El Comité Central del Partido Socialista de los Trabajadores se reunió durante los días 16, 17 y 18 de junio de 2015 y dentro de los temas discutidos estuvo la situación política nacional y las tareas centrales que debemos llevar a cabo los socialistas. Queremos compartir con nuestros lectores los aspectos centrales de esa discusión.

Por Cote

Hemos entrado en la coyuntura electoral para la elección de alcaldes, concejos y asambleas y en esta coyuntura se seguirán expresando el proceso de paz, con todas sus contradicciones, episodios políticos-militares y momentos de crisis, y las luchas de la clase obrera y los sectores populares, casi siempre, distorsionadas por el propio proceso electoral.

 

El contexto latinoamericano

Esta coyuntura política se desenvolverá en un proceso de América Latina en la que se acentúan los elementos de crisis económica, altos índices de corrupción, importantes expresiones de la lucha de los trabajadores y elementos de crisis en los llamados países del “socialismo” del siglo XXI, especialmente Venezuela.

Es necesario ubicar a Colombia dentro de este contexto, sin olvidar que hay desigualdades y que Colombia es un país con algunas particularidades, en relación al resto de países del continente. Baste mencionar algunas de ellas. Mientras el crecimiento económico de conjunto en el continente está descendiendo aceleradamente y para el 2015 se pronostica un 0.9 o 1.0% de crecimiento del PIB, para Colombia, donde también está descendiendo el crecimiento, se espera un 3.5%. Es el único país que tiene una guerrilla de 50 años de existencia y con la cual se está negociando la paz, el único país del continente que en 70 años sólo ha sufrido un golpe militar (1953-1957), pero en el largo periodo de democracia burguesa el régimen y la burguesía han asesinado más personas (300.000 o más) que en todos los regímenes dictatoriales, la clase obrera está en un 96% desorganizada y tiene una baja tradición de lucha, etc.

 

Llegó la crisis económica

Ha empezado la desaceleración de la economía colombiana. La llamada locomotora minera enfrenta los límites de la inversión extranjera en el sector, la caída del precio de las materias primas en el mercado mundial, en particular el del petróleo.

A pesar de los bruscos altibajos en los indicadores económicos, los analistas burgueses pronostican que la economía colombiana mantendrá una relativa estabilidad. Pero de todas maneras han tenido que reducir los pronósticos de crecimiento de la economía de un 4.5% a un 3.6% para el 2015 y, por lo menos, en los sectores más afectados por la crisis se van a incrementar los cierres de empresas y el desempleo.

Para contrarrestar las dificultades económicas, el gobierno llevará a cabo una serie de cambios normativos, regulatorios e institucionales orientados a propiciar la participación privada en los sectores de infraestructura, minería y servicios públicos. Estos cambios no sólo atraerán mayores inversiones (nacionales y extranjeras), sino que permitirían superar los rezagos en infraestructura estratégica que, hoy en día, constituyen un obstáculo para el crecimiento económico.

El gobierno ha vuelto a utilizar el mismo mecanismo que ya utilizó en otra coyuntura económica difícil en 2013, el Plan de Impulso a la Prosperidad y el Empleo, bautizado como Pipe 2 que implica una inversión de 16,8 billones y la posible generación de 322.920 empleos nuevos. Esos dineros los van a dirigir a obras públicas y construcción, a la educación (construcción de aulas), el agro, el turismo, a la minería, 60 mil viviendas en áreas rurales y subsidio para la vivienda de clase media (85 a 200 millones), reducir aranceles para incentivar exportaciones de algunos sectores, entre otras medidas.

El gobierno se sigue ubicando como el más optimista al fijar la meta de crecimiento para el 2015 en un 3.6%, pero, de todas maneras, el crecimiento en el primer trimestre del año 2015 cayó al 2,8% del 6,5% que había crecido en el mismo período en el 2014. Las consecuencias del deterioro económico ya se están empezando a sentir entre los trabajadores: cierres de empresas, despidos, ataque a las conquistas laborales, etc. Pero sus efectos más graves se expresarán en el 2016.

