El gobierno burgués protege las ganancias pero no las vidas. Impongamos una cuarentena con salario, subsidios y protección. Como habíamos previsto y escrito durante meses, la idea de que Italia había resurgido de la pandemia era una falsedad, pura propaganda del gobierno Conte, al servicio de las clases dominantes, funcional para garantizar la producción, la venta de mercaderías, y por lo tanto las ganancias de la gran burguesía.

Declaración del Comité Central del Partido de Alternativa Comunista de Italia

No era necesario ser un experto en epidemias para saber que un virus que se propaga por todo el mundo no se detiene en las fronteras nacionales.

Incluso las letanías inútilmente repetidas en las últimas semanas: “no estamos en marzo”, o “los contagios crecen porque hacemos más hisopados pero el virus produce menos pacientes” o “no es relevante clínicamente”, han chocado con la realidad de los números de hospitalizados, terapias intensivas y muertes. Números que crecen en una dinámica exponencial, duplicándose cada semana.

Qué hizo el gobierno burgués en estos meses

En estos meses, el gobierno de la burguesía se ha preocupado únicamente por distribuir dinero a los grandes industriales y a los banqueros, sin invertir realmente en el fortalecimiento de la salud pública, devastada por años de recortes (y en muchas partes del país desde hace años en colapso). Por eso llegamos a este rebrote de los contagios sin preparación, exactamente como en marzo. Está fuera del horizonte del gobierno, como lo está de la burguesía, la inversión en los servicios sociales, en los transportes. Su única preocupación es garantizar las ganancias de las clases dominantes.

Aprovechando el chantaje “la bolsa o la vida”, el gobierno ha alimentado una campaña ideológica: “no podemos más bloquear el país como en marzo”, pasando la idea de que si se bloquea la producción, los que paguen las consecuencias serán necesariamente los trabajadores y pequeños comerciantes, y no los grandes industriales y los grandes distribuidores, cuyas ganancias para el gobierno son sagradas y están puestas por encima de la vida de los trabajadores, de los estudiantes, de los ancianos.

La propaganda para garantizar las ganancias

Así, a la propaganda falluta sobre las fábricas como “lugar más seguro”, se agrega aquella de las escuelas como presunto lugar garantido contra el contagio, en virtud de los famosos “protocolos”, que no garantizan ninguna seguridad ni en las fábricas ni en las escuelas ni en los transportes.

Decreto tras decreto, protocolo tras protocolo, han sido impuestas medidas privadas de sentido lógico: los estudiantes deben usar las máscaras fuera de la escuela, pero se las pueden quitar en clase. En fábrica no siempre es posible garantizar el distanciamiento de un metro y tampoco las mínimas normas higiénicas. En los transportes regionales, los autobuses y el metro no hay ni siquiera la apariencia de distanciamiento.

El virus, como era previsible, continuó circulando, ignorando estos ridículos “protocolos”. Y ahora la tragedia anunciada se está materializando: después de decenas de miles de muertes en los meses transcurridos, los analistas más serios reconocen que estamos andando al encuentro con la muerte cierta de otras decenas de miles de personas. Y los más perjudicados serán sobre todo los trabajadores, los pensionados pobres y los jóvenes proletarios, que a diferencia de los patrones no pueden permitirse tener a disposición una asistencia y cuidados de calidad o staff enteros de médicos como Berlusconi y otros multimillonarios que se han contagiado.

En lugar de tomar las inmediatas medidas necesarias de higiene y salud pública, todo se ha reducido a una cuestión de comportamientos individuales, a la advertencia sobre “estar atentos”. Como si un conductor del transporte público, un profesor o un estudiante en una clase llena, un obrero en una fábrica pudiesen evitar el contagio simplemente “estando atentos”.

La complicidad de las direcciones sindicales y de los reformistas

Para sostener la hipocresía del gobierno patronal se han sumado las grandes burocracias sindicales, que han avalado la ficción de los “protocolos” en los lugares de trabajo, en los transportes, en las escuelas.

El papel de las direcciones sindicales, CGIL a la cabeza, ha sido criminal y cómplice y ha contribuido a reforzar la ficción de “no estamos más en marzo”.

