El pasado 11 de enero, la Ford anunció su salida del Brasil y el cierre de todas las plantas en el país. Con eso, 5.000 trabajadores directos perderán sus empleos en plena pandemia. La empresa anunció el cierre de las fábricas de Taubaté (San Pablo), Camaçari (Bahia) y Horizonte (Ceará).

Por: Roberto Aguiar, Salvador-Bahia, 27/1/2021.-

En comunicado público, la dirección de la compañía dijo que el cierre de las fábricas forma parte de un proceso de reestructuración mundial. En verdad, el objetivo es mantener la alta tasa de ganancia de la empresa, incluso si eso significa el despido de millares de obreros, concentrando la producción en otros países de América del Sur.

Opinião Socialista conversó con Luíz Carlos Prates, Mancha, obrero de la General Motors (GM) y miembro de la Secretaría Nacional de la CSP-Conlutas, que sitúa el cierre de la Ford en el marco de la crisis económica y sanitaria, así como en el proceso de desindustrialización por el cual pasa el Brasil.

—La Ford tomó de sorpresa a los trabajadores con el anuncio del cierre de las fábricas en el Brasil, en medio de la pandemia. ¿Cuál es el impacto de esto?

—Mancha: Son más de 5.000 trabajadores directos que perderán sus empleos, en medio de la pandemia. De acuerdo con el estudio realizado por el Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (Dieese), los 5.000 despidos significan una pérdida potencial de más de 188.864 puestos de trabajo, sumando directos, indirectos e inducidos. Esos despidos pueden resultar en pérdida potencial de masa salarial del orden de R$ 2,5 mil millones/año, considerándose los empleos directos e indirectos. Además, habrá caída de recaudación de tributos y contribuciones de alrededor de R$ 3.000 millones al año.

—En comunicado público, la Ford dijo que el cierre de las fábricas es parte de un proceso de reestructuración mundial. ¿Qué significa eso?

—Al tomar la decisión de cerrar las fábricas en el Brasil, la Ford sigue la lógica de los monopolios capitalistas, que buscan hacer reestructuración despidiendo a empleados y cerrando fábricas. Obedecen a la lógica de maximizar cada vez más sus ganancias, y quien paga esa cuenta son los trabajadores. Para las multinacionales, no importa si su reestructuración eliminará la economía de ciudades enteras, como Camaçari (BA). No importa si llegará a millares de desempleados. Lo que importa es seguir alcanzando lucros. Por eso, no podemos asistir lo que esa empresa está haciendo, es necesario que resistir. Es preciso una postura firme de los sindicatos, de las centrales sindicales y de las autoridades, con una amplia campaña nacional para evitar que millares de trabajadores sean arrojados a la calle de la amargura.

—La dirección de las terminales automotrices, los grandes medios y el gobierno dicen que el cierre de las fábricas es reflejo de la falta de medidas que reduzcan el “costo Brasil”. ¿Cómo evalúa usted eso?

—Eso es una mentira. Es un falso discurso que el gobierno y los empresarios hacen, con apoyo de los grandes medios, para imponer las reformas neoliberales que quitan derechos de los trabajadores, como ocurrió con la reforma de la previsión y la laboral. Ellos alegan que las reformas son necesarias para generar empleos, pero lo que hemos visto es el aumento del desempleo y el cierre de fábricas. Lo que aumentó fue la precarización del trabajo. Entonces, el problema no son los costos laborales. Quieren quitar más derechos, rebajar más los salarios para poder mantener las empresas. Pero esa lógica de reducción de costos del trabajo, además de no generar más empleo, no garantiza más inversiones y el mantenimiento de esas empresas en el país. Si fuese así, la Ford y la Sony no habrían cerrado sus actividades en el Brasil.

—Bolsonaro habló de que la salida de las empresas del Brasil también está relacionada con la falta de exenciones de impuestos. ¿Cuál es su opinión?

—Otra gran mentira. Todo lo que Bolsonaro y los presidentes que lo antecedieron, así como los gobiernos estaduales y las alcaldías donde las fábricas están instaladas, han ofertado exenciones de impuestos. Solamente la Ford tiene exención fiscal hasta 2024, lo que es un absurdo. Porque ese es dinero que sale de la educación, dinero que debería ser utilizado en la vivienda e, incluso, para combatir la pandemia, dinero que sale de las arcas públicas, que sale de aquel trabajador que está ahora sin recibir auxilio de emergencia, y va a los cofres de las grandes empresas. Después, esas empresas toman esos recursos y los mandan como remesa de lucros para el exterior. Esa lógica perversa tiene que acabar.

—Además de las exenciones, esas empresas también reciben dinero del Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico y Social (BNDES), que es un banco público.

—Sí, es verdad. Lo que deja evidente cómo el Estado es un mostrador de negocios de la burguesía. La Ford, por ejemplo, está entre las cuatro empresas más contempladas por recursos del BNDES en período reciente. Entre 2002 y 2018, tuvo acceso a R$ 5,5 mil millones de crédito. Entre 2016 y 2019, el sector automotriz como un todo fue contemplado con incentivos tributarios federales por un monto de R$ 15,4 mil millones, además de la política de eximición de pago de las cargas sociales. Según la Secretaría de la Receita Federal (agencia federal de recaudación de impuestos), los gastos tributarios del sector automovilístico pasaron de R$ 2,81 mil millones en 2011 a R$ 6,45 mil millones en 2020. Dinero público que debería estar siendo convertido en las áreas sociales y en el combate a la pandemia.

