarrollar el marxismo en diferentes sentidos: unos quieren seguir siendo marxistas consecuentes, desarrollando las tesis fundamentales del marxismo de acuerdo con las condiciones que van cambiando constantemente y con las peculiaridades locales de los distintos países, y desarrollando más la teoría del materialismo dialéctico y la doctrina de la economía política de Marx; otros rechazan algunos aspectos más o menos importantes de la doctrina de Marx, se colocan, por ejemplo en filosofía, no al lado del materialismo dialéctico, sino al lado del neokantismo, y en economía política, al lado de quienes atribuyen un «carácter tendencioso» a ciertas doctrinas de Marx, etc.

Los primeros acusan a los segundos por ello de eclecticismo, y según mi modo de ver les acusan con completo fundamento. Los segundos califican a los primeros de «ortodoxos», y, al emplear esta expresión, no se debe olvidar nunca que se ha dado por los adversarios en la polémica, que los «ortodoxos» no rechazan la crítica en general, sino sólo la «crítica» de los eclécticos (que únicamente tendrían derecho a llamarse partidarios de la «crítica» en la medida en que en la historia de la filosofía la doctrina de Kant y sus seguidores se llama «criticismo», «filosofía crítica»). En ese mismo artículo mencioné a los escritores (pág. 1569, nota, y pág. 1570, nota) que, según mi opinión, son representantes del desarrollo consecuente e integral del marxismo, y no ecléctico, y que han contribuido a este desarrollo —tanto en el terreno de la filosofía y en el de la economía política, como en la historia y la política—, incomparablemente más, por ejemplo, que Sombart o Stammler, la simple repetición de las opiniones eclécticas de los cuales se considera ahora por muchos como un gran paso adelante. Apenas si tendré necesidad de añadir que los representantes de la tendencia ecléctica se han agrupado últimamente alrededor de E. Bernstein.”

Mientras estuvo en el exilio en Siberia, Lenin mantuvo correspondencia con sus camaradas en el extranjero, preocupado por la lucha teórica contra el revisionismo que se estaba manifestando en el marxismo en todas partes.

En una carta a Potrésov en 1898, desde su exilio, se quejaba de que los populistas escribían libros “contra el materialismo y la lógica dialéctica” y que Plejánov (que era el experto en filosofía del grupo y publicaba artículos filosóficos en la revista teórica del PSD alemán) debería responder en publicaciones rusas, “manifestándose en consecuencia contra el neokantismo” que expresaba el revisionismo de Bernstein, los “marxistas legales” y los populistas rusos. Lenin quería que estas opiniones filosóficas se publicaran en revistas rusas o incluso en un libro. Lenin dijo: «Debo confesar que no soy competente para abordar los problemas que plantea el autor [populista]».

En una carta al mismo destinatario, de 1899, Lenin expresa una opinión sobre el partido alemán, refiriéndose a su sector revisionista:

“En el sentido histórico-filosófico la tesis que plantea…es indiscutible, a saber, que entre nuestros actuales camaradas [alemanes] hay no pocos liberales disfrazados.”

En esta misma carta, cambiando de tema, Lenin recuerda a Potrésov que había opinado en un debate con Plejánov que la concepción materialista de la historia era un “método” y que Plejánov había replicado maliciosamente. Lenin reafirmó su opinión y dijo que Kautsky tenía la misma opinión que él.

Respecto a las controversias con los “economistas”, Lenin se queja de que el debate debería realizarse públicamente, por escrito, como lo haría a lo largo de su vida política:

“Considero que es extremadamente perjudicial que esta polémica con los ultraeconomistas no se haya ventilado en forma total y completa en la prensa: habría sido el único medio serio de aclarar las cosas y establecer algunas tesis teóricas exactas de principio. ¡En cambio, ahora reina un caos completo!”

En su carta de 1899 a Potrésov, Lenin insistió en que se debía responder al neokantismo (Bernstein y los economistas rusos, los “marxistas legales” y los populistas):

“Digo “no pude contenerme más”, porque tengo clara conciencia de mi falta de cultura filosófica y no me propongo escribir sobre esos temas hasta haber estudiado más. A eso precisamente me dedico ahora: comencé con Holbach y Helvecio y me propongo pasar a Kant. He conseguido las principales obras de los principales filósofos clásicos, pero no tengo los libros neokantianos (encargué sólo el de Lange). Comuníqueme, por favor, si Usted o sus camaradas los tienen y si los pueden compartir conmigo.”

Como puedes ver, Lenin continuó estudiando filosofía. Estamos en 1899, 15 años antes de la guerra, donde supuestamente Lenin se dio cuenta de su ignorancia en materia de filosofía y fue a leer a Hegel.

Luego, en la misma carta, Lenin atacó el surgimiento del “economicismo”.

“En general, soy adversario cada vez más decidido de la nueva “orientación crítica” en el marxismo, así como del neokantismo (que ha engendrado, dicho sea de paso, la idea de que las leyes sociológicas están separadas de las económicas). Tiene mucha razón Plekhánov em Ensayos sobre la historia del materialismo, cuando declara que el neokantismo es una teoría reaccionaria de la burguesía reaccionaria, y cuando se rebela contra Bernstein.”

Escribió el 20 de junio de 1899. Se mostró un líder súper preocupado por la lucha teórica, por la delimitación teórico-programática con las corrientes que pretendían revisar el marxismo.

El neokantismo expresaba un eclecticismo entre materialismo e idealismo, un abandono del peso de la base económica, material, como condicionante de la acción humana, depositando todo el peso en la “acción del hombre”, desconectada de la base material.

Krupskaya confirmó esta dedicación al estudio de la filosofía en 1899: “Vivíamos como siempre, Volodia leía con fruición todo tipo de filosofía (es ahora su ocupación oficial): Holbach, Helvetius, etc. Me burlo de él diciendo que pronto será terrible hablar con él, porque quedará impregnado de filosofía”.

Otra carta de Lenin, de 1899, en pleno exilio siberiano, mostraba otra faceta, que llevaría a lo largo de su vida: el cuidado y la atención a la salud de los militantes:

A S. M. ARKANOV

31.X.99

Estimado señor doctor:

Si sus ocupaciones se lo permiten, ¿no tendría la bondad de acercarse esta tarde a ver a mi compañero enfermo, Oscar Alexándrovich Engberg (que vive en casa de Iván Sosipátov Ermoláev)? Lleva ya tres días en cama con fuertes dolores de vientre, vómitos y diarrea, por lo que pensamos si no será una intoxicación.

Acepte mi sincero respeto, Vladímir Uliánov”


[1] Comunidad formada por pequeños propietarios que recibieron parcelas de tierra con la reforma agraria de 1861, pero que debían pagar, en mano de obra, el valor de estas tierras a terratenientes y nobles.

[2] Lenin hace un comentario sobre las posiciones de los intelectuales populistas que estuvieron en contacto con Marx y Engels: “Sus comentarios sobre mi libro me dieron una gran alegría. De todos modos, pienso que Usted exagera cuando habla de traducirlo: dudo que los alemanes quieran leer algo tan lleno de hechos de importancia puramente local y secundaria. Es verdad que tradujeron a Danielson (pero entonces tenía ya gran fama y contaba probablemente con la recomendación de Engels, aunque este último se propusiera hacerlo polvo, según Plejánov.” Carta a A.N. Potrésov, de 27 de junho de 1899. Tomo 46, página 30.

[3] C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 372.-353.

[4] C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 378.-353.

[5] C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 166-167.-354.

[6] Das Kapital, I, cap. 13.

[7] Plejánov, Izbrannie Filosofskie Proizvedeniia, volume 4, Moscú, 195, p.113-114. Citado por Tony Cliff en “Lenin y la construcción del partido 1893-1914”.

[8] Ibid, volume 4, p. 86.

El recuerdo inquebrantable de Yolanda

Por Corriente Roja

Cada mes de febrero desde 1980 nos azota el peso de una dolorosa verdad: nuestra compañera Yolanda González fue secuestrada por un comando fascista parapolicial y, posteriormente, torturada y brutalmente asesinada por defender las banderas de la revolución y el socialismo. Sus asesinos, ordenados por el partido fascista Fuerza Nueva, nos arrebataron a una camarada, pero también a una hija y a una amiga.

En plena efervescencia de la Transición, en un contexto política de luchas y huelgas obreras, Yolanda era militante del antiguo Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y una destacada activista del movimiento estudiantil. Tanto es así que fue elegida como representante del Centro de Formación Profesional de Vallecas en la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media de Madrid.

Año tras año tenemos que recordar que su asesino confeso, Emilio Hellín-Moro, sigue en libertad y ha trabajado numerosas veces para la Guardia Civil impartiendo formación, asesoramiento técnico y venta de material y otras muchas como perito. El caso más reciente en el que prestó sus servicios como perito es el de Laura Borrás, expresidenta del Parlament de Catalunya y presidenta del grupo político Junts. Borras, acusada de malversación de fondos públicos, contrató a Hellín-Moro para escribir el informe de su defensa.

Yolanda, 44 años después de tu asesinato, tu recuerdo sigue vivo porque tus compañeros y compañeras te llevamos presente en todas las luchas que libramos por mucho que quieran borrar tu historia y por mucho que vandalicen las plazas y paredes que te recuerdan. Las nuevas generaciones de militantes revolucionarios nos vemos reflejadas en tu fuerza y tu voluntad cuando solo tenías 19 años.

Nos reafirmamos cuando decimos que mientras tu partido esté vivo, tu legado seguirá presente y tu recuerdo se mantiene inquebrantable en nosotros/as.

Es de justicia que los asesinos de Yolanda tengan prohibida su participación en cualquier caso judicial y que la Ley de Memoria Democrática incluya a las víctimas en manos de los continuistas del franquismo durante la mal llamada Transición como víctimas del franquismo. Esta exigencia forma parte de la lucha contra la impunidad del franquismo y sus continuadores, y en defensa de la memoria de nuestra muy añorada compañera Yolanda González.

Tus amigos/as y camaradas de Corriente Roja no te olvidamos ni te olvidaremos. Y a tus asesinos tampoco.

Estado español |Editorial de Página Roja

Por Corriente Roja

Entramos en 2024 y en la cuesta de enero tras la efímera ilusión de “Felicidad, Paz y Amor” que cada año nos venden en Navidad. Y lo hacemos de la mano de un nuevo gobierno “progresista”, que si bien fue investido con una mayoría parlamentaria holgada, se encuentra en un difícil equilibrio institucional y con mucha menos capacidad legislativa debido a la mayoría absoluta del PP en el Senado.

Este gobierno se encuentra en la disyuntiva de aplicar el plan de ajuste que viene de Europa, al tiempo que atiende las demandas de sus socios de gobierno y cumple con las promesas sociales que ha hecho.

Unas promesas sociales (de las que hablaremos más en profundidad en las páginas centrales) que si bien son migajas muy por debajo de lo que necesitamos, están amenazadas por los parámetros fiscales de la UE que funcionaban antes de la pandemia y que se han reactivado en 2024: límite de 3% de déficit (este año cerremos en el 3,9%) y una deuda que no debe sobrepasar el 60% del PIB (hoy sobrepasa el 113% del PIB).

De hecho, la UE ya ha amenazado con abrir un procedimiento a España por déficit excesivo tan pronto como en primavera de 2024. Todo esto mientras sigue la carrera armamentística y la exigencia de la OTAN de aumentar el presupuesto militar hasta el 2% del PIB, para lo que la UE contempla una excepción de gasto en la nueva normativa sancionadora que entrará en vigor en 2025 (pero que deja intactos los límites de déficit y deuda).

El ”progresismo” en el que se sitúa el nuevo gobierno de coalición de Sánchez y Sumar, constituido ya como el ala izquierda del régimen monárquico tras la expulsión de Podemos, no es más que la expresión del sector de la burguesía nacional que teme al choque directo con el movimiento obrero y popular, por lo que aboga por la “paz social y el diálogo” valiéndose de la burocracia sindical y todo el espectro de la izquierda parlamentaria.

Mientras, la ultraderecha campa a sus anchas y gana influencia en los barrios obreros con su demagogia social ante el continuo empeoramiento de nuestras condiciones de vida y, sobre todo, ante la impotencia que generan las políticas “progresistas”, que en nada resuelven esta situación.

En aparente contraposición al gobierno “progresista” nos encontramos a un PP cada vez más “ayusificado” (no sin contar con el impulso inicial de VOX). Ellos representan a los sectores burgueses que están por el “fin de las medias tintas”, por soluciones autoritarias y medidas ultraliberales de choque. Como comprobamos con Trump, Bolsonaro y ahora Milei en Argentina, esta dinámica de choques entre bloques burgueses reaccionarios y “progresistas” es un fenómeno mundial producto de la crisis del orden capitalista.

Pero la polarización en el seno de la burguesía no impide que en ciertos temas “de Estado”, estas facciones se sigan poniendo de acuerdo. En el caso del PSOE/Sumar y PP, y aunque Sánchez se queje de que lo insulten, todos cierran filas en su defensa cerrada de la Constitución y la Corona (como se encargó de dejarnos claro el rey Felipe VI en su discurso de navidad) y de los intereses de la burguesía imperialista a la que representan y que forma parte del entramado de estados imperialistas de la UE.

