Jue Jun 13, 2024
13 junio, 2024

La Fracción Trotskista y su postura en la guerra de Gaza

Este texto es la primera parte de un trabajo más amplio. En este primer artículo vamos a polemizar con los compañeros de la Fracción Trotskista (FT) acerca de varios aspectos clave de su postura ante la guerra genocida de Israel contra Gaza.

Por Víctor Alay

En un segundo artículo tratamos de poner en evidencia el agudo contraste entre la justa y dura crítica que la FT realiza al neutralismo de las organizaciones francesas Lutte Ouvrière (LO) y NPA-C en la guerra de Gaza y el desdeñoso abstencionismo que la FT aplica en la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania.

Una justa crítica de la FT a LO y NPA-C

Comenzamos este artículo haciendo nuestra la severa crítica que la sección francesa de la FT, Revolution Permanent, hace a LO y el NPA-C, cuya posición ante la barbarie sionista en Gaza es una verdadera indecencia, tratándose de organizaciones que aún se reclaman del trotskismo.

Estas dos organizaciones de la extrema izquierda francesa, cediendo a la brutal campaña de propaganda sionista a cuenta de las muertes de civiles israelíes en la acción militar del 7 de octubre, han llegado al extremo de equiparar a la principal organización de la resistencia palestina, Hamas, con el Estado sionista.

Paul Morao[1] tiene toda la razón cuando escribe:

“’Contra Biden y Macron, contra Netanyahu y Hamás. Proletarios de Francia, de Palestina, de Israel… ¡Unámonos!’ se podía leer en los carteles exhibidos por los camaradas de LO el domingo 22 de octubre en la Plaza de la República [París]. (…) En un artículo editorial, LO explica que su proyecto ‘es lo opuesto a las políticas nacionalistas destinadas a defender los intereses de un pueblo en detrimento de otros. En contraste con la política de Netanyahu en Israel y la política de Hamás en Palestina’. En otro editorial, afirma que Hamás e Israel están en el mismo ‘campo’, opuesto al de los oprimidos.

Una posición que genera gran confusión, ya que amalgama una organización que dirige en gran medida la lucha de liberación nacional palestina y el gobierno del Estado colonial contra el que ésta lucha. Los camaradas de LO, a pesar de subrayar la responsabilidad central del Estado de Israel y sus aliados imperialistas en la situación, no cesan de volver a la responsabilidad conjunta de los dos campos.”

LO –sigue Morao– “elige ocultar bajo la alfombra, en sus textos e intervenciones públicas, el tema de la resistencia palestina. Es difícil encontrar referencias a esta idea, así como a la “lucha” del pueblo palestino. Una actitud que parece ser asimismo la del NPA-C[2], que también insiste únicamente en la “solidaridad con el pueblo palestino”.

Paul Morao confronta esta posición con los criterios básicos que han guiado la actitud de los marxistas revolucionarios a lo largo de la historia:

“la solidaridad revolucionaria elemental no puede contentarse con denunciar las masacres o apoyar los derechos de los pueblos oprimidos, implica ponerse resueltamente en su campo cuando hay un conflicto militar con los opresores. Históricamente, los marxistas revolucionarios han considerado, lejos de cualquier pacifismo, que debían apoyar al campo progresista en las guerras justas sin conceder, no obstante, apoyo político a su dirección.»

Morao, tras citar a Lenin[3] (“todo socialista desea ardientemente la victoria de los Estados oprimidos, dependientes, violados en sus derechos, sobre las ‘grandes’ potencias opresoras, esclavistas y expoliadoras” ),  prosigue diciendo que ésta posición

