Desde el inicio de la emergencia sanitaria por el Covid-19, ha desaparecido todo tipo de noticias en los diarios sobre las cuestiones de los inmigrantes, tanto en lo que respecta a los recién llegados de las tierras martirizadas del África y del Medio Oriente, como en lo que respecta a las condiciones de los que están ya viviendo en el territorio nacional. Las únicas noticias, arrojadas a la comida de los millones de italianos forzados a quedarse en la casa por la cuarentena, abordan el problema solo desde el punto de vista del orden público, como sucede desde hace décadas, colocando en segundo orden la cuestión sanitaria para miles de migrantes.

Por: Daniele Cofani

Fábricas abiertas, puertas cerradas

Mientras asistimos a las continuas tentativas de parte del gobierno Conte y de los patrones (Confindustria), con el usual apoyo de las burocracias sindicales, para mantener abiertas el mayor número de fábricas y para abrir las otras en el menor tiempo posible[1], en silencio la ministro del Interior, Lamorgese, el ministro de Relaciones Exteriores, Di Maio, la ministro de Transportes, De Micheli, y el ministro de Salud, Speranza (que debería representar a la izquierda en el interior del gobierno llamado amarillo-rojo), el 7 de abril han emitido un decreto interministerial planteando la negativa de atracar en puertos italianos las embarcaciones de bandera extranjera. De hecho, con tal decreto, se cerraron las puertos a los barcos de las ONG dedicadas en el mar Mediterráneo al rescate de las embarcaciones con inmigrantes que huyen de Libia o que provienen de otros territorios torturados del continente africano. Los motivos principales de tal prohibición por parte del gobierno italiano, están ligados a la evaluación de que no puede garantizar los requisitos necesarios de «place of safety», o sea, un puerto seguro a las personas a bordo de los navíos de rescate hasta el final (julio 2020) del estado de emergencia nacional por el Covid-19. En pocas palabras, el gobierno italiano, considerando desde siempre el puerto libio como un puerto de guerra y torturas, rechaza de esos propios puertos inseguros a los refugiados, abandonándolos al destino del mar y de sus propios torturadores.

Huyendo de la tortura, repelidos por el virus, siguen muriendo en el Mediterráneo

En esta fase de emergencia sanitaria nos hemos visto obligados a escuchar idioteces de todo orden y grado sobre la disminución de los desembarcos de inmigrantes en Italia en el último período, como si los propios inmigrantes pudieran decidir irse, posponer o desviar sus viajes como los turistas ricos. La verdad es muy distinta, y quizás se encuentre en los protocolos de entendimiento entre los gobiernos italiano y libio, en los que son los millones de financiamiento los que deciden el patrullaje de las costas mediterráneas, así como la gestión de los campos de acogida para libios, verdaderos campos de detención, lugar de violencia, tortura y violación.

La libertad y la vida de miles de inmigrantes y refugiados está en manos del deseo de los gobiernos, comités de negocios de la burguesía, que cierran y abren las redes según sus necesidades, así como según su propaganda: es claro el ejemplo de Libres e Iguales (la «Izquierda» en el gobierno), que durante el gobierno amarillo-verde, caracterizado por las políticas xenófobas y racistas de Salvini, envió a sus representantes en los barcos de las ONG al rescate de los inmigrantes, y ahora esos mismos representantes, entre ellos Fratoianni y el propio ministro Speranza, cierran los puertos como ni siquiera Salvini fue capaz de hacer.

Solo unos días después de que se emitiera el enésimo decreto criminal sobre la inmigración, hay informes de las primeras muertes en el mar y de que los barcos que transportaban a los inmigrantes a Europa eran enviados de vuelta a Libia. Se ha definido como «la masacre de Pasquetta»[2] la muerte de 12 inmigrantes, de un total de 55 a bordo de una embarcación, que perdieron la vida después de días a la deriva en las aguas del Mediterráneo: a pesar de que las autoridades maltesas e italianas tenían conocimiento de ello, los repelieron hacia Libia con la excusa del Covid-19, para mantener sus puertos cerrados. De los 12 inmigrantes que murieron, 7 se ahogaron en un intento desesperado de salvarse nadando, 5 murieron por falta de agua y comida, los otros 45 fueron enviados de vuelta al infierno libio.

