Cuatro años después de aprobada, la reforma laboral vuelve a estar en discusión. No propiamente por sus efectos en el mercado de trabajo sino por la supuesta revocación de la reforma realizada por el actual gobierno de España, de Pedro Sánchez (una coalición del Partido Socialista con el Podemos y el Partido Comunista), en negociación con las direcciones de las principales centrales sindicales del país, como la UGT y CC.OO, y empresarios.

Por: Redacción Opinião Socialista – PSTU Brasil

Por aquí, Lula afirmó que los brasileños deberían “acompañar de cerca” ese proceso. La presidente del PT, Glesi Hoffmann, llamó la noticia de “alvissareira” [buena noticia]. Las direcciones del PT y de las centrales como la CUT, Força Sindical, CTB e Intersindical llegaron a participar de una reunión con representantes del gobierno y de las centrales españolas sobre el tema. Guilherme Boulos, por su parte, afirmó que vio “con buenos ojos ese paso”.

La realidad, sin embargo, es que no hubo ninguna revocación de la reforma laboral en España, como anunciaron los dirigentes del país y replicaron aquí dirigentes del PT y del PSOL. Lo que hubo fue la consolidación de medidas que perpetúan la precarización de los empleos, así como facilitan los despidos. Todo acordado con empresarios y las direcciones de las centrales y vendido como revocación de una reforma que solo llevó desempleo y precarización al país.

Lula, el PT y las direcciones de las centrales sindicales en el Brasil no están desinformados. Tanto es así que, luego de la reunión con los dirigentes de España, uno de los participantes comentó lo siguiente a la revista Carta Capital sobre Lula: “dijo claramente, con todas las letras: él, siendo reelecto, no revocará la ley laboral”. Ni siquiera el trabajo intermitente, aquel por hora, que puede pagar menos que un salario mínimo, estaría en el blanco del PT. Lo que fue elogiado por Lula fue el proceso “negociado” entre gobierno, patrones y centrales sindicales. Aun cuando esa “negociación” haya sido para mantener los principales puntos de la reforma de 2012 en España.

La marcha atrás en el discurso de revocación de la reforma (cualquiera que sea), sin embargo, ya había sido hecho antes. Eso porque, cuando Lula tocó en el asunto, el escogido para ser su vice, Geraldo Alckmin, demostró insatisfacción. Acto seguido, emisarios del PT corrieron para avisar al eterno “tucano” [tucán – apodo empleado para los del PSDB] que “no era tan así”. La verdad es que con una alianza con Alckmin, grandes empresarios y banqueros, y un programa para administrar el capitalismo, no es posible revocar la reforma laboral, mucho menos crear empleos, salarios y derechos decentes.

Mal ejemplo: España no revocó la reforma laboral, la consolidó

Mariano Rajoy y Michel Temer.

La reforma laboral de Mariano Rajoy (PP) en 2012 es tenida como inspiración para la reforma laboral sancionada por Michel Temer en 2017, que redujo a polvo más de cien puntos de la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT). Sin embargo, el proceso de flexibilización de las relaciones laborales en aquel país comienza antes. En 2010, el gobierno de Luis Zapatero, del mismo PSOE que el actual presidente, aprobó una reforma que, entre otros ataques, facilitaba los despidos (a través de la ampliación del llamado ERE- Expediente de Regulación del Empleo) y establecía los contratos temporarios de trabajo.

En un escenario en que el desempleo llegaba a 19,59%, y entre los jóvenes superaba 50%, los ataques al empleo y a los derechos desembocaron en una ola de paralizaciones y manifestaciones, incluso una huelga general aquel mismo año. Como si no bastase, luego de eso Zapatero impuso una reforma de la previsión, extendiendo la edad y el tiempo de servicio para jubilarse. Ese proceso, aliado a las huelgas y protestas, culminó en las grandes manifestaciones del 15 de mayo de 2011, el 15M.

La reforma de Rajoy, en esencia profundizó esas medidas, facilitando y barateando aún más los despidos y ampliando el plazo de los contratos temporarios. Los efectos se asemejan a los de una guerra civil: y 6,2 millones de trabajadores perdieron el empleo, el desempleo quedó en 27,16%, y llegó a 57,2% entre los jóvenes.

Ahora, la supuesta contrarreforma del gobierno Sánchez no altera en lo esencial ni revoca la reforma de 2012. Por el contrario, preserva los mecanismos que facilitan los despidos, incluso en masa, y mantiene los contratos de tiempo parcial, además de ampliar el mecanismo llamado ERTE (Expediente de Regulación Temporario de Empleo), que permite la suspensión o reducción de la jornada de trabajo, con la pérdida de por lo menos 30% de los salarios y la suspensión de varios derechos.

Para tener una idea, durante la pandemia más de cuatro millones de trabajadores fueron enviados a los ERTEs, protegiendo las ganancias de las grandes empresas a costa de la reducción de los salarios y los derechos, y del aumento de la deuda pública.

A pesar de la posición de las principales centrales, el sindicalismo alternativo, como Co.bas, CGT y las centrales de las nacionalidades oprimidas, denuncia la reforma. La movilización por su real revocación ya comenzó.

