Un hecho llamó la atención de los activistas de izquierda en todo el mundo: el 11 de julio. Movilizaciones populares, con peso importante de la juventud pobre, sacudieron a Cuba. Las luchas comenzaron en el pequeño pueblo de San Antonio de los Baños y rápidamente se extendieron a sesenta ciudades de la Isla. Los relatos de los activistas de izquierda cubanos constataban que fueron movilizaciones espontáneas de los barrios más pobres, en La Habana.

Por: Eduardo Almeida Neto

Inmediatamente, la dictadura cubana reprimió las movilizaciones, hiriendo y arrestando a centenas de personas. Hasta hoy, pasaron por las prisiones, como consecuencia del 11J, alrededor de 1.000 personas, una buena parte de ellas muy jóvenes. Algunos están siendo condenados a varios años de prisión. La represión fue tan violenta que artistas cubanos que no pueden ser acusados de “proimperialistas” –como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Leonardo Padura– repudiaron y defendieron la liberación de los presos.

Aun así, el aparato estalinista mundial apoyó la represión en Cuba. Tanto el gobierno cubano como los PCs en todo el mundo atribuyeron las movilizaciones a los “agentes del imperialismo norteamericano”.

Para el 15 de noviembre se convocan nuevas movilizaciones en Cuba. Quien hizo el llamado fue la Plataforma Archipiélago, organizada a través de la iniciativa de Yunior García, dramaturgo, y otros activistas. La convocatoria está centrada en la defensa de las libertades democráticas en la Isla y por la liberación de los presos políticos del 11J. Para esas manifestaciones se pidieron autorizaciones de acuerdo con la Constitución vigente en Cuba. La respuesta del gobierno fue negar la autorización y amenazar con una represión aún más violenta que la del 11J para el 15 de noviembre.

Nuevamente, existe una enorme campaña del gobierno cubano, de los PCs en todo el mundo y de sus simpatizantes, diciendo que las movilizaciones serían de “agentes del imperialismo”.

En verdad, el gobierno cubano solo tiene de socialista el nombre, con el que se cubre para tener apoyo internacional. Se trata de una dictadura burguesa, odiada por la población. La crisis económica y el recrudecimiento de la pandemia aumentaron la miseria de las masas, así como en todo el mundo. Y la explosión del 11 de julio tiene la misma base que los procesos de movilización que ocurrieron en Colombia a inicios del año, y que ahora comienzan en el Ecuador.

No sabemos qué ocurrirá el 15 de noviembre. Seguramente, la dictadura reprimirá fuertemente. Puede ser que consigan hasta evitar la movilización o reducir su peso. Pero, ¿hasta cuándo el gobierno castrista se mantendrá? Está gestándose una explosión, un levante popular contra ese régimen, que puede ocurrir no sabemos en qué plazo.

Y el papel de la izquierda mundial es muy importante. El pueblo cubano cree que toda la izquierda en el mundo apoya la dictadura castrista. Y tiene motivos para eso, por el papel del aparato estalinista mundial y la fragilidad de la izquierda no estalinista. Es eso lo que tiene que cambiar, comenzando por el 15 de noviembre.

En Cuba existe toda una nueva vanguardia que fue formándose en los últimos años y que ganó nuevo impulso con las movilizaciones del 11J. Ya existían activistas con un programa democrático, con peso entre artistas, periodistas, luchadores de movimientos contra la opresión a los negros, LGBTIs y mujeres. Algunos de ellos se organizaron en mayo de 2019, en una marcha LGBTI no autorizada. Otros sectores se formaron a partir de iniciativas que discutían las libertades democráticas en Cuba. Con el 11J se formaron otros grupos, y, recientemente, la plataforma Archipiélago. Es esa la vanguardia que de forma valiente está impulsando la movilización del 15N.

La base ideológica del estalinismo

El estalinismo es un aparato mundial aún muy poderoso, aunque mucho menos que en los tiempos de los Estados obreros burocráticos. Cuenta con muchos PCs en todo el mundo, algunos de ellos con peso como el PCdoB y el PC en el Brasil, el PC chileno, el PC paraguayo, el PC portugués y etcétera. Además, tiene el apoyo de otros partidos reformistas, como el PT y el PSOL en el Brasil, y muchos otros en el mundo.