Este nuevo decreto condenará a la muerte a miles de refugiados, abandonándolos en el mar o poniéndolos de nuevo en manos de los libios para que sean devueltos a las zonas de guerra, sin calcular el riesgo real de contagio del Covid-19 que hace estragos en el continente africano[3]. En este contexto, nos parece vergonzosa la propuesta de algunos médicos franceses que considerarían útil activar las pruebas de la vacuna en el continente africano, considerando a la población africana como un conejillo de indias, como si no contasen en comparación con el resto de la humanidad[4].

En la emergencia habitacional explota la crisis sanitaria

Con la frase anterior, retomamos el título de un comunicado[5] de la sección romana del PdAC que denuncia las condiciones de cientos de inmigrantes africanos presos en la ocupación del palacio Selam, en la que decenas de ellos están infectados con el Covid-19.

También en Roma, en las últimas semanas, se ha encendido una revuelta en el interior de un centro de acogida extraordinario en el distrito de Torre Maura, en el que 600 migrantes han estado hacinados durante semanas, vigilados las 24 horas del día por camiones de la policía; la revuelta estalló, incendiando algunos colchones, para exigir un mejor tratamiento y mejores condiciones tanto desde el punto de vista sanitario como económico.

Es aterradora la situación en el centro de acogida del hotel Mónaco de Verona[6] donde 100 huéspedes, de 140 solicitantes de asilo, dieron positivo para el Covid-19, una verdadera bomba sanitaria.

Lo que sucede en las numerosas ocupaciones y centros de acogida, de los que solo hemos dado algunos ejemplos, es el resultado de las políticas vejatorias que los gobiernos burgueses, de todos los colores, han tenido para tratar la cuestión de la inmigración, situándola solo como un problema de orden público, situación que pone de relieve la brutalidad del capitalismo para afrontar desde siempre la cuestión, mostrando sus armas más afiladas como la xenofobia y el racismo. Para estos inmigrantes el lema #iorestoacasa significa permanecer amontonados por centenares en edificios deteriorados, sin ninguna precaución contra el contagio, permanecer sin ingresos porque las restricciones no les permiten trabajar siendo precarios y sin contrato de trabajo, sin derechos sanitarios y económicos en cuanto clandestinos sin residencia: los decretos Salvini han quitado, incluso a los solicitantes de asilo, el derecho al permiso de residencia humanitario, el decreto Lupi (gobierno Pd) les ha quitado el derecho de residencia si son huéspedes de ocupaciones, una mezcla infernal que los deja al margen de la sociedad desde siempre, pero aún más hoy en un momento de crisis épica.

Racismo, explotación y Covid-19

Hoy más que nunca emerge con claridad la estructura sobre la cual se apoya el capitalismo para dividir a la clase trabajadora a través del uso del racismo, tornándola cada vez más desarmada y débil. Eso que evidentemente aparece como un ejército de reserva, es decir, millones de trabajadores y trabajadoras inmigrantes dispuestos a trabajar en cualesquiera condiciones, es el fruto de la suma de docenas de normas y leyes que, en los últimos 30 años, han sido emitidas por los distintos gobiernos, también los de pseudo-izquierda.

Estos trabajadores y trabajadoras inmigrantes, obligados trabajar sin derechos y con salarios de hambre, no son y no pueden ser nunca nuestros enemigos: lo que les impone una situación de sobreexplotación son leyes que les conceden un permiso de residencia solo si tienen un contrato de trabajo, leyes que no reconocen su ciudadanía ni siquiera cuando nacen en Italia (solo al cumplir los 18 años), leyes que los mantienen prisioneros a la espera de asilo político sin haber cometido ningún delito, leyes que abren los puertos solo si es necesaria otra mano de obra barata. Estos trabajadores son y tendrán que ser nuestros aliados de clase; no puede ser el color de su piel, el pasaporte que llevan en sus bolsillos, o el dios al que le rezan lo que nos mantenga divididos como quisieran los patrones y sus sirvientes.

