El 29 de julio último, Bolsonaro armó un verdadero circo para presentar lo que serían las “pruebas” de que habría fraude electoral. Convocó a la prensa para acompañar su live, transmitió en vivo por la estatal TV Brasil, y movilizó su red de simpatizantes para el gran evento. Frente a toda la expectativa, mostró solo algunos videos antiguos de zap, con fake news hace muchos desmentidas.

Por: Redacción PSTU Brasil

El objetivo del gobierno, sin embargo, era movilizar a su cada vez más restringida base de apoyo alrededor del tema del voto impreso. Tres días después, el bolsonarismo realizó diversos actos por el país con esa reivindicación, amenazando “no haber elecciones” caso él pierda. Las manifestaciones fueron mucho menores que las anteriores realizadas por la ultraderecha, mostrando el desgaste creciente que enfrenta.

Frente a la crisis en que se encuentra, el gobierno hace dos movimientos. De un lado, reafirma las amenazas golpistas, esta vez escondidas en la palabrería sobre urnas electrónicas. Parte de eso fue la amenaza realizada por el ministro de Defensa, general Braga Netto, al Congreso, de que, en caso de que no fuese aprobado el voto impreso, no habría elecciones en 2022. Esa historia es solo una justificación para cuestionar el resultado electoral allá adelante, como Trump intentó hacerlo en los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, Bolsonaro entrega el gobierno al centrão [agrupación de partidos de “centro”], con la nominación del presidente de los Progresistas, Ciro Nogueira, al Ministerio de la Casa Civil. En la práctica, es como si el presidente pusiese al líder del centrão como primer ministro, ya que es justamente por la Casa Civil que pasan todos los proyectos del gobierno y las articulaciones con los demás Ministerios.

Ese movimiento tiene como principal objetivo, más inmediato, librar a Bolsonaro del impeachment y de la cárcel. Y también pavimentar el camino para la reelección el año que viene.

Golpe como “plan B”

La expectativa del gobierno es que la economía crezca hasta 2022 y, mientras tanto, programas “sociales” como un vale-gas o el Bolsa Familia mejorado recuperen su popularidad. Pero, en la mejor de las hipótesis, el crecimiento del Brasil debe apenas recuperar la retracción durante la pandemia, lo que haría que, en general, retomásemos la situación anterior a 2020, cuando ya estábamos en crisis. Sin embargo, en un nivel mucho mayor, con un aumento brutal de la desigualdad, desempleo en masa y generalización del trabajo precario.

Por su parte, el Bolsa Familia mejorado sería pagado con privatizaciones como la de los Correos, el atraso en el pago de órdenes de pago por las deudas del gobierno federal en acciones judiciales, y demás medidas contra los trabajadores, como la reforma administrativa, que ataca a los empleados y el servicio público. O sea, se trata de conceder unas migajas con una mano para un sector de miserables, sacando con la otra de toda la clase trabajadora.

Como “plan B” está la idea de la tentativa de golpe. En el corto plazo no hay condiciones y correlación de fuerzas para eso, pero, por la naturaleza autoritaria de este gobierno y de aquellos que lo apoyan, incluyendo la base militar y miliciana que Bolsonaro cultiva, eso puede avanzar. La clase trabajadora no debe aceptar cualquier intento de golpe y ningún ataque a las libertades democráticas o la represión a la clase, sus organizaciones o cualquier organización democrática. Para eso, debe estar movilizada y organizar su autodefensa.

Empleados, subempleados y sin empleo (2020)

Trabajo asalariado: 32,42% (44,1 millones)

Sin empleo: 43,14% (58,8 millones)

Subempleo: 24,4% (33,3 millones)

Fuente: SPC Brasil, DataPrev, Catastro Nacional y Relación Anual de Informaciones Sociales (CNIS/Rais), Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Elaboración: Instituto Latinoamericano de Estudios Socioeconómicos (Ilaese).

Desempleo en masa, hambre y miseria

Libretas de trabajo de candidatos a vacantes de empleo tempor‡ario ofrecidas por la Metalœúrgica Aliana, en una mesa del Departamento de Personal de la empresa.

Las escenas de una fila interminable de personas a la espera de huesos con pedazos de carne donados por un carnicero de Cuiabá (MT) rodaron por el país. Muestran el cuadro actual en que el hambre alcanza a más de 19 millones de brasileños, con más de 125 millones pasando por algún tipo de inseguridad alimentaria, según estudio coordinado por el Grupo de Pesquisa Alimento para Justicia: poder, política y desigualdades alimentarias en la bioeconomía, de la Universidad Libre de Berlín.

Una realidad fruto de la crisis social que une desempleo en masa, inflación de los productos más básicos, pérdida de renta en la pandemia y una caricatura de auxilio de emergencia que no cubre ni la mitad de la canasta básica.

Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el desempleo alcanzaba a 14,8 millones de personas en el trimestre cerrado en mayo. No obstante, son números subnotificados, ya que el criterio utilizado para la tasa oficial de desempleo es el de personas que buscaban trabajo en el momento de la pesquisa. Levantamiento realizado por el Instituto Latinoamericano de Estudios Socioeconómicos (Ilaese) calcula la tasa de personas sin trabajo en el Brasil, en 43,15%.

La inflación de los productos más básicos, por su parte, es mucho mayor que la inflación oficial, que quedó en torno de 6%. Y según el Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (Dieese), más de la mitad de los reajustes en el primer trimestre (52%) quedaron por debajo de la inflación.

