Lun Jul 22, 2024
22 julio, 2024

Limpieza étnica en Nagorno-Karabaj

El 24 de septiembre de 2023 pasará a la historia como el comienzo de la limpieza étnica del pueblo armenio, que ha vivido durante siglos en la región de Nagorno-Karabaj. En sólo cinco días, alrededor de 78.000 de un total de 120.000 armenios «huyeron» de la región hacia Armenia por temor a represalias del régimen azerí, tras el desarme de las fuerzas de autodefensa armenias, que fueron abandonadas por el régimen ruso, por las potencias occidentales, e incluso por el propio gobierno armenio. Con el apoyo directo del régimen turco, e indirectamente del régimen ruso, y con armas israelíes, el régimen azerí cometió un crimen contra la humanidad. Es difícil mirar las escenas de la población aterrorizada, huyendo, y no recordar el genocidio del pueblo armenio por parte del Imperio Otomano, con el apoyo de sectores de la población kurda, ocurrido un siglo antes.

Por: Fábio Bosco

Contrariamente a la explicación simplista de los principales medios de comunicación internacionales, que atribuyen esta masacre al odio étnico entre los pueblos, es necesario recordar que diferentes nacionalidades vivieron en paz en el Cáucaso durante siglos, por lo que es necesaria otra explicación por fuera de la visión imperialista «orientalista» e otra solución histórica.

La región del Cáucaso Meridional o Transcaucasia, donde actualmente se localizan Armenia, Azerbaiyán y Georgia, es un área estratégica entre el Mar Negro y el Mar Caspio. Además de constituir un corredor de tránsito entre Europa del Este y Asia Occidental, también se convirtió en un importante centro de explotación de petróleo y gas desde finales del siglo XIX.

En esta región, los pueblos milenarios siempre han convivido en paz pero comprimidos por tres grandes imperios: el ruso, el otomano (actual Turquía) y el persa (actual Irán), cuyas presencias ejercieron una fuerte influencia cultural, lingüística y religiosa.

A principios del siglo XIX, el Imperio Ruso arrebató esta región al Imperio Persa mediante dos guerras (1804-1813 y 1826-1828), finalizadas por dos tratados (Gulistán de 1813 y Turkmenchay de 1828), y ejerció su dominio hasta el Revolución Rusa de 1917.

¿Apoyar la revolución o la contrarrevolución?

Con la toma del poder en Rusia por los bolcheviques liderados por Lenin en octubre de 1917, los líderes locales del partido menchevique de Georgia, de la Federación Revolucionaria Armenia y del Musavat (Azerbaiyán), contrarios a los ideales internacionalistas y revolucionarios de los bolcheviques, decidieron formó la breve República Federativa Democrática de Transcaucasia el 22 de abril de 1918, seguros de contar con el apoyo de las potencias internacionales, como el Reino Unido, Alemania y Estados Unidos, interesadas en contener el avance de la revolución rusa.

Sin embargo, ante la ofensiva militar del ejército otomano, los líderes georgianos rompieron con la República Federativa el 26 de mayo de 1918, se aliaron primero con el Imperio alemán y luego con el Imperio británico, y se sumergieron en un nacionalismo abyecto promoviendo por medios militares disputas territoriales con Armenia y Azerbaiyán.

Este nacionalismo regresivo contaminará a los líderes nacionalistas armenios y azerbaiyanos que seguirán el mismo camino, disputando áreas entre sí. La elite armenia buscará el apoyo del Reino Unido y de Estados Unidos para reconstruir la Gran Armenia, y la elite azerí buscará el apoyo otomano y, luego, británico.

La guerra con el ejército otomano y entre las jóvenes repúblicas fue interrumpida por la entrada del Ejército Rojo, que tomó toda la región en 1920-1921 y, en 1922, se formó la República Federativa Socialista Soviética de Transcaucasia, uniendo las tres repúblicas: Armenia, Azerbaiyán y Georgia. Posteriormente, la Federación Transcaucásica fundará la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) junto con la Federación Rusa y las Repúblicas de Ucrania y Bielorrusia.