“está inscrita en la continuidad de las batallas libradas por Marx y Engels en la Primera Internacional a favor del apoyo a la autodeterminación de Irlanda y Polonia y se basa en el principio de que la victoria de los oprimidos en el cuadro de guerras justas contribuye a debilitar al imperialismo, cualquiera que sea la naturaleza de sus dirigentes. Prolongando provocativamente el discurso de Lenin, durante una discusión sobre antiimperialismo en 1938, Trotsky señaló que en caso de guerra entre un Brasil fascista y una Inglaterra democrática, ‘yo estaré del lado del Brasil ‘fascista’ contra la Inglaterra democrática. ¿Por qué? (…) Si Inglaterra ganara, instalaría a otro fascista en Río de Janeiro y sometería doblemente a Brasil. Si, por el contrario, ganara Brasil, esto podría dar un impulso considerable a la conciencia democrática y nacional de este país y conducir al derrocamiento de la dictadura de Vargas. La derrota de Inglaterra sería, al mismo tiempo, un golpe al imperialismo británico y daría impulso al movimiento revolucionario del proletariado inglés.”

Es igualmente justa la crítica de Morao a LO y NPA-C por establecer como “condición de legitimidad de la lucha del pueblo palestino” la “confraternización de los pueblos israelí y palestino”, como si se trata de clases trabajadoras de dos países imperialistas en similares condiciones. Solo que Israel, un enclave militar imperialista en Oriente Medio, es un Estado colonial levantado sobre la limpieza étnica, el robo violento de las tierras palestinas y un brutal sistema de apartheid. Por eso Morao lleva toda la toda razón cuando escribe que

“La referencia [de LO] a ‘políticas nacionalistas que buscan defender los intereses de un pueblo en detrimento de los otros’ roza la indecencia en el contexto de una lucha anticolonial. En 1872, Karl Marx se enfrentaba ya a los miembros de la Primera International que defendían tales posiciones, explicando: ‘cuando los miembros de la Internacional pertenecientes a una nación conquistadora piden a los pertenecientes a una nación oprimida, no sólo en el pasado, sino también en el presente, olvidar su situación específica y su nacionalidad, ‘borrar todas las oposiciones nacionales’, etc., no demuestran internacionalismo. Simplemente defienden la subyugación de los oprimidos intentando justificar y perpetuar la dominación del conquistador bajo el velo del internacionalismo.”

Paul Morao también menciona la defensa que hace LO de la tesis de los dos Estados. Con ello, LO abandona la consigna histórica de los trotskistas de una Palestina democrática, laica y no racista, en todo su territorio histórico (del río al mar) y asume la posición imperialista de los dos Estados: una posición que legitima la expoliación palestina y la limpieza étnica, niega el retorno de los millones de refugiados y olvida que el Estado colonial de Israel solo puede subsistir sobre la base de una guerra permanente de desposesión y genocidio del pueblo palestino.

Graves errores de la FT

Pero de la misma manera que compartimos las justas críticas de la FT a LO y NPA-C, consideramos también que los compañeros cometen errores muy graves en su política palestina, contradictorios además con su propia crítica a LO y NPA-C .

Matías Maiello[4] lleva razón cuando defiende el criterio general de que apoyar incondicionalmente a la resistencia palestina y colocarse en su campo militar, no significa dar apoyo político a Hamas ni silenciar las profundas diferencias con dicha organización. Nuestras diferencias con la FT no son, pues, sobre este criterio general. El problema es si la FT aplica efectivamente tal criterio y cómo lo hace, pues no toda crítica vale.

La crítica de la FT a Hamas

La FT rechaza, con razón, los métodos autoritarios con los que Hamas ha gobernado Gaza. Y en cuanto a su programa y estrategia, critica también de forma justa su política de alianzas con regímenes reaccionarios como Qatar, Irán o Turquía y el consiguiente abandono de una política de impulso de la movilización independiente de los pueblos de la región. En verdad, durante estas semanas de barbarie genocida israelí, hemos visto la pasividad de estos regímenes, más allá de sus proclamas verbales. El llamado “Eje de la resistencia”, articulado en torno a Irán, en el que confiaba Hamas, también ha mostrado que no está dispuesto a solidarizarse en los hechos con el pueblo palestino ni a enfrentarse a Israel.