Hoy, durante la pandemia, estos trabajadores se encuentran en las peores condiciones, aún más chantajeados y marginados, y muchos sin un hogar donde pasar la cuarentena y sin apoyo económico; pero aquí aparece, como por arte de magia, un proyecto de decreto interministerial[7], encabezado por el ministro de Agricultura Bellanova, quien, para hacer frente a la escasez de mano de obra campesina, propone regularizar a los migrantes irregulares dispuestos a trabajar como braceros en los campos de los tiempos del Covid-19. Evidentemente, con contratos precarios por un máximo de un año, sin ninguna garantía de protección de la salud y, sobre todo, con un permiso de residencia subordinado a la duración de dicho contrato de trabajo.

¡Destruir el capitalismo por una sociedad sin opresiones ni explotación!

La crisis migratoria es un problema de alcance mundial, causado por los eternos conflictos a los cuales les siguen crisis económicas y humanitarias, fruto de la política predatoria, imperialista, de colonización y subyugación, ejercida por una minoría de países, entre ellos los europeos (Italia incluida), contra la mayoría de los países del planeta. Todo esto ha creado en los últimos decenios grandes olas migratorias de Medio Oriente, Asia y África hacia Europa, pero también de América del Sur, América Central y el Caribe hacia los Estados Unidos, y también el Brasil. El imperialismo es la cara más cruel del capitalismo, que crea desigualdad, discriminación y explotación en el terreno internacional. En Italia, como en todo el mundo, es evidente que para cambiar definitivamente la situación de explotación de todos los trabajadores, italianos o migrantes, es necesario destruir el régimen capitalista para construir una sociedad socialista, con una economía planificada al servicio de las necesidades de la clase trabajadora, devolviendo la dignidad también a los millones de desocupados.

Nunca como en este momento es tan urgente desarrollar lazos sociales de solidaridad entre trabajadores nativos e inmigrantes, combatiendo todo tipo de ideología xenófoba y racista, desarrollando una lucha política unitaria, exigiendo la abolición de todas las leyes sobre inmigración y seguridad, como también todas las leyes laborales que solo han creado desocupación y precariedad. A partir de ahí continuar en la batalla más grande por el derrocamiento de este sistema inhumano, que además de crear plusvalía de nuestra fuerza de trabajo, quiere dividirnos y oprimirnos a través del racismo, el machismo y la lgbtfobia.

Notas:

[1] https://www.partitodialternativacomunista.org/articoli/sindacato/la-borghesia-italiana-non-si-ferma-coronavirus-cosa-non-si-fa-per-il-profitto
[2] https://www.huffingtonpost.it/entry/12-migranti-morti-per-inazione-dellue-le-prove-di-alarm-phone_it_5e987d4ac5b6ead140094c71?fbclid=IwAR1qtxZncmW6_NwBqk5pNlIv2pm3hfniI1JxmcH7T_56qwvUgT4D9NHgTh0
[3] https://www.partitodialternativacomunista.org/politica/internazionale/le-vite-dei-neri-contano-il-covid-19-in-africa-e-il-ruolo-del-razzismo-e-del-capitalismo
[4] https://www.lastampa.it/sport/calcio/2020/04/03/news/coronavirus-la-rivolta-di-eto-o-e-drogba-test-in-africa-non-siamo-cavie-1.38673640
[5] https://www.partitodialternativacomunista.org/politica/nazionale/roma-selam-palace-la-brutalita-del-capitalismo-emergenza-abitativa-e-crisi-sanitaria
[6] https://corrieredelveneto.corriere.it/verona/cronaca/20_aprile_17/coronavirus-verona-focolaio-migranti-40-via-dall-hotel-ec8385fa-807a-11ea-86bd-3c90f4fa0182.shtml
[7] https://www.corriere.it/economia/lavoro/20_aprile_17/campi-senza-bracciantiecco-bozza-leggeper-regolarizzare-migranti-ceae6928-80e3-11ea-ac8a-0c2cb4ad9c17.shtml

Artículo publicado en www.partitodialternativacomunista.org
Traducción: Natalia Estrada.