Es por eso que queremos empezar el año igual que lo terminamos. Explicando que en esa polarización, lo que falta es un campo propio de la clase trabajadora, con su programa y sus banderas. Un campo de clase que no se diluya ni se someta el “campo progresista”, que combata de frente al campo reaccionario sin olvidar nunca que “gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”. Sólo la clase trabajadora organizada será capaz de hacer frente a la extrema derecha y cambiar las reglas del juego para que su crisis la paguen los capitalistas.

“El bolsillo no da más”: crónica de la situación argentina

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Los trabajadores tienen suficiente para uno o dos días. Ante la brutal pérdida del poder adquisitivo en el último período, los salarios simplemente “no alcanzan”.

Por: Eduardo Henrique, de Rio de Janeiro

Durante todo el miércoles y ya pasadas las ocho de la noche, las filas en Constitución, una especie de Central do Brasil en la capital argentina, no hicieron más que crecer. En una situación casi surrealista, el sistema de carga de créditos para la tarjeta de transporte se estropeó. De un día para otro, los precios de los pasajes se triplicaron y miles de personas ya no tenían crédito suficiente para abordar el ómnibus para ir o volver del trabajo.

Probablemente, mañana la escena se repetirá igual, porque los trabajadores tienen suficiente para uno o dos días. Ante la brutal pérdida del poder adquisitivo en el último período, los salarios simplemente “no alcanzan” . Mañana, quien consiga juntar otros 1.000 o 2.000 pesos hará cola por 40 minutos. Otros caminarán 40 minutos para ahorrarse un pasaje. O tendrán la indignación animada de la señora que subió al ómnibus y pidió para algún “ciudadano de bien” que le pagara el boleto, ya que ahora “somos todos libres” .

Milei se lamenta al otro lado del muro por el tirón de alfombra que le dio la derecha tradicional, envía tuits amenazantes durante la madrugada (lo que se hizo aún más extraño por la diferencia horaria, pero parece que tuvo un poco de insomnio) y duplica la apuesta. Dice que si no aprueban la Ley Ómnibus los ajustes serán más duros, los gobernadores traidores tendrán que financiar sus acciones y que no enviará más proyectos de ley al Congreso, dando a entender que gobernará por decreto durante todo el año 2024.

Un nuevo y más nocivo gas pimienta, junto a la ley antimanifestaciones, llega a los tribunales, pero la ministro Bullrich envía un mensaje al juez por televisión y ahora promete volver a publicar la Doctrina Chocobar: las fuerzas federales de seguridad podrán disparar sin dar la voz de alto. Y un diputado oficialista presenta un proyecto para derogar la ley de aborto.

El fracaso, por la inhabilidad y la arrogancia de “La Libertad Avanza” en la Cámara de Diputados, fue un giro aparentemente inesperado para todos (aunque ahora ha aparecido un grupo de “yo ya sabía” –sin mencionar la falta de preparación de aquellos que asesoraron al lunático de la Casa Rosada a retirar la Ley sin avisarle que se volvería al punto de partida– sirvió como momento de alivio o consuelo (junto con la noticia de la muerte del carnicero Sebastián Piñera, de hecho.) Pero es sólo la página 2 de esta historia.

Las contradicciones son grandes. En las colas para la SUBE, la tarjeta de transporte, también hay quienes están satisfechos porque ahora las cosas se arreglarán, a pesar de que eventualmente tendrán que caminar desde Once hasta la 9 de Julio. A la mencionada señora también le dijeron que fuera a pedirle a Cristina (K) que le pagase el boleto. Al igual que en una situación que ninguna generación ha visto jamás, no son raros los que creen que la policía debería tener más poder de “porrada”.

El movimiento sindical no puede cantar victoria ni darse por satisfecho ante la dewterminación de inconstitucional de la Reforma Laboral. Los petroleros y el resto de la población no pueden relajarse porque YPF no será completamente privatizada, menos aún porque siguen en el punto de mira desde la energía nuclear hasta la tecnología satelital, pasando por el grupo de fomento. Si por un lado el kirchnerismo ya habla del “Teorema de la Semana Santa” (el supuesto plazo para resolver la inflación o no seguirá gobernando), si los inversores quieren saber si Milei tiene condiciones de gobernar, para nada se puede confiar o apostar a que el parlamento o el poder judicial frenarán la ganancia del capital.

Más que nunca, la respuesta está en el llamado clasista y unitario, que apueste en la movilización de los trabajadores, que presente un calendario, un nuevo paro general o lo que sea. Que quede claro que el enemigo de Milei –y él ya lo ha identificado–, el que puede golpearlo de muerte, es el socialismo, es la lucha de la clase obrera. Porque todos aquí, incluidos los partidarios de Milei o los resignados, no pueden evitar revelar quién está pagando esta cuenta.

Seguramente, no sería la sensación térmica de casi 40 grados, la cantidad de personas viviendo en las calles o el aumento de la criminalidad lo que más impactaría a un carioca en Buenos Aires, sino este “¡Basta!”, este “¡Ya dio!” medio que estampado en la cara de cada porteño.

Nota: Nuestro corresponsal es de Rio de Janeiro, de vacaciones en Buenos Aires.

Actualización a las 19:45 – 08/02: este jueves, para vengarse de los gobernadores, Milei corta el subsidio al transporte. ¡En Córdoba puede pasar de $340 a $1.100!

Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 8/2/2024.-

Traducción: Natalia Estrada.

Brasil | Ninguna amnistía. Combatir realmente a los golpistas y devolver a la ultraderecha al basurero de la historia

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Por: Redacción PSTU Brasil

La Operación Tempus Veritatis, lanzada por la Policía Federal este jueves 8, en medio de las investigaciones contra el intento de golpe de Estado, arrojó aún más luz sobre los meandros de la articulación golpista meticulosamente gestada en el núcleo duro del bolsonarismo. 

El conjunto de pruebas que ya se han hecho públicas –muchas otras aún se mantienen en secreto– no deja lugar a dudas: el bolsonarismo no sólo consideró un golpe de Estado, sino que lo preparó en cada detalle, de manera articulada y “profesional”. Incluso estando por detrás de las manifestaciones golpistas que tomaron las fachadas de los cuarteles y culminaron el 8 de enero. El objetivo del golpe sería no sólo deslegitimar el resultado electoral, sino instaurar un régimen de fuerza en el país, acabando con las libertades democráticas e imponiendo una dictadura. 

También es cada vez más evidente que no fue la resistencia del conjunto de la cúpula militar lo que impidió que se consumara el golpe, un discurso ampliamente difundido principalmente por el actual ministro de Defensa y aliado de los militares y del bolsonarismo, José Múcio. Si, por un lado, algunos sectores de las Fuerzas Armadas no lideraron el movimiento golpista, tampoco actuaron para derrotarlo. “Lo dejaron como está para ver como queda”, como se dice.

De lo descubierto hasta ahora se refuerza la idea de que no hubo golpe sólo porque las llamadas condiciones objetivas no lo permitieron. Internacionalmente, no había apoyo del imperialismo para esto, e internamente, no había manera de sostenerlo sin el apoyo de la mayoría de la población. Por lo demás, hubo mucha intención, preparación y movilización para ello. De la cúpula bolsonarista, de sectores del comando de las Fuerzas Armadas, y de empresarios que organizaron y financiaron los actos golpistas, muchos vinculados al agronegocio.

Un golpe sería un retroceso de las libertades democráticas y dictadura

El PSTU estuvo en primera línea convocando movilizaciones en rechazo al 8J y al golpismo, y venía alertando sobre la necesidad de combatir en profundidad, y sin tregua, a estos sectores de la ultraderecha, incluso avanzando en la discusión sobre la necesidad de la autodefensa por parte de la clase trabajadora (lea la nota aquí ).

El partido no defiende esta actual democracia de los ricos, una democracia falsa e hipócrita donde los multimillonarios, los grandes conglomerados financieros y el imperialismo son los que realmente mandan. Sin embargo, un retroceso en las parcas libertades democráticas que hoy tienen los trabajadores, resultado de mucha lucha, como libertad de organización, de huelga, de manifestación y de expresión, sería un ataque muy duro y haría aún más difícil nuestra lucha. 

Ante cualquier ataque o amenaza a nuestras libertades democráticas, la clase trabajadora no debe dudar en movilizarse para derrotarlo. De hecho, es la única manera de combatir realmente, de forma eficaz y a fondo, la amenaza golpista.

¡Ninguna amnistía!

La revelación de los detalles de la preparación del golpe refuerza el clima de impunidad para quienes realmente estuvieron detrás de esta organización criminal de extrema derecha. Mientras los peces pequeños, manipulados por el bolsonarismo para la desafortunada reedición del Capitolio, reciben duras condenas del Supremo Tribunal Federal (STF), Bolsonaro, Heleno, Braga Neto, están libres, a pesar del cartel “golpista” pegado en su frente, al igual que los principales miembros de la cúpula militar que preparaban el golpe. Los empresarios que financiaron los actos golpistas también gozan de impunidad. 

Es necesario exigir “ninguna amnistía” a los golpistas, empezando por Bolsonaro, Heleno y toda la cúpula militar que participó en esta articulación para atentar contra las libertades democráticas. 

El STF y el Gobierno Lula frente al combate al golpismo

La clase trabajadora no puede fiarse y tener esperanza en que el STF, el Congreso Nacional y las otras instituciones de esta democracia burguesa combatan las amenazas golpistas de manera consecunete y hasta el fin. Llegamos a este punto precisamente porque estas instituciones fracasaron miserablemente a la hora de poner fin al golpismo. Sólo para dar un ejemplo más sobre de la impunidad de que goza la cúpula bolsonarista: pocas horas después de la acción de la Policía Federal, el general y senador Hamilton Mourão estaba en el pleno de la Cámara instando a las Fuerzas Armadas y a su base de extrema derecha a un golpe.

El gobierno de Lula, a su vez, ha estado haciendo muy poco contra los golpistas. Increíblemente mantiene al frente del Ministerio de Defensa a José Múcio, un hombre vinculado al bolsonarismo y que no hace más que impedir que las Fuerzas Armadas sean responsabilizadas, o incluso investigadas, por el 8J y los preparativos golpistas. Múcio, de hecho, afirmó recientemente que las Fuerzas Armadas garantizaban la democracia, demostrando que es partidario de la tesis de las FFAA como “poder moderador”, justamente la tesis esgrimida por la ultraderecha para justificar el golpismo.

Pero no sólo eso, Lula, en su política de conciliación con los golpistas, atrae a su base a partidos de ultraderecha y apuesta por el acercamiento con sus cuadros, como el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas. Una política de apaciguamiento que, lejos de “dividir” al bolsonarismo como atestiguan (o apoyan) sus defensores, en realidad garantiza la supervivencia y fortalece a estos sectores. 

Hemos visto esta historia antes. Augusto Heleno comandó las fuerzas de ocupación brasileñas en Haití durante el primer gobierno de Lula. Los sectores fundamentalistas neopentecostales, que constituyen una base importante del bolsonarismo, se han fortalecido precisamente durante los gobiernos petistas, incluso con el abandono por parte del gobierno de pautas de los sectores más oprimidos, como los LGBTI.

Por último, es necesario exigir un castigo ejemplar para los golpistas. Pero también es fundamental ser conscientes de que la ultraderecha, como bacterias en la basura, prolifera en medio del profundo proceso de regresión, desindustrialización, subordinación y degradación social vivido en los últimos años por la clase trabajadora y los sectores más oprimidos. Proceso este que fue seguido por los gobiernos petistas, y una tendencia que sólo se profundizará con la política llevada a cabo por el tercer gobierno de Lula, como el Marco Fiscal que impone un régimen radical de austeridad a favor de los banqueros. O incluso la reciente Ley General de las Policías Militares (PM) aprobada por el gobierno Lula y que refuerza el militarismo de las PM, pilar de la ultraderecha en nuestro país.

La desmoralización de los gobiernos de conciliación, o vistos como “de izquierda”, es combustible para la ultraderecha, como estamos viendo en Argentina o incluso en los propios EE.UU. con Biden y el inminente regreso de Trump. 

La única manera de enterrar a la ultraderecha y mandarla de vuelta al basurero de la historia es fortalecer una alternativa de lucha, con independencia de clase, para la clase trabajadora, y una alternativa revolucionaria y socialista, verdaderamente antisistema, y ​​que pueda ser, a los ojos del conjunto de la clase y de la mayoría pobre de nuestro país, una referencia de cambio social y esperanza de días mejores.

Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 9/2/2024.-

Traducción: Natalia Estrada

Lenin líder del partido y vinculado a los obreros

Por Nazareno Godeiro

Introducción

Donde se convirtió en teórico y líder del partido, se conectó con el movimiento obrero y comenzó a construir un partido revolucionario con características propias.

El segundo volumen de las Obras Completas de Lenin reúne las obras escritas por él entre 1895 y 1897.

A los 25 años, Lenin viajó al extranjero para contactar con el grupo marxista «Emancipación del Trabajo», liderado por Plejánov, organización que sería la base para la constitución del POSDR.

Este viaje ya lo realizó como líder del grupo de San Petersburgo, ahora como líder orgánico, complementando su faceta como polemista y estudioso de las condiciones de la Rusia de finales del siglo XIX.