La burguesía tiene a su favor para el manejo económico la ausencia de un movimiento obrero fuerte, y además, el sector organizado, está dirigido mayoritariamente por el reformismo y una burocracia sindical hipotecada al régimen. El otro amortiguador parcial de la crisis es la actividad económica que desarrolla la lumpen-burguesía con el narcotráfico, el contrabando, la minería ilegal y la corrupción (ver recuadro).

 

Un gobierno relativamente debilitado en la coyuntura

El gobierno de Santos enfrenta los problemas de gobernabilidad que le produjo la división del electorado en la campaña presidencial y el debilitamiento de la bancada parlamentaria de la Unidad Nacional frente al Centro Democrático de Uribe. Correlación de fuerzas en el campo burgués que se ratificará o modificará en las próximas elecciones. Es un gobierno con una fuerte oposición política-electoral representada en el uribismo, pero con un acuerdo en lo fundamental con la misma. La “izquierda” y los Verdes ahora son rehenes de su propio discurso de paz, al que utilizan para justificar sus acuerdos parlamentarios con el gobierno, o negociar su apoyo a las iniciativas gubernamentales.

De todas maneras su debilidad se expresa en los fuertes elementos de crisis económica, los atentados guerrilleros y el estancamiento relativo del proceso de paz, a pesar de los acuerdos para el desminado y para la creación de la Comisión de la Verdad. Todo parece indicar que es un proceso de negociación en crisis y que en esta coyuntura se tendría que producir un desentrabamiento, de lo contrario, es altamente probable que la crisis se exprese en los resultados electorales y el gobierno salga más debilitado y el uribismo más fortalecido.

 

En las elecciones de octubre golpear el régimen, votando en blanco

Todos los sectores políticos ya están haciendo campaña electoral, pues el control gubernamental de los territorios es uno de los aspectos fundamentales en el forcejeo con la guerrilla y sus expresiones electorales, en la medida en que las regiones donde tradicionalmente ha actuado o tenido influencia serán la base para su futuro desarrollo como movimiento político.

Además para todas las fuerzas políticas, las elecciones tienen fundamental importancia por las regalías, los contratos y los recursos naturales. Esa disputa por el dominio en las regiones se evidenció en las pasadas elecciones parlamentarias.

Fundamental será la disputa por la Alcaldía de Bogotá, que es el segundo puesto después de la Presidencia de la República, por la población y los recursos que maneja, pues en la capital se produce el 25% de producto interno bruto y cuenta con más de $17 billones de presupuesto para 2015.

Igualmente es necesario terminar de precisar los posibles efectos que tenga en el proceso electoral en Bogotá y a nivel nacional, la traición de la burocracia sindical y el reformismo a la coyuntura de los conflictos y a la huelga del magisterio. Es necesario levantar como una consigna importante: ni un voto por los candidatos de los burgueses y empresarios, pero tampoco votar por los traidores ni por los candidatos de los traidores de la huelga del magisterio.

Para los socialistas la mejor política electoral sería realizar una campaña de independencia de clase, con candidatos del movimiento obrero y sindical, incluso en acuerdos con otros sectores y fuerzas, con un programa de poder y de gobierno obrero y popular. Al mismo tiempo somos conscientes que por las limitaciones establecidas por el régimen político antidemocrático, levantar una propuesta de estas características es imposible, en este momento. Pero, por la crisis del régimen, la corrupción y la descomposición política y moral de éste, si pudiéramos levantar candidatos propios, estos se dedicarían a llamar a votar en blanco para deslegitimar el régimen y abrirle espacio a la propuesta de constituyente.

El voto en blanco es una opción democrática, no de clase, pero que dada las características del régimen, la corrupción, las negociaciones de paz, el desprestigio de instituciones como la justicia, los partidos, incluidos los reformistas, etc, puede tener un espacio importante. Es una campaña contra el régimen y sus instituciones (ver Carta abierta a los partidos de izquierda y las organizaciones sociales).

La campaña electoral es la campaña central en la presente coyuntura y a ella se deben articular todos los otros problemas: la paz, la lucha antiburocrática en el magisterio y en todo el movimiento sindical, las huelgas, los paros, los conflictos agrarios, por servicios públicos, etc. Igualmente es necesario levantar la propuesta de reparación colectiva de la clase obrera, como víctima que ha sido de la violencia en todas sus manifestaciones.