Precios en la alturas (inflación marzo de 2020 a marzo de 2021)

Arroz: 122%
Carne bovina: 71,94%
Harina de mandioca: 67,16%
Azúcar: 53,18%
Fuente: Instituto Brasileño de Planificación Tributaria (IBPT)

18 de agosto es Día Nacional de Luchas. ¡Fuera Bolsonaro y Mourão ya!

Luego del 24 de julio, el próximo día de movilizaciones contra el gobierno será el 18 de agosto. La fecha coincide con la huelga general aprobada por los empleados públicos en el encuentro del gremio los días 29 y 30 de julio. Realizado de forma online y contando con más de 15.000 empleados de las tres esferas de todo el Brasil, el encuentro definió la paralización contra la Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) 32, relativa a la “reforma administrativa”, que ataca duramente los servicios públicos, y contra las privatizaciones.

A partir de esa fecha, las entidades que componen la coordinación del movimiento Fuera Bolsonaro definieron el 18 de agosto como día de lucha, paralizaciones y protestas. La CSP-Conlutas hizo un llamado a las demás centrales sindicales para un fuerte día de asambleas, paralizaciones y manifestaciones como preparatorias para la construcción de una huelga general en el país. Además, la coordinación también aprobó una movilización unitaria el día 7 de setiembre, en conjunto con el Grito de los Excluidos.

Todos a las calles

A contramano del desgaste cada vez mayor del gobierno, y del avance en su política de genocidio, quite de derechos y entrega de las estatales, sectores de la campaña Fuera Bolsonaro afirmaban al diario Folha de S. Paulo que era el momento de “postergar la convocatoria de nuevos actos”. Con el argumento de que no habría “hechos nuevos” o por el receso de la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI), esos dirigentes defienden un “freno” en las movilizaciones.

Junto con esas declaraciones, los sectores mayoritarios de la campaña también vienen divulgando el 7 de setiembre como próximo día de luchas, encubriendo el 18 de agosto aprobado en la propia reunión de la coordinación. Ese movimiento muestra que estos sectores no actúan de hecho para sacar a Bolsonaro y su gobierno ya, sino de acuerdo con el calendario del Congreso Nacional y, sobre todo, electoral.

Hechos nuevos aparecen todos los días, tanto de nuevas denuncias de corrupción (no en vano la pesquisa divulgada el último 2 de agosto muestra que 54% cree que Bolsonaro está involucrado en corrupción en la compra de vacunas) como de amenazas autoritarias y nuevos ataques. Es hora de intensificar las luchas y dar un paso al frente, llamando a la organización de una huelga general para efectivamente sacar este gobierno. Así como rechazar las amenazas autoritarias y la corrupción, y defender el empleo, el salario, la renta y la salud, contra las privatizaciones.

“Debemos poner el 18 de agosto al servicio de la construcción de la huelga general. A propósito, para las centrales sindicales que hasta aquí se negaron a convocarla, he aquí un buen momento para fortalecer la convocatoria de este nuevo día nacional por el Fuera Bolsonaro y Mourão y de realizar asambleas, protestas y paralizaciones, rumbo a la huelga general”, defiende el dirigente de la CSP-Conlutas, Atnágoras Lopes.

Próximos pasos de la campaña

5 de agosto: Día Nacional de la Salud, con acto en el Congreso Nacional en defensa de la vida, del Sistema Único de Salud (SUS) y de las libertades democráticas.

11 de agosto: Día del Estudiante.

18 de agosto: Huelga Nacional de los empleados públicos y día nacional de lucha.

28 de agosto: Movilización Nacional Fuera Bolsonaro en preparación del Grito de los Excluidos.

7 de setiembre: Grito de los Excluidos.

Un programa y una alternativa de los trabajadores para el país

La necesidad más urgente en este momento es la unidad de todos los sectores dispuestos a derrocar el gobierno Bolsonaro y Mourão, enterrando de una vez este gobierno genocida que gesta un proyecto de dictadura. Para eso, es necesario avanzar en las manifestaciones y en la construcción de una huelga general por el Fuera Bolsonaro y Mourão, auxilio de emergencia de por lo menos R$ 600 (debería ser de un salario mínimo) hasta el fin de la pandemia, en defensa de los empleos, de los derechos, y contra la entrega del país.

Sin embargo, es preciso discutir qué poner en su lugar. Se debate la candidatura de Lula y una posible “tercera vía” que, en realidad, se trata de una candidatura más de la burguesía del estilo PSDB, Rodrigo Maia (DEM) o Ciro Gomes. En verdad, aquí hay dos vías: el gobierno Bolsonaro y una perspectiva autoritaria (vía golpe o cierre paulatino del régimen) y una vía democrático burguesa, con elecciones y la permanencia de una política económica que beneficia a los multimillonarios, banqueros y grandes empresarios. Lula acabó de decir que está en contra de la tasación de las grandes fortunas, pues los ricos huyeron del país.

Una verdadera tercera vía sería una alternativa de la clase trabajadora, que impusiese un programa que atacase las ganancias y las grandes propiedades de la burguesía. Que, más allá de tasar a los millonarios, prohibiese la fuga de capitales, impidiese la sangría de la mal llamada deuda pública, la entrega del país, e invirtiese masivamente en la generación de empleos, salud y educación públicas. O sea, que pusiese toda la economía a favor de la clase trabajadora y el pueblo pobre, apuntando hacia un gobierno socialista de los trabajadores.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 4 de agosto de 2021.-
Traducción: Natalia Estrada.