Debemos continuar con las manifestaciones por el Fuera Bolsonaro. No existe tarea más urgente que la caída ya de este gobierno genocida, machista, racista y LGBTfóbico.

Por: Eduardo Almeida

Debemos derrocar a Bolsonaro y no esperar a 2022. Para eso, opinamos que es necesaria la más amplia unidad para luchar en acciones directas. Eso incluye hasta sectores de la burguesía que quieran derribar a Bolsonaro ahora, como ocurrió en las movilizaciones por las “Directas Ya”, contra la dictadura.

Pero no creemos que a unidad para derrocar a Bolsonaro deba llevar a un gobierno de unidad con sectores de la burguesía que ahora están contra él. Son dos cuestiones diferentes: la unidad de acción para derrocar el gobierno y la composición del nuevo gobierno.

Es sobre eso que queremos dialogar con los millares de activistas que en este momento apuestan en la candidatura de Lula para 2022. Esa opción, a nuestro entender, llevará a una nueva frustración con un futuro gobierno petista.

Defendemos otra alternativa: un polo por la construcción de una alternativa socialista y revolucionaria, que discuta una propuesta para el país, en el día a día, en las luchas y en las elecciones.

¿Qué significa la propuesta de Lula?

Lula ya expresó su proyecto: su propuesta de gobierno incluye a pesos pesados de la burguesía. Negocia hasta con el PSDB y el DEM, discute cuál figura debe indicar como ministro de Economía. Un nombre de confianza de los bancos y de la gran industria.

Muchos activistas aceptan esa propuesta con el argumento de que “vale todo para derrocar a Bolsonaro”. Creemos que debemos luchar con todas nuestras fuerzas para derrocarlo, pero eso no legitima componer un gobierno con la burguesía, muchos de los cuales estuvieron junto con Bolsonaro hasta ahora y solo se apartan de él debido al aumento de su impopularidad y repudio.

Un gobierno Lula con esa composición mantendrá en esencia los planes neoliberales defendidos por las multinacionales, bancos y grandes empresas. Esta es nuestra opinión. Pruebe exigir de Lula que se comprometa con cuestiones básicas como la revocación de las privatizaciones de los Correos, de la Eletrobras y de partes de la Petrobras, como la BR Distribuidora, por ejemplo. O la revocación de las reformas laboral y previsional hechas por Bolsonaro y Temer.

Proponga a Lula que revierta la uberización de la economía y recomponga la formalización y la estabilidad en el empleo. Propóngale que se comprometa con un auxilio de emergencia para todos los desempleados, de un salario mínimo. Lula no se comprometerá con eso porque sus compromisos con el gran capital no lo permiten.

El país vive una grave crisis económica y social. La miseria y el hambre crecen en los barrios populares de todas las ciudades. No existe forma de resolver los problemas estructurales de los trabajadores y del pueblo sin atacar las ganancias de las grandes empresas, los bancos y los latifundistas. Es preciso, primero, garantizar empleos para todos a través de la reducción de la jornada de trabajo sin reducción de salarios y de un plan de obras públicas que universalice el saneamiento básico, la vivienda popular, la escuela, la salud y el relax públicos para todos y todas, acabando con esa vergüenza de tener un país rico, pero en 175° lugar en las condiciones de vida del pueblo. El PT estuvo en el poder por 14 años, y nada de eso fue hecho. Mientras tanto, banqueros, latifundistas, mineras y constructoras nunca ganaron tanto.

Es preciso aumentar los salarios, condonar las deudas bancarias de los trabajadores y pequeños comerciantes. Eso no es posible sin estatizar los bancos. Pero Lula pondrá a un representante de los bancos en el Ministerio de Economía.

Para acabar con la desigualdad en la asistencia médica, verificada en la pandemia, será necesario fortalecer el Sistema Único de Salud (SUS), expropiando los hospitales privados y garantizando el aumento de remesas. Pero Lula no tocará la propiedad de las grandes empresas de la salud.

Es preciso incluso acabar con el genocidio y el encarcelamiento en masa de la juventud pobre y negra de las periferias, a merced de la policía, de las milicias parapoliciales y de una ley antidrogas orientada por los Estados Unidos, acatada por Lula. Él patrocinó la vergonzosa ocupación de Haití por el ejército brasileño, que sirvió como un laboratorio para las acciones represivas en favelas y comunidades y dio origen a los generales que hoy forman parte del gobierno Bolsonaro.

En realidad, Lula apunta hacia un gobierno en los marcos del capitalismo neoliberal, manteniendo la Bolsa Familia. Recordemos que este tipo de medidas es recomendado para todos los países por el Banco Mundial para evitar estallidos sociales. Medidas semejantes son usadas hoy por gobiernos de derecha en América Latina.

Entendemos la expectativa en un gobierno Lula frente al desastre actual. Muchos jóvenes activistas no vivieron los gobiernos petistas de 2003 a 2016. Pero vale la pena preguntarse: ¿por qué fue electo Bolsonaro? En aquel momento, el genocida aprovechó el repudio amplio de la población hacia el PT. Un repudio que existía hasta en las fábricas del ABC, cuna del PT.

Hoy, con el amplio y justo repudio al gobierno de Bolsonaro, muchos vuelven a tener expectativas incluso en Lula o ven en él un mal menor. Pero queremos que los activistas reflexionen. Lula repetirá la fórmula de los gobiernos petistas anteriores, y eso llevará a una nueva y gran frustración.