En el extranjero estudió las obras filosóficas de Marx y Engels.

Vivió en París, donde comenzó a leer «Estudio del movimiento comunalista de Paris en 1871».

Durante su viaje al extranjero conoció los materiales de agitación y propaganda de los partidos europeos y participó en las actividades del partido alemán.

Después de 5 meses, regresó a Rusia para construir el partido en línea con el grupo de Plejánov, con base en el extranjero. Visitó ciudades rusas y grupos locales para publicar un periódico llamado «El Trabajador». Fue uno de los representantes del grupo de Plejánov en el interior de Rusia, en su centro obrero, que en aquel momento era San Petersburgo.

En 1895 fundó el grupo marxista «Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera», que comenzó a abrir trabajos en fábricas, distribuyendo folletos. Esta unión será el embrión del futuro Partido Obrero Socialdemócrata Ruso.

En 1895, Lenin se dedicó a formar trabajadores en Petersburgo. Creó un cuestionario sobre las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores, una especie de encuesta, para ser respondido por los trabajadores que participaban en el movimiento. Reunió materiales para escribir los primeros folletos sobre la agitación partidista entre los trabajadores de Petrogrado y para calificar la agitación y la propaganda entre los trabajadores.

Llevó una donación del grupo marxista a los trabajadores detenidos a causa de la huelga en la fábrica de Thornton. Actividad que formó parte de la campaña del grupo marxista para apoyar la huelga de los trabajadores. Escribió panfletos en apoyo de la huelga.

Entre 1895 y 1896, el grupo marxista jugó un papel importante en todas las huelgas de trabajadores, distribuyendo folletos, aceptando donaciones y brindando orientación sobre las demandas. En 1896 hubo una importante huelga de trabajadores textiles encabezada por miembros del grupo socialdemócrata en San Petersburgo. La huelga se extendió a las 20 fábricas más grandes de Rusia, que empleaban a 30.000 trabajadores. Por primera vez en Rusia, los revolucionarios dirigieron a las masas trabajadoras en la lucha. Estaban en franco crecimiento.

Este movimiento de acercamiento a las huelgas y al movimiento obrero provocó una “revolución” en el grupo: se inició la transición de un grupo fundacional del partido, donde las tareas eran, casi exclusivamente, teóricas/programáticas, compuestas por unas pocas decenas de militantes, para tener una actividad práctica, en la lucha obrera diaria, con la penetración de militantes en el movimiento y la distribución de materiales de agitación y propaganda. Comenzó el “segundo período”, según Lenin, de “infancia y adolescencia” del partido, es decir, un partido de vanguardia sólido, arraigado en el movimiento de lucha obrera y que podría contar con algunos miles de militantes. Este segundo período se mantuvo, con altibajos según la situación, hasta 1917, cuando el partido bolchevique entró en el “tercer período” de construcción partidaria: un partido de acción de masas que, según Lenin, ya no tenía como actividad central la agitación y la propaganda revolucionarias, como minoría para convencer a la mayoría, y comenzó a preparar a cientos de miles de militantes para luchar por la toma del poder.[1]

Esta revolución fue tan profunda y tuvo bases sólidas porque reunió toda la ciencia, todos los conocimientos del marxismo, adquiridos en las actividades “intrauterinas” del partido, con la acción de las masas en la lucha diaria. Esta unión de la ciencia marxista con la lucha del movimiento obrero es lo que caracteriza a un verdadero partido marxista revolucionario y fue una característica fundamental del partido bolchevique.

A partir de 1895, Lenin ya se comunicaba oficialmente como líder, como «hombre de partido», con el centro dirigente que se encontraba en el extranjero. Asumió la tarea, teórica y práctica, de unificar orgánicamente y sobre la base de un programa a una multitud de organizaciones marxistas repartidas por toda Rusia.

Las cartas de 1895, enviadas a la dirección del grupo en el extranjero, mostraban a Lenin como líder del grupo de San Petersburgo, donde informaba sobre la situación en las fábricas y el estado de ánimo de las masas, y decía la mejor manera de escribir cartas para que uno no caer en manos de la represión e informó los proyectos de trabajo del grupo. Pidió su opinión a los miembros fundadores, Axelrod y Plejánov. En una de estas cartas, de 1897, decía:

“No hay nada que haya deseado tanto, o en lo que tanto haya soñado, como escribir para obreros.”

Esto combinó circunstancias únicas que formaron a Lenin como uno de los principales líderes del movimiento obrero mundial: transición de revoluciones burguesas a revoluciones proletarias, apertura de un período de guerras y revoluciones, surgimiento de una clase obrera poderosa en el país (con una burguesía cobarde), solidificación del marxismo como teoría y programa de la clase trabajadora europea. Todo esto confluyó en un país donde no había parlamento, ni sindicatos, ni partidos revolucionarios legales.

En este segundo volumen, Lenin continuó su trabajo, realizando un análisis científico de las clases sociales en Rusia, así como de la naturaleza del sistema y régimen ruso. En estas obras caracterizó el papel del proletariado, la pequeña burguesía y la burguesía.

En 1897 escribió “Contribución a la caracterización del romanticismo económico…”, publicado ese mismo año en la revista “Nóvoe Slovo”, una revista de los marxistas legales:

El texto es una crítica a las posiciones del economista suizo Sismondi, uno de los grandes teóricos de la economía política en el período de la revolución industrial y la transición del capitalismo mercantil al industrial, el capitalismo mecanizado de la gran industria.

Todas las críticas de Lenin se basan en las críticas de Marx a Sismondi: éste tuvo un mérito importante porque identificó las contradicciones del capitalismo, por ejemplo, cuanta más riqueza de un lado, más pobreza del otro. También vio que las máquinas, si bien aceleraban la producción, generaban desempleo. Concedió gran importancia a las crisis comerciales que ya se estaban produciendo. Sin embargo, en lugar de penetrar en las contradicciones del sistema para ver la dinámica de la lucha entre las clases sociales, lamentó que el sistema era malo porque arruinaba al campesino, conducía a la degeneración moral y que el sistema capitalista, al empobrecer a la población, iba a quebrar por no tener consumidores, es decir, el capitalismo disminuiría el mercado interno, cuyo centro para Sismondi era tener muchos agricultores individuales que pudieran comprar lo que fabricaba la industria capitalista. Para Sismondi, era imposible realizar plusvalía en la sociedad capitalista. Entonces, su opinión sobre el capitalismo industrial mecanizado era moral, que era el camino equivocado y se trataba de aconsejar a los gobiernos que no alentaran el capitalismo. Su teoría trataba de retroceder en la rueda de la historia fomentando la pequeña propiedad, la agricultura familiar, frente a la gran propiedad industrial y comercial. Así, “idealizaba a la pequeña producción rural, patriarcal y semi-medieval”, una vuelta al pasado donde predominaba la producción rural, por parte de productores individuales, aislados en su ámbito territorial, frente a la producción para el mercado, que centralizaba toda la producción nacional e internacional. Lenin vio este romanticismo de Sismondi renovado por los populistas rusos de su tiempo.

Por ello, Sismondi (y los populistas rusos) criticaron el capitalismo desde la perspectiva de la pequeña propiedad rural y la industria artesanal, que fue reemplazada por la producción capitalista industrial a gran escala y proletarizó a gran parte del campesinado. Su crítica al capitalismo fue por lo que el capitalismo tenía de progresista, según Marx y Lenin, que era una obsesión por la innovación tecnológica (el desarrollo de las máquinas como factor de progreso, aunque contradictoriamente arroja al desempleo a una parte importante de la población), con el desarrollo de las fuerzas productivas, a través de la socialización general de la producción (nacional e internacional, que prepara las condiciones materiales para el socialismo) y genera su propio sepulturero, el proletariado internacional, la “fuerza motriz histórica de la sociedad” (según Marx en El Capital), la única clase verdaderamente revolucionaria, que no tenía ningún interés en la propiedad privada, ni grande ni pequeña, y donde sus condiciones de liberación significan el fin de la propiedad privada. Sismondi quería frenar este desarrollo capitalista, veía un peligro en las máquinas y en la gran industria. Marx y Lenin vieron la gran industria mecanizada como una fase capitalista, que superó a la mercantil y que, en relación con la manufactura, significó un gran avance para la sociedad en la producción de riqueza y la socialización de la producción material. La gran industria mecanizada supuso un salto en el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. Lenin identificó, en este texto, como fase peculiar del capitalismo, una fase superior, aunque, sin embargo, no la llamó “imperialismo” en este moomento. Evidentemente, este avance técnico y productivo representó una ampliación de las contradicciones del sistema, las cuales se exacerbaron. El capitalismo fue progresista en relación al feudalismo porque los vínculos principales pasaron a ser la comunidad de funciones desempeñadas en la economía nacional e internacional de la sociedad y no en la vecindad territorial, la comunión religiosa, etc. El capitalismo forzó la unidad en una escala mucho mayor que la de la comunidad rural aislada, forzó la unidad de la producción en el terreno nacional e internacional y las clases sociales a nivel internacional. Es esta modificación esencial de la vida la que permitirá la elevación de la conciencia de clase del proletariado internacional y la posibilidad de una revolución socialista nacional y la implantación de un sistema socialista internacional que, después del salto a la fase más alta del capitalismo, no puede regresar a un socialismo utópico, «nacional».

Según Marx y Lenin, el error central de Sismondi (que todo desarrollo capitalista del siglo siguiente demostraría) es que la producción debe corresponder al consumo, que la demanda de productos debe estar en primer plano, razón por la cual idealizó la producción industrial artesanal que sólo fabricaba un zapato, por ejemplo, por encargo y no para el mercado. Sismondi partió del ámbito del consumo (y no de la producción) para analizar el capitalismo, por lo que decía que el capitalismo no tenía futuro porque empobrecía a la mayoría de la población con una explotación desenfrenada, reduciendo el número de personas que consumirían los productos, reduciendo el mercado interno. Así, el capitalismo entraría en crisis cada vez mayores por falta de consumidores y tendría que buscar consumidores en el extranjero hasta que todos los países se convirtieran en capitalismo y el sistema colapsara. Sin embargo, la realidad demostró la exactitud de la teoría marxista expresada en El Capital: el capitalismo, basado en la producción, crea su propio mercado. En el capitalismo, cuanto más supere la producción al consumo, mejor porque la acumulación de capital se produce a mayor velocidad. Por ejemplo, inventa el automóvil o el teléfono móvil, abre cada vez más fábricas basadas en máquinas, emplea a más trabajadores que consumirán estos productos. En el capitalismo surgió un poderoso sector industrial que fabrica medios de producción (es decir, máquinas que producen máquinas), que se desarrolló muy rápidamente y fue (sigue siendo hoy) responsable del desarrollo técnico de la sociedad, generando nuevas ramas industriales y acelerando el desarrollo técnico de la sociedad, es decir, provino de las fuerzas productivas de la sociedad que no fueron acompañadas, al mismo ritmo, por el consumo. Así, en el capitalismo, la producción determina el consumo. Al haber una producción desenfrenada y sin un consumidor específico, la anarquía prevalece en la producción, generando desigualdad y crisis (en contraposición a la “armonía” del artesano fabricando un producto por encargo). Esto es una contradicción del propio sistema capitalista y que genera crisis capitalistas, cada vez más devastadoras, pero no por la razón alegada por Sismondi (debido al subconsumo de las masas), sino porque los capitalistas, al invertir mucho en máquinas, reducen su tasa de ganancia y en cierto punto del proceso general de acumulación capitalista reducen las inversiones y producen crack. Por tanto, para el marxismo las crisis capitalistas son causadas por la contradicción que existe entre la producción globalmente socializada y el modo de apropiación privada, basado en la propiedad privada. Así, donde Sismondi vio el estallido de las crisis a través del subconsumo por parte de las masas, el marxismo lo vio a través de la anarquía en la producción.

Sismondi y los populistas rusos cometieron un importante error de método: identificaron las contradicciones del capitalismo y los antagonismos sociales que surgen de esta sociedad, pero, en lugar de profundizar en el estudio de las contradicciones reales del sistema capitalista, como hizo Marx en El Capital (que tardó décadas en elaborarse), cambiaron el estudio científico de la sociedad por su voluntad, su pensamiento, su posición política, su ilusión de cómo debería ser la sociedad. No lo vieron como era, sino como querían verlo, por lo que dejaron de lado los elementos de la realidad que mostraban su error y convirtieron su visión en moral, buscando otros caminos (engañándose, de hecho), para una sociedad que no implicara el capitalismo.