El estalinismo sustituyó el método de análisis marxista de las clases sociales por el de los “campos progresivos”. De un lado están los campos progresivos, que incluyen a los “gobiernos de izquierda” y a las “burguesías progresivas”. Del otro, está el imperialismo norteamericano. En los países dirigidos por esos “gobiernos de izquierda”, no existe proletariado, burguesía, ni lucha de clases. Como esos gobiernos son “progresivos”, todos los que se oponen a ellos son “agentes del imperialismo norteamericano”.

Con esta metodología, los PCs afirman que China es hasta hoy “socialista”. Partiendo de eso, los PCs apoyaron la masacre de la Plaza de la Paz Celestial en 1989, cuando millares de chinos fueron muertos en Pequín durante una manifestación pacífica.

China es una potencia capitalista, que ayudó al imperialismo a rebajar los salarios de los trabajadores de todo el mundo con la imposición de una brutal rebaja salarial en ese país. Para allá se desplazó una parte importante de las inversiones de las grandes empresas multinacionales. La fábrica de la Apple, la Foxconn, en Zhengzhou, se tornó una referencia mundial para el imperialismo, fabricando iPhones con trabajadores con pésimos salarios y un ritmo brutal de trabajo. En 2012, 150 trabajadores subieron al techo de la fábrica, amenazando suicidarse si no había mejoras en las condiciones de trabajo. Pero para el aparato estalinista mundial, China es “socialista”.

Para justificar lo injustificable, los PCs y sus apoyadores argumentan que es ese el “socialismo” de los días actuales, diferente de la concepción socialista de los primeros años de la URSS, así como de la de Marx y Engels. No obstante, la transición del capitalismo para el socialismo en un Estado obrero presupone la estatización de las grandes empresas, la planificación de la economía y el monopolio del comercio exterior. De la misma forma, los siete primeros años de la URSS mostraron al mundo un ejemplo de democracia obrera jamás alcanzada por cualquier democracia burguesa. Esos no son “criterios del pasado”, son las bases marxistas, tan válidas hoy como en el siglo pasado, porque el imperialismo sigue dominando el mundo. ¿Qué existe de eso en China?

El sector más importante de la economía china es el de las grandes fábricas de propiedad de la burguesía nacional china y multinacional. No existe ningún monopolio del comercio exterior ni planificación de la economía. Desde el punto de vista político, lo que existe es una dictadura policial del PC, violenta y represiva, como se manifestó en la masacre de Tiananmen. No existe ningún criterio marxista para entender a China como “socialista”. Solo queda la apariencia, el hecho de que el PC chino sigue dirigiendo el país, ahora como expresión de la gran burguesía china.

Con esa misma metodología, los PCs y sus simpatizantes apoyan al genocida Assad, dictador sirio que masacró a 500.000 habitantes y obligó a cinco millones a exiliarse para bancar así su dictadura. Apoyan la dictadura burguesa y corrupta de Maduro en Venezuela. Apoyan la dictadura de Ortega en Nicaragua, que mató a 400 personas, reprimiendo las protestas contra él en 2018. Al fin de cuentas, esos son gobiernos “de izquierda”, y los que se oponen a ellos son “agentes del imperialismo”.

En todos esos países, aunque el estalinismo no lo reconozca, siguen existiendo clases sociales. Existen trabajadores que pasan hambre y luchan por sus derechos. Existen burguesías fuertes, como la china, que disputa el mercado mundial con los Estados Unidos. Existe la boliburguesía, que creció bajo el aparato del Estado en Venezuela. Ortega es uno de los mayores millonarios burgueses de Nicaragua.