Opinamos que es necesario construir una alternativa para romper con el capitalismo y apuntar hacia una revolución socialista. No queremos más de lo mismo. Por eso proponemos formar un polo por la construcción de una alternativa socialista y revolucionaria.

Candidatura: la mayoría de la dirección del PSOL apoya a Lula y quiere gobernar con él

La mayoría de la dirección del PSOL está a favor del apoyo a la candidatura de Lula ya en el primer turno. Aún no formalizó esa propuesta públicamente, pero las corrientes mayoritarias ya expresaron esa posición. La última reunión de la dirección nacional, según informó la prensa, rechazó la propuesta de una candidatura propia, a pesar de ser encaminada a una resolución formal para el congreso del partido.

Además de un acuerdo electoral con el PT y con su propuesta de Frente Amplio, todo indica que la dirección del PSOL apuesta a la participación en un futuro gobierno Lula. Ese es un cambio importante en la historia de ese partido, que surgió criticando por la izquierda al PT, oponiéndose a la reforma de la previsión de Lula. Ahora, el PSOL se prepara para gobernar junto con el PT y los diversos sectores burgueses que estarán con Lula, caso se elija.

El PSOL, si eso ocurre, estará siguiendo el mismo camino de otros partidos iguales a él, llamados originalmente “anticapitalistas”, como el Bloque de Izquierda, hoy en el actual gobierno de Portugal; o Syriza, que llegó al gobierno griego y aplicó un plan neoliberal idéntico; o al Podemos, que en España también pasó a gobernar junto con la socialdemocracia.

Exactamente cuando la explotación capitalista en el Brasil y en el mundo trae a la superficie elementos de barbarie y exige un programa radical, de ruptura, apuntando hacia una transformación social profunda y una revolución socialista, el PSOL se prepara para entrar en un eventual gobierno Lula para administrar el Estado capitalista.

Izquierda del PSOL: candidatura de Glauber Braga y la estrategia anticapitalista

La izquierda del PSOL lanzó la precandidatura de Glauber Braga, como expresión de resistencia contra la posición de la mayoría de la dirección de ese partido, de apoyo a Lula. Parece loable que los compañeros hayan tenido esa actitud.

La candidatura de Glauber Braga se anuncia con un programa anticapitalista. Esa definición tiene importancia, porque “anticapitalista” es una fórmula encontrada para juntar a revolucionarios y reformistas presentes en los partidos “anticapitalistas”. Así, se juntan los que están a favor solo de reformas en el capitalismo con los que defienden una revolución. Pero, para que se unifiquen, se adopta el programa mínimo de reformas en el capitalismo, mal llamado “anticapitalista”, pero que en realidad es solo democrático radical. O sea, está contra las consecuencias del capitalismo, pero no quiere una transformación socialista ni una revolución.

Eso se manifiesta en el programa de la candidatura de Glauber Braga, que para en los límites de reformas democráticas y antineoliberales. No existe nada que ataque realmente las grandes empresas. No se propone estatizar los bancos, expropiar las grandes empresas ni romper con el imperialismo. Por eso, tampoco hay una defensa explícita de independencia de la clase trabajadora.

Pensamos que es necesario defender un proyecto socialista para el país, medidas que puedan resolver de verdad las necesidades más importantes de la clase trabajadora, con propuestas que enfrenten el imperialismo y el capitalismo. Un programa que defienda de forma explícita la independencia de clase, la autoorganización de los trabajadores, de los sectores oprimidos, pobres y populares; y, por eso mismo, privilegie la acción directa en relación con la acción institucional y tenga como horizonte la revolución socialista. Es decir: esté al servicio de construir un polo que lleve a una alternativa capaz de organizar a los de abajo para derribar a los de arriba y construir una alternativa socialista y revolucionaria, que ayude a sostener en las luchas el poder obrero y popular y un gobierno socialista de los trabajadores.

Es muy probable que el PSOL en su congreso defina el apoyo a Lula. Les preguntamos fraternalmente a ustedes, activistas de la izquierda del partido, ¿qué van a hacer frente a esa realidad? ¿Van solo a sentar posición internamente y en la práctica apoyarán la candidatura de Lula con la burguesía en el primer turno, privilegiando elegir diputados? Hay otro camino. Proponemos que vengan con nosotros a construir un polo socialista y revolucionario.

Construir un polo socialista y revolucionario es tarea de activistas

Creemos que es fundamental la unión de activistas de distintas corrientes para conformar un polo en las luchas y en las elecciones. El polo socialista y revolucionario presupone ese acuerdo básico: la defensa de un proyecto socialista para Brasil y para el mundo, y de una alternativa revolucionaria.

Pero también es posible y natural la existencia de diferencias entre nosotros. No vemos ese polo como una bloque homogéneo sino como un marco común revolucionario, dentro del cual cada uno de los sectores mantenga su identidad y diferencias.

Creemos fundamental que este se presente como socialista, explícitamente, y no solo como “anticapitalista”, y que su programa no pare en los límites de una democracia burguesa radical. Queremos que el socialismo venga asociado a la propuesta de una revolución para cambiar realmente el país.

La revolución que queremos apunta hacia la construcción de un nuevo Estado, una democracia de los trabajadores, contra el Estado burgués de los ricos. Esa democracia de los trabajadores nos delimita categóricamente de los estalinistas.

El polo socialista y revolucionario debe presentarse en las luchas por la caída de Bolsonaro, así como en las elecciones. Vamos a promover debates con los activistas que concuerden con esta propuesta, para construir un programa socialista para el país.

Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 617, disponible en: www.pstu.org.br, 20/72021.-
Traducción: Natalia Estrada.