La cuestión de las nacionalidades

El derecho a la autodeterminación de los pueblos oprimidos siempre ha sido parte del programa del partido bolchevique durante Lenin, que incluye el derecho a la secesión. Un ejemplo de esto fue Finlandia. Poco después de que los bolcheviques tomaran el poder, el Senado finlandés envió una delegación a Petrogrado con una petición por la independencia de Finlandia, que fue inmediatamente firmada por Lenin.

Sin embargo, unos años después de que los soviets tomaran el poder, Stalin rompió con el programa bolchevique al oponerse al derecho de autodeterminación, proponiendo una autonomía formal y tutelada.

Esta cuestión fue objeto de intensas discusiones dentro del partido bolchevique y terminó con la derrota de Stalin y la victoria de Lenin, Trotsky y otros líderes bolcheviques. El resultado fue la inclusión del pleno derecho de autodeterminación de los pueblos oprimidos en la primera constitución soviética.

Tras la muerte de Lenin, con la derrota de las revoluciones en Europa y el reflujo de la revolución rusa, Stalin tomó el control del partido comunista (PCUS) y del Estado soviético, que se tornaron burocráticos. El derecho a la autodeterminación se convertirá en letra muerta y la Unión Soviética en la “cárcel de los pueblos”.

La cuestión de Nagorno-Karabaj

En el Cáucaso Meridional, los diferentes pueblos vivían juntos y mezclados. Los territorios con mayoría de un pueblo contenían minorías importantes de otros pueblos y no eran continuos. Es el caso de Nagorno-Karabaj (Alto Karabaj).

En las tierras altas de Karabaj (llamadas Nagorno-Karabaj) vive una mayoría de armenios, alrededor de 80%. En las tierras bajas de Karabaj existe históricamente una mayoría azerbaiyana. Todos han vivido en estas regiones durante siglos.

Entre 1921 y 1923 tuvo lugar un debate dentro del partido bolchevique sobre Nagorno-Karabaj. La posición de toda la delegación transcaucásica (compuesta por armenios, azeríes y georgianos) fue la de la integración de Nagorno-Karabaj a Armenia. Pero Stalin impuso otra solución. Entregó el área de Zangezur a Armenia y el área de Najicheván y Karabaj (tierras altas y bajas) a Azerbaiyán.

Para empeorar las cosas, en 1936 Stalin disolvió la República Federativa Soviética Transcaucásica y la dividió nuevamente en las Repúblicas Soviéticas de Armenia, Azerbaiyán y Georgia, preparando el conflicto que resurgiría medio siglo después, en 1988.

El fin de la “cárcel de los pueblos” y el veneno de los antagonismos nacionalistas

A mediados de los años 1980, Mijaíl Gorbachov llega al poder en la Unión Soviética. Proclama las políticas de la Perestroika (Reestructuración) y Glastnost (Transparencia) e inicia el camino de vuelta al capitalismo.

Son las nacionalidades oprimidas quienes inician el enfrentamiento contra la dictadura del PCUS que ahora gobierna un Estado capitalista con mano de hierro.

El 20 de febrero de 1988, el Sóviet de Karabaj votó a favor de la independencia de Nagorno-Karabaj (llamada Artsaj por la población local) y su unificación con Armenia por 110 votos a favor y 17 votos en contra. Gorbachov se opone a esta decisión. Comienza el conflicto militar entre Azerbaiyán y la población de Nagorno-Karabaj apoyada por Armenia.

En 1991, las Repúblicas de Armenia y Azerbaiyán se independizaron y un referendo masivo en Nagorno-Karabaj votó a favor de la independencia.

Este conflicto continuará con fuerte influencia del ejército ruso en ambos lados, y ha provocado ya 30.000 muertes y un millón de refugiados/desplazados.