Pero Maiello no ha actualizado su análisis sobre Hamas y, consiguientemente, tampoco su crítica. Es por eso que sigue afirmando que el objetivo de Hamas es “establecer un Estado teocrático a la iraní”. Pero ésta es una crítica de brocha gorda, pues no toma en cuenta que Hamas, desde 2004 dejó de hablar de un “Estado islámico palestino” para publicitar su objetivo como “el establecimiento de un Estado palestino en todo el territorio del antiguo Mandato Británico de Palestina”. En su nueva Carta programática de 2017, Hamas no reivindica un Estado teocrático y ha eliminado su vinculación con los Hermanos Musulmanes. Aflojando sus rasgos islamistas, ha pasado a autodefinirse como un movimiento nacional palestino “con referencias islámicas”.

Maiello no recoge esta evolución de Hamas, pero lo peor de todo es que olvida criticarle por su mayor pecado: el retroceso histórico de la Carta de 2017 al admitir las fronteras de 1967, abandonando la reivindicación histórica palestina y abriéndose al reconocimiento de los “dos Estados”.

Maiello define sencillamente el programa de Hamas como “reaccionario” y Alcoy[5], menos diplomático, va más lejos y dice que Hamas, como tal, tiene un “carácter burgués y reaccionario”. Esto es un revuelto y una unilateralidad enorme que olvida señalar que Hamas es un movimiento de liberación nacional, con mucho el más importante de la resistencia palestina, fortalecido al calor de la traición de Al Fatah y del enorme desprestigio de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Maiello y Alcoy omiten decir que, a pesar de las profundas diferencias con el programa y la estrategia de Hamas (empezando por la reivindicación central de una “Palestina laica, democrática y no racista, del río al mar”, que Hamás no asume), su lucha contra el Estado sionista es enormemente progresiva. Y que, nada nos impide, siguiendo la máxima de Lenin de “golpear juntos y marchar separados”, luchar junto a Hamás y las masas palestinas contra el Estado de Israel y las potencias imperialistas que lo apoyan.

Paradójicamente, Maiello hablaba de “apoyar incondicionalmente a la resistencia palestina y colocarse en su campo militar” y Philippe Alcoy se refería al derecho palestino a resistir “por todos los medios que encuentren a su disposición (…) incluida la lucha armada”. Esto, si es coherente, solo puede significar apoyar incondicionalmente a Hamas (y las otras milicias palestinas) en su enfrentamiento militar con el ejército sionista. La FT, sin embargo, se resiste a hacer esta formulación y tampoco llama a establecer la más amplia la unidad de acción con Hamás en la lucha contra el Estado sionista.

El repudio de la FT a los “métodos de Hamas”

En realidad, el centro absoluto de la crítica de la FT es a los “métodos” utilizados por Hamas el 7 de octubre, en particular a “la muerte de civiles” y, en especial, al caso del festival de música.

Pero los compañeros de la FT olvidan decir, y esto es lo primero que habría que pronunciar, que la acción del 7 de octubre –enseguida hablaremos de los métodos– fue una hazaña espectacular que derrotó y humilló a uno de los ejércitos más poderosos y criminales del mundo, rompió el cerco de 17 años que éste ejercía sobre Gaza y recordó la vulnerabilidad del Estado sionista y su impotencia para acabar con la resistencia palestina.

Entrando ya en los métodos, pensamos que no se puede hacer abstracción de que Hamas es una resistencia popular sin aviones, ni tanques ni barcos, encerrada en la mayor cárcel del mundo al aire libre, sometida a un asedio criminal y ataques atroces durante 17 años. En estas circunstancias no se le puede exigir a Hamás atenerse a un presunto código moral de combate en su lucha, enormemente desigual, frente al ejército ocupante.

Tampoco se puede olvidar que las colonias israelíes en entorno de Gaza (y, en general, todo el territorio de Israel, levantado sobre el expolio de tierras palestinas y la limpieza étnica) no sólo son colonias construidas sobre tierras robadas por la violencia, sino que también desempeñan una función militar de cerco a la Franja, conectadas a una amplia red de instalaciones militares, atacadas por los milicianos y en buena parte destruidas. Del mismo modo, hay que tener en cuenta que Israel es como una base militar gigante donde, además de las tropas en servicio, hay 400.000 reservistas y una  gran cantidad de civiles armados.