En todos esos países existe realmente la acción del imperialismo, que domina el mundo. Para ser preciso, acciones de los varios países imperialistas. Y esas dictaduras burguesas apoyadas por los PCS estuvieron y están asociadas a sectores del imperialismo. La burguesía china ahora tiene serias disputas con el imperialismo norteamericano, pero es innegable que buena parte del crecimiento chino de las últimas décadas se dio en completa asociación con las grandes empresas imperialistas, que invirtieron fuertemente en el país. Assad fue quien implementó las reformas neoliberales y las privatizaciones en Siria. Ortega era el “queridito” de los gobiernos de Estados Unidos en Nicaragua hasta hace pocos años, garantizando todos los planes neoliberales. Maduro asegura hasta hoy la continuidad de la explotación de petróleo en el país en asociación con las multinacionales imperialistas. Pero, para la fábula estalinista, esos gobiernos son “antiimperialistas”.

La restauración capitalista en Cuba

En Cuba se dio un proceso de restauración capitalista con algunas características parecidas, y otras muy diferentes, a la china.

En la década de 1990, la misma dirección castrista que dirigió la revolución de 1959 comandó la restauración del capitalismo en la Isla. Eso facilita el engaño de los activistas en todo el mundo. Al fin de cuentas, son los partidos comunistas chino y cubano los que siguen en el poder.

El antiguo Estado obrero burocratizado cubano desapareció, permaneciendo solo su apariencia, con el PC al frente, como en China. La restauración incluye una modificación completa en la economía, que hoy tiene su centro en el turismo, con grandes hoteles de las redes españolas Meliá e IberoStar al frente. El ron cubano es controlado por la empresa francesa Pernod. Los habanos cubanos son comercializados por una joint venture entre la estatal cubana y la Altadis, del grupo inglés Imperial Tobacco Group PLC. El aeropuerto internacional de La Habana fue privatizado para la empresa francesa Aéroports de París. Joint ventures con empresas imperialistas componen la esencia de la nueva burguesía cubana, originada en la alta cúpula de las fuerzas armadas, y concentrada alrededor de la GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.).

Las conquistas de la revolución en la salud y en la educación, que fueron mostradas con orgullo por los activistas de izquierda en toda América Latina, están en retroceso evidente. Un ejemplo de eso fue la terrible situación de colapso en la asistencia médica en Cuba con el recrudecimiento de la pandemia, muy parecido a lo que ocurrió en los países latinoamericanos. Eso llevó incluso a que el gobierno echase la culpa a los médicos de país, generando manifestaciones a través de videos y cartas por todo el país.

La miseria persigue a Cuba, con bajísimos salarios para los trabajadores.

Una vez más, el aparato estalinista intenta embellecer la restauración capitalista ocurrida en Cuba con el “socialismo de hoy”, distinto del de los tiempos pasados. Eso no tiene nada de marxista. No existe más planificación de la economía cubana desde la década de 1990, cuando comenzó la restauración. Las grandes empresas capitalistas hacen lo que quieren. No existe más monopolio del comercio exterior tampoco, por el mismo motivo. Siguen existiendo empresas estatales en Cuba, como existen en muchos países capitalistas. Pero el sector más importante de la economía cubana –el turismo– es dominado por las empresas imperialistas europeas como la red Meliá e Iberostar.

Los hechos desmienten la fábula estalinista de “socialismo cubano”. El antiguo Estado cubano, incluso burocrático, era regido por su planificación económica y las empresas estatales. La economía cubana hoy es regida por la ley del valor, que rige todas las economías capitalistas. Una demostración de eso es la recesión ocurrida en la Isla el año pasado, con la caída de 11% del PIB, en función de la recesión de la economía capitalista mundial. Basta comparar con la evolución de la economía en la URSS, que durante la depresión de 1929 crecía en la producción industrial más de 10% por año.

En diciembre de 2020, el gobierno estalinista de Díaz-Canel impuso un plan llamado “Tarea de Ordenamiento” –que se asemeja, en términos de contenido, a un plan neoliberal durísimo–. Los estalinistas rechazan la comparación del plan cubano con los planes neoliberales de los otros países. Ellos dicen eso porque no reflejan a los trabajadores cubanos sino los intereses del gobierno castrista.