A este carro se han sumado también las organizaciones políticas reformistas y semirreformistas que, aceptando como inevitable la opción entre la salud y el ingreso, han así favorecido el sentido común de “no podemos más cerrar todo”. Se ha construido una verdadera y propia ideología, en el sentido de la falsa conciencia sobre la improrrogable necesidad de defender la escuela presencial, fingiendo ignorar que esto, en ausencia de financiamiento para garantizar aunque sea mínimas medidas de protección, ha conllevado a un elemento adicional de difusión del virus, como lo muestran los datos sobre contagios que niegan las declaraciones de la ministra Azzolina.

La derecha como la izquierda han difundido, junto con las teorías negacionistas las teorías conspirativas y los llamados a garantizar “la libertad” individual contra cada restricción. Ocultando así que el verdadero objetivo del gobierno y de los patrones, en este momento, no es el de obstaculizar la circulación de las personas, dado que esto debilitaría la circulación de mercaderías y por ende las ganancias de la gran burguesía. Así, precisamente para garantizar sus ganancias han reabierto todo, removiendo hasta las mínimas medidas que habían tomado en la primavera y, por el mismo motivo, tardan hoy en tomar la única medida necesaria y urgente: el bloqueo de toda la producción que no sea de primera necesidad y el cierre de las escuelas y de todas las actividades no vitales.

Un programa de emergencia, otro gobierno

El gobierno, subordinado a los intereses burgueses, es incapaz de proteger tanto la vida como la sobrevivencia económica de las masas. Es necesario un programa de emergencia que revierta el chantaje patronal. Se puede proteger tanto la vida (contra el virus), como la sobrevivencia económica de los trabajadores y las masas.

Es necesario un plan de inversiones multimillonario en salud pública, asistencia, servicios sociales. Debe interrumpirse de inmediato toda la producción de productos no esenciales, para garantizar una cuarentena real a millones de personas: único modo de detener la propagación del virus y de impedir una nueva hecatombe. Dado que el gobierno Conte no detendrá la producción o lo hará, caso extremo, solo en forma limitada, como lo hizo en marzo, debemos ser los trabajadores a cruzar los brazos, ir a la huelga.

Para no someternos al chantaje entre salud y trabajo necesitamos garantizar a todos, trabajadores, desocupados, inmigrantes, precarizados, pequeños comerciantes, artesanos, comerciantes, los medios necesarios paras sobrevivir en cuarentena en espera de una vacuna que pueda revelarse eficaz: y por lo tanto, debemos reivindicar un salario garantizado a los trabajadores y un ingreso de emergencia digno para quienes no tienen los medios para vivir.

Para evitar que los cierres se traduzcan en una situación imposible para las mujeres (sobre las que recae, en esta sociedad machista, el cuidado de los hijos y de los ancianos, muchas veces en contextos de violencia doméstica) es necesario tener un programa de protección económica y social para los sectores doblemente oprimidos.

También los estudiantes, en particular mujeres y LGBTs, deben tener garantizados espacios y equipamiento para que puedan beneficiarse de una educación a distancia, de calidad, evitando el riesgo de sufrir situaciones familiares discriminatorias.

Pero para hacer todo esto es necesario expropiar, sin indemnización y bajo control de los trabajadores, las grandes empresas, comenzando por aquellas que producen y distribuyen alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad. Es necesario expropiar los grandes capitales, poniendo los recursos a disposición de la sociedad.

Para implementar estas medidas indispensables para evitar la masacre, es necesario un gobierno de los trabajadores que esté al servicio de sus intereses. Un gobierno así podrá ser impuesto solo por la lucha de los trabajadores, organizados sindical y políticamente para derrocar este sistema social, el capitalismo, que ni siquiera puede garantizar la sobrevivencia de las masas a las que explota y oprime.

Solo el retorno de las huelgas obreras, como fue en marzo, y la construcción de una gran huelga general unitaria, podrán derribar el gobierno burgués.

Se inicia en el mundo una nueva etapa histórica. Las luchas de masas que sacuden a tantos países, desde Chile a Bielorrusia, desde el Líbano a los Estados Unidos, indican el camino a seguir. Al mismo tiempo, dejan en evidencia que la crisis en la cual el capitalismo ha precipitado a la humanidad –crisis pandémica, crisis económica, crisis ambiental– solo puede ser resuelta si en el interior de las luchas somos capaces de construir una nueva dirección revolucionaria, nacional e internacional.

¡Únete al PdAC y a la LIT-Cuarta Internacional! Construyamos juntos el partido revolucionario internacional necesario para evitar la barbarie capitalista y construir una sociedad diferente, ya no basada en la división de clases, y libre de explotación y de opresión.

25 de octubre de 2020.-

Traducción: Natalia Estrada.