​Esto fue así porque tanto Sismondi como los populistas rusos teorizaban una sociedad de producción rural armoniosa e idílica en pequeña escala, que nunca existió y nunca existirá. La gran propiedad capitalista surgió de la pequeña propiedad rural, los grandes burgueses surgieron de los pequeños burgueses (de la diferenciación entre campesinos pobres y burguesía rural) y Sismondi cerró los ojos ante esta realidad. Entonces, era una ideología reaccionaria, quería retroceder en la historia a un sistema de producción patriarcal, medieval, dominado por el pequeño agricultor que trabaja en su pequeña parcela o en su “comunidad”, olvidando que este sistema estaba sostenido por los grandes. señor feudal, en el terrateniente, que fijaba los impuestos y tomaba una parte importante del trabajo del campesino, en el aislamiento, la demora y la inercia, que generaban una embrutecimiento de la vida rural, bajo el dominio de la nobleza feudal. Así, la fea cara del capitalismo fue reemplazada por la bendición armoniosa de una vida patriarcal. Por eso, Marx decía que esta corriente era romántica y utópica. Cuando Marx y Lenin dijeron que esta teoría era reaccionaria y era una ideología de la pequeña burguesía, no era una declaración moral, una acusación “ideológica” contra Sismondi, que políticamente no era reaccionario. Por el contrario, tenía todo el respeto de Marx y Lenin, pero esto no cambió el carácter reaccionario de su sistema ideológico, de defensa de la pequeña burguesía, que estaba siendo arruinada por el desarrollo industrial de la sociedad y que critica al capitalismo desde el punto de vista desde el punto de vista del pequeño burgués (mirando al pasado) y no del proletariado (mirando al futuro).

Lenin explicaba en este texto que los populistas rusos reprodujeron los mismos esquemas de Sismondi para fundamentar la “originalidad” del desarrollo de Rusia, apoyado por la “Comuna rusa”. Según los populistas, Rusia no pasaría por un capitalismo “implementado artificialmente”, que tenía una tradición de propiedad comunista de la tierra. Por tanto, adoptaron la opinión de Sismondi de que la ruina de los campesinos reduciría el mercado interno. Relacionando estas teorías, Lenin concluyó que «la doctrina económica de los populistas no es más que una variedad rusa del romanticismo paneuropeo», como lo demostró Lenin, en esta obra, en la anterior y en la siguiente -El desarrollo del capitalismo en Rusia-. que el capitalismo ya dominaba el país y nació precisamente de la diferenciación en el campo, en el surgimiento del proletariado y la burguesía a partir de la diferenciación de clases en el campo ruso.

Esto fue así porque tanto Sismondi como los populistas rusos teorizaban una sociedad de producción rural armoniosa e idílica en pequeña escala, que nunca existió y nunca existirá. La gran propiedad capitalista surgió de la pequeña propiedad rural, los grandes burgueses surgieron de los pequeños burgueses (de la diferenciación entre campesinos pobres y burguesía rural) y Sismondi cerró los ojos ante esta realidad. Entonces, era una ideología reaccionaria, quería retroceder en la historia a un sistema de producción patriarcal, medieval, dominado por el pequeño agricultor que trabaja en su pequeña parcela o en su “comunidad”, olvidando que este sistema estaba sostenido por el grande señor, en el terrateniente, que fijaba los impuestos y tomaba una parte importante del trabajo del campesino, en el aislamiento, la demora y la inercia, que generaban una embrutecimiento de la vida rural, bajo el dominio de la nobleza feudal. Así, la fea cara del capitalismo fue reemplazada por la bendición armoniosa de una vida patriarcal. Por eso, Marx decía que esta corriente era romántica y utópica. Cuando Marx y Lenin dijeron que esta teoría era reaccionaria y era una ideología de la pequeña burguesía, no era una declaración moral, una acusación “ideológica” contra Sismondi, que políticamente no era reaccionario. Por el contrario, tenía todo el respeto de Marx y Lenin, pero esto no cambió el carácter reaccionario de su sistema ideológico, de defensa de la pequeña burguesía, que estaba siendo arruinada por el desarrollo industrial de la sociedad y que critica al capitalismo desde el punto de vista del pequeño burgués (mirando al pasado) y no del proletariado (mirando al futuro).

Lenin explicaba en este texto que los populistas rusos reprodujeron los mismos esquemas de Sismondi para fundamentar la “originalidad” del desarrollo de Rusia, apoyado por la “Comuna rusa”. Según los populistas, Rusia no pasaría por el capitalismo, que venía siendo “implantado artificialmente”, ya que tenía una tradición de propiedad comunista de la tierra. Por tanto, adoptaron la opinión de Sismondi de que la ruina de los campesinos reduciría el mercado interno. Relacionando estas teorías, Lenin concluyó que «la doctrina económica de los populistas no es más que una variedad rusa del romanticismo paneuropeo», como lo demostró Lenin, en esta obra, en la anterior y en la siguiente – El desarrollo del capitalismo en Rusia – que el capitalismo ya dominaba el país y nació precisamente de la diferenciación en el campo, en el surgimiento del proletariado y la burguesía a partir de la diferenciación de clases en el campo ruso.

El texto “El censo de los Kustares de 1894-1895 en la Provincia de Perm y los problemas generales de la industria ‘Kustar’[2]fue escrito en 1897 y publicado en 1898.

En él, Lenin criticaba el análisis del censo de la industria Kustar en Perm, realizado por populistas que ignoraban los hechos para demostrar su tesis de que el capitalismo no tenía forma de desarrollarse en Rusia, que existía una economía “popular” basada en la pequeña propiedad. Industria rural y artesanal, más viable que el capitalismo. Lenin demostró que era un error utilizar un promedio de datos censales, ya que esto convertía en un sector económico y social homogéneo, completamente diferenciado entre los campesinos pobres que debían ganar salarios para sobrevivir y el sector rico del campesinado, que avanzaba para montar industrias de todo tipo, volviéndose burgueses. Lenin volvió al tema en el que se había centrado desde que inició su activismo. Lenin discutió temas que vuelven a escena hoy, más de 120 años después, como el trabajo a domicilio que Lenin veía, a partir del estudio de El Capital, como un apéndice de la fábrica, una subcontratación del trabajo industrial donde el capitalista evitaba gastos con máquinas, con el lugar de trabajo, la alimentación, bajos salarios e impago de derechos, además de jornadas extenuantes de 16 horas o más, pues todo era responsabilidad de la “pequeña industria familiar”, que trabajaba para encargar productos intermedios a una gran industria. Lenin afirmó que este tipo de trabajo ya formaba parte del capitalismo en Rusia, aunque eran las formas primarias, más para la industria manufacturera que para la gran industria maquinizada. Mientras los trabajadores de Europa exigían el fin de este trabajo a domicilio y la apertura de fábricas, los populistas divinizaron esta pequeña producción industrial, llamándola “popular”, una alternativa al capitalismo, como si fuera un “modo de producción” de la pequeña propiedad, con su propia identidad histórica (una especie de “camino ruso al socialismo”). Este criterio que utilizó Lenin es muy importante para la discusión actual sobre las nuevas formas de trabajo a destajo, trabajo por contrato, donde el capitalista no contrata trabajadores, sino que contrata a “emprendedores” individuales para hacer parte del trabajo sin ninguna relación laboral. El criterio que utilizó Lenin se basaba en el hecho de que estos pequeños industriales familiares (los hoy “emprendedores”) estaban “directamente vinculados a la fábrica capitalista atendida por trabajadores asalariados y siendo muchas veces sólo su continuación o una de sus secciones, el trabajo para el intermediario” (mayorista) no es más que un apéndice de la fábrica”. El programa de los populistas trataba de pequeñas reformas para favorecer a las pequeñas propiedades: crédito para pequeñas empresas, formación de cooperativas de producción y venta, acuerdos de desarrollo técnico y otras cuestiones de este tipo. Este texto de Lenin fue la base del libro “El desarrollo del capitalismo en Rusia”, una de sus obras más importantes, en polémica con los populistas, el mayor movimiento de izquierda en Rusia en ese momento.

El texto “Perlas de la proyectomanía populista…” fue escrito a finales de 1897, en el pueblo siberiano donde estaba recluido Lenin y continuaba con la crítica a los descabellados planes de organización de la sociedad rusa que inventaban los populistas:

Lenin ridiculizó el plan de establecer la escuela secundaria obligatoria mediante un plan descabellado según el cual los estudiantes pobres, hijos de campesinos, pagarían sus estudios con trabajo en el campo. Los hijos de los ricos no irían a estas escuelas agrícolas, sino que seguirían asistiendo a escuelas remuneradas. Lenin calificó el plan de “feudal-burocrático-burgués-socialista” y completamente utópico porque creía que organizaría el trabajo de la mayoría de la población rusa, empezando por la escuela donde los jóvenes estudiarían a cambio de trabajar como obrero-campesino, quienes obtendrían millones de hectáreas para la instalación de granjas escolares y docentes y empleados ganando menos de lo que se pagaba en el mercado. Era un plan para la “socialización de la producción” fuera del capitalismo que ya dominaba la economía y la sociedad rusas, un plan ideal, descabellado, para organizar la producción de riqueza en la sociedad a través de escuelas-granjas, sin tener en cuenta las clases sociales. cuestiones y la implementación del capitalismo en el país. Un plan que suponía un paso atrás, según Lenin, ya que “la remuneración por trabajo constituye la esencia económica del régimen feudal”.

La única cuestión que Lenin consideró correcta en la concepción del plan fue que expresaba una idea correcta de que la educación de las generaciones jóvenes debe realizarse en conjunto con el trabajo productivo y el conocimiento científico catapultado por el capitalismo. Lenin dice que esta idea fue defendida por Marx y Engels, pero que sólo era posible realizar la educación obligatoria para todos si el trabajo productivo fuera obligatorio para todos, de lo contrario, la educación obligatoria de los hijos de los pobres se pagará con el trabajo de los pobres.

En este artículo, Lenin analizaba el carácter de clase que necesariamente tiene la educación en una sociedad de clases, ya sea por su contenido o por su acceso universal, que un buen número de niños de clase trabajadora no pueden hacerlo por diversas razones.

Como Rusia, en este período, no sólo estaba dividida en clases sociales sino también en castas feudales (nobleza, clero, burocracia estatal, etc.) con muchos privilegios, Lenin debatió, en este texto, la diferencia entre clase y casta, un tema muy Interesante de la historia de la propia Rusia, que asumirá mucho peso en el debate político cuando se produzca la degeneración de la revolución rusa de 1917, dirigida por una casta burocrática liderada por Stalin.

Todos los planes descabellados de los populistas buscaban “saltar” el sistema capitalista a través de las tierras comunales y los campesinos, olvidándose de proponer un programa para enfrentar las clases del capitalismo ya implementado en Rusia en ese momento. Idealizaron la pequeña propiedad y la producción “popular” como alternativa al capitalismo cuando, en realidad, el capitalismo estaba surgiendo de la diferenciación en el campo, precisamente de esta “producción popular” para el mercado, es decir, estaban surgiendo los burgueses y los proletarios.

A finales de 1897, en su confinamiento en Siberia, Lenin escribió “¿A qué herencia renunciamos?”, continuando el debate con los populistas.

El texto fue polémico con la afirmación de ideólogos populistas que decían, con la intención de quemar a los marxistas rusos, que la nueva corriente marxista rompía con el legado de los viejos revolucionarios rusos (los “ilustradores” locales) de las décadas de 1860 y 1870. Los populistas reivindicaron plenamente esta “herencia” revolucionaria.

Sin embargo, en este texto Lenin demostró que los marxistas son los verdaderos continuadores de la lucha revolucionaria del siglo XIX y de la concepción teórica de sus predecesores, mientras que los populistas, al convertirse en defensores de la pequeña propiedad, embelleciendo la economía feudal con su estrechez rural, terminaron tratando de negar el desarrollo de la sociedad capitalista a favor de retomar la vida campesina idealizada en la forma de una “comunidad rural”, con su poder patriarcal, con el pago de impuestos a los nobles feudales y al gobierno, el impedimento para salir de la “comunidad” que ya estaba dividiéndose en clases sociales por el capitalismo. De esta manera, la “comuna rural rusa” colocó a los campesinos pobres en una dependencia servil de la autocracia y la nobleza mediante el pago de “seguridad solidaria”, el pago de sus cuotas individuales e, incluso, el pago en trabajo, una forma de pago de deudas específicamente feudal.[3] El resultado fue que una parte considerable de los campesinos tuvieron que abandonar sus tierras y convertirse en “braceros”, asalariados rurales, etc.

Lenin mostró las tres características centrales de la herencia de los revolucionarios del siglo XIX: Primero, que lucharon contra todo lo que tuviera que ver con el sistema feudal, contra todo rastro de feudalismo y criticó la reforma campesina de 1861 por mantener gran parte de estos vestigios ya mezclados con la compra y venta capitalista de tierras. En segundo lugar, lucharon por la educación general, la autoadministración, la democratización general de la sociedad y el avance de la sociedad en el camino hacia la europeización. El tercer elemento es que se puso del lado de las masas populares, especialmente de los campesinos. Así, Lenin dijo que este legado no tenía nada de populista y se acercaba a las posiciones de los marxistas rusos, que veían el desarrollo capitalista no como un progreso en sí mismo, sino porque aceleraba las contradicciones de clases entre la burguesía y el proletariado.