El plan tenía como objetivo inmediato la unificación de las monedas vigentes en Cuba. Pero el resultado para las masas fue una rebaja salarial importante: el salario mínimo en Cuba es hoy de 33 dólares al mes, con los productos siendo vendidos a precios semejantes a los de toda América Latina. Además, hubo una elevación brutal de los precios del gas y de la energía eléctrica. El plan causó también hiperinflación y desabastecimiento, que agravaron la miseria del pueblo cubano.

Para empeorar todo, hubo un recrudecimiento de la pandemia en la Isla. ¿Cómo, entonces, no se puede comparar con un pesadísimo plan neoliberal? Solo se favorecieron con ese plan las grandes empresas multinacionales instaladas en Cuba y los nuevos burgueses cubanos asociados a ellas.

Estas fueron las bases materiales de la explosión popular del 11 de julio. Por eso, las manifestaciones fueron muy parecidas a las que ocurrieron en Colombia a inicios del año y las de Chile en 2019 y 2020. Tenían como base material el hambre y la miseria provocadas por planes neoliberales. Es verdad que los efectos del bloqueo norteamericano se suma a esta realidad. Pero negar los efectos de ese plan para decir que “todo es consecuencia del bloqueo” es parte de la farsa estalinista.

En Colombia y en Chile, gobiernos derechistas impusieron planes neoliberales pesados para los trabajadores, y los jóvenes salieron a luchar contra ellos. Nosotros apoyamos esas luchas, y denunciamos la dura represión de los gobiernos.

Es verdad que la represión en Cuba fue menor que la colombiana o la chilena. Pero eso fue porque las movilizaciones también fueron menores, parando el mismo 11 de julio. Recordemos el asesinato de millares de jóvenes por la dictadura china en la Plaza Tiananmen, que también fue defendida por el aparato estalinista en todo el mundo. Eso también puede ocurrir en Cuba, caso la movilización del 15 de noviembre, u otra en el futuro, sea más fuerte. Y será igualmente defendida por los PCs en todo el mundo.

No existe ninguna democracia en Cuba, menos todavía una “democracia popular”, como dicen los estalinistas. Ellos hablan de que “reprimen a los proimperialistas”, pero no permiten la existencia de ningún partido de izquierda que no apoye al gobierno, ningún sindicato que defienda a los trabajadores. Se trata de una dictadura violenta que, para encubrirse, se llama de “democracia popular”.

Esa dictadura reprimió no solo las movilizaciones del 11 de julio sino la marcha LGBTI de mayo de 2019, así como las manifestaciones artísticas independientes y todos los actos que la cuestionen.

Para el estalinismo y sus apoyadores, todos los que luchan contra los gobiernos de China, Nicaragua, Venezuela, Siria… y Cuba son “agentes del imperialismo”.

Existe tanta verdad en la defensa de Cuba “socialista” como en la conversación banal de Biden de que el gobierno de los Estados Unidos “defiende la democracia” en Cuba.

Nosotros seguimos defendiendo el marxismo como metodología de análisis y base para la formación del programa. Por eso, caracterizamos que Cuba es hoy un Estado burgués, una dictadura capitalista. Y defendemos una nueva revolución socialista en la Isla. Apoyamos las luchas de los trabajadores y de los jóvenes en Colombia, en Chile, y en todo el mundo, incluido Cuba.

El bloqueo norteamericano y la burguesía cubana de Miami

A pesar de haberse dado la restauración capitalista tanto en China como en Cuba, se trata de dos procesos muy diferentes.

China es un gran Estado, con una economía capitalista que ocupó un lugar privilegiado en la división mundial de trabajo desde la década del ’90 del siglo pasado como “fábrica del mundo”, y ahora disputa con el imperialismo norteamericano un espacio superior en el mundo capitalista.

Cuba es una pequeña isla, para la cual el gobierno castrista quería repetir el destino de China. El propio Díaz-Canel dijo eso en su visita a China en 2018: “Cuba usará a China como modelo para el desarrollo de la economía de la Isla y en la renovación de su modelo social” (revista Isto é).