También hay que considerar que una cosa es la falaz propaganda sionista, reproducida de forma masiva y reiterada por los gobiernos y los medios de comunicación occidentales, y otra los hechos reales, una parte de los cuales se han ido desvelando estas semanas, aunque hayan sido rápidamente silenciados. Sabemos que una parte de los muertos en el festival de música lo fue a manos de los disparos indiscriminados de helicópteros militares israelís y que –como menciona Maiello- parte de los muertos en las colonias colindantes con la Franja de Gaza lo fue a manos de las tropas israelís combatiendo a los milicianos palestinos.

Los compañeros de la FT, lejos de contextualizar las “muertes de civiles” del 7 de octubre les otorgan una centralidad que solo se puede entender por la presión brutal y sostenida de la campaña de los medios de comunicación occidentales. Alcoy llega a entrar en apreciaciones morales y a decir que “rechazar la calificación de ‘terrorismo’ no es relativizar y todavía menos justificar los crímenes de Hamas contra los civiles palestinos[6]  e israelís”. Pero nunca debemos igualar la violencia del opresor con la del oprimido. No podemos calificar de “crímenes” las muertes de civiles israelíes, víctimas de la respuesta militar de Hamas a la barbarie de Israel, el verdadero responsable de sus muertes. Entendemos que los compañeros argumenten que dichas muertes de civiles facilitaron al gobierno israelí cerrar filas y lanzar, en combinación con los gobiernos imperialistas, una brutal campaña de propaganda para justificar la masacre genocida contra los palestinos. Pero la crítica no da para mucho más.

También nos asaltan dudas sobre qué quiere decir Maiello cuando defiende que la unidad de los palestinos de Gaza con los de Cisjordania, los que viven en las fronteras de 1948 y “los trabajadores israelís que rompen con el sionismo”, “no se podrá hacer más que con los métodos de la clase obrera, como la huelga general combinada con la intifada y por el desarrollo de “organismos de autodefensa capaces de unir a todos los sectores”. ¿Qué son estos “organismos de autodefensa capaces de unir a todos los sectores” que menciona? ¿Está proponiendo, como Gilbert Achcar, dirigente del Secretariado Unificado, que los palestinos deben renunciar a la lucha armada?

Un aspecto que Maiello critica con dureza es la toma de rehenes israelís, llevada a cabo por los milicianos palestinos con el fin de contar con un elemento de presión hacia Israel y poder intercambiarlos por los miles de rehenes palestinos presos en las cárceles israelíes. El 7 de octubre eran 5200 presos y ahora, 10 semanas después, son más de 10.000, incluidos varios cientos de adolescentes y niños, la mayoría en “detención administrativa” indefinida y todos ellos en condiciones inhumanas.

La toma de rehenes ha sido a lo largo de los años un procedimiento común utilizado por las organizaciones armadas palestinas para liberar presos palestinos. La importante crisis política que tiene lugar actualmente en Israel, provocada por la movilización de los familiares de los rehenes, certifica la utilidad política de su retención por los milicianos palestinos. Resulta difícil entender la crítica de la FT[7] en estas condiciones y queremos pensar que los compañeros se oponen a las exigencias de los gobiernos occidentales y fuerzas reformistas para que Hamas los libere incondicionalmente.

Sobre la confraternización entre los palestinos y la clase trabajadora israelí

Uno de los grandes motivos de la crítica de la FT a “los métodos de Hamas” es porque los considera un gran obstáculo a la confraternización de la lucha palestina con la clase trabajadora israelí (“víctima en última instancia” del sionismo (sic), según Alcoy).

Hemos visto antes cómo Morao rechazaba las posiciones de LO y NPA-C sobre la confraternización, criticando la falsa simetría que establecen entre los palestinos y los trabajadores israelís. También Maiello reconoce que la clase obrera israelí es mayoritariamente sionista, que juega un papel fundamental en la colonización y el régimen de apartheid y que su colaboración de clase con la burguesía en torno al sionismo es fuerte y tiene raíces profundes.

