Como parte de la elaboración política de la Internacional Comunista estalinista para justificar la alianza de clases con la burguesía y el imperialismo, su creación más nefasta fue la teoría de los “campos progresistas”.

Por: Marcio Cury

Los partidos comunistas de todo el mundo quedaron atrapados en una elaboración política del estalinismo en sustitución del marxismo: la defensa de los “campos políticos y sociales” en lugar de las clases sociales.

La división de clases y la lucha de clases fueron reemplazadas por “campos” imaginarios, de “izquierda” y “derecha”, “amigos” y “enemigos”, de “buenos” contra “malos”, creados siempre para justificar una política de colaboración de clases. Así, se creó el “campo progresista”, de defensores de la democracia, de aliados republicanos, etc.

La alianza con el “campo progresista”, es decir, de alianza con las supuestas burguesías progresistas, se convirtió en el principal objetivo político y militante de las organizaciones comunistas. La justificación de derrotar al “campo reaccionario”, a la “derecha”, etc., se convirtió en el engranaje que movía acciones y colaboraciones políticas con los supuestos ‘aliados progresistas’, los partidos y gobiernos burgueses.

El trotskismo afirma, con el aval de toda la experiencia histórica, que el “campo” del frente popular es burgués y, por tanto, contrarrevolucionario; que ese carácter se acentúa al máximo cuando el frente popular llega al gobierno, porque se transforma en líder del “campo” capitalista a través del ejercicio del poder del Estado capitalista. 

(Nahuel Moreno, La Traición de la OCI, Los Gobiernos del Frente Popular en la Historia, Editora Sundermann, 2003, p. 73)

De esta forma, se creaba un campo de aquellos con los que los comunistas deberían aliarse, con una justificación política ilusoria, pero de fácil asimilación.

Con la nueva teoría de los campos progresistas se podía defender cualquier política en cualquier etapa. Un candidato burgués se hacía “progresista” por oponerse a un candidato “fascista”, los partidos burgueses se volvían “progresistas” por defender la “democracia” contra el “autoritarismo”. Bajo el manto del “campo progresista”, el Partido Comunista se convirtió en el ala izquierda de la burguesía y, no pocas veces, en su ala derecha.

La línea política de los frentes populares y la defensa de la paz burguesa con el imperialismo se hizo permanente en los Partidos Comunistas y también en varios partidos de izquierda alrededor del mundo, reemplazando la teoría marxista de la lucha de clases, principalmente después que se decretó el fin de la Internacional Comunista por Stalin, en 1943.

Esta visión permeó no solo a los PCs sino también a gran parte de los intelectuales que se decían marxistas. Impidió a los militantes ver a los verdaderos enemigos de clase, haciendo que defendiesen “campos progresistas” contra “campos reaccionarios” en varios momentos de la historia y hasta el presente, como se expresa hoy en el PT y en el PSOL brasileños. En casi toda esta trayectoria de 100 años predominó el apoyo a las burguesías “progresistas”, y de igual forma el resultado fueron las traiciones de las revoluciones y de grandes luchas.

Hacia el final de la dictadura de 1964, el PCB apoyó a Tancredo Neves y José Sarney, alegando que eran del “campo progresista y democrático”, incluso boicoteando huelgas contra estos gobiernos en los sindicatos que dirigía. El PCdoB apoyó y formó coaliciones con los más variados partidos burgueses del “campo democrático”, incluidos PSDB, PDT, PTB, DEM (PFL), PP, PR, y casi todos los demás, estuvieran o no involucrados en los escándalos de corrupción.

Por otro lado, la adaptación de los PCs a los aparatos burgueses de gobierno y parlamento y el abandono del marxismo y el leninismo, imposibilitaron una crítica o una verdadera revisión de su pasado y en ninguna hipótesis hubo un retorno a las políticas marxistas de independencia de clase.

La consecuencia de esto fue la dinámica de ir cada vez más a la derecha. Ante la crisis, las divisiones y el desgaste del estalinismo al reprimir las revoluciones de Hungría-1956 y Checoslovaquia-1968, surgió en la mayoría de los PCs de Europa el eurocomunismo, que tomó el camino hacia la socialdemocracia y la adaptación total a la democracia burguesa de sus respectivos países y el apoyo a coaliciones con “alianzas democráticas”, que incluía todo tipo de partidos y candidatos burgueses, como en el caso del Brasil.

