En los primeros días del gobierno Temer acompañamos atentamente sus primeras medidas porque sabíamos que vendrían más ataques a los derechos. Este gobierno precisa mostrar para la burguesía brasileña y para el imperialismo que es capaz de aplicar el ajuste fiscal contra los trabajadores, ya que el gobierno Dilma no tenía más un gran apoyo social ni base parlamentaria para eso. La extinción de ministerios y la nominación de los ministros fueron motivo de repudio, principalmente entre activistas y en los movimientos sociales.

Por: Jean Longhi y Débora Saes – Osasco, San Pablo*

En la salud, no fue diferente. Para este ministerio Temer llamó a Ricardo Barros, ingeniero civil y diputado federal por el PP-PR, que fue base aliada del gobierno Dilma. En 2012, asumió el cargo de secretario de la Industria y Comercio de Paraná, cuando fue denunciado por irregularidades en la gestión. Grabaciones hechas por el Ministerio Público mostraron a Barros sugiriendo al entonces secretario municipal de Saneamiento de Maringá, Leopoldo Fiewski, que arreglase un encuentro para la realización de un acuerdo entre dos empresas que participaban de un proceso de licitación para publicidad. Además, su suplente como diputado está preso por violación y cárcel privada.

Sus primeras declaraciones respecto del SUS [Sistema Único de Salud] causaron pavor en todo el activismo de la salud. En entrevista a la Folha de S. Paulo el día 17/5/16 dijo que “será necesario repactuar las obligaciones del Estado, como se hizo en Grecia, que cortó jubilaciones, y en otros países”; dijo, además: “cuantas más personas puedan tener planes de salud, mejor, porque va a haber atención patrocinada por ellos mismos, lo que alivia el costo del gobierno en sostener esa cuestión”. Sobre el aborto, dijo que quedó espantado con el número de abortos realizados en el Brasil anualmente, y con el número de mujeres que quedan mutiladas o mueren intentando realizar este procedimiento. Como parte de la solución, dice que será necesario “envolver a las iglesias en esta discusión”.

Causó espanto también la divulgación de que el mayor donador individual de su última campaña electoral es socio del grupo Aliança, empresa de planes de salud que donó 100.000 reales a Ricardo Barros, además de otros diputados electos por el PMDB, PSDB y PSB.

Pasó lejos de las palabras del nuevo ministro la defensa del SUS universal frente a los avances de la salud privada en el país, la salud como derecho humano fundamental conquistado en la Constitución del ’88, el aborto como cuestión de salud pública en un Estado laico y no como discusión religiosa, entre otras cuestiones tan importantes para los brasileños.

Con mucha alegría vimos militantes de la salud pública, entidades del sector y partidos de izquierda levantándose contra las barbaridades dichas por el nuevo ministro. Las redes sociales también hicieron su parte en divulgar y denunciar. Todos en la defensa incondicional del SUS como una conquista y no admitiendo más retrocesos. ¿Pero esos ataques anunciados son fenómenos nuevos? ¿Veníamos de conquistas y ahora tuvimos un revés? ¿Veremos a partir de ahora la ruina del SUS?

Todos los que quedaron aterrorizados con estas pésimas noticias para la salud pública tienen toda la razón de repudiar a este gobierno y luchar por su caída, junto con su política privatista y anti trabajadores. Pero es fundamental percibir que estos ataques no son novedad para el sistema público de salud brasileño. Lamentablemente, esos golpes en el SUS vienen dándose por todos los gobiernos, desde su creación.

Sobre la financiación del SUS

Siempre tuvimos una subfinanciación crónica que disminuía día a día el tamaño del SUS. Existió mucha movilización para que el gobierno federal gastase por lo menos 10% del PIB con la salud pública: el movimiento alrededor de la famosa Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 29. La PEC fue sancionada, pero tuvo el principal punto vetado por el gobierno Dilma en 2012: el que determinaba el gasto mínimo de 10% del PIB para el sector. Solo fue aprobado que el gobierno gastaría lo aplicado en el año anterior, aumentado según la variación del PIB. Con la llegada de la crisis económica y los posibles PIBs negativos, no tendremos aumento alguno en inversiones en la salud por mucho tiempo, habrá solamente más cortes. Una derrota para el movimiento y un ataque más al SUS.

Como si no bastase, tenemos la famosa Desvinculación de las Recetas de la Unión (DRU – Desvinculación del Presupuesto Federal) que permite al gobierno retirar a su antojo 20% del presupuesto de la seguridad social (salud, previsión y asistencia social). Recurso que viene siendo inevitablemente utilizado para el pago de la deuda pública. La DRU surgió en 1994 y está siendo constantemente prorrogada por los diferentes gobiernos. El gobierno Dilma también encaminó una PEC al Congreso, proponiendo la prorrogación de la DRU hasta 2023 y elevación de la alícuota para 30%.

Las formas de privatización de la salud

La privatización siempre caminó a pasos largos en la salud. Los gobiernos petistas implementaron las Fundaciones estatales de derecho privado y la EBSERH (Empresa Brasileña de Servicios Hospitalarios) para administrar los hospitales universitarios. Hubo mucha resistencia y en diversos lugares tuvimos victorias del movimiento contra esa privatización, impidiendo la entrada de la gestión privada en esos hospitales.