Y sin embargo, a pesar de sus propias afirmaciones, Morao nos dice que la fraternización de los palestinos y los trabajadores y la juventud israelís es “la sola posibilidad de emancipación para ambos pueblos”. Y Maiello martillea en la misma idea, haciendo, por ejemplo, un paralelismo histórico con la ocupación nazi de Francia durante la 2ª Guerra Mundial, para reivindicar la fraternización entre palestinos y trabajadores israelíes como una tarea esencial y para denunciar que, al igual que entonces, todo acto que amplíe el foso entre ambos, es “directamente contrarrevolucionario”.

El problema de estas tesis es que, si la FT estuviera en lo cierto, el pueblo palestino y a todos nosotros estaríamos condenados a una lucha sin esperanza. Es como si la victoria de la revolución argelina hubiera dependido de la confraternización entre los argelinos y los “pied noirs” franceses, que habían ido a Argelia a adueñarse de las mejores tierras, apoyados por el Ejército colonial francés.

El conocido periodista israelí Gideon Levi denuncia tres trazos siniestros que caracterizan a la abrumadora mayoría de la población israelí, incluida su clase trabajadora: 1/ se considera “el pueblo elegido, con derecho a hacer lo que quiera”; 2/ siendo el opresor, se presenta como la gran víctima y 3/ practica una deshumanización sistemática de la población palestina, un elemento común a todas limpiezas étnicas, de la misma manera que los nazis hicieron con los judíos[8].

El sionismo es mucho más que una ideología. Es, sobre todo, un Estado colonial y terrorista creado sobre el expolio de las tierras de los palestinos y su limpieza étnica, un Estado con un sistema de apartheid y una falsa democracia corrupta. Gran parte de los israelíes, incluidos los trabajadores, es una población llegada del exterior que vive sobre una tierra robada que no es suya. El Estado de Israel es un enclave militar de EEUU en una región estratégica del mundo.

Una Palestina laica, democrática y no racista, desde el río hasta el mar, sólo puede tener lugar sobre la destrucción del Estado de Israel (una formulación necesaria que no vemos en los textos de la FT), el retorno de millones de refugiados y la devolución de la tierra a sus legítimos dueños. Esto significa que muchos israelís llegados de otros países a lo largo de estos años a ocupar tierras, lugares y viviendas palestinas se verán obligados a marchar y solo tendrán cabida en el nuevo Estado palestino una minoría judía que acepte convivir en paz e igualdad de derechos con los palestinos.

La victoria sobre el Estado de Israel vendrá de la lucha del pueblo palestino, incluida la lucha armada, de la solidaridad activa de los pueblos de los países árabes e islámicos de la región (que deberán enfrentarse a sus cobardes burguesías) y de la solidaridad masiva de los trabajadores y la juventud de EEUU, la UE y el resto del mundo. Por supuesto, la colaboración de una pequeña minoría israelí antisionista será sin duda relevante, pero defender que la confraternización es “la sola posibilidad de emancipación de ambos pueblos” no solo está completamente fuera de lugar sino que es un error grave.

El rechazo de la FT a defender la consigna “Palestina laica, democrática y no racista, del río al mar”

La FT no se encuentra cómoda con esta consigna histórica y central del trotskismo ante el conflicto palestino y la ha sustituido por una “Palestina obrera y socialista” (o, en la versión de Alcoy, una “Palestina obrera y socialista, laica, sobre el conjunto de la Palestina histórica”). Esta sustitución es un error enormemente grave.

Los compañeros de la FT piensan que defender la consigna “Palestina democrática, laica y no racista, del río al mar” equivale a defender una “etapa democrática” y renunciar al carácter socialista de la revolución palestina. Pero se equivocan de medio a medio, porque dicha consigna es en la actualidad la principal reivindicación del programa para la revolución socialista en Palestina y en toda la región. En lugar de integrar dicha consigna en un programa transicional, de combinarla con demandas económicas y sociales, transicionales y socialistas y de dar una dimensión regional e internacional a la revolución palestina (que culmina en la lucha por una federación socialista de Oriente Medio y Norte de África), la FT la sustituye por la consigna de una “Palestina obrera y socialista”.