Consecuencias en el Brasil: reforma laboral generó tsunami de desempleo y miseria

Libretas de registro de trabajo de candidatos a vacantes de empleo temporario ofrecidos por la Metalúrgica Aliana, en una mesa del departamento de personal de la empresa.

La reforma laboral fue sancionada por Temer con la promesa de creación de dos millones de empleos en dos años y de seis millones de nuevos puestos de trabajo en una década. Pasados cuatro años del mayor retroceso en derechos de la historia, los efectos son la profundización del desempleo, la generalización del trabajo precario y la pérdida de derechos. Como consecuencia directa, la pérdida de ingresos y, aliada a la inflación, la vuelta del hambre.

No podría ser diferente. Entre los más de cien cambios en la CLT, está la posibilidad de que el negociado se sobreponga a la ley, incluso si eso significa menos derechos. También el célebre trabajo intermitente, o sea el trabajo por demanda del empleador, por hora, que puede pagar, al final del mes, menos que un salario mínimo. Además de medidas puramente perversas, como la posibilidad de reducción del horario de almuerzo y el permiso para que embarazadas trabajen en lugares insalubres.

Llegamos a una situación en que 43 millones de brasileños, 21% de la población, sobrevive sin ingreso por trabajo, sea formal o informal, como buscar materiales reciclables en las calles. Según datos de la Pesquisa Nacional por Muestra de Domicilios (Pnad), de 2019 a 2020 trece millones de personas pasaron a vivir en esta situación. Si la reforma laboral no creó empleos durante la crisis que se extendía desde 2014, en la pandemia ayudó a crear el escenario de tierra arrasada. Algo que solo empeoró con el fin del auxilio de emergencia que, a pesar de irrisorio, garantizó algún nivel de sobrevivencia a quien se vio sin trabajo. Con su extinción, 22 millones de personas se vieron sin ninguna fuente de ingreso.

El Anuario Estadístico del Ilaese (Instituto Latinoamericano de Estudios Socioeconómicos) de 2021 arroja luz sobre los reales números del desempleo en el Brasil, más allá de los criterios utilizados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), de estar buscando empleo en el momento de la investigación. Según relevamiento del Ilaese, 58,8 millones de personas no contaban con ningún empleo en 2020, sea formal o informal. Mucho más que los 12 millones de desempleados identificados por los números oficiales. Y más incluso que los 44,1 millones de asalariados. Y entre los trabajadores formales, más de 10% contaban con contratos temporarios, siendo que el año anterior ese número era de 0,6%.

Cuando cerrábamos esta edición, el IBGE acababa de divulgar los resultados del empleo y de los ingresos en el trimestre cerrado en noviembre último. La renta cayó 11% en relación con el mismo período de 2020, batiendo un nuevo récord desde el inicio de la serie histórica en 2012.

Ese es el resultado no solo de la reforma laboral sino también de la previsión, que obliga al trabajador a permanecer más tiempo en el mercado, y de toda la política económica impuesta por los últimos gobiernos y profundizada por Bolsonaro y Paulo Guedes, que arrojó a la clase trabajadora y a la mayoría de la población en una espiral de desempleo, miseria y hambre, mientras los súper ricos son cada vez más ricos.

Para acabar con el desempleo, revocar por entero la reforma laboral

Para revertir la destrucción de los empleos, de los derechos y de los ingresos de los últimos años, es preciso revocar por entero la reforma laboral. Pero no solo eso, es preciso revocar también la reforma de la previsión y la ley de las tercerizaciones. Lamentablemente, Lula y el PT no se comprometen con eso, pues están atados a los intereses de las grandes empresas y de los banqueros. Lo que Lula apunta es exactamente lo mismo que se hizo en España: una negociación que “hace de cuenta” para mantener la reforma y quitar más derechos.

Revertir los ataques de este último período es un primer paso, pero es preciso ir más allá para resolver de hecho el problema estructural del desempleo en este país. Es necesario reducir la jornada de trabajo sin reducir los salarios, distribuyendo el trabajo a quien precisa trabajar. Es necesario incluso aumentar los salarios e imponer un plan de obras públicas que pueda, al mismo tiempo, absorber la mano de obra desocupada y atacar otros problemas históricos como la cuestión del saneamiento básico, la vivienda, la salud, etc.

Eso solo será posible atacando los lucros y los intereses de las grandes empresas y de los súper ricos, prohibiendo los despidos y estatizando las empresas que insistan en despedir. Parando de pagar la mal llamada deuda y acabando con las exenciones multimillonarias, al contrario, apoyando y garantizando refinanciación de las deudas y exención al pequeño y micro empresario, que quedó “viendo pasar navíos” [prácticamente en la calle] con el veto de Bolsonaro al sector que concentra el grueso de los empleos.

La clase trabajadora debe exigir y luchar por la revocación por entero de las reformas laboral y previsional, no aceptando el engaño, como esa falsa revocación en España que Lula y Boulos defienden, y, en esa lucha, defender un programa que garantice empleo, salarios y derechos. Junto con eso, avanzar en la construcción de un proyecto y de una perspectiva de gobierno socialista de los trabajadores.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 2/2/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.