La Ford, también era contemplada por un programa de “incentivos” del Estado de Bahía, que preveía reducción de 100% del impuesto de importación sobre bienes de capital, 90% sobre insumos y hasta 50% sobre importación de vehículos; reducción de 45% del IPI [Impuesto a los Productos Industriales] como el resarcimiento de contribuciones como PIS [Programa de Integración Social] y Cofins [Contribución para el Financiamiento de la Seguridad Social]. Como podemos ver, el problema no es falta de “programa de incentivos” como dice Bolsonaro. Es interés para mantenimiento de ganancias, eso sí.

—El cierre de la Ford pone sobre el tapete la discusión sobre el proceso de desindustrialización en el país. ¿Cómo ve eso?

—La desindustrialización ya viene de hace algún tiempo y es parte de este sistema capitalista globalizado, predatorio, que impide el desarrollo de una industria nacional, resultado de políticas gubernamentales que privatizaron y desnacionalizaron industrias y empresas de sectores estratégicos. El país se torna un mero exportador de granos y minerales. En los años 1980, el país ya tuvo el octavo parque industrial del mundo y el peso de la industria de transformación en el Producto Interno Bruto (PIB) era de 33%. En 2019, el sector que abarca la industria del plástico, alimentos, bebidas, metalurgia, textil, entre otras, representó apenas 11% de la actividad económica. El sector automotriz viene perdiendo posición en relación con los demás países centrales. Según datos de la Unido, en 2018 el Brasil ocupaba la novena posición en el valor adicionado de la industria de transformación (VAT) mundial y, en 2018 cayó para la décimo sexta posición. La política económica implementada por Bolsonaro profundiza el papel del Brasil como exportador de bienes primarios e importador de artículos industriales.

—En su opinión, ¿es posible revertir los despidos?

—Después de décadas lucrando con la venta de automóviles (solo en 2020, la Ford licenció 139.897 vehículos, lo que representó 6,8% del total de vehículos licenciados en el Brasil), con los beneficios fiscales recibidos de los gobiernos y el financiamiento público recibido del BNDES, la Ford simplemente da la espalda a los trabajadores. No podemos permitir que ellos pierdan sus empleos, mientras el lucro de la empresa es preservado. Es necesaria una gran movilización en defensa de los empleos, exigiendo de los gobiernos una actitud frente a la falta de interés de la empresa. Es preciso actuar. Si la empresa ya recibió R$ 20.000 millones en incentivos fiscales y ahora quiere irse del país, tiene que devolver todo, y para eso tiene que dejar la fábrica aquí para que los trabajadores puedan hacerse cargo de la empresa.

Es necesario que haya una acción del gobierno federal y de los gobiernos estaduales para garantizar la producción de automóviles y así garantizar los empleos. Defendemos la estatización de las fábricas y que sean controladas por los propios trabajadores. Esa es la única manera de garantizar el empleo, los derechos, y, de cierta forma, el mercado y también la soberanía nacional. No puede ser que el gobierno Bolsonaro asista callado o haciendo bromas, salga diciendo que quien no da lucro cierra porque perdió la competencia. Entonces, la salida es la estatización de la empresa bajo control de los trabajadores.

Ford. Sindicato convoca a la lucha contra los despidos y por la estatización de la empresa

Desde que fue divulgado el cierre de las fábricas de la Ford, el Sindicato de los Metalúrgicos de São José dos Campos (San Pablo), afiliado a la CSP-Conlutas, inició una campaña de solidaridad con los obreros despedidos y convocó a una campaña nacional por la estatización de la multinacional.

”Aunque no tengamos representatividad sobre los trabajadores de la Ford en el Brasil, defendemos que las entidades que desempeñan ese papel organicen movilizaciones, incluso con la ocupación de la fábrica, para presionar a la empresa a no salir del país. El drama de los empleados de la Ford lleva también preocupación a los otros trabajadores de los demás gremios. De ahí la importancia de construir una corriente de solidaridad y un proceso de lucha unitario”, defiende Weller Gonçalves, presidente del sindicato.

El 21 de enero se realizaron actividades por todo el país, como parte del Día Nacional de Lucha contra el Cierra de la Ford, organizado de forma unitaria por las centrales sindicales, con el lema “Todos por el empleo. Contra el cierre de la Ford”.

“Esta es una lucha en defensa de los empleos, que tiene que unir a todos los trabajadores y la población en general. Es preciso hacer una fuerte presión sobre los gobiernos y la propia Ford para que se revierta esa medida cruel tomada por la multinacional”, afirma Weller.

Estatización

Otra bandera levantada por el sindicato es la estatización de la Ford bajo control de los trabajadores, como forma de preservar los empleos.

“Con esa medida, los empleos serían preservados y el Brasil tendría el retorno de tanto dinero público inyectado en la empresa. Para que eso sea posible, es preciso la aprobación por el Congreso Nacional. Vamos a exigir que diputados y senadores actúan a favor de esta medida. ¡Estatización, ya!”, concluye Weller.

Números

– Cierre de la Ford provocará desempleo de 118.000, entre trabajadores directos, indirectos, comercio y servicios.

– R$ 5,5 mil millones fue el valor de los créditos del BNDES a la Ford entre 2002 y 2018.

– R$ 15,4 mil millones fue el valor de los incentivos tributarios federales concedidos al sector automotriz.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.