En otros casos, como los “neostalinistas”, al no identificar los errores estratégicos, se rescata el pasado, un pasado presentado de manera distorsionada, como si hubiera sido revolucionario, predicando un retorno a Stalin y sus políticas, con la justificación de así combatir el liberalismo. Dejando de lado que, además de los monstruosos crímenes de la burocracia estalinista, fue ella la que orientó la política de los Partidos Comunistas de todo el mundo hacia la colaboración de clases con el imperialismo y las burguesías nacionales. Es el caso de varios “Partidos Comunistas” que se han recreado en el Brasil en los últimos años.

Los métodos burocráticos para imponer las políticas colaboracionistas

Para hacer cumplir las diferentes políticas de alianza y colaboración de clases, fue necesario imponer a los Partidos Comunistas métodos ajenos al movimiento obrero y al Partido Bolchevique de Lenin.

Debates intensos, convicción política, democracia interna partidaria, toda la vida política necesaria en la organización marxista fue reemplazada por el falso “centralismo democrático”, de hecho centralismo burocrático, en el cual el partido era sustituido por su dirección y por sus órdenes incuestionables. La Internacional Comunista imponía sus directivas sin debates, sin congresos. Definía la política del país, mandaba, anulaba, nombraba y expulsaba a dirigentes y militantes.

Durante años y años, varios partidos expulsaron agrupaciones enteras por el simple hecho de cuestionar las políticas determinadas.

Discrepar, disputar políticamente, convencer de sus posiciones, agotar el debate y las opciones, en fin, todo lo que sería original del marxismo y del partido bolchevique, se convertía en sinónimo de fraccionalismo, desviación pequeñoburguesa, “trotskismo”, y varios adjetivos peyorativos y estigmatizados, creados según el momento y el debate.

“El desenlace de las negociaciones fue muy simple: Manuilsky golpeó la mesa y dijo que me uniría al Partido de cualquier manera. Miranda no tuvo cómo huir a la determinación de la Komintern” (Prestes, Lutas e Autocriticas, Denis de Moraes y Francisco Viana, Editora Vozes, p. 58).

Los PCs permanecieron años sin congresos, sin conferencias, manteniendo sus direcciones intocables durante décadas, solo cumpliendo las determinaciones de la dirección del PCUS en todo el mundo, incluido el Partido Comunista Brasileño.

La restauración capitalista llevó a las direcciones estalinistas a una profunda y definitiva crisis

La restauración capitalista en China, con Deng Xiaoping a partir de 1978 y en la URSS en 1985 con Gorbachov, es decir, la restauración promovida por la burocracia, y después la caída del Muro de Berlín, la caída de las repúblicas “populares” del Este y el fin de las burocracias de Europa del Este, proceso que alcanzó su apogeo entre 1989 y 1991, llevó a la mayoría de los partidos comunistas del mundo a una crisis política terminal.

Los partidos estalinistas de todo el mundo, adaptados a una relación subordinada y sumisa a Moscú y a los PCs y gobiernos de Europa del Este, no quisieron reconocer el proceso de restauración capitalista, cuyos orígenes ya se habían dado años antes con apertura económica, privatizaciones, compra de empresas por la burocracia gobernante, formación de mafias económicas, liberalización del comercio exterior, fin de la planificación, anarquía en la producción, etc., y siguieron defendiendo los PCs oficiales.

Al no comprender este proceso, recibieron las transformaciones políticas que se produjeron en el Este como un golpe fatal, aislado, una “caída”, un “fin” en sí mismo. Lo mismo sucedió con la izquierda que se había formado sobre las mismas bases que los PCs, en las teorías de los campos progresivos, etc. Es bien sabido que había dirigentes del PT brasileños tomando cursos con el PC de Alemania Oriental en Berlín el día que las masas derribaron el famoso Muro, y que se quedaron boquiabiertos viendo estas escenas.

