Mientras cerrábamos esta edición, el Brasil sobrepasaba una triste marca más: por primera vez, el número de registros diarios de muertes por el Covid-19 rompió la barrera de los 4.000 óbitos. Especialistas apunta que, en breve, llegaremos a los 5.000.

Por Redacción PSTU – Brasil, 7/4/2021.-

La tragedia ronda los hogares y a las familias brasileñas. Todo el mundo tiene un pariente o amigo próximo que perdió su vida en esta pandemia. Un verdadero genocidio, llevado a cabo por el gobierno Bolsonaro y Mourão que, frente a la mortalidad, sigue su política de dejar el virus circular libremente, a fin de no perjudicar las ganancias de las grandes empresas y de los banqueros, y su proyecto de reelección.

El tal cambio de rumbo del gobierno, pensado por sectores de la burguesía y del Centrão, se reveló más un deseo que una realidad. Si por un lado Bolsonaro fue obligado a readecuar su discurso, mintiendo que siempre estuvo a favor de la vacuna, por el otro su gobierno continúa actuando contra cualquier medida de distanciamiento social y por la abertura indiscriminada de todo, por ejemplo, de las Iglesias durante la Pascua.

Mientras tanto, la vacunación se demora y el gobierno, junto con Lira, presidente de la Cámara, y el Centrão [los partidos de centro], aprueban la compra privada de los inmunizantes para salvar la vida de los grandes empresarios y adinerados, mientras el pueblo muere en las filas de las unidades de terapia intensiva.

La catástrofe sanitaria es acompañada por una verdadera tragedia social, con el crecimiento del desempleo, de la miseria y del hambre. El año pasado, el número de brasileños que pasaba hambre llegaba a 20 millones. Hoy, ciertamente, es mucho más. ¿Cuál es la exacta dimensión de esta crisis? Tal vez nunca lo sepamos, pues Bolsonaro cortó recursos del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas), a fin de inviabilizar la divulgación de datos, a ejemplo de lo que hizo en relación con los muertos de la pandemia.

 

El auxilio de emergencia de hambre, aprobado por el gobierno y el Congreso Nacional, no compra ni la mitad de una canasta básica. Bolsonaro intenta venderse como un defensor de los empleos y de los pobres, pero la realidad es que, en la falsa dicotomía entre salud y economía, él actúa en esos dos frentes y arroja al pueblo a la muerte, el desempleo y la miseria, al mismo tiempo.

Ajeno a todo eso, el mercado financiero conmemora el alza en las bolsas de valores. Para los banqueros no importan las casi 350.000 muertes, sino la política de entrega y privatización del país y la destrucción de los derechos.

Solo la acción de la clase puede impedir el genocidio

La única forma de parar ese genocidio es a través de un lockdown por 30 días, por lo menos. Algo que solo será posible con un auxilio de emergencia de verdad, que permita a las personas, principalmente a los más pobres, quedarse en casa. Mientras tanto, se debe avanzar en la vacunación, con la quiebra de patentes y la reconversión de fábricas para la producción en masa de los inmunizantes.

Esa es la necesidad urgente e inmediata de la clase. La pandemia y la enorme crisis social, sin embargo, dificultan la movilización de los trabajadores y del pueblo pobre. Una campaña nacional y unificada alrededor de esas banderas podría dar confianza a la clase e impulsar esa lucha para avanzar rumbo a una huelga general sanitaria, paralizando todos los sectores no esenciales. Pero lo que vemos es lo contrario de eso.

Los que se dicen de oposición no bancan un lockdown o la quiebra de las patentes ni tienen un programa de emergencia mínimo frente a la crisis. En el gobierno Doria, de San Pablo, igual que en los Estados gobernados por el PT o el PCdoB, predominan las cuarentenas fake. Por su parte, las direcciones de las grandes centrales prefieren aliarse con Doria y los patrones, articulando la rebaja de los salarios en lugar de jugar sus fuerzas en la movilización independiente de la clase.

Las direcciones de las centrales deberían estar organizando a la clase alrededor de ese programa de emergencia, apostando en la lucha unificada de los trabajadores. Lo mismo en relación con los partidos de la oposición, que deberían estar defendiendo esas medidas y llamando a una lucha unificada alrededor de ellas.

Sin eso, el gobierno se ve libre para continuar imponiendo su política genocida y para articular, para el futuro, una alternativa pro dictadura. Incluso los sectores de la burguesía, que están criticando al gobierno frente al descontrol de la pandemia, aún lo sostienen, con la promesa de una nueva ronda de quite de derechos y la entrega del país.

Alternativa revolucionaria y socialista

Al mismo tiempo en que es necesario dar una respuesta urgente a los ataques del gobierno, también es preciso apuntar hacia una salida estratégica para la clase, a través de sus propias fuerzas y organización.

Las direcciones del PT y del PSOL apuntan para otro lado. Quieren reeditar el viejo programa de colaboración de clases, a través de un frente amplio con la burguesía. Ya vimos donde acaba eso. Dio en los 14 años de gobiernos del PT, que no solo no resolvieron siquiera los problemas más básicos, como la falta de saneamiento del pueblo, como abrieron el camino para el gobierno Bolsonaro.

Precisamos de una salida revolucionaria y socialista, en el sentido de avanzar en la organización, por abajo, de los trabajadores y del pueblo pobre y oprimido, rumbo a un gobierno socialista de los trabajadores, apoyado en consejos populares. Solo así es posible superar los problemas estructurales que enfrentamos, como el desempleo, el hambre y la miseria.

Artículo editorial publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.