No obstante, eso no es posible. Cuba no puede volverse “una nueva China”. En primer lugar, porque su frágil economía solo permitió ubicar el país en la división mundial del trabajo imperialista como una base turística más en el Caribe. Por eso, la restauración del capitalismo en la Isla se abrazó con el imperialismo europeo, para imponer redes turísticas españolas. Trabajadores cubanos son empleados de esas redes imperialistas en hoteles lujosos para turistas extranjeros, ganando salarios miserables, vigilados por la dictadura castrista.

En segundo lugar, Cuba no puede ser una nueva China por el conflicto existente con la burguesía cubana radicada en Miami. Esos son los burgueses expropiados por la revolución de 1959, que se instalaron en Miami y pasaron a ser parte integrante de la burguesía imperialista, con peso en los partidos Republicano y Demócrata.

Esa burguesía no está de acuerdo con la restauración conducida por el gobierno cubano. Quiere la devolución de sus propiedades y la caída del régimen castrista.

Fue esa burguesía el origen –y sigue siendo la base actual– del criminal bloqueo norteamericano a Cuba. Ese bloqueo existe desde 1960, y casusa perjuicios reales al pueblo cubano.

Nosotros luchamos hace más de cincuenta años contra ese bloqueo. Se trata de una medida odiosa del más importante país imperialista contra una pequeña Isla. Independiente de nuestras críticas al gobierno cubano, luchamos contra ese bloqueo imperialista. La ley Helms-Burton de 1996 agravó fuertemente el bloqueo contra la Isla.

Es innegable que el bloqueo ocasiona perjuicios reales al pueblo pobre cubano, agravando su miseria hasta hoy. [Sin embargo], no estamos de acuerdo con la propaganda estalinista que atributó todos los problemas de la Isla al bloqueo, como si no hubiese restauración del capitalismo en Cuba, como si no hubiese una política concreta del gobierno castrista. Pero eso no nos lleva a ignorar los pesados efectos del bloqueo sobre Cuba.

Denunciamos el cinismo de los gobiernos norteamericanos –tanto de Trump como de Biden, así como de todos los otros– de hablar de “democracia” en Cuba cuando lo que quieren es la devolución de las propiedades confiscadas en 1959 y la colonización de la Isla.

Así, nosotros tenemos un punto de acuerdo con el gobierno cubano y con todo el aparato estalinista mundial: luchamos incondicionalmente contra el bloqueo.

Pero es un acuerdo táctico, en el marco de una diferencia estratégica, incluso en el terreno de la lucha antiimperialista. Nosotros queremos el fin del bloqueo –en la estrategia de derrotar los planes imperialistas norteamericano y europeo para la Isla– como parte de un proceso revolucionario.

El gobierno cubano, por su parte, quiere el fin del bloqueo para que las empresas imperialistas inviertan y ocupen Cuba, como hacen hoy las europeas. O sea, el gobierno cubano quiere el fin del bloqueo para proseguir en su plan de hacer de Cuba una pequeña China, semicolonizada también por los Estados Unidos.

La acción imperialista sobre el 15N

Existe una fuerte disputa entre el aparato estalinista cubano y mundial, por un lado, y la propaganda imperialista, por otro, alrededor del 15N. Ambos dicen que solo existen dos campos: el “socialista” y el imperialista.

Ya vimos cómo el aparato estalinista caracteriza todo como una “maniobra imperialista”.

Pero la movilización del 15N es diferente de la del 11J, que fue espontánea. Esta vez, la lucha está siendo convocada por esa vanguardia, articulada alrededor de la plataforma Archipiélago, y tiene apoyo de buena parte de los activistas democráticos de la Isla.

La burguesía cubana de Miami quiere aprovecharse de la actual crisis del gobierno cubano, y disputar esa vanguardia.

Recientemente, fue formado el llamado “Consejo Nacional de Transición”, que defiende un programa democrático burgués contra la dictadura cubana. Junto con eso, defiende la devolución de las propiedades confiscadas de la burguesía de Miami y una completa subordinación al imperialismo norteamericano. Ese “Consejo” está apoyando la convocatoria del 15N. Y la burguesía de Miami hará movilizaciones de “apoyo” el mismo día.

