Mié Nov 30, 2022
30 noviembre, 2022

La invasión a Ucrania, las organizaciones palestinas y la maldición de los nuevos zares

Publicamos la versión del artículo del periodista palestino Tamer Khorma que analiza las posiciones de las diferentes organizaciones palestinas respecto de la invasión a Ucrania por las fuerzas rusas para conocimiento del público de lengua hispana. Aclaramos que las opiniones del autor no necesariamente reflejan las posiciones de la LIT-CI.

De: Tamer Khorma, original publicado el 10 de marzo de 2022.-

“La lucha contra la guerra y su origen social, el capitalismo, presupone el apoyo directo, efectivo y explícito a las luchas y a las guerras de los pueblos oprimidos y colonizados contra el imperialismo. La posición de neutralidad equivale a apoyar al imperialismo” (León Trotsky, resolución sobre el congreso antiguerra del Buró de Londres, julio de 1936).

Libertad, en su verdadero significado político, no puede ser conquistada mientras haya opresión y explotación, mientras no estemos libres de toda forma de ocupación, usurpación y dependencia del imperialismo. Este no se limita solo a los “yanquis” o al viejo continente, como el movimiento estalinista imaginaba. El imperialismo chovinista ruso no es menos arrogante en sus embestidas, pudiendo ser incluso peor cuando se trata de la confiscación de derechos civiles, los cuales fueron conquistados por las clases trabajadoras durante las revoluciones burguesas.

Cuando el imperialismo, cualquier tipo de imperialismo, decide hacer una guerra contra un pueblo y ocupar sus tierras, eso es un ataque a toda la humanidad. Una guerra es una contradicción fundamental a los intereses de los pobres y oprimidos del mundo, e incluso hasta con su existencia. Por lo tanto, es natural y evidente que un pueblo que ya sufrió con una ocupación tenga solidaridad con otro que sufre del mismo mal. Lo que está ocurriendo en el territorio de Ucrania está ilusionando a varias fuerzas que creen que Moscú es un “bastión antiimperialista”, en lugar del imperialismo chovinista de la Rusia de Putin. Ese dilema moral es resultado de conclusiones impuestas por un pragmatismo vulgar.

El pueblo palestino, que sufre con una Nakba (catástrofe) continua desde 1948, sabe más que nadie el significado de una ocupación. No es extraño para esas personas, que recuerdan a héroes de su historia en su revolución permanente y cotidiana, la solidaridad incondicional con los ucranianos que enfrentan la ocupación rusa. Algunas organizaciones que abandonan la estrategia de la revolución, sea por rendirse a las soluciones temporarias de la Autoridad [Palestina] de una tierra bajo ocupación, o por capitular a los cálculos políticos regionales e internacionales de Teherán [capital de Irán] y de Moscú, acaban siguiendo la política de los nuevos Mulás [líderes islámicos iraníes] o de los nuevos zares.

Al mismo tiempo en que algunas organizaciones palestinas se limitan al silencio y se niegan a hacer declaraciones que rechacen la invasión de Rusia a Ucrania, el frente Democrático (FDLP) aplaude a Putin, y anuncia apoyo explícito a la invasión rusa en una declaración oficial que dice: “Es derecho de la Federación Rusa, como derecho de todos los países y pueblos del mundo, para garantizar su seguridad nacional, y para defender su libertad e independencia política y económica frente a la política de expansión agresiva de la OTAN, que visa cercar a Rusia de bases militares”.

El sitio oficial del Frente Democrático (FDLP) incluso trae citaciones de Putin, en las que declara: “El objetivo de Rusia es proteger a su pueblo que, por ocho años, fue sometido a malos tratos y genocidio por el régimen de Kiev”. ¡Una mentira más inventada por el nuevo zar!

No hay dudas de que la OTAN es uno de los brazos más sucios del imperialismo europeo y norteamericano. Pero el imperialismo ruso, y su brazo militar representado por la alianza CSTO (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) dirigido por Moscú, reprimió el levante popular de Kazajistán hace solo dos meses, luego de haber apoyado el régimen autoritario de Lukashenko en Belarus. Tampoco olvidemos los aviones de Putin que bombardearon al pueblo sirio para proteger a su fantoche Assad.