Los autores revolucionarios del siglo XIX ya desenmascararon los elementos que los populistas embellecerían la vida “comunal” rural rusa, como expresa Engelhardt en su libro “Desde la aldea”:

“En oposición a la fraseología corriente acerca del espíritu de comunidad de nuestro campesino y a la costumbre de contraponer ese «espíritu de comunidad» al individualismo de las ciudades, a la competencia en la economía capitalista, etc., Engelhardt pone al desnudo de manera implacable el sorprendente individualismo del pequeño agricultor. Muestra con detalle que «en los problemas de la propiedad, nuestros campesinos son los propietarios más extremistas» (pág. 62, citado según la edición de 1885), que no pueden soportar «el trabajo en común» y lo odian por motivos puramente personales y egoístas: trabajando en común cada uno «teme trabajar más que los otros» (pág. 206). Este temor alcanza el más alto grado de comicidad (quizás hasta de tragicomedia) cuando el autor relata cómo mujeres que viven en una misma casa y están ligadas por una hacienda común y lazos de parentesco, lavan cada una la parte de la mesa en que comen, u ordeñan por turno las vacas, recogiendo cada una la leche para su propio hijo (temen que otras oculten la cantidad ordeñada) y preparando cada una por separado la papilla que le da a su hijo (pág. 323). Engelhardt expone con tantos pormenores estos rasgos y los confirma con tal cantidad de ejemplos que no puede ni hablarse de que tales hechos sean fortuitos. Una de dos: o Engelhardt es un observador inepto, que no merece confianza, o las fábulas sobre el espíritu de comunidad y las cualidades comunitarias de nuestros campesinos son una mera invención que atribuye a la economía rasgos derivados de la forma de propiedad de la tierra (además, de esa forma de propiedad de la tierra se derivan todos sus aspectos administrativos y fiscales). Engelhardt muestra que el campesino tiende en su actividad económica a ser kulak: «en cada campesino hay cierta dosis de la mentalidad del kulak» (pág. 491), «los ideales del kulak imperan en el ambiente campesino«… «He señalado más de una vez que en el campesino están muy desarrollados el individualismo, el egoísmo, la tendencia a la explotación«… «Cada uno se enorgullece de ser un pez grande y tiende a devorar al chico«. Engelhardt muestra de manera magistral que el campesino no tiende en absoluto al régimen de «comunidad» ni de ninguna manera a la «producción popular», sino al más corriente régimen pequeñoburgués propio de toda sociedad capitalista.”

Los procedimientos populistas se alejan de la “herencia”, según Lenin, por tres elementos: el primero, la visión de que el capitalismo en Rusia en ese momento era regresivo; el segundo, que había una originalidad en el régimen económico ruso, especialmente de los campesinos y su comunidad como algo superior al capitalismo, negando la diferenciación de clases que se daba entre el campesinado y, en tercer lugar, se negaban a dar una explicación materialista de la sociedad rusa, el reconocimiento de la existencia de clases sociales y de relaciones de explotación entre ellas y su expresión en la superestructura política y jurídica del país.

Así, el populismo que nació como corriente progresista frente al sistema capitalista que estaba surgiendo en Rusia, se convirtió en una “teoría reaccionaria y nociva [cursiva de Lenin] que desorienta el pensamiento social, que juega con el estancamiento y la barbarie asiática”, donde incluso defendió pago por trabajo (o trabajo a destajo, por contrato) en lugar de pago por salario, defiende el desarrollo de pequeñas industrias rurales en contraposición a la gran industria mecanizada y el retorno de una economía patriarcal.

Los marxistas rusos reconocieron un carácter progresista del capitalismo ruso, no apuntaba a una nación en general, sino al surgimiento de la clase proletaria, la “única clase verdaderamente revolucionaria”. Los marxistas también vieron la socialización de la producción en las grandes fábricas a nivel nacional e internacional como un elemento progresista del capitalismo en relación con el aislacionismo rural del feudalismo.

Los populistas criticaron al marxismo por su “inexorable objetividad” porque “requiere que las opiniones sobre los fenómenos sociales se basen en un análisis inexorablemente objetivo de la realidad [cursiva de Lenin] y de la evolución real: “…el famoso tratado sobre El Capital es considerado uno de los modelos más admirables de inexorable objetividad en el estudio de los fenómenos sociales…”

La fútil argucia del señor Mijailovski sólo demuestra que hasta ahora no ha comprendido el muy elemental problema de la diferencia que existe entre el determinismo y el fatalismo.”

Este es un pasaje muy importante de Lenin, porque el mayor ataque hecho al marxismo por esta corriente es que el marxismo ve la realidad de los países y sus cambios como condicionados -palabra que expresa mejor la visión marxista que «determinada»- por la base material de la sociedad, pero no como una fatalidad histórica que ocurrirá sí o sí, sin considerar la acción humana, una visión de la corriente materialista mecanicista, tan contestada por Marx y Engels y, precisamente por eso, Lenin se afanaba en diferenciar el determinismo (condicionamientos materiales de la lucha de clases) del fatalismo.

Lenin demostró en este texto que los marxistas defendieron de manera más consistente la herencia de los revolucionarios rusos del siglo XIX, cuyo representante más destacado fue N.G. Chernishevski.

Ya como líder de la organización, Lenin preparó la edición de un periódico clandestino del grupo Unión de Lucha llamado Rabóchee Delo «La causa obrera«.

Lenin continuó reuniéndose con los trabajadores de vanguardia y escribió varios materiales explicativos para los trabajadores de Petrogrado, que serían publicados en la edición confiscada del periódico:

El primero escrito para los trabajadores, de forma sencilla y comprensible para cualquier trabajador, fue la «Explicación de la ley de multas que se aplica a los obreros fabriles«. Escrito en 1895 y publicado el mismo año:

Lenin demostró con este panfleto los abusos de los fabricantes que multaban a los trabajadores por cualquier motivo, como forma de bajar el salario general. Contradictoriamente, la ley de multas ya era resultado de huelgas y conflictos laborales contra las multas, lo que obligó al gobierno a implementar estas leyes, aunque tardaron en regularse y terminaron siendo utilizadas por los fabricantes en connivencia con inspectores y funcionarios estatales. El folleto explicaba en detalle cómo los trabajadores deberían enfrentarse a los patrones y pedía un sindicato general para luchar contra los capitalistas y la autocracia.

La nueva ley fabril” fue escrita en 1897, durante el exilio en Siberia, y publicada dos años después en el extranjero.

Esta ley trataba de reducir la jornada laboral a 11:30 horas diarias y 10 horas diarias para el trabajo nocturno. Representó una concesión de la autocracia al movimiento obrero y fue producto de las grandes huelgas realizadas entre 1896 y 1897 por los trabajadores, que fueron apoyadas y dirigidas por la socialdemocracia. Por tanto, era una ley arrebatada y ganada en la lucha. Sin embargo, cuando se promulgó la ley, el gobierno zarista intentó regularla de manera que dejara lagunas en la legislación para empeorar las condiciones laborales de los trabajadores, reduciendo los días festivos y permitiendo horas extras de hasta 24 horas. Así, el gobierno se mostró como un “comité de gestión de la clase burguesa en su conjunto” y, peor aún, adaptándose a los fabricantes más atrasados ​​(de Moscú, pues los industriales de San Petersburgo ya habían defendido la jornada laboral de 10 horas). Según Lenin, esto demostraba que las leyes ganadas por el movimiento en la lucha, en general, cuando se promulgaban como ley no eran más que “papel mojado” y que el movimiento sólo podía confiar en su lucha para garantizar esos derechos y la jornada reclamada a nivel internacional por la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) de 8 horas.

Lenin escribió, a finales de 1895, un panfleto de agitación para los trabajadores de una fábrica donde los tejedores estaban en huelga: “A los obreros y obreras de la fábrica Thornton”:

Utilizando datos detallados sobre las condiciones laborales y los salarios de la fábrica, Lenin se dirigió a los trabajadores de la hilandería, la tintura y otros sectores para que apoyaran a los tejedores, que estaban siendo atacados por los empleadores, con reducciones salariales y despidos. La huelga fue encabezada por la organización dirigida por Lenin, la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera. Al final del folleto se presentan propuestas para ser obtenidas a través de la lucha y el llamado a la unidad en la lucha como única manera de poder arrebatar los derechos de los trabajadores.

En qué piensan nuestros ministros?” Artículo escrito a finales de 1895, que se publicará en el primer número de Rabóchee Delo (La causa obrera), junto con otros artículos. La policía confiscó el primer número del periódico organizado por Lenin.

En el artículo, Lenin se refería a una carta del Ministro del Interior que denunciaba la participación de revolucionarios dando clases, conferencias y cursos a estudiantes adultos analfabetos en las escuelas dominicales. Las conferencias trataron temas económicos y políticos generales, como formas de gobierno, distribución de la riqueza, etc. Lenin finalizó el artículo diciendo: ¡Obreros! ¡Ya veis el miedo mortal que tienen nuestros ministros a la unión del saber con el pueblo trabajador! ¡Mostrad a todos que no hay fuerza capaz de arrancar la conciencia a los obreros! ¡Sin conocimientos, los obreros están indefensos; con conocimientos, ¡son una fuerza!

En 1896, Lenin escribió el panfleto “Al gobierno tzarista”, donde evaluó la ola de huelgas que azotó a Rusia en 1896, lo que obligó al gobierno a debatir públicamente las huelgas, afirmando que había infiltrados socialistas. Las demandas de los trabajadores versaban sobre el pago de salarios, reducción de la jornada laboral a 10 horas y 30 minutos, entre otras. Alrededor de 30 mil trabajadores se declararon en huelga en Petrogrado, encabezados por la Unión de Lucha por la Emancipación del Proletariado, organización dirigida por Lenin.

Precisamente, cuando Lenin asumió la dirección del grupo se produjo su primera detención, a los 25 años. La detención fue motivada por la publicación del número de Rabóchee Delo (La Causa Obrera). Pasará 14 meses en prisión.

Pidió a su madre, María Alexándrovna Blank, y a su hermana, María Ulianova, que le enviaran libros de filosofía de Marx, Engels y Hegel en diciembre de 1895.

A finales de 1895, con casi 26 años, Lenin inició estudios para escribir «El desarrollo del capitalismo en Rusia» y redactó el «Proyecto de Programa» del POSDR.

También escribió un obituario de Engels, fallecido en 1895, a la edad de 75 años, que se publicará en el primer número de la revista Rabótnik (El Trabajador):

«Federico Engels», escrito en 1895, muestra a Engels como un gran amigo de Marx, un ejemplo de profunda y tierna amistad entre dos grandes pensadores y luchadores revolucionarios. Engels se autodenominó humildemente “segundo violín” en esta relación entre ambos. Los dos amigos desarrollaron una teoría de la lucha revolucionaria del proletariado mundial. Fueron los dos amigos quienes comprendieron la importancia del proletariado como fuerza revolucionaria, cuando todos sólo veían el lado “miserable” de esta nueva clase, el proletariado, la clase asalariada. Además, los dos fueron responsables de transformar las teorías sociales en ciencias sociales, en el sentido de que vieron las transformaciones de la sociedad a partir de sus contradicciones internas, a través del desarrollo de las fuerzas productivas, y no una invención de soñadores, que imaginaban un socialismo sin lucha. Marx y Engels enseñaron al proletariado a conocerse a sí mismo y a ser consciente de sus fortalezas y debilidades y reemplazaron los sueños por una ciencia social. Engels y Marx eran demócratas y se formaron como comunistas en el estudio de las ciencias económicas y sociales y en la acción práctica en los movimientos sociales del proletariado. Partieron de la teoría revolucionaria de Hegel, donde todo cambia, pero dieron una base material a la visión idealista de Hegel (donde el espíritu y las ideas determinaron el desarrollo de la naturaleza, el hombre y sus relaciones sociales). Marx y Engels invirtieron estas relaciones, dando primacía a la base material de la sociedad, el desarrollo de las fuerzas productivas, que condiciona la vida espiritual de la sociedad. Los dos amigos también chocaron con puntos de vista académicos que despreciaban al proletariado y la lucha de clases cotidiana. Criticaron duramente esta desviación contemplativa de la realidad y defendieron la acción política para la transformación revolucionaria de la sociedad. Los dos no eran intelectuales burgueses que operaban separados del movimiento obrero; por el contrario, eran parte del movimiento y se vinculaban a lo que era más progresista en la lucha de la clase trabajadora. Participaron en la Liga de Comunistas y desarrollaron su programa “El Manifiesto del Partido Comunista”, publicado a principios de 1848 y luego fundaron, en 1864, la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), que unía a trabajadores de decenas de países y fue muy importante para el desarrollo del movimiento obrero internacional, proporcionando las bases políticas y programáticas. Lenin también insistió en la actividad que Engels y Marx desarrollaron con los revolucionarios rusos.

A principios de 1897, el gobierno dictó la sentencia de Lenin: confinamiento en Siberia, donde estaría bajo vigilancia policial durante tres años.

De camino a Siberia, se reunió con militantes del partido en Petrogrado. Allí comenzó una controversia entre miembros de la organización sobre el «economicismo», una corriente economicista, cuya plataforma (que fue apodada “Credo” y escrita por E. D. Kuskova y S. N. Prokopovich), apoyaba el revisionismo de Bernstein dentro de Rusia.

En marzo de 1897 llegó a Krasnoyarsk, donde permanecería confinado durante los siguientes años.

Lenin comenzó a escribir materiales con orientación política y organizativa para la socialdemocracia, en contacto con la dirección del grupo que se encontraba en el exterior.

Dentro del partido, en Rusia y en el extranjero, se estaba elaborando el programa del partido con vistas a un congreso fundacional.