El movimiento de masas y la crisis de dirección

Agotada la coyuntura de los conflictos estatales y el paro de los maestros no hay grandes luchas ni sindicales, ni campesinas ni estudiantiles, a la vista. Todo parecería estar determinado por los intereses electorales y la ofensiva ideológica y política de la paz. Pero no debemos descartar conflictos en el movimiento obrero, campesino y popular, y de presentarse, debemos colocar a su servicio la propia campaña electoral.

Todas las luchas, de presentarse, se debatirán en la profunda crisis de dirección sindical y política de los trabajadores. El papel nefasto de las direcciones mayoritarias, tanto sindicales (CUT, CGT, CTC y CNT) como políticas (Polo, Marcha Patriótica, PC, Unión Patriótica, Progresistas, FARC, ELN) ha quedado, una vez más, al descubierto con la coyuntura de los conflictos de febrero y el paro del magisterio, como ya lo había puesto de manifiesto el VI Congreso de la CUT y la discusión sobre el salario mínimo. La tarea más importante, la razón de ser de los socialistas, es ayudar a que la clase obrera resuelva este problema. La lucha contra esas direcciones debe ser permanente, en todos los terrenos, en el programa, política, táctica, como es permanente la lucha por avanzar en la construcción del Partido Socialista de los Trabajadores.

Cote

 

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La lumpen burguesía también colabora para mediar la crisis

Carlos Marx, desde El Manifiesto Comunista (1847) había hablado del lumpemproletariado, es decir sectores de la clase obrera descompuestos por efecto del propio capitalismo. Cuando el capitalismo entra en la época imperialista, como ha sucedido desde 1914, su vieja y dinámica moral entra en crisis, aparecen sectores de la burguesía que se lumpenizan. Dejan de actuar con la coherencia económica, social y política que actúa su clase para seguir construyendo el sistema capitalista; prefieren dedicarse al contrabando, a los cultivos ilícitos, al comercio ilegal de armas, a estafar, a ganar licitaciones con fraudes y trampas; a la corrupción, a ganar la mayor cantidad posible de plata en los negocios que hace, no importa que sea a costa de la calidad de lo que se ha comprometido a hacer; a comprar votos, organizar fraudes en las elecciones, a hacer política sobre la base de la mentira sistemática; a presionar y chantajear a sus posibles electores; a propiciar o tolerar organizaciones ilegales que defiendan sus privilegios por cualquier medio; a enriquecerse rápido y de cualquier manera. En una palabra, no le importa el futuro del sistema capitalista, al que pertenecen y del cual se lucran, le interesa el presente y el mayor beneficio posible, sin miramientos en los métodos que tenga que utilizar para ello ni en las consecuencias que sus acciones tengan para el futuro del sistema. Se trata de la lumpen burguesía. Los dineros recaudados por las actividades que realiza este sector ingresan a la circulación (aunque no se puedan cuantificar) y contribuyen a atenuar o a amortiguar, en parte, la crisis económica; una parte de esos dineros también van a las arcas de los partidos políticos   de la burguesía.

En Colombia se trata, por lo menos, de las actividades del narcotráfico, contrabando, minería ilegal y corrupción. En relación con el narcotráfico, algunas investigaciones afirman que la suma del valor agregado y de la repatriación de utilidades daría promedios de 2,8% y 0,7% del PIB para la primera y segunda mitad de la primera década del siglo XXI. Solo en el 2012, el flagelo del contrabando provocó un impacto del 2 % al Producto Interno Bruto, PIB. La minería ilegal cubre el 30% de las actividades relacionadas con el oro y el 19% del carbón. La corrupción, de acuerdo a un informe publicado por la Sociedad Colombiana de Economistas (SCE) en el 2011, le ha costado al país, desde 1991 hasta el 2010, alrededor de 189 billones de pesos, lo que equivale al 4% del PIB del país durante esos 19 años. Estas cuatro actividades, además de los recursos que generan, contribuyen también a la violencia, al contrabando de armas y más corrupción. Es un círculo vicioso, pero muy útil para la economía capitalista que ha venido al mundo y se sostiene chorreando sangre y lodo por todos sus poros, desde los pies a la cabeza.