Entonces, ¿cuál es la “protección” de la que habla el Frente Democrático (FDLP) de Nayef Hawatmeh en su declaración? ¿¡No es la invasión rusa a Ucrania, que reproduce la barbarie chovinista, el presente más lindo y la mejor justificación que podría darse a la OTAN!? ¿Rusia se estaba protegiendo cuando ocupó Crimea en 2014? ¿O cuando Osetia y Abjazia fueron tomadas de Georgia en 2008?

La catástrofe es tan grande que no fue solo en Frente Democrático que cayó en los brazos de Moscú. El Partido del Pueblo Palestino (antiguo Partido Comunista) publicó en sus redes sociales que su secretario general, Bassam al-Salhi, telefoneó hace algunos días al ministro de Relaciones Exteriores ruso, Mikhail Bogdanov, cuando afirmó que su partido es solidario con Rusia.

En esa llamada, al-Salhi absolvió a Putin de cualquier responsabilidad por la invasión de Ucrania al decir que “rechaza los planes de los Estados Unidos de América y de la OTAN que provocaron esa guerra”. A lo que él agregó que defiende “una solución pacífica para la crisis en Ucrania, que atienda los intereses tanto del pueblo ruso como del ucraniano”.

La posición del Partido del Pueblo puede parecer más equilibrada que la del Frente Democrático, pero ambos escogieron alinearse en las trincheras de una de las fuerzas imperialistas más fuertes del mundo, a costa del derramamiento de sangre del pueblo ucraniano, kazajo, bielorruso, georgiano, sirio, etc., como si el internacionalismo estuviese fuera de los intereses de esos partidos. Esa posición no es diferente de aquella de los partidos socialdemócratas que traicionaron a la clase trabajadora y destruyeron la Segunda Internacional durante la Primera Guerra Mundial.

El Frente Popular (FPLP) no emitió ninguna declaración en apoyo al régimen de Putin y su invasión a Ucrania. A pesar de eso, publicó un editorial en su sitio oficial el 24 de febrero, con el título: “Ucrania y la débil cintura”[1]. El texto interpreta la invasión como un “ataque preventivo para evitar que Ucrania entre en la OTAN”. También justificó la anexión de Crimea porque Putin estaba “receloso de que los EEUU en particular y el occidente en general, estuvieran utilizando a Ucrania para amenazar a Rusia y limitar sus ambiciones, especialmente su alianza con China, y su misión de restaurar un poco las relaciones con los países de Medio Oriente al aliarse fuertemente con el campo sirio desde 2015, transformándose en un factor decisivo para el conflicto”.

La justificación para la ocupación de tierras ucranianas y la intervención sangrienta en Siria, que fue una posición defendida por la izquierda estalinista, solo puede ser considerada como un alineamiento ciego con el imperialismo ruso. Ese posicionamiento ignora completamente el hecho de que Putin es un aliado estratégico del sionismo, como lo fue Stalin, y sea adorado por la derecha occidental alineada con el expresidente de los EEUU, Donald Trump, ¡el dueño del proyecto del “Acuerdo del Siglo” que movió la embajada de su país de Tel-Aviv para Jerusalén!

En cuanto al movimiento Fatah, que está reducido a la Autoridad (ANP) en Ramallah, este no publicó sobre este asunto nada que valga la pena ser mencionado. De cualquier forma, es natural que la dirección de ese movimiento no asuma las mismas posiciones que aquellas organizaciones de izquierda alineadas con el imperialismo ruso. Su presente y futuro están en las manos del imperio yanqui, con base en sus intereses de clase.

Pero, apartándose de las posiciones de sus direcciones, el movimiento intenta arrojar una luz en la cuestión de la ocupación de Palestina, en medio de la preocupación mundial sobre la crisis en Ucrania, al exigir que “los países del mundo, las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad deben condenar los crímenes de ocupación de Israel contra nuestro pueblo, con los mismos criterios”. Agrega, además: “¿La sangre palestina es una sangre de segunda clase? ¿La humanidad es clasificada según su raza y color?”.

Por su parte, Hamas negó que haya hecho las declaraciones que le fueron atribuidas por el líder de su buró político en el exterior, Khaled Meshal. Él habría declarado que “Putin debería parar con la invasión a Ucrania y el asesinato de civiles”. El líder del movimiento, Hisham Kassem, dijo que Meshal “no hizo ninguna declaración a ningún medio referida a la crisis en Ucrania”.