Ese “Consejo” está disputando la vanguardia que surgió el 11 J. Y está ganando a una parte de los movimientos contra la dictadura en la Isla, como fue la adhesión al “Consejo” del Movimiento San Isidro. Otra parte de esa vanguardia está en contra de las maniobras imperialistas y de ese “Consejo”.

De la misma forma, el aparato estalinista también está presionando, amenazando y disputando esta vanguardia. Algunos de los activistas que participaron del 11J se negaron a apoyar la movilización del 15 de noviembre por ser “apoyada por el Consejo”.

La movilización democrática del 15N contra la dictadura cubana, en defensa de la libertad de los presos políticos, es extremadamente progresiva, de la misma forma que también lo era la manifestación de los estudiantes en la Plaza de la Paz Celestial, en 1989.

El imperialismo intentará capitalizar la crisis, de la misma forma que intentó capitalizar la movilización en China. Intentó también aprovecharse de las luchas democráticas contra la dictaduras estalinistas en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1968, que fueron masacradas por los tanques enviados por la burocracia soviética.

Eso no cambia el carácter democrático progresivo de esas movilizaciones. Y, además, plantea un desafío para la izquierda mundial, como dijimos en el inicio de este artículo.

En Cuba, se está gestando una gran explosión contra esa dictadura burguesa y corrupta. Lo peor que puede pasar es la victoria política del estalinismo, que arroja en los brazos del imperialismo la formación de alternativas democráticas en Cuba. Eso puede llevar a que la caída de la dictadura castrista termine siendo capitalizada por direcciones imperialistas, como Yeltsin en Rusia, ahora a través de la burguesía imperialista de Miami.

Nosotros proponemos lo opuesto: luchar contra la dictadura cubana como parte de una estrategia socialista y antiimperialista. Nosotros queremos una nueva revolución socialista, reestatizando las empresas privatizadas, incluso las que están en manos del imperialismo europeo, con una profunda planificación económica y control directo y real de los trabajadores. Queremos una democracia obrera en Cuba, opuesta a la dictadura estalinista, que de hecho tenga su esencia en la participación de los trabajadores en todas las decisiones fundamentales y estratégicas de la Isla.

Los activistas de izquierda que defienden la dictadura cubana pensando que, a pesar de los errores, el estalinismo defiende lo que resta de la revolución cubana, deben reflexionar sobre lo que ocurre en China. Deben pensar qué lleva a los PCs a defender dictaduras burguesas como la china, la venezolana, la siria y la nicaragüense. Y ver si no existe semejanza con lo que ocurre hoy en Cuba.

La dictadura cubana no esta defendiendo el Estado Obrero burocratizado, que hace mucho tiempo no existe más, sino su alianza con las grandes empresas europeas, sus ganancias y sus privilegios. Por eso es odiada por el pueblo cubano. Apoyar la dictadura estalinista es fortalecer esa visión de los “campos progresivos junto con la burguesía”, que ignora las clases sociales y el marxismo. Y prepara una nueva derrota en Cuba.

Incluso los sectores de izquierda que no concuerdan con nuestra caracterización de que ya ocurrió una restauración capitalista en Cuba, deben reflexionar sobre el significado de apoyar una represión que puede ser durísima contra activistas que defienden libertades democráticas y derechos básicos.

La izquierda revolucionaria latinoamericana y mundial tiene esa responsabilidad. Si capitular al estalinismo, si considerar toda esa lucha democrática y la movilización del 15N como “proimperialista”, estará ayudando a la dictadura burguesa estalinista a reprimir una movilización democrática legítima. Estará también dejando como única alternativa de apoyo para esa vanguardia democrática el “Consejo” y la burguesía de Miami.

Nosotros, de la LIT, defendemos el lado de los trabajadores y de la juventud en Cuba. Creemos que su lucha es legítima, justa y necesaria. No se puede negar la realidad de profunda desigualdad económica y la existencia de la represión a las libertades democráticas. De la misma manera que defendemos a esos trabajadores y jóvenes en Colombia, en Chile y en el Brasil, estamos con los cubanos que dicen Basta, así como contra las burguesías y sus dictaduras.

Traducción: Natalia Estrada.