Mientras en los rostros de la mayoría de los mandatarios reunidos en Viena se dibujaba el asombro y la risa, Kirchner y Tabaré Vázquez no podían ocultar su incomodidad. La reina del carnaval de la ciudad de Gualeguaychú no sólo los hizo pasar vergüenza. Con su manera audaz de llevar a conocimiento del mundo entero el pleito por las papeleras y la contaminación, la morocha entrerriana lo dejó a Tabaré sin la posibilidad de bajar el tono a la querella. Y a Kirchner le quitó el protagonismo que pretendía tener, levantando en el encuentro el reclamo demagógico, para la tribuna, contra la contaminación.
 

Esto pudo ser así, el gesto pícaro orquestado por Greenpeace pudo tener tanta repercusión y complicarle la vida a Tabaré y Kirchner, por dos razones principales. La primera razón es que ambos mandatarios están en falsa escuadra. Tabaré presenta hoy argumentos «nacionalistas» y de «defensa del empleo y la economía», para sostener la construcción de plantas que él denunció como un negociado de los anteriores gobiernos en la campaña electoral que lo llevó a la presidencia. Aunque la burocracia de la PIT-CNT y muchos trabajadores -confundidos por el gobierno y los dirigentes sindicales y de izquierda- lo acompañen, la realidad es que el presidente del Frente Amplio hoy ha desnudado que viene a defender los mismos intereses de las multinacionales y el mismo sometimiento de Uruguay al imperialismo que los anteriores gobernantes.
 
Por su parte Kirchner viene tratando de desmovilizar a los entrerrianos haciéndolos creer que él lucha consecuentemente contra la contaminación, cuando la realidad es muy distinta. Y de que abandonen los cortes y la movilización y confíen que él y sus maniobras legales. Pero la inmensa movilización, y la actitud de la joven reina, demuestran que Gualeguaychú solo confía en su fuerza, su lucha y su gente. Y esto nos lleva a la segunda razón por la que fue tan efectivo el recurso publicitario de Greenpeace: se apoyó en una campaña contra las papeleras que ya lleva tres años y con la que los ambientalistas de Gualeguaychú han logrado ganar para la movilización a la mayoría de la población de la ciudad.
 
Todo esto se vio con claridad en la semana previa al viaje de Kirchner a Viena. El 1º de mayo la asamblea de Gualeguaychú había logrado convocar una poderosa movilización en la ciudad, rondando las 100.000 personas y en forma totalmente independiente del gobierno, reclamando lisa y llanamente -como lo vienen haciendo- que no se instalen las papeleras.
 
El 5 de mayo Kirchner intentó repetir la hazaña, pero se encontró con que su acto en la ciudad entrerriana para reclamar que las papeleras usen tecnología limpia contaba con no más de 25.000 concurrentes, que en su casi totalidad era gente traída por los gobernadores e intendentes y muy pocos eran vecinos del lugar. Lo que dejó en claro que la mayoría se moviliza por el rechazo completo y total y no quiere la manganeta kirchnerista de aceptarlas si juran usar tecnología no contaminante.
 
El presidente argentino se fue a Viena convencido de que, al menos allí, nadie lo iba a flanquear por izquierda. Que iba a quedar como el abanderado de la independencia. Con un estruendo de bomba que resonó en el mundo entero, el nuevo modelito bikini-soberanía temporada 2006 lo sacó de su error.
 
El 25 de mayo va a haber mucha gente en la Plaza de Mayo…
 
…y también va a seguir habiendo mucha bronca contra las multinacionales que Kirchner defiende y por la miseria y la desocupación. Lo de la morocha de Gualeguaychú en Viena pone sobre el tapete el dilema de fondo que enfrenta Kirchner. Si hay algo que los trabajadores y el pueblo argentino hemos aprendido en estos años, es que la miseria, los salarios y jubilaciones de hambre, el desempleo, el derrumbe de la salud y la educación pública y tantos males más, son resultado del saqueo del país por el FMI, los fondos buitres y las multinacionales. Y lo otro que hemos aprendido es que la única forma de conseguir lo que queremos es tomándolo en nuestras manos y luchar por ello, sin confiar en que el gobierno lo hará por nosotros.
 
Kirchner hasta ahora ha logrado mantener un difícil equilibrio entre pagarle como nadie al FMI, permitir el saqueo del campo, del petróleo y de todas las riquezas por los grandes monopolios internacionales como Monsanto, Kings Ranch, Repsol, y denunciarlos como responsables de todos los males; entre defender la presencia en el país de seis papeleras y decenas de otras multinacionales que contaminan a más no poder y reclamar tecnología limpia a las empresas que se van a instalar en Uruguay; entre defender a las FFAA responsables del genocidio y pilar de la defensa de los intereses de los capitalistas en el país, teniendo más presos políticos que ningún otro gobierno desde 1982, y meter presos a algunos genocidas y convertir la ESMA en un museo; entre favorecer a los patrones, haciendo que los más ricos ganen 30 veces más que los más pobres y que las patronales tengan ganancias como no se vio siquiera con Menem y mantener a la mitad de los trabajadores en negro y a la mayoría de los jubilados por debajo de la línea de pobreza.
 
Kirchner puede mantener este equilibrio demagógico precario por tres razones fundamentales: los altos precios internacionales de las materias primas le siguen dando buenas ganancias a la mayoría de las patronales, la burocracia sigue controlando la mayoría de las organizaciones de los trabajadores y no hay una fuerte dirección alternativa desnudando sus maniobras y llamando a enfrentarlo.
 
Por eso el 25 de Mayo, aunque habrá mucha gente con bronca contra el FMI, las multinacionales y por los salarios y jubilaciones de hambre, la destrucción de la educación y la salud, va a haber también una multitud en la Plaza, llevada en su mayor parte seguramente por el aparato, aunque también reflejando las expectativas que aún tienen amplios sectores obreros y populares en el gobierno.
 
Lo de Gualeguaychú es un alerta, sin embargo. Allí hay una amenaza de muerte para la economía regional. Y una dirección que ha sido consecuente en su oposición a las papeleras y se ha demostrado capaz de movilizar más que Kirchner con los gobernadores y el aparato. Incluso capaz de arruinarle el vals al pingüino en Viena. Lo que nos muestra que, a pesar de la demagogia marca K, existe un camino para construir la dirección que los trabajadores y el pueblo necesitamos.