La burocracia del PCUS fue quien restauró el capitalismo en la Unión Soviética y era esta misma burocracia restauracionista la que mantenía lazos de “amistad socialista” con los PCs de todo el mundo. En el Brasil, en plena década de 1980, miembros del PCUS y diplomáticos rusos comparecían a Congresos y Encuentros políticos de los PCs, rindiendo homenaje al socialismo. Estos ‘amigos’ fueron derrocados por las masas o cayeron solos, y muchos se reciclaron como gerentes del capitalismo restaurado.

La conclusión fue que las masas tenían la culpa. Estarían involucradas en un proceso ‘reaccionario’ o ‘anticomunista’, dirigido por reformistas burgueses. Después de todo, la burocracia estalinista del PCUS estaba en el “campo progresista”. La incomprensión era motivada por la armazón teórica basada en el estalinismo, que les impedía ver la realidad tal cual era, que la dirección que veían como ‘revolucionaria’ era quien había restaurado el capitalismo, que las masas se rebelaron contra la dictadura ya capitalista de los gobiernos restauracionistas al estilo de Gorbachov en la ex URSS, de Ceausescu en Rumanía, de Honecker en Alemania Oriental, y contra todos los demás satélites de la burocracia rusa que habían convertido sus países al capitalismo.

El “fin del comunismo” fue aprovechado por la burguesía y el imperialismo mundiales para desatar una campaña ideológica contra el movimiento socialista y el marxismo. El fin político de las burocracias restauracionistas de Europa del Este fue entendido por los PCs como la “caída de la Unión Soviética”, y no como un repudio de las masas contra a la burocracia, su atraso social y económico de años y los sacrificios impuestos por la propia restauración capitalista. El hecho de que estas revoluciones democráticas estuvieran dirigidas por la burguesía y políticos antimoscovitas sirvió para consolidar el análisis impresionista y superficial de que se trataba de procesos de las masas ‘contra el socialismo’.

La masacre de la Plaza Tiananmen, también en 1989, donde bajo las órdenes de Deng Xiaoping y el PC chino se atravesaron tanques y las tropas dispararon contra una multitud de trabajadores y estudiantes que protestaban por la democracia, y fusilaron y mataron a miles de chinos, también tuvo un impacto abrumador en muchos de los PCs que tenían a China como guía político.

El gobierno de un partido comunista había asesinado a miles de manifestantes, incluidos los autorizados por el propio gobierno en vísperas de la visita de Gorbachov al país. La crisis era total. En los PCs, una mezcla de silencio, reprobación formal, intentos de atribuir la responsabilidad a los estudiantes que querían “restaurar el capitalismo”… La realidad no encajaba en los modelos estalinistas establecidos, donde la “verdad” estaba siempre con los Partidos Comunistas, del  “campo progresista”.

En muchos países, esta crisis supuso el fin de los PCs, toda vez que, en el entendimiento de estos partidos, las masas condenaron el comunismo y este era ahora obsoleto. Este pensamiento fue reflejo directo de la contrarrevolución en curso dentro de estos partidos, reflejando directamente la degeneración capitalista y la adaptación a la democracia burguesa en estos países. ¿Para qué un Partido Comunista si el capitalismo y la democracia burguesa triunfaron, si el socialismo dejaba de ser un objetivo estratégico viable?

En algunos países, las crisis fueron tan profundas que los PC simplemente cambiaron de nombre y se transformaron en partidos “democráticos”, en un proceso convulso, lento y desgastante. Este fue el caso, por ejemplo, del Partido Comunista Italiano, con 1,5 millones de miembros, que se disolvió y se convirtió en el Partido Democrático de Izquierda. Y luego fue la base del Partido Democrático, un partido burgués “normal”, similar al demócrata cristiano de Alemania o al Partido Demócrata de los Estados Unidos. Incluso los partidos que no tenían el nombre “comunista” en sus rótulos pero estaban asociados al PC de Moscú, como es el caso de Hungría y de Polonia, también sufrieron transformaciones completas en sus programas y mutaciones en sus nombres.

Había una razón más profunda para la crisis abierta. De hecho, siempre existió un aparato estalinista mundial, que dependía de la URSS y sostenía a estos partidos. Con el fin de la URSS acabó también este aparato mundial. Los partidos perdieron su base de apoyo. En el caso de los partidos eurocomunistas, como el italiano, por ejemplo, ya venían “socialdemocratizándose” desde la década de 1970, es decir, vinculándose más estrechamente a sus burguesías nacionales y con el Estado burgués de sus respectivos países.

