El 23 de marzo, Bolsonaro hizo un pronunciamiento en red nacional de radio y TV, donde mintió descaradamente. Dijo que el gobierno siempre estuvo a favor de la vacuna y que siempre trabajó contra la pandemia. El sonido de las cacerolas mostró que la población no se traga más este absurdo.

Por: Editorial Opinião Socialista 609, PSTU Brasil

Desde el inicio, el presidente no hizo otra cosa sino sabotear medidas mínimas que fuesen útiles para combatir el coronavirus. De las vacunas a las parcas medidas de distanciamiento social. Hace pocos días, entró en el Supremo Tribunal Federal (STF) contra las medidas de distanciamiento social en los Estados. Más que eso, avisó que “su” Ejército no permitiría “lockdown” e, incluso, amenazó con Estado de Sitio.

El resultado de su política genocida es el completo colapso de la salud, con escenas aterradoras como la de una multitud rezando, de rodillas, frente a un hospital en Santa Catarina; gente muriendo en las filas de las unidades de terapia intensiva; o, incluso, pacientes intubados, despertando por falta de sedativos.

No se trata solo de omisión o incompetencia. Como fue descubierto por un relevamiento de la Conectas/USP, el gobierno Bolsonaro actuó de forma deliberada para extender el virus, a fin de alcanzar la “inmunidad de rebaño”. Su preocupación en no tocar en las ganancias de los banqueros y de los grandes empresarios, y con vistas a las elecciones, lo hizo transformar el Brasil en un gran cementerio a cielo abierto. El nombre de eso es genocidio.

La hipocresía de los gobernadores y del empresariado

El recrudecimiento de la pandemia y la caída en la popularidad obligaron a Bolsonaro a intentar dar un giro en su discurso negacionista en relación con la vacuna. Por otro lado, gobernadores y buena parte de la burguesía se subieron al tren. No porque estén, de hecho, preocupados con la escalada de muertos, sino por el simple hecho de que ningún país funciona con la salud en colapso, enterrando a 3.000 o 4.000 personas diariamente. Situación esta que pone en riesgo las ganancias y los intereses de la burguesía.

Esta postura, no obstante, explicita la hipocresía de la burguesía. Al mismo tiempo que critica la política desastrosa de Bolsonaro en relación con la pandemia, continúa sosteniendo este gobierno. Para ella, lo que importa es aprobar más reformas, como la reforma Administrativa, una nueva ronda en la reforma Laboral, y más ajuste fiscal. En fin, continuar arrojando los efectos de la crisis en las espaldas de los trabajadores. Pero con medidas muy mínimas, como el auxilio de hambre, para intentar evitar una explosión social.

Los gobernadores, por su parte, braman contra el gobierno federal pero imponen medidas insuficientes en los Estados, para no ir contra los intereses de aquellos que los financian: los grandes empresarios y el gran comercio y los banqueros. El Centrão también continúa siendo fiador de este gobierno. Votó a favor del auxilio de emergencia de hambre (de R$ 150 a R$ 375) que, en la práctica, es para no haya “lockdown”. E, incluso, aceleró en la Cámara una ley “antiterrorismo” cuyo único objetivo es el de facilitar la represión contra manifestaciones y el movimiento.

¡Lockdown con auxilio, y vacuna para todos ya!

Mientras cerrábamos esta edición, ocurrían protestas en todo el país contra el gobierno. El 24 de marzo, “Día Nacional de Lucha por el Fuera Bolsonaro”, contó con paralizaciones de choferes de ómnibus en distintas partes del país y movilizaciones en fábricas, obras y ocupaciones. Crece la indignación. Es preciso avanzar en la organización, rumbo a una huelga sanitaria, paralizando todos los sectores no esenciales, a fin de exigir vacunación ya, auxilio de emergencia de R$ 600 (debería ser, por lo menos, de un salario mínimo), licencia remunerada, estabilidad en el empleo, y auxilio a los pequeños negocios, para que pueda haber una cuarentena general de hecho.

Para viabilizar la vacunación en masa, precisamos exigir, incluso, la quiebra inmediata de las patentes, con la reconversión de las fábricas para su producción. El país cuenta con 30 fábricas de vacunas para ganado que podrían ser adaptadas. De la misma forma que sectores de la industria podrían ser reconvertidos para la producción de oxígeno hospitalario, máscara N95 (PFF2) y demás insumos. Sin embargo, Bolsonaro, los gobernadores y la clase dominante continúan más preocupados con sus ganancias que con la vida de los trabajadores y de la población.

¡Fuera Bolsonaro y Mourão ya! Defender las libertades democráticas

Sacar a Bolsonaro y Mourão es precondición para parar la matanza. El pueblo paraguayo es el ejemplo que deberíamos seguir, saliendo a las calles paras tirar abajo un gobierno corrupto y omiso en cuanto a la pandemia.

Es necesario, incluso, defender las libertades democráticas contra las amenazas del gobierno (que cuentan con la complicidad de sectores de la Justicia y de la Policía), así como impedir el uso de la Ley de Seguridad Nacional, esa basura de la dictadura, usada para perseguir a opositores y cercenar la libertad de expresión. Es urgente, también, impedir la ley antiterrorismo recién presentada.

La alternativa a Bolsonaro, por otro lado, no puede ser la continuidad de esa misma política económica del empresariado y del Congreso Nacional. Ni Paulo Guedes ni Rodrigo Maia o el PSDB. Ni el proyecto de Lula y del PT de un nuevo frente con la burguesía, algo que ya vimos en lo que dio.

Alternativa socialista y revolucionaria

Más allá de eso, es necesario apuntar una perspectiva para la clase trabajadora y la población, de superación de ese sistema que solo lleva a la muerte, el desempleo y la miseria. Es preciso construir una alternativa socialista y revolucionaria, que defienda un gobierno socialista de los trabajadores, basado en consejos populares.

Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 609, disponible en www.pstu.org.br, 24/3/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.