Este volumen incluye los primeros trabajos de Lenin como líder orgánico del partido revolucionario ruso en formación. Se trata de trabajos programáticos, tácticos y organizativos para la formación del partido ruso.

En prisión, a finales de 1895, escribió el “Proyecto de Programa del POSDR”, escrito con leche entre líneas de un libro, y en 1896 escribió la “Explicación del Programa del POSDR”. Estos materiales fueron publicados casi 30 años después de escribir, en 1924.

El Proyecto de Programa tiene una parte inicial que explica las condiciones reales del desarrollo del capitalismo en Rusia: el surgimiento de grandes fábricas y la ruina de los pequeños propietarios, convirtiéndolos en proletarios, el aumento de la riqueza de un puñado de ricos y el aumento en la miseria de la mayoría de la población, el surgimiento de la clase proletaria cuya lucha culminará en la transferencia del poder político y de los medios de producción a la clase trabajadora. Que este movimiento de la clase proletaria rusa es parte del movimiento internacional (II Internacional) y que su objetivo inmediato es el derrocamiento de la autocracia. Que el papel del partido socialdemócrata no es inventar nuevas formas de lucha, sino ayudar en esta lucha de clases, desarrollar la conciencia de clase de los trabajadores, iluminando el camino de la lucha con la máxima de que “La liberación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores”. Finalmente, presentó varias propuestas para un programa que comienza con la parte de las libertades democráticas, seguida de los derechos de la clase trabajadora, concluyendo con las demandas campesinas.

La explicación del programa, también escrita desde el arresto, explicaba que el proyecto del programa:

Lenin comienza explicando que el proyecto de programa se divide en tres partes: la primera y más importante es la que expone los conceptos teóricos que se implementarán en las dos partes siguientes. En esta parte es importante el lugar central que asume la clase proletaria en este sistema. Esta parte expone el rápido desarrollo del capitalismo en Rusia y la proletarización de los pequeños productores. Muestra el enriquecimiento de una minoría y el empobrecimiento general de la clase trabajadora. También muestra que el sistema capitalista socializa la producción de bienes en grandes empresas, utilizando maquinaria moderna y aumenta la productividad laboral a través de la socialización de la producción. Este movimiento está destruyendo a las pequeñas empresas y a los pequeños agricultores. Este mismo movimiento genera un gran ejército de desempleados. Así, la proletarización de la sociedad conduce a la lucha aislada en las empresas que se unen en una lucha de clases contra los fabricantes y el gobierno. La clase de los desposeídos, los asalariados, atrae a todas las clases explotadas y oprimidas de la sociedad. La única salida para el proletariado es suprimir la propiedad privada y poner las fábricas, las minas y los campos en manos de toda la sociedad y organizar la producción socialista común, dirigida por los propios trabajadores. Luego, el programa concluye que el dominio de la clase capitalista es internacional y que el capital internacional está dominando a Rusia.

La segunda parte es, para Lenin, “la más importante porque indica las principales actividades del partido”: la primera es unirse al movimiento obrero, ayudar en su lucha, no reemplazar al movimiento, no inventar nuevas modas para la lucha, pero iluminar el camino, desarrollando la conciencia de clase de los trabajadores, actuando en la propia lucha, en el propio movimiento, siendo parte integrante del mismo, eligiendo qué medio de lucha es el más adecuado, según la correlación de fuerzas entre las clases, definiendo las demandas. Por lo tanto, la acción central del partido debe, en primer lugar, «desarrollar la conciencia de clase de los trabajadores», en segundo lugar, «contribuir a su organización», incluida la publicación de libros, folletos, panfletos de agitación, periódicos, etc. y en tercer lugar, “indicar el verdadero objetivo de la lucha”, mediante agitación y propaganda generalizadas, explicar pacientemente su explotación y los objetivos finales de la lucha.

La tercera parte trata de la lucha contra la autocracia y por la libertad política y las condiciones para alcanzar acuerdos entre clases y sectores de clases.

A finales de 1897, en el destierro en Siberia, a la edad de 27 años, escribió el folleto “Las tareas de los socialdemócratas rusos”:

Lenin comenzó explicando que este texto condensaba su “primera experiencia de trabajo de partido”. Es el primer texto de Lenin que trata de la organización del partido revolucionario y es un “folleto que sólo hace, de manera genérica, un esbozo global de las tareas de la socialdemocracia”. Utiliza diferentes tácticas de acuerdo con los principios marxistas, analiza el trabajo práctico de inserción en el proletariado (especialmente el proletariado industrial), profundiza la estrecha relación entre agitación y propaganda, las alianzas de clases, la centralización del trabajo entre la base y los dirigentes, la estricta clandestinidad revolucionaria, con la especialización de tareas, aprovechando todas las fuerzas militantes, como parte del ejército internacional de la clase obrera.

Aquí Lenin está dibujado de cuerpo entero: el texto es brillante. Aunque el material condensa la experiencia internacional de la implantación del marxismo en Europa (como se puede apreciar), ya reúne todas las especificidades de la situación prerrevolucionaria en Rusia, la fuerza del naciente proletariado industrial, la violenta represión del gobierno y la cobardía congénita de la burguesía rusa. Material combustible que dará origen a una organización única en la historia del marxismo: el partido bolchevique.

Lenin pide en los prefacios de ediciones posteriores leer el texto “Dos tácticas de la socialdemocracia…” de 1905 para analizar el desarrollo de sus posiciones entre 1897 y 1905, intercalado con el libro “¿Qué hacer?”, que también trata del asunto.

Es un texto completo y pretende preparar a la organización para la transición de un grupo fundacional a un partido de vanguardia, sólidamente implantado en la clase obrera: “La socialdemocracia rusa es, sin embargo, muy joven. Recién está comenzando a salir del estado embrionario en el que los problemas teóricos ocupaban un lugar predominante”.

Los elementos principales tratados en este folleto son:

1. Análisis de las clases sociales (burguesía, proletariado y pequeña burguesía) y el papel de cada una en la lucha democrático-burguesa y la lucha socialista.

2. La combinación indisoluble de la lucha democrática con la lucha socialista: “vínculo indisoluble entre sus tareas democráticas y socialistas”. “Fusión de la lucha socialista y la lucha democrática en una lucha de clases indivisible”.

3. Alianzas tácticas temporales (para la lucha concreta) sin mezclar clases, banderas o programas donde se mantenga plenamente la independencia del proletariado, incluso de los aliados en la lucha.

4. Una organización clandestina para la lucha revolucionaria.

5. Implantación sólida en la clase obrera industrial (“la socialdemocracia no debe dispersar sus fuerzas, sino concentrarlas entre el proletariado industrial”) sin caer en el exclusivismo obrerista.

6. La táctica central busca la lucha de masas por la toma del poder frente a las tácticas terroristas de los populistas.

7. Trabajo clandestino en toda Rusia y su centralización general: “Sin reforzar y desarrollar la disciplina, la organización y la clandestinidad revolucionaria es imposible luchar contra el gobierno”.

8. Amplio uso de periódicos, folletos, panfletos en una amplia labor de agitación y propaganda para desarrollar la conciencia de clase del proletariado, tarea central del partido revolucionario en esta etapa de construcción del partido.

9. Preparación de una columna de dirigentes obreros (agitadores y propagandistas).

10. Finalmente, “un partido político obrero independiente que forme un todo único con la socialdemocracia internacional”.

Son temas que hasta el día de hoy, en pleno siglo XXI, la mayoría de las organizaciones revolucionarias del planeta no toman en cuenta esta experiencia, a pesar de que sea “glorificada” en algunas organizaciones. Algunas de estas ideas ya habían sido expresadas por Plejánov en sus controvertidos libros sobre populismo, como la construcción del partido en los centros industriales.

La originalidad del partido que estaba surgiendo quedó expresada en la última frase de este folleto: “Sabemos también que, de acuerdo con el sistema que proponemos, a muchas personas ansiosas de entregar sus energías a la labor revolucionaria les resultará muy duro el período preparatorio indispensable para que la Unión de Lucha reúna los datos oportunos acerca, del individuo o grupo que ofrezca sus servicios y ponga a prueba su capacidad en algunas misiones. Pero sin esta comprobación previa es imposible la actividad revolucionaria en la Rusia de hoy.

Esta visión de un militante activo, combativo, organizado y disciplinado para tomar el poder sería cuestionada, en pocos años, por la mayoría de la dirección del partido, en el III Congreso del Partido en 1903.

Para estas cuestiones, discutidas brevemente aquí, ya ha quedado claro que Lenin se basó en la experiencia internacional de las organizaciones marxistas (especialmente el partido alemán) y en la experiencia de los embriones de partidos revolucionarios como la “Conspiración de los Iguales” de Graco Babeuf, en la Francia de finales del siglo XVIII y la Liga de Comunistas de 1850. Pero, comenzó a formar una organización original, de nuevo tipo, para una nueva era de guerras y revoluciones, producto de la originalidad de Rusia en el proceso revolucionario europeo.

Esta originalidad combinó la inserción central en el movimiento obrero industrial, el uso de la teoría marxista como elemento constitutivo de la agitación y propaganda revolucionaria y el internacionalismo proletario, la participación del partido ruso como parte indisoluble del ejército internacional de trabajadores. Estos tres elementos, asociados a la construcción de un partido de revolucionarios profesionales, dedicados a un largo trabajo ilegal, dieron características propias y originales a este partido que estaba surgiendo en Rusia en 1890.

Lenin concluyó el folleto diciendo: «Tal organización sería, al mismo tiempo, una organización de un partido obrero adaptado a nuestras condiciones y un poderoso partido revolucionario dirigido contra el absolutismo«.

La organización se vinculó con el proletariado industrial que, por su protagonismo en las huelgas de finales del siglo XIX, se convirtió en el motor de la lucha por el derrocamiento del zarismo, arrastrando a los sectores pequeñoburgueses de la ciudad y el campo mientras la tímida burguesía se inclinó hacia un acuerdo contrarrevolucionario con el gobierno capitalista-medieval.

El ascenso de los trabajadores catapultó a la organización socialdemócrata a un sólido partido de vanguardia, que se consolidará en la revolución que tendrá lugar dentro de 8 años, y la organización proporcionó un programa, una táctica y una organización para la espontaneidad del ascenso.

Esta conexión con el movimiento de lucha entre clases conducirá a dos grandes crisis partidistas en las que fracciones internas se adaptaron a la burguesía a través de desviaciones de la concepción marxista, como los “economicistas” y poco después el “menchevismo”. Fue el peaje que pagó el partido para convertirse en la dirección del proletariado ruso que en 20 años sacudirá todos los cimientos capitalistas del planeta.

También en este folleto se formuló la conocida frase de Lenin “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario” y la idea que se desarrollará en ¿Qué hacer? de la combinación de tres formas de lucha: teórica, política y económica, siguiendo la indicación de Engels.

Por lo tanto, este folleto jugó un papel importante en la cohesión de los futuros líderes revolucionarios del proletariado ruso en un partido marxista, al mismo tiempo que formó a Lenin como uno de los principales líderes del POSDR.

Krupskaya escribió que “Por las noches, Vladimir Ilich solía leer libros de filosofía –Hegel, Kant o los materialistas franceses– y cuando estaba muy cansado, Pushkin, Lermontov o Nekrasov”. Lenin tuvo una opinión positiva sobre el libro de Labriola «Ensayos de una concepción materialista de la História” (1897). Sugirió que Struve publicara Labriola en la revista Nóvoe Slovo.

Incluso confinado en Siberia, mantiene contacto con líderes del partido dentro y fuera de Rusia. Continúa trabajando en el libro «El desarrollo del capitalismo en Rusia«.

En su adaptación al exilio, a Lenin le gustaba cazar. Cuando llegó al pueblo donde viviría durante los siguientes tres años, se enteró de la caza en la región:

“Saludos a Mark. Nunca tengo noticias suyas. Puedo informarle, igual que a Mitia, que la caza, al parecer, no es aquí del todo mala. Ayer viajé unas 12 verstas y cacé ánades y chochas. Hay mucha caza, pero sin perro, es difícil, especialmente para un tirador tan malo como yo. Hay incluso cabras salvajes, y en las montañas y la taigá (a unas 30 ó 40 verstas de aquí, a donde a veces también van a cazar los campesinos del lugar) hay ardillas, martas cebellinas, osos y ciervos.” (…) “Mi vida aquí transcurre no del todo mal: salgo mucho de caza, me he hecho amigo de los cazadores de aquí y voy a cazar con ellos.”

Mientras escribía “El desarrollo del capitalismo en Rusia”, salió a cazar regularmente durante su exilio en Siberia. Esta región era la frontera entre Rusia y Mongolia. Lenin ayudó a los campesinos locales con asuntos legales.

En el exilio en Siberia, Lenin siguió recibiendo cartas de toda Rusia y del extranjero. Recibió libros y revistas de toda Europa, encargados a su familia. También contactó con sus compañeros en el exilio, a quienes visitaba en ocasiones especiales.

Una característica central de Lenin fue su poder para concentrarse en los objetivos que se fijó. No se dispersó en modo alguno de las tareas centrales, dejando de lado todo lo que interfiriera en el trabajo a realizar.

