En medio de una explosiva situación social, el PT y el PSOL se movilizan, enfocados en las elecciones de 2022. El PT se fortaleció con la liberación de Lula, nuevamente viable como candidato a la presidencia. Y está buscando componer un “Frente Amplio” que incluya a partidos tradicionales de la burguesía, negociando con siglas como el PSDB y el DEM.

Por Eduardo Almeida

No fue casualidad que el acto del 1° de Mayo promovido por la CUT, Força Sindical y otras centrales, incluyera a Fernando Henrique Cardoso (FHC) y Ciro [Gomes] del PDT). El ex presidente de la Cámara Rodrigo Maia (DEM) y del Senado, Davi Alcolumbre (DEM) fueron convidados, pero no comparecieron.

El PT argumenta que ese frente amplísimo es para derrotar a Bolsonaro. Lula está intentando vaciar los movimientos de la gran burguesía para encontrar un candidato liberal de derecha, como Luiz Henrique Mandetta (ex ministro de Salud de Bolsonaro), Ciro, Doria (gobernador tucano de San Pablo), u otro. O, por lo menos, sellar, desde ahora, un acuerdo para un segundo turno, atado a un proyecto de gobierno de unidad nacional.

En el campo del PSOL ya está instalado un debate público sobre el tema. La mayoría de la dirección defiende el apoyo a Lula ya en el primer turno. A eso se suman negociaciones para los gobiernos estaduales.

En Rio de Janeiro, Marcelo Freixo anunció la defensa de un frente con Eduardo Paes (DEM) y Rodrigo Maia para el gobierno del Estado. Lula ya manifestó apoyo a Freixo. En San Pablo, Boulos anunció su intención de ser candidato del frente electoral capitaneado por Lula. Enseguida, el psolita fue a Jardins, a cenar y conversar con Marcos Pereira, presidente de los Republicanos, partido ligado a la Iglesia Universal y que abriga a los hijos de Bolsonaro. Después, discutió con el PT, PCdoB y PSB. Esos movimientos llevaron a distintas declaraciones de sectores de la izquierda del PSOL.

De la crisis actual a las elecciones

Vivimos una crisis social y política gigantesca. Los efectos de uno de los mayores desastres sanitarios de la historia se suman a la dura crisis económica, causando miseria y hambre. La polarización política va creciendo, con el pasaje a la oposición de la mayoría de los trabajadores y de la clase media, y un aumento del odio contra Bolsonaro, que, con todo, mantiene una base de apoyo minoritaria no despreciable.

Los trabajadores están en una situación defensiva. Sufren un ataque brutal y, en este momento, la posibilidad de grandes movilizaciones es bloqueada por temor al desempleo y por la lucha por la sobrevivencia en la pandemia. Muchos están enterrando a sus muertos, golpeados por sus pérdidas y buscando sobrevivir como sea. El odio crece, pero sin generar grandes movilizaciones, al menos hasta el momento.

El PT, la mayoría de la dirección del PSOL, la CUT y las demás centrales sindicales (con excepción de la CSP-Conlutas y de la Intersindical – Instrumento de Lucha y Organización de la Clase Trabajadora) no ayudan a fortalecer las movilizaciones y a construir un Huelga General Sanitaria. Al contrario, juegan a favor de apuntar todo hacia las elecciones de 2022.

¿Puede ser que exista una gran explosión social, como ocurrió en Chile o en los Estados Unidos? Puede ocurrir, por la gravedad de la situación y porque la clase no está derrotada, como muestra la huelga de las abastecedoras de la LG y de la propia LG en la región de São José dos Campos (SP). Pero eso no está asegurado. La coyuntura defensiva favorece la política de las direcciones mayoritarias, con la canalización de toda esa insatisfacción para las elecciones de 2022.

El peso de la candidatura Lula

A su favor, Lula cuenta con el creciente antibolsonarismo, que aumentará hasta las elecciones. Además, el gobierno Lula está en la memoria de las masas no solo por la corrupción sino también por el crecimiento económico de aquel momento, bien distinto de la crisis actual.

Nada está asegurado en términos electorales. Estamos lejos de 2022. Tanto puede haber una explosión social como el propio Bolsonaro puede recuperar parte de su prestigio. Pero es innegable que el argumento “es preciso derrotar a Bolsonaro” va a tener eco en las masas. Y puede ser mayoritario.

También, en el caso de que la alternativa de la “tercera vía” de la burguesía no resulte, Lula puede tener éxito en obtener apoyo mayoritario del gran capital y puede llegar a las elecciones como expresión de un gobierno de “unidad nacional” contra Bolsonaro. Él esta dispuesto a todo para concretar esta hipótesis, como declaró en entrevista el 17 de abril, a la agencia de noticias “Al Jazzera”: “Los empresarios brasileños, los dueños de fondos, los banqueros deberían estar todo el día haciendo una plegaria y pagando la promesa para que yo volviese a gobernar el Brasil”.

La mayoría de la burguesía puede aceptar esa propuesta. Basta recordar que, en los ocho años de gobiernos Lula, las ganancias de los bancos fueron de R$ 254,76 mil millones, cuatro veces más que los R$ 63,63 mil millones de los gobiernos de FHC.

Concordamos que es necesario derrotar a Bolsonaro. Es por eso que estamos en la línea de frente de la defensa de un movimiento de masas para derrotarlo, a través de las movilizaciones de las masas. Polemizamos con el PT y la dirección de la CUT porque ellos quieren llevar todo para las elecciones. También creemos importante derrotar a Bolsonaro en las elecciones de 2022, cuando llegue la hora. Pero no para respaldar a otro gobierno burgués, apoyado por la burguesía y el imperialismo, como se anuncia, en un posible nuevo gobierno PT. Una vez más, como fue en los años de gobiernos petistas, las grandes empresas que apoyaron a Bolsonaro en los últimos años, seguirán mandando.

Los debates en el PSOL

Las polémicas de las corrientes del PSOL son públicas. Y, evidentemente, lo que está en debate, tanto en nivel nacional como en los Estados, no es solo una táctica electoral. La discusión es sobre el hecho de si el PSOL acepta, o no, ser parte de un gobierno nacional. Así como en estaduales (como en Rio de Janeiro y San Pablo, entre varios otros), junto con el PT y partidos de la burguesía.

El debate alrededor de la propuesta de Freixo, en Rio, ya evolucionó hacia una crisis, en función de la propuesta de bancar un frente con Eduardo Paes y Rodrigo Maia, del DEM. Boulos hace movimientos para ser el candidato del frente en San Pablo y, con el encuentro con Marcos Perreira, ya señaló su disposición en tener la misma “flexibilidad” de Freixo.

Rio de Janeiro, 27/08/2018 Guilherme Boulos, candidato a la presidencia por el PSOL durante campaña de Rio de Janeiro al lado del candidato a diputado federal Marcelo Freixo. Foto Campaña.

La participación del PSOL e gobiernos juntamente con la burguesía no sería exactamente una novedad, porque en nivel municipal ya se dio, como en las alianzas para la alcaldía de Macapá (AP). Por su parte, en Belém (PA), Edmilson Rodrigues hace un gobierno estrechamente ligado al gobernador Elder Barbalho, del PMDB. Sin embargo, en nivel nacional, el PSOL hasta hoy no formó parte de los gobiernos del PT, ni en los Estados. Sería un cambio de rumbo importante.

El PSOL es esencialmente un partido electoral, que defiende reformas en los límites del sistema capitalista y de la democracia burguesa. No es un partido revolucionario y ni siquiera un partido centrista; o sea, que pueda oscilar entre la revolución socialista y el mantenimiento de la democracia burguesa. A semejanza de Syrisa (Grecia) o de Podemos (Estado español), el PSOL es un partido electoral, que se propone, como sus similares europeos, para componer un gobierno con el PT, de alianza con la burguesía.

Pero, vale resaltar, el PSOL ocupa hoy un papel importante, capitalizando el desgaste del PT, consiguiendo aglutinar a sectores importantes de vanguardia.

Sabemos que en la base del PSOL hay muchos activistas que son socialistas, quieren acabar con el capitalismo y creen que el PSOL es (o puede llegar a ser) un instrumento para esa lucha. Pero es un hecho que la dirección de este partido, así como las de sus principales corrientes internas, están concentradas en la búsqueda de alternativas para las elecciones, incluso frente a esta situación dramática en el país.

Las concepciones de “Frente” de Resistencia y del MES

Una de las interesantes polémicas internas del PSOL es la que involucra a Valério Arcary, figura pública de Resistência, parte del sector mayoritario de la dirección, y Roberto Robaina, principal dirigente del Movimento Esquerda Socialista (MES), del ala izquierda del partido.

Valério defiende que el PSOL apoye a Lula ya en el primer turno, “defendiendo un programa anticapitalista”. Roberto defiende que el PSOL lance candidatura propia, caso no se concluya una alianza de la “izquierda y el centro-izquierda”, que involucre al PT y el PDT. El debate es interesante porque involucra corrientes que tienen un origen y se juzgan trotskistas.

Valério caracteriza que Lula no va a poder atraer a ningún sector de peso de la burguesía. “Pero ningún sector de la clase dominante está dispuesto, por el momento. Porque mantienen la defensa del proyecto estratégico de reposicionamiento en el mercado mundial para atraer inversiones. Una solución posible para Lula sería encontrar un aventurero que pudiese simbolizar la alianza como una ‘sombra’ de la burguesía, o el lanzamiento de una nueva ‘Carta a los brasileños’, imitando la iniciativa de Palocci en 2002”, escribió el militante de Resistência/PSOL en el artículo “Por un Frente Único con una programa anticapitalista”, publicado el 23 de abril.

Realmente, no se sabe cómo Valério llega