Mientras tanto, tuvimos una derrota jurídica muy importante en el juzgamiento de la acción por el Supremo Tribunal Federal (STF) en relación con las Organizaciones Sociales (ADI 1923). El juzgamiento que declaró la constitucionalidad de las OSs dio aire a los procesos de privatización implementados por diversos gobiernos, desde el PT al PSDB. La ciudad de San Pablo, administrada por Haddad (PT), se volvió uno de los grandes ejemplos de la aplicación de esa forma de privatización y del modo como ella precariza la situación de los trabajadores de la salud y usuarios de los servicios. Para citar el hecho más reciente, en el inicio de 2016, con el cambio de OSs en el territorio municipal ocurrieron centenas de despidos de trabajadores para admisión de nuevos con salarios mucho menores, entre otros cortes de inversiones que fueron realizados.

El “Programa Más Médicos”

También tuvimos el polémico “Programa Más Médicos” que, por un lado, llevó al profesional médico a lugares distantes y que nunca tuvo o que tenía dificultades en la estabilidad de ese profesional. Pero, por otro lado, tuvimos un proceso con características totalmente contrarias a las reivindicaciones históricas para la carrera en el SUS. Este programa precarizó aún más el trabajo médico, pues el trabajador es contratado por mecanismo privado (vía EBSERH), recibe una bolsa, no tiene salario, no tiene garantía de condiciones mínimas de trabajo y no tiene una serie de derechos laborales, o sea, ni siquiera la CLT [Consolidación de las Leyes del Trabajo] es respetada. Para empeorar, fue ampliamente denunciado que buena parte de la bolsa recibida por los médicos cubanos no queda para ellos y sí para el gobierno cubano, que funciona como una agencia de empleo tercerizado.

El “Más Médicos” también es un ataque a los otros profesionales de salud, que son ignorados por el programa y hace retroceder una conquista del SUS que es el trabajo en equipo multiprofesional. La contradicción para los defensores de Dilma es que el nuevo ministro va a continuar con el “Más Médicos”, o sea, esta forma de precarización de la salud forma parte de la receta del gobierno Temer.

La abertura de la salud brasileña al capital extranjero

Uno de los golpes más asustadores al SUS fue la abertura de la salud brasileña para el capital extranjero en 2015. La ley 13097/15, una verdadera aberración jurídica, en su capítulo 17 abrió legalmente el mercado de salud para las empresas internacionales, modificando la propia constitución brasileña. Luego, en seguida, tuvimos la venta de la Amil para la OneHealth (empresa norteamericana), y eso es apenas el comienzo. El proceso de mercantilización de la salud se profundizará con la introducción de tecnologías de control de gastos con los pacientes a través del control del trabajo de los profesionales.

El argumento de los defensores del gobierno petista de que ese fenómeno no interfiere en el SUS es totalmente invertido por, al menos, tres motivos: primero, porque parte de los atendimientos que serán cortados en la red privada internacionalizada por ser “poco lucrativos” (pacientes psiquiátricos, en tratamiento de cáncer, HIV, poli-traumatizados, portadores de enfermedades crónicas, etc.) van a acabar siendo transferidos al SUS, como ya nos cansamos de ver en varios segmentos del “mercado” de la salud; segundo, porque las empresas internacionalizadas podrán, sí, vender servicios al SUS; tercero, porque esa ley permite la compra de hospitales filantrópicos por el capital internacional, abriendo de par en par las puertas del SUS para estas empresas.

Las elecciones y las empresas privadas del salud

Por fin, las empresas de planes privados de salud siempre invirtieron pesado en las elecciones para después cobrar la cuenta a los políticos electos. Según datos del Centro Brasileño de Estudios de la Salud (CEBES), en 2014, donaron R$ 54,9 millones para 131 candidatos. El apoyo financiero de 40 empresas del sector ayudó a reelegir a la presidente Dilma Rousseff, tres gobernadores, tres senadores, 29 diputados federales y 29 diputados estaduales, totalizando 60 electos. El monto donado en 2014 representa 263% más que el financiamiento de los planes en la campaña electoral de 2010, que fue de R$ 15,1 millones. La campaña de Dilma recibió el mayor valor, R$ 11 millones. Datos retirados del artículo publicado en el site del CEBES.

¡Continuar resistiendo!

Precisamos repudiar con todas nuestras fuerzas y derrotar los ataques que se anuncian en este nuevo gobierno. La lucha por la preservación del SUS debe estar articulada con la construcción de una gran huelga general contra todos los ataques del gobierno Temer a los derechos sociales. Debemos también exigir nuevas elecciones para que los trabajadores decidan los rumbos y la solución de esta crisis política. Precisamos que los trabajadores gobiernen directamente las acciones del Estado, creando consejos populares en los lugares de trabajo, vivienda o estudio, para que construyan cotidianamente políticas que beneficien a nuestra clase y pongan la conducción del Brasil, de hecho, en las manos de los trabajadores.

Precisamos también sacar las lecciones de esta crisis política, pues los equívocos del gobierno del PT no pueden ser barridos debajo de la alfombra. Incluso porque este partido acabó de votar que autoriza alianzas para las próximas elecciones municipales con aquellos como el PMDB que proponen atacar los derechos de los trabajadores, incluyendo en eso el derecho a la salud pública y universal. Aliarse con el PMDB y todos los viejos partidos corruptos no da más. Los gobiernos petistas en estos últimos 14 años también atacaron el SUS, basta mirar los hechos. La lucha por el SUS continúa a la orden del día y debe ir para las calles junto con los gritos de ¡Fuera Temer y su gobierno anti trabajadores! ¡Fuera Todos! ¡Elecciones generales ya!

* Con la colaboración de Ary Blinder (San Pablo – SP).

Traducción: Natalia Estrada.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

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