Pero esa consigna representa un ultimátum pretencioso y sectario que impide construir la unidad de la lucha de las masas palestinas y de la región, la unidad de éstas con las masas propalestinas de los países imperialistas y, también, con la pequeña y valiente minoría judía israelí antisionista. Equivale a imponerles como condición que estén de acuerdo con una Palestina “obrera y socialista”, en lugar de dar pasos juntos y conducirlas por el camino de la revolución socialista a partir de la lucha común por una Palestina democrática, laica y no racista, del río al mar. En verdad, la posición de la FT refleja una profunda incomprensión de lo que significa la revolución permanente.

Este grave error de la FT choca de bruces con la metodología con la que los trotskistas hemos abordado estos problemas a lo largo de nuestra historia. Trotsky escribe en el “Programa de Transición” que en los “países atrasados” tenemos que “combinar la lucha por las tareas más elementales de la independencia nacional y la democracia burguesa con la lucha socialista contra el imperialismo mundial”. Y añade: “las demandas democráticas, las demandas transitorias y las tareas de la revolución socialista no están separadas en épocas históricas distintas, sino que surgen inmediatamente las unas de las otras”

Salvando las distancias, fue esta misma metodología la que aplicó Trotsky en España a principios de los años 30 del siglo pasado, en plena lucha contra la monarquía, cuando escribía a los trotskistas españoles llamándolos a ponerse al frente de la lucha por las reivindicaciones democráticas: “No comprenderlo sería cometer la mayor falta sectaria. Poniendo por delante las consignas democráticas, el proletariado no quiere con ello decir que España va hacia la revolución burguesa. Sólo podrían plantear así la cuestión fríos pedantes atiborrados de fórmulas rutinarias.”[9]. Siete meses más tarde, les decía: “Cuanto más valerosa, decidida e implacablemente luche la vanguardia proletaria por las consignas democráticas, más pronto ganará a las masas y privará de base a los republicanos burgueses y a los socialistas reformistas, de un modo más seguro los mejores elementos vendrán a nuestro lado y más rápidamente la república democrática se identificará en la conciencia de las masas con la república obrera.[10]

La desigualdad militar es abrumadora a favor de Israel. Pero, como mostró Vietnam, si se hermanan la lucha armada y la movilización de masas en la región, con una nueva Intifada, primaveras “árabes” y grandes movilizaciones en los países imperialistas, en particular en EEUU y la UE, podemos derrotar al Estado de Israel y a sus padrinos. Para eso la consigna de Palestina democrática, laica y no racista, del río al mar juega un papel clave e imprescindible.


[1]Lutte Ouvrière, el NPA-C y la lucha por la autodeterminación de Palestina”, publicado en Revolution Permanent el 30 de octubre de 2023

[2] NPA-C es una organización resultante de una escisión en el NPA tras el abandono del sector histórico

[3] “El Socialismo y la guerra”

[4] «Los medios y los fines: a propósito de la posición de los revolucionarios sobre la estrategia de Hamas”, publicado el 6 de noviembre de 2023

[5]¿Apoyar la resistencia palestina es apoyar la estrategia y los métodos de Hamas?”, de Philippe Alcoy, publicado el 11 de octubre de 2023

[6] Nos preguntamos a qué “civiles palestinos” se refiere.

[7] Al respecto de los rehenes, nos parece recomendable la lectura del trabajo de Trotsky, “Moralistas y sicofantes”, del 9 de junio de 1939

[8] Es importante señalar las siniestras relaciones de colaboración del movimiento sionista con el régimen nazi (ver los trabajos de Brenner, Schoenman e Ilan Pappé, judíos antisionistas que han estudiado esos vínculos). También hay que destacar la perfidia sionista de servirse del Holocausto para justificar la limpieza étnica de los palestinos, aplicando los mismos métodos de los nazis.

[9]Las tareas de los comunistas en España” (carta a la redacción de Contra la Corriente) 13 junio 1930

[10]La revolución española y las tareas de los comunistas” 24 de enero de 1931

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