En el Brasil, este proceso golpeó de lleno al PCB. Eso se expresa en el cambio de nombre, pasando a ser PPS (y luego Ciudadanía), y en un proceso de transformación política y de adaptación completa al régimen, convirtiéndose en el fiel socio del PSDB durante los gobiernos de FHC. En los casos en que no se cambiaron los nombres, el cambio de programa y la adaptación abierta al sistema político burgués también son completos. Este fue el caso de PCdoB en el Brasil.

Los intentos de refundación de los partidos comunistas que no rompen con el pasado están condenados a repetir sus errores

Luego de la devastadora crisis política inicial y todavía atónitos por la incomprensión del proceso, surgen militantes deseosos de revivir las organizaciones “comunistas”, como si la brecha entre la “caída de la Unión Soviética” y el momento actual hiciese superar la crisis política. Como si el tiempo borrara la profunda crisis. En los últimos 30 años, han surgido movimientos de “restauración comunista” o de “refundación”, como en Italia.

Allí, el Partido de la Refundación Comunista llegó a tener un peso importante en el movimiento sindical y una importante bancada parlamentaria. Pero, como su autocrítica del pasado del PCI era superficial y concentraba todo el peso de la responsabilidad en las últimas direcciones y no en todo el armazón de la teoría del socialismo en un solo país, de los campos progresivos y de la colaboración de clases como programa reformista, su proyecto también explotó cuando, ante la decisión de apoyar o no un gobierno de conciliación de clases, su amplia mayoría terminó por apoyar un gobierno burgués imperialista. Hoy, la Refundación Comunista italiana es un grupo residual, un apéndice de otros partidos burgueses “progresistas”, como el PD.

Los intentos como el del “nuevo PCB”, de “Reconstrucción Comunista Revolucionaria”, o incluso de “Restauración Revolucionaria”, etc. Probablemente pasarán por la misma disyuntiva, aunque haya militantes activos que creen en una vía de este tipo, pensando que están en el camino del leninismo, o bien de retomar el marxismo. Los hechos demuestran que intentar recrear algo que la historia ya ha derrotado, es decir, teorías y programas con fondo estalinista, están condenados al fracaso ante los desafíos de la lucha de clases.

Además de la crisis política que sufren los intentos de revalidar los PCs, incide también en esto una crisis ideológica sobre el pensamiento marxista. El leninismo clásico y la militancia proletaria son reemplazados por corrientes de pensamiento dichas “modernas”. Las presiones electorales y parlamentarias transforman las listas en organizaciones electorales.

El marxismo ortodoxo, de ruptura violenta del Estado burgués, de dirección obrera como vanguardia de la clase obrera, de conquista de la mayoría de la clase obrera para tomar el poder, y de dictadura del proletariado, es adaptada a la modernidad y gana nuevas y más amplias fraseologías, como la “conquista de la hegemonía”, “disputa de ideas”, “hegemonía de la ideología”. Así como por el crecimiento de las tesis posmodernas sobre sectores de la intelectualidad pequeñoburguesa y académica.

“El comunista ahora no debe estar atado a un esquema, atado a modelos”, debe dialogar con toda la sociedad y ser influenciado por ella, captar las influencias de la sociedad para dialogar con ella, disputar la hegemonía de las ideas, estar abierto a todas las posibilidades, etc. El “nuevo comunista” debe estar abierto a nuevas posibilidades en la disputa por la hegemonía de la sociedad. La clase obrera es cuestionada como “sujeto de la revolución”. Pero, ¿de qué tipo de revolución hablamos ahora?

Después de cada uno de esos procesos de crisis, los PCs proclaman reconstruirse, reinventarse y mostrar su “vigor” y capacidad para conseguir interactuar nuevamente dentro del campo político brasileño. Y después de cada nueva fase, surge siempre un formato de reconstrucción, siempre llamado “reconstrucción democrática”, “reconstrucción revolucionaria”, etc…

Estamos reviviendo este período de nuevo. Una incesante repetición.