A pesar de eso, el movimiento no escondió su felicidad con aquello que llaman “pluralismo internacional”, como afirmó el jefe de Relaciones Internacionales, Moussa Abu Marzouk en Twitter:

“Una lección de la guerra ruso-ucraniana es que la era de la ‘dominación unilateral de los Estados Unidos’ acabó. Los Estados Unidos no están en una posición de declarar la guerra a Rusia, porque no es el único tomando decisiones en la política internacional. Ahora podemos hablar sobre el futuro de la entidad sionista”.

En cuanto a la organización Jihad Islámica, se contentó, a través del sitio Palestine Today, con la información de los medios sobre el aumento de la inmigración de judíos ucranianos desde el inicio de la invasión, donde el número de nuevos inmigrantes llega ya a 1.555. El movimiento también destacó los videos en que el presidente ucraniano Vladimir Zelensky convocó a los judíos de todo el mundo a no hacer silencio sobre el asesinato de civiles en Ucrania.

De cualquier forma, es natural que la ocupación sionista intente sacar ventaja sobre lo que está ocurriendo en Ucrania. Así como hacen en cualquier parte del mundo, en beneficio del proyecto de expansión de asentamientos. Más allá de eso, no es un ocupante quien debería apoyar a un pueblo que está siendo ocupado y muerto. Lo mejor sería que [lo hiciera] el pueblo palestino, que está sufriendo con una ocupación, expulsión de sus tierras, y una Nakba continua en manos del sionismo, un aliado de los imperialismos americano, europeo y ruso. Esa es la más sincera expresión de solidaridad incondicional con cualquier pueblo que sufre con ocupación en cualquier parte del mundo.

El sionismo está recogiendo los frutos de la invasión de Putin a Ucrania, así como anteriormente lo había hecho con el antisemitismo de los zares rusos, ¡como si la historia se rigiese por la ley del eterno retorno! El chovinismo ruso, con todas las expresiones de brutalidad del sistema capitalista mundial, se mantiene cometiendo crímenes contra los pueblos de la Tierra. El mismo sistema que produjo esa barbarie está intentando exonerarse de la culpa al lamentar a sus víctimas, ¡al mismo tiempo que fuerza a los palestinos, y a otros pueblos oprimidos, a pagar la cuenta de sus crímenes!

La liberación de Palestina no puede ser alcanzada a través de la dependencia de cualquier potencia imperialista. La revolución internacional contra ese orden mundial, que se alimenta por las guerras y la esclavización de los pueblos, es el único camino para la libertad, es el que unifica las luchas en Palestina, en Ucrania y en cualquier otra parte. Ellos sufren con la ocupación imperialista y la fuerza bruta. Habría sido mucho más útil para las organizaciones palestinas que escogieron el lado de Putin, si se hubiesen aliado al pueblo ucraniano que está enfrentando el chovinismo de Rusia y las ambiciones de la OTAN, que quiere transformar a Ucrania en una semicolonia para sus fuerzas militares.

En la batalla entre dos potencias imperialistas, cada lado tiene sus intereses, y ninguno de ellos es el interés de los pueblos. El alineamiento en las trincheras de cualquier una de las fuerzas hostiles a la revolución internacional, y por lo tanto del futuro de la humanidad en la Tierra, solamente puede ser descrito como un pragmatismo vulgar, lo que lleva solo a una crisis moral y una alienación sobre la esencia de la cuestión: la cuestión de la libertad.

Las opiniones expresadas en este texto no necesariamente reflejan las opiniones de la LIT-CI.

[1] https://www.alkhaleej.ae/2022-02-23/%D8%A3%D9%88%D9%83%D8%B1%D8%A7%D9%86%D9%8A%D8%A7-%D9%88%D8%A7%D9%84%D8%A8%D8%B7%D9%86-%D8%A7%D9%84%D8%B1%D8%AE%D9%88%D8%A9/%D9%85%D9%82%D8%A7%D9%84%D8%A7%D8%AA/%D8%A7%D9%84%D8%B1%D8%A3%D9%8A

Traducción del árabe al portugués: Rafik Abdallah
Traducción al español: Natalia Estrada.

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