En 1994, un armisticio mediado por Rusia congela las acciones militares y Nagorno-Karabaj se independiza de hecho pero no de derecho, es decir, la población armenia local controla la región pero su independencia no es reconocida ni por Azerbaiyán ni por la ONU.

Desde entonces, periódicamente se han producido ofensivas militares y procesos de opresión contra minorías nacionales, condenando a la región de Nagorno-Karabaj al subdesarrollo.

¿A quién interesa el conflicto?

El antagonismo regional entre Armenia y Azerbaiyán es de interés directo para Rusia y otras potencias regionales e internacionales.

Rusia vende armas y mantiene bases militares en los dos países que permanecen bajo su esfera de influencia, lo que le garantiza el control del Cáucaso y de sus riquezas.

Desde 1991, Turquía ha establecido una relación prioritaria con Azerbaiyán, donde se concentran las reservas de petróleo y gas natural de la región.

Azerbaiyán ha sido gobernado desde 1993 por el ex miembro de la KGB Heydar Aliyev, a quien sucedió su hijo Ilham Aliyev en 2003. Este régimen político autoritario y capitalista fomenta un nacionalismo tóxico contra la minoría armenia, al tiempo que entrega la exploración de petróleo y gas a las multinacionales occidentales y a los rusos. Para la actual ofensiva sobre Nagorno-Karabaj, el régimen azerbaiyano compró armas israelíes, además de las rusas, y cuenta con el apoyo de Turquía, que desde 1993bloquea sus fronteras con Armenia.

Armenia tenía un régimen autoritario que fue derrocado por una revolución popular en 2018. Sin embargo, el actual régimen democrático-burgués también se basa en un nacionalismo tóxico contra Azerbaiyán y en una relación privilegiada con Rusia, Europa y Estados Unidos.

Volver a Lenin

La alternativa aplicada por los regímenes políticos de Armenia y Azerbaiyán es la eterna guerra intermitente y la opresión nacionalista contra las minorías en sus países, mientras entregan sus economías al capitalismo internacional y se mantienen bajo la esfera política de Rusia.

Esta alternativa no atiende los verdaderos intereses de la población trabajadora que sufre el desempleo, la desigualdad social, los conflictos nacionalistas y la dominación extranjera.

La alternativa que interesa a la clase trabajadora armenia y azerbaiyana comienza con el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas y por el respeto a las minorías nacionales, defendidos por Lenin. Después de todo, ¿qué sentido tiene que el régimen azerbaiyano domine Nagorno-Karabaj por medios militares, donde los armenios han vivido durante siglos? ¿Promover más opresión y limpieza étnica? El pueblo de Nagorno-Karabaj debe tener derecho a la autodeterminación. Al igual que la población azerí de las tierras bajas de Karabaj, bajo control armenio hasta 2020, debe tener el derecho a la autodeterminación. Ningún pueblo es libre mientras si a otro pueblo. El camino hacia la libertad pasa necesariamente por el respeto mutuo y el reconocimiento de los derechos de las nacionalidades oprimidas.

Esta alternativa se completa con la formación de una nueva Federación de Repúblicas Socialistas Transcaucásicas entre Armenia, Azerbaiyán y Georgia, con la salida de todas las fuerzas militares extranjeras, donde todos los pueblos de la región puedan convivir y mezclarse en paz, como ocurrió durante siglos, y sin injerencias externas ni relaciones económicas o diplomáticas con el racista Estado de Israel, que se dedica a aplastar los derechos nacionales del pueblo palestino.

Para llevar adelante esta alternativa, la clase trabajadora de ambos países tendrá que derrocar ambos regímenes, superar el veneno del nacionalismo tóxico; y avanzar hacia el poder de los trabajadores, única salida para garantizar justicia social, la paz entre los pueblos, y la independencia nacional.

Traducción: Natalia Estrada.

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