Potrésov, editor de Iskra junto con Lenin, al fundar el periódico, se convirtió más tarde en enemigo jurado de Lenin. En sus memorias habla así de Lenin:

“Ni Plejánov, ni Mártov, ni nadie más, estaba dotado de la misteriosa habilidad que simplemente irradiaba Lenin, que tenía un efecto hipnótico en la gente y, por así decirlo, la dominaba. Plejánov fue respetado. Mártov era amado. Pero el pueblo sólo siguió inquebrantablemente a Lenin, como líder único e indiscutible, porque tenía algo raro, especialmente en Rusia: voluntad de hierro, energía inagotable y fe fanática en el movimiento y la causa, y no menos fe en sí mismo”.

Además de esta fortaleza mental, tenía mucho tacto y amabilidad hacia la gente. Lunacharski, que escribió una breve biografía de Lenin en 1920, dijo que era «muy tímido» e intentaba permanecer en la sombra durante los congresos internacionales y que tenía «una modestia inusual».

Durante este período de exilio en Siberia, hubo una gran desorganización en los círculos marxistas, provocada por el arresto y el exilio de todos los líderes. Aun así, Lenin logró realizar algunas reuniones de exiliados en su región. El trabajo principal era escribir libros y estudiar, lo que Lenin llevó a cabo con dedicación y determinación.

Lenin recibía 8 rublos mensuales en subsidios del gobierno, cantidad que recibían los confinados en Siberia.


[1] Más adelante veremos que la visión de Lenin del “partido de acción de masas” no se corresponde con lo que se conoció como “partido con influencia de masas”, ya que un partido puede tener “influencia de masas”, puede obtener millones de votos, pero no liderar los principales centros de la lucha de clases de un país.

[2] Industria Kustar era el nombre de la pequeña industria surgida en el medio rural, en la fabricación de productos rurales, además de oficios artesanales (herrero, sastre, etc…). Estaba formada por familias que ya producían para el mercado, contratando trabajadores, la industria doméstica que producía para un intermediario (comerciante o industrial) y artesanos que trabajaban por encargo.

[3] Plejánov, que había pertenecido a la organización populista Tierra y Libertad, rompió con ella y formó una organización marxista. En 1884, desmitificó la idealización del pasado comunista (y de la Comuna Rural) del campesinado, hecha por los populistas: “Nuestra comunidad rural (…) ha sido, en realidad, el principal sostén del absolutismo ruso” y “todos se están convirtiendo una vez más en un instrumento que la burguesía rural utiliza para explotar a la mayoría de su población agrícola”. Plejánov, Obras filosóficas seleccionadas, pág. 451.

Cayó la ley: Plan de lucha por el salario y contra la política de Milei, Macri y el FMI

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Por PSTU-Argentina

El proyecto de ley del gobierno fue retirado, y de acuerdo a declaraciones oficialistas, no volvería ser presentado. El DNU fue recortado por la Justicia.

No lograron votarlo, pese a la voluntad de la oposición rastrera, que votó la ley en general. Y pese a la actitud del peronismo y la CGT, que se opusieron pero no movilizaron en las calles para dar una derrota completa al gobierno.

Es un importante round ganado por la clase obrera y el pueblo, contra los proyectos de Milei, los capitalistas y el Fondo Monetario. Decimos round, porque no se ganó la pelea. Con seguridad, Milei volverá con la “motosierra” de otro modo, e intentará imponer todas sus medidas de cualquier forma.

Le declaró la guerra a los trabajadores y a la soberanía nacional, en un proyecto compartido por el conjunto de los empresarios nacionales e multinacionales. Hemos ganado una batalla, pero la guerra continúa hasta que lo derrotemos definitivamente.

¿Qué pasó?

El enorme paro y movilización provocaron una crisis que se “llevó puesto” un ministro, y complicó todas las negociaciones.

Las medidas de la CGT, pese a la desconfianza en los dirigentes, se transformaron en un punto de referencia para amplios sectores de la Cultura, de las asambleas populares, de la izquierda y muchos que se movilizaron de manera independiente. Se mostró la voluntad de lucha de la clase obrera.

Estaba planteada la posibilidad de una derrota contundente, y para eso era necesario continuar con nuevas medidas y un plan de lucha.

Pero la CGT “apretó el freno”,  permitiendo que el oficialismo se recompusiera, y volviera a la carga,  logrando la votación “en general” de la Ley el día viernes. Fue una nueva y verdadera traición de los dirigentes sindicales, que se borraron al día siguente de la manifestación. Grabois apareció un ratito, como paseando “para la TV”. Guillermo Moreno, muy bueno para hablar por tele, ni apareció, ni llamó a movilizarse. Y Cristina estuvo contra el paro y se calló la boca. No hicieron nada.

Esa votación “en general”, demostró que no podemos tener ninguna confianza en el Congreso, ni en la Justicia, ni en estos politiqueros peronistas, que solo piensan en las próximas elecciones. Solo podemos confiar en la fuerza de la movilización obrera y popular.

Sin embargo, la ley “cayó” en las votaciones particulares.

Era tanto el recorte impuesto por el FMI y la voracidad del gobierno y sus capitalistas amigos, que incluso los cobardes y sumisos diputados opositores, tuvieron que ir “podando” la ley. Fue una verdadera pelea entre patrones, una lucha entre buitres para repartirse lo que le sacan al pueblo con rebaja salarial, tarifazos, ajuste y hambre. Todos están de acuerdo cuando la “motosierra” apunta contra los trabajadores y la soberanía nacional, pero no tanto cuando los afecta a ellos.

Y en esa pelea, terminaron reduciendo tanto la ley, que Milei se rindió.

¿Y ahora, cómo sigue?

La peor conclusión sería confiar en que la próxima el Congreso volverá a frenar al gobierno. Al contrario, están ansiosos de poder apoyarlo, porque representan a una clase capitalista que necesita profundizar la explotación obrera y el saqueo de los recursos nacionales, a expensas del medio ambiente y las comunidades. Y para eso, coinciden en recortar los derechos democráticos populares, para atar de manos nuestra resistencia. Son una cueva de ladrones, capaces de entregar todo.

Volverán a negociar y, de un modo u otro, volverán a apoyar la política hambreadora, entreguista y represora de Milei. Si es por ellos, la guerra la ganan los empresarios, el Fondo  y este gobierno.

Tenemos que aprovechar este golpe que recibió el gobierno, para poner en pie un plan de lucha de toda la clase obrera.

La izquierda estuvo presente denunciando la ley, lo que fue correcto, pero no tiene la fuerza suficiente para frenar esto. Bullrich se dio el gusto, incluso, de reflotar su “protocolo represivo”, inútil ante las grandes movilizaciones obreras. Solo los trabajadores y trabajadoras, con sus organizaciones, a la cabeza del conjunto de los que seremos afectados por el proyecto que Milei no abandonará, unidos y organizados, podemos derrotar completamente al gobierno en esta guerra.

Es una guerra: ganan ellos, o ganamos nosotros. No hay empate posible.

Paro y plan de lucha inmediato

La gran movilización demostró la predisposición a luchar de nuestra clase.

Ante el aumento del  transporte, de los alimentos, de los artículos escolares, la salud, pone a todos los trabajadores, no importa a quién votaron, en la necesidad de luchar para recuperar lo perdido, hasta lograr un salario igual a la canasta familiar, ajustado mensualmente de acuerdo a la inflación.

Los estatales pelean contra los despidos. Los petroleros y pescadores de Chubut están en pie de guerra, enfrentando la represión y persecución de sus dirigentes.  Gremios numerosos como los metalúrgicos, tienen salarios mínimos debajo de la línea de pobreza. En todo el país los trabajadores se preparan enfrentar la ofensiva patronal y luchar por el salario.

Es momento de retomar la pelea para lograr un nuevo paro nacional y un plan de lucha hasta derrotar al gobierno.

Los dirigentes tienen que retomar la lucha. Tenemos que hacer asambleas en todas las fábricas y empresas, colegios y  reparticiones, para preparar este plan de lucha. O lo convoca la CGT, o lo haremos desde las bases, pasando por encima de ellos.

A través de la organización democrática, las asambleas, los plenarios con mandato, las comisiones y comités para recorrer otras fábricas, unirse a las barriadas, convencer a quienes aún tienen alguna espectativa en Milei, o a quienes por desconfianza en los dirigentes traidores tienen miedo de salir a luchar. Preparar fondos de huelga, para tener recursos para la lucha.

Organizándonos también para resistir, enfrentar y derrotar la represión del gobierno, con lo que haga falta. No podemos ingenuamente dejar que disuelvan nuestras movilizaciones con su “gas pimienta”, sus gases y balas de goma. Tenemos vehículos, sabemos manejar maquinarias, conocemos los recursos para paralizar sus motos. Es hora de organizarnos para derrotar su “protocolo” contra las luchas obreras

Por un proyecto obrero y popular

Mientras nos organizamos y reclamamos a los sindicatos la pelea unitaria, en las asambleas obreras, tenemos la oportunidad de debatir democráticamente las medidas y el plan que necesitan los trabajadores y el pueblo.

Las medidas para ajustar a quienes deben ser ajustados, los que no pagan impuestos,  los que viven de la explotación obrera. Tenemos que expropiar a los grandes capitalistas, terminar con la estafa de la deuda externa, nacionalizar la tierra y los recursos minerales, imponer un solo banco nacional y expropiar los demás, para que toda la economía funcione al servicio un proyecto de desarrollo económico nacional para beneficio a las mayorías.

Es decir, una verdadera revolución socialista, el único cambio en favor del pueblo, contra Milei y los empresarios que lo bancan.

San Pablo: Marta como vice de Boulos revela la inclinación del PSOL hacia una gestión de colaboración con la burguesía

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Por: PSTU São Paulo

La candidatura Boulos con Marta de vice representa una aceleración de la incorporación del PSOL a la democracia burguesa

En este viernes (02/02) se realizó el acto de afiliación de Marta Suplicy al PT para que pueda ser vice en la candidatura de Guilherme Boulos (PSOL) a la alcaldía de San Pablo.  El acto contó con una presencia del propio que Lula, y se articuló a la designación de Marta como vice. Según Boulos, el objetivo es reeditar el llamado Frente Amplio de Lula en las elecciones de 2022, en este caso Marta sería el nuevo “Alckmin”.

La designación de Marta como vice es sintomática: el psolista pretende hacer un gobierno que, así como el de Lula, concilia con la burguesía e inclusive con los sectores ultra reaccionarios de la institucionalidad burguesa brasilera.

Marta ocupó varios cargos públicos en su carrera política, entre ellos el de alcaldesa de San Pablo, entre 2001 y 2004, por el PT. Durante su mandato, la entonces petista, atacó duramente a los servidores públicos con una reforma administrativa que reducía salarios, e instituyó una tarifa de basuras y de iluminación pública, transfiriendo todavía más a los pobres los costos del sostenimiento del Estado.

Después de dejar el barco petista, que naufragaba en 2015 — fruto del desgaste producido por 13 años de gobiernos de colaboración con la burguesía y por las gigantescas movilizaciones de 2013 que pusieron al PT y a Nueva República de conjunto en crisis  Marta durante el proceso de impeachment de Dilma, en 2016, llegó a hacer coro con figuras da ultraderecha, como Janaína Paschoal. En seguida votó a favor de la Reforma Laboral y del Techo de Gastos del gobierno Temer, que golpearon duramente la vida de los trabajadores brasileros.

Para ser vice en la candidatura de Boulos, Marta tuvo que renunciar al cargo que ocupaba como secretaria de Gobierno del principal opositor de Boulos, el actual alcalde Ricardo Nunes (MDB), que tiene el apoyo del gobernador Tarsicio y de Bolsonaro.

Es esa la trayectoria de la escogida por el PT y el PSOL para ser vice en la candidatura de Boulos.

Pero la escogencia de la vice es apenas un síntoma de un cambio de postura de Boulos y el propio PSOL que se piensan la administración de la ciudad más grande y rica del país en conciliación con la burguesía.

Las alianzas de Boulos no se limitan al PT y a Marta Suplicy. Hasta ahora, además de la Red de Sustentabilidad (partido burgués que hace parte de una federación con el PSOL), también el PCdoB y otros partidos burgueses como PV y PDT harán parte del frente electoral encabezado por el PSOL.  El chiste de Boulos durante el acto de afiliación de Marta, de que “si te descuidas, Lula trae hasta a Tarcisio para este frente”, tenía por un lado algo provocación y por el otro algo de verdad. Al fin y al cabo, el Frente Amplio de Lula en el Congres abarca inclusive ex-bolsonaristas como Lira y partidos de base de Tarcisio, como es el PSD de Kassab.

Boulos ha buscado apartarse de la imagen radical para eso, además de una vice que envía a los empresarios el mensaje de que pueden confiar en su buena intención ante los superricos, el otrora activista de la lucha por la vivienda, ha visitado empresarios y buscado establecer una relación amistosa con Faria Lima.

