Las desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, han enviado a la Justicia Especial para la Paz, JEP, una carta en la que se atribuyen los asesinaros del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, de los disidentes Hernando Pizarro León-Gómez y José Fedor Rey, del general Fernando Landazábal Reyes y del representante a la Cámara de extrema derecha Pablo Emilio Guarín.

Por Alonso CH

La mayoría de estos asesinatos obedecen – tanto de Gómez Hurtado como de sus disidentes y contendientes – no sorprenden en la lógica de la guerra, pero llama la atención del crimen de Jesús Antonio Bejarano, que recuerda una página que no ha sido abierta por las FARC, la de los crímenes contra los sectores sociales que decían representar.

Las FARC y el Gobierno de Samper

Cuando fue asesinado Álvaro Gómez Hurtado, el 2 de noviembre de 1995, el país atravesaba una grave crisis, era el Gobierno de Ernesto Samper Pizano, a quien se le señalaba de haber recibido recursos del Cartel de Cali, grupo mafioso que había hecho una alianza con el Estado contra el Cartel de Medellín durante el gobierno de César Gaviria.

Las denuncias sustentadas en los llamados narco-casetes que reveló el candidato derrotado, Andrés Pastrana, habían llevado al inicio del Proceso 8000 que terminaría con el encarcelamiento del gerente de campaña y ministro de defensa Fernando Botero y del tesorero de la campaña Santiago Medina.

El Gobierno de Colombia fue descertificado en la lucha anti-narcóticos por Estados Unidos y el embajador de ese país en Colombia, Myles Frechette, le canceló la visa al mismo Ernesto Samper, lo que llevó a que una parte de los políticos y los militares en Colombia hablaran de la necesidad de un golpe militar, en el conocido ruido de sables que lideró el general Harold Bedoya.

Fue la época en el que el Congreso de la República se dividió entre conspiradores y lentejos, con un ministro de gobierno como Horacio Serpa que se convirtió en el espadachín de Samper y en su principal defensor. A finales de 1995 fue asesinado Álvaro Gómez Hurtado, de quien se decía estaba detrás de la conspiración contra Samper.

Los conspiradores decían que el homicidio de Gómez Hurtado había sido ordenado por Samper, mientras los lentejos decían que había sido la misma extrema derecha la que había asesinado a su propio líder para desestabilizar el Gobierno.

Para 1995, las FARC lideraban desde hacía dos años una serie de movilizaciones de los campesinos cocaleros y su accionar militar ascendía con el desprestigio del Gobierno Samper, las milicias urbanas crecían en ciudades como Bogotá y Medellín e incluso sostenían que habían pasado de la etapa de guerra de guerrillas a una etapa de guerra de posiciones, en la que tenían control de buena parte del territorio.

De Gómez Hurtado…

Gómez Hurtado no gozaba de la imagen de demócrata e incluso de gestor de paz que hoy se le atribuye. Al contrario, era un beligerante político que en ese momento conspiraba contra Ernesto Samper con sectores de las Fuerzas Militares. En un obituario escrito por unos de los columnistas más importantes de época en la Revista Semana, Antonio Caballero, decía:

“Nefasto, por violento. Acaba de perecer víctima de la violencia, que condenamos todos. ¿Todos? No: él no. Durante toda su larguísima vida política -50 años- Álvaro Gómez Hurtado fue un tozudo predicador de la violencia como instrumento de la política. Empezó con sus arrebatos juveniles a favor de «la acción intrépida y el atentado personal» , persistió en su madurez con la incitación al aniquilamiento físico de las «repúblicas independientes» , se empecinaba todavía en su vejez con el embeleco de que había que «tumbar el régimen» .Hace apenas un par de años se definió a sí mismo, sin arrepentimiento, como «un soldado de primera línea» .Pues nunca pudo aprender nada del hecho de que esa violencia que predicaba y practicaba hubiera resultado siempre contraproducente para sus propios fines. De la guerra contra los liberales, el incendio de sus periódicos y de las casas de sus jefes, no salió la victoria de sus ideas, sino el derrocamiento del gobierno de su padre. El bombardeo de la “republicas independientes” expandió rápidamente la guerrilla al país entero, en vez de eliminarla. Y el régimen no ha caído, sino que el mismo Álvaro Gómez Hurtado está muerto”.

Sin embargo, las FARC no se atribuyó en su momento el crimen, en un momento en el que su poderío militar estaba en ascenso, el crimen de un líder de derecha como Gómez Hurtado los hubiese posicionado como un grupo armado con gran capacidad militar.

Esta tardía confesión es la que ha copado la atención de los medios de comunicación y las redes sociales, pasando por alto el grave crimen del profesor de la Universidad Nacional, Jesús Antonio Bejarano, negociador de paz e investigador sobre la reforma agraria en Colombia.

Habrá que ver qué dicen del homicidio de Gómez Hurtado, cuál fue su participación o si solo hace parte de la negociación con los liberales para sacar la investigación de la justicia ordinaria y exculpar al samperismo y a las Fuerzas Militares que han sido señaladas como responsables.

… a Jesús Antonio Bejarano

El crimen de Bejarano en septiembre de 1999 fue repudiado por estudiantes y docentes de las universidades públicas y caracterizado como un crimen de Estado, se conocían sus críticas a los Diálogos del Caguán y a las investigaciones por la muerte de Gómez Hurtado, en su momento se señaló también a las FARC, pero por su posición frente a la paz y a la reforma agraria en Colombia, se descartaba el accionar de la insurgencia.

Pero este asesinato de Bejarano, en realidad se suma a los asesinatos del estalinismo en armas de muchos intelectuales, estudiantes, trabajadores, campesinos, defensores de derechos humanos y activistas del movimiento social que cayeron bajo las balas de las FARC.

Crímenes como los de Jesús Antonio Bejarano, no solo deben ser confesados o atribuidos por las FARC en la JEP, deberían ser explicados ante la clase trabajadora y los movimientos sociales, hacer un balance de su accionar y reconocer el daño causado. Porque las FARC como insurgencia hizo un daño incalculable al avance de un proceso revolucionario en el país y ahora como grupo desmovilizado lo sigue haciendo.