Luego del cambio de nombre de PCB a PPS, un sector de militantes del Partido inició el proceso de reconstrucción en el Brasil. La voluntad honesta y sincera de muchos de sus miembros en reconstruir el PCB, en nombre de la lucha por el comunismo, no lo transformará automáticamente en el mismo partido que fue en los años ’20. Tampoco significará la creación de un nuevo Partido Comunista diferente de todo lo que fue.

A pesar de los esfuerzos de esta militancia, el PCB, al no hacer la crítica política y teórica hasta el final, al no sacar las principales lecciones de lo que fue el estalinismo, su carácter de clase y sus teorías de alianza y colaboración de clases, no consigue llegar a un refundación que retomaría el carácter inicial que el PCB intentó representar en 1922. Por eso el PCB no consigue hacer un verdadero balance, un verdadero ajuste de cuentas con su pasado. Se atasca discutiendo los «errores tácticos» en lugar de llegar al corazón del problema.

Esta es una barrera profunda en el intento de reconstrucción revolucionaria. El PCB sale por una puerta en las elaboración etapistas y de colaboración de clases, llegando a reconocer estos errores, y entra por otra puerta con la teoría de los campos reciclada, que los puso a contramano de la Primavera Árabe y, ahora, de la lucha contra la invasión rusa a Ucrania.

Desgraciadamente, los análisis y autocríticas de los errores del Partido Comunista siempre están en relación con tácticas políticas o errores coyunturales de determinados momentos históricos. Algunos formuladores hablan de “tácticismo del operador estratégico”, en su definición más reciente. Ningún análisis hecho por los propios defensores del PCB puede explicar en profundidad, o ir más allá en la génesis de todos los errores. Ninguno de los balances autocríticos del Partido logró llegar hasta origen de todo, porque eso sería su propia negación. De hecho, hay una justificable explicación formal, incluso artificial, para que el Partido continúe existiendo y vuelva a empezar todo de nuevo tras cada crisis o período histórico…

Concordar con que el Partido Comunista se convirtió en un engranaje político de la Internacional Comunista “estalinizada”, es decir, controlada por la burocracia soviética después de 1928, significa también concordar con que todo lo que siguió a eso estaba preso en este engranaje. No solo los errores tácticos de determinados períodos, sino, sí, que la trayectoria del Partido siempre estuvo equivocada, corrompida, degenerada por la organización mundial comandada por Stalin y sus epígonos, por ser la expresión de las políticas de un aparato contrarrevolucionario que existió dentro del movimiento obrero en todo el siglo XX.

El PCB, en sus primeros años de existencia, llegó a crear la ilusión de que era el partido de la revolución en el Brasil. Pero intentar embellecer su trayectoria posterior, cuando fue un partido que apoyó gobiernos burgueses y candidatos burgueses, desde el dictador Vargas en 1945 hasta João Goulart, que se apoyó en su “dispositivo militarista legalista” contra el golpe militar de 1964, que apoyó gobiernos del MDB como Moreira Franco en Rio de Janeiro, etc., muestra una incapacidad para ir a las raíces de estos errores catastróficos, de estas traiciones perpetradas por el PCB a lo largo de toda su trayectoria desde finales de la década de 1920.

Muchos de estos hechos fueron objeto de polémicas públicas a las que deberían responder estos nuevos constructores: los exdirigentes del PCB que han escrito sobre estas traiciones, desde la Oposición de izquierda de los años ’30, de Mario Pedrosa y otros cuadros importantes, como Hermínio Sacchetta; de la crítica de Jacob Gorender así como de los demás disidentes que tras el golpe de 1964 agruparon a una parte significativa de los dirigentes nacionales del PCB de entonces, algunos de los cuales formaron grupos guerrilleros en la década de 1970 (Marighella, por ejemplo).

Queda abierta la pregunta: ¿habrá voluntad y unidad entre los defensores de la “reconstrucción revolucionaria” para pasar de las autocríticas tácticas puntuales a investigaciones programáticas de la nefasta trayectoria política del viejo PCB?

Lea también: La degeneración burocrática de la URSS, La Internacional Comunista y sus partidos, en este mismo sitio.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 29/5/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.