Boulos busca apartarse también del apoyo directo a las luchas de los trabajadores. Durante las huelgas y movilizaciones de los trabajadores y del pueblo paulista contra las privatizaciones promovidas por el gobierno de Tarcisio a Sabesp, Metrô y CPTM, el psolista mantiene una postura de distancia. Tampoco el diputado federal se puso al servicio de las luchas de los maestros contra los ataques recurrentes a la educación o de las huelgas de los estudiantes de las universidades estaduales paulistas (USP e Unicamp) contra el desmonte de la educación universitaria. Es un crimen que Boulos no utilice toda la fuerza y relaciones que consiguió, al servicio de las luchas de los trabajadores contra los ataques del gobierno estadual y de la alcaldía de San Pablo.

En relación con el gobierno federal de Lula, Boulos y el PSOL son en la práctica parte de la base de apoyo fiel que actúa para que a Lula le vaya bien. Fue lo que dijo Boulos con ocasión de la aprobación del infame Marco Fiscal:

El Psol apoya y trabaja para que el gobierno de Lula acierte. Por eso, tenemos fuertes preocupaciones con el texto.

 En tanto, Lula ataca los derechos de los trabajadores, concilia con militares y empresarios que  patrocinaron la tentativa golpista del 8 de enero y que financia proyectos privatización de los gobiernos estaduales (como el proyecto de construcción del tren privado que une a San Pablo con Campiñas y de 33 escuelas con administración privada que el gobierno Tarcisio pretende construir en el estado, también de la construcción de cárceles privadas en Rio Grande del Sol, todos financiados con fondos federales a través del BNDES), Boulos y el PSOL  como mucho presentan enmiendas a proyectos que atacan a los trabajadores, como fue el caso de la Reforma Tributaria.

En relación con temas internacionales, Boulos también da un giro a la derecha buscando viabilizar su candidatura. Al mismo tiempo que visita grandes ciudades de países imperialistas, conocidas por la segregación de pobres e inmigrantes y por la represión a los movimientos sociales, sigue en silencio absoluto sobre el genocidio promovido por el Estado de Israel contra el pueblo palestino. En ocasión de su candidatura a la presidencia en 2018, Boulos había visitado el territorio palestino y defendido una resolución del PSOL que en ese momento apuntaba a la necesidad del BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), contra Israel. Ahora, para no desagradar a la burguesía, condena los ataques de Hamas y no emitió ninguna declaración de apoyo a la resistencia del pueblo palestino.

La decisión política del PSOL, de integrarse a pasos largos a la institucionalidad burguesa, de defender como horizonte estratégico esa democracia de los billonarios sin apuntar a una salida para su superación y de inclusive,  buscar hacer parte de gobiernos con partidos burgueses y empresarios, no solo no sirve a los intereses de los trabajadores  y del pueblo pobre, sino que tampoco combate a fondo la ultra derecha, justificativa que la izquierda del PSOL utiliza para defender su estrategia de alianzas con sectores burgueses.

Las corrientes del PSOL

Hablando de las corrientes del PSOL, es vergonzoso desde el papel que cumple Resistencia con su apoyo crítico, hasta el silencio connivente, como es el caso del MES, de la llamada izquierda del PSOL.

Nosotros damos importancia a la derrota de la ultraderecha bolsonarista y a los ataques que realiza Nunes a la alcaldía de San Pablo y a Tarcisio en el gobierno estadual. Pero no será en alianza con la burguesía que los intereses de los trabajadores y el pueblo pobre serán atendidos.

El ejemplo del gobierno del PT es emblemático. Millones de trabajadores y jóvenes se movilizaron para derrotar a Bolsonaro, al menos electoralmente. El gobierno petista que surgió de esa elección fue una derrota para el bolsonarismo. Pero en su gobierno, por los compromisos de que hizo con banqueros y grandes empresarios, aprobó en su primer año un Marco Fiscal que mantiene la lógica de congelamiento de los gastos públicos para pagar la deuda a los banqueros, una Reforma Tributaria que mantiene un modelo tributario que penaliza a los más pobres, una ley de las PMs que mantiene una serie resquicios de la dictadura, una serie de cortes en los presupuestos para la educación  y la salud, y han promovido privatizaciones y financiado las promovidas por gobiernos estaduales de ultra derecha. Aparte de eso, la connivencia con los golpistas del 8 de enero y con militares y empresarios que participaron de su organización, demuestra que la adaptación a la institucionalidad burguesa y a las relaciones con la burguesía impiden un combate consecuente a la ultraderecha.

Construir una alternativa independiente

Para el PT la afiliación de Marta es parte de la lógica del vale todo para garantizar la gobernabilidad que ya se hizo común en su acción hace décadas. Para el PSOL, la candidatura de Boulos con Marta de vice, en alianza con partidos burgueses y con un programa cada vez más “digerible”, representa una aceleración de la incorporación de ese partido a la democracia burguesa y de su rol de administrador del capitalismo.

Es necesario construir una alternativa socialista e independiente de los trabajadores para San Pablo. Una alternativa que no sea parte del Frente Amplio del PT con mayoría de burgueses, banqueros, latifundistas y exbolsonaristas como Arthur Lira. El PSOL y Boulos eligieron hacer parte de ese campo. Al mismo tiempo una alternativa que mantenga un combate implacable contra Ricardo Nunes, Tarsicio, Bolsonaro y el proyecto de la ultraderecha de ataques contra los trabajadores.

El gobierno que el pueblo trabajador paulista necesita no será construido junto con la burguesía, como proponen Boulos, el PSOL y el PT.  Al contrario, será construido en oposición y enfrentando a los grandes billonarios que lucran con la pobreza, las privatizaciones y el caos en los servicios públicos. Esa alternativa debe ser socialista y revolucionaria, sin burgueses y sus partidos.

El Salvador | Nulidad y repetición de las elecciones legislativas

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Preparemos la resistencia ante los ataques

Por Plataforma de la Clase Trabajadora-Sección Salvadoreña de la Liga Internacional de los Trabajadores

  1. Las elecciones del 4 de febrero recién pasado han manifestado y confirmado lo que se había venido observando en las encuestas previas: Bukele goza de un enorme apoyo popular a su figura pues lo que ha hecho en el tema de la seguridad, se lo reconoce la gente, aun si es sacrificando otros derechos como los que el régimen de excepción suspende.
  2. El fallo en el procesamiento de los resultados de las elecciones es provocado y calculado, es parte de la estrategia que le sirve al régimen. Manifiesta la total sumisión de cada una de las instituciones involucradas y se combina con la ineptitud de un Tribunal Supremo Electoral (TSE) sometido totalmente al poder del régimen actual, pero además expresa la necesidad de la dictadura  de mantener el control de las instituciones y así poder perpetuarse en el poder.
  3. Esta realidad no debe esconder otra verdad: y es que, al hablar con muchas personas, se lograba entender y quedaba en evidencia que el voto por Bukele no implicaba necesariamente apoyo a sus diputados. El rol de la asamblea legislativa a sido y sigue siendo cuestionado por la gente. Por eso es que, sin siquiera haber iniciado el escrutinio preliminar para diputados, El Candidato-Presidente Bukele sale a dar una cifra hasta exacta de cuantos diputados había obtenido 58 de 60. Si partimos del hecho de que, debido a su gran capital político, no necesitaba hacer fraude, su intempestivo comunicado deja ver una de dos situaciones: la cantidad de diputados que obtendrían era menor de la que esperaban o, en su megalomanía, no tolera la mínima voz de desacuerdo y desea aplastar cualquier disidencia, sin que le importe imponerle al TSE un número mínimo de diputados que quiere tener.
  4. Por otro lado, tenemos el papel de la comunidad internacional que también sin que existieran datos oficiales, salen a reconocer y respaldar la victoria de Bukele. No hay que olvidar que la política actual del imperio estadounidense para el área centroamericana es que no haya desestabilización social porque tienen muchos campos abiertos en Ucrania, en Gaza, en Yemen e incluso dentro del mismo territorio yanki, por eso se apresuran a reconocer su victoria y a sostenerlo, aunque sea tapándose la nariz. Bukele sigue siendo la mejor opción para el imperio pues representa sus intereses imperialistas en El Salvador a pesar que a veces hayan jugado al pleito de payasos, pero sin duda que Bukele es el mejor representante y garante de los intereses del imperialismo Yanki en El Salvador y la región. También los llamados gobiernos de “izquierda” o “progresistas” en Centroamérica como Bernardo Arévalo o Xiomara Castro, o impresentables como Rosario Murillo, que juegan el mismo rol para los Estados Unidos, corrieron a alabar la victoria del partido del presidente salvadoreño.
  5. A pesar de todo, ya hay voces en el país expresando su descontento a pesar de que el mismo Bukele se burla de tales expresiones. Muy importante es que las primeras en manifestar su repudio al proceso electoral viciado han sido las mujeres aglutinadas en la Asamblea Feminista, quienes representa un sector que en el actual régimen siguen siendo duramente golpeadas y estigmatizadas. Los otrora partidos tradicionales también han expresado su malestar, pero hay que decir que ARENA no tiene ninguna autoridad para enarbolar ese descontento pues durante 4 gobiernos nunca tuvo a la gente como prioridad, sino que su objetivo fue enquistar el neoliberalismo en nuestro país y desmantelar el Estado. Tampoco el FMLN, porque dieron la espalda a las necesidades de la gente, se enquistaron en el Estado y se olvidaron de su base, de la clase trabajadora, desmantelaron sus organizaciones y se enfocaron en involucrarse en actos de corrupción. Ambos ARENA y FMLN son culpables de lo que hoy sucede con el desmantelamiento de la democracia que el régimen dictatorial ha emprendido y son los progenitores del engendro que hoy es Bukele.
  6. Es importante señalar que nosotros no estamos en contra de la reelección en si misma, ya que es un derecho de los pueblos elegir a sus dirigentes y ratificarlos de ser el caso, sin embargo, si estamos en contra de los métodos y las maneras que Bukele, en su ansia de poder y en su megalomanía y mesianismo, ha utilizado para mantenerse en el cargo, torciendo todas los mecanismos legales y democráticos e imponiendo poco a poco una dictadura abierta. Tanto es que cada vez disimula menos su intención de permanecer más allá del 2029 en voz de su vicepresidente que ha dicho al respecto que “en política nada esta escrito”.
  7. Está claro que aunque son innegables los resultados en seguridad, no se han corregido las cuausas y raíces del problema de violencia en El Salvador, también está claro que tal cual la misma población lo expresa en las encuestas, el problema de la economía no ha empezado ni siquiera a ser abordado y debido a que Bukele representa una burguesía interesada en depredar y agotar los recursos del Estado usufructuándose de ellos, no teniendo el mínimo interés en mejorar la calidad de vida y combatir la pobreza que aqueja a muchísimos salvadoreños. El pueblo ha probado diferentes opciones en los últimos 40 años y no ha visto resueltos sus problemas. Sin embargo actualmente no hay alternativa para el pueblo salvadoreño, por eso es que precisa el surgimiento de una opción desde los trabajadores y los pueblos que no deben olvidarse que solo el trabajador salva al trabajador, que solo el pueblo, salva al pueblo y que solo debemos confiar en nuestras fuerzas, es urgente que construyamos nuestro propio instrumento político.
  8. Es por esta razón que sin tapujos nos unimos a las voces que exigen la nulidad de las actuales elecciones, no basta con el conteo voto por voto y acta por acta, ya que desde antes del día “D” el proceso está viciado, además en el fallido conteo preliminar se dieron infinidad de anomalías que poco a poco van saliendo a la luz y son cada vez más aterradoras, por lo tanto no confiamos en ese conteo, ya que los votos y los datos pudieron ser cambiados y no se ha garantizado la custodia de los paquetes, la única forma de respetar la voluntad popular y las libertades democráticas es repetir las elecciones.
  9. Sin embargo estamos ya ante un régimen Dictatorial, por lo que no creemos que Bukele se haga el harakiri sobre todo si hay dudas que pueda perder el control de la asamblea, creemos que lo que sigue hoy es prepararnos porque los ataques a la clase trabajadora y los pueblos se van a intensificar. Debemos organizar la movilización y la resistencia contra los ataques anunciados contra la estabilidad laboral, las pensiones y el alto costo de la vida; organizar la resistencia y apoyar a la clase en su experiencia con el gobierno y sus embestidas. Por eso es que insistimos en el llamado a quienes luchan a unificarnos y preparar en un encuentro por la Democracia y las Condiciones de Vida de la Clase Trabajadora y los pueblos que constituya la Coordinadora de las Resistencias, además que vote un programa de lucha en el que nos aglutinemos y enfrentemos de la manera más amplia los ataques del gobierno.
  10. En definitiva, compañeras y compañeros ha quedado claro que el actual régimen no lo derrotaremos en las urnas, sino en las calles, por lo que hacemos el llamado nuevamente a tomar con valentía esta tarea para el siguiente periodo.

¡NULIDAD DE LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS! ¡REPETICIÓN DE LA ELECCIÓN!

¡POR EL RESPETO A LA VOLUNTAD POPULAR!

¡CONSTRUYAMOS  LA ALTERNATIVA POLÍTICA DE LA CLASE TRABAJADORA Y DE LOS PUEBLOS!

¡POR EL ENCUENTRO POR LA DEMOCRACIAS Y LAS CONDICIONES DE VIDA DE LA CLASE TRABAJADORA Y LOS PUEBLOS!

¡POR LA COORDINADORA DE LAS RESISTENCIAS!

San Salvador 7 de febrero de 2024