La tercera intifada palestina devolvió la causa palestina a su contexto natural, basado en su contradicción antagónica con la existencia en sí del llamado “Estado de Israel”. La plena participación de las ciudades de la Palestina de 1948 en la lucha permanente refleja la importancia particular de esa resistencia popular, que reconstruyó la naturaleza del proyecto de lucha representado por la liberación de todo el territorio palestino, del río al mar.

Por: Tamer Khorma

Esta intifada rescató la unidad de la tierra, del pueblo y de la identidad palestina dentro de una perspectiva de ruptura con la ilusión de la “solución provisoria”, y que arroja luz sobre un hecho histórico: de que la cuestión palestina no puede ser resuelta sin el desmantelamiento de la entidad de la ocupación [se trata del Estado de Israel, ndt.]. En esencia, ella contradice el programa político de la Autoridad Palestina basada en Ramallah, cuyo proyecto tiene como premisa los Acuerdos de Oslo, los compromisos y apuestas subsecuentes, e incluso hasta las ligazones con la ocupación, pues la existencia de esa Autoridad, como entidad burguesa, se tornó intrínsecamente ligada a la sobrevivencia de la ocupación dentro del proyecto de “solución de los dos Estados”.

En la trinchera que es totalmente contradictoria al proyecto de la Autoridad de Ramallah, el pueblo palestino se levanta, enfrentando a las bandas de colonos y el ejército de ocupación, para anunciar una vez más su firme y decisiva posición, capaz de enfrentar todas las conspiraciones regionales e internacionales lideradas por el imperialismo aliado a las monarquías petroleras. Desde el anuncio del llamado acuerdo del siglo, el enemigo sionista persistió en sus intentos de judaizar Al-Quds (Jerusalén) y anexar Cisjordania, ¡y hoy parece aturdido en sus tentativas de retomar el control de las ciudades dentro de la “Línea Verde”! [líneas de armisticio que delimitan la Palestina de 1948, ndt.].

Otra cuestión que debe ser llevada en consideración es que la resistencia popular, que comenzó a tomar forma de un levante en la Palestina ocupada, consiguió –como era de esperarse– apoyo de masas en el mundo árabe, donde estallaron manifestaciones de solidaridad en Jordania, Líbano y Yemen incluso sufriendo con las peores guerras de esta y otras épocas. En los países de la Primavera Árabes, los pueblos, que ansían libertad, reiteraron que su brújula no se desvía de Al-Quds (Jerusalén). Para no hablar de la amplia solidaridad popular internacional que relanzó luz sobre la causa palestina como una cuestión legítima de resistencia de cara a una ocupación racista que es ideológicamente basada en la limpieza étnica en curso.

En cualquier caso, el pueblo palestino está plenamente consciente, al contrario de la mayoría de los dirigentes desgastados, de la verdad fundamental que emergió desde el inicio de la Nakba aún en curso, representada por la doctrina sionista basada en el principio de ocupar más tierras y expulsar a sus habitantes para traer nuevos colonos, en el contexto de una maldición cancerosa que pretende ser “permanente y en expansión”. O sea, incluso hasta pensar en la posible existencia de una llamada “solución de dos Estados” es puro absurdo nihilista.

En ese contexto, se debe enfatizar que la presencia en sí de la Autoridad de Ramallah fue y aún es un obstáculo para el proyecto de lucha palestino. Hoy, la práctica de esa Autoridad amenaza el desarrollo de la intifada en la Cisjordania ocupada, e incluso hasta los acuerdos regionales e internacionales conquistados por la resistencia popular. Atiende solo los intereses estrechos de la burguesía “compradora” [colaboracionista, ndt.] que se alineó completamente con el proyecto sionista a través de su obstinada insistencia en la política de coordinación de seguridad con la ocupación.

El desmantelamiento de la Autoridad nacida de Oslo se tornó hoy una demanda nacional urgente que requiere una lucha popular continua, considerando que se volvió un verdadero obstáculo al proyecto de liberar a Palestina y derrotar el sionismo. Las tentativas de neutralizar la participación de Cisjordania en esta intifada, que aún resuena en la arena árabe e internacional, es un asunto que no puede ser ignorado, ya que esta autoridad no medirá esfuerzos para aplacar a sus aliados internacionales, únicos fiadores de su artificial legitimidad. Por lo tanto, es un error clasificarla como un ente nacional, o considerarla una entidad nacional alineada en la trinchera del pueblo palestino.

Frente a esta realidad, las vanguardias de la resistencia popular junto con las organizaciones de la resistencia armada cargan una responsabilidad histórica representada en la necesidad de apoyar la continuación de la revuelta popular y su desarrollo en Cisjordania en particular, lejos de cualquier tentativa de invertir en futuras acomodaciones políticas, cualesquiera sean las presiones o justificativas. La apuesta y la verdad continúan ligadas a las calles palestinas que –incluso si un día se calman– permanecerán en estado de ebullición continua hasta la liberación de toda Palestina.

Artículo publicado originalmente en https://www.alaraby.co.uk/, 30 de mayo de 2021.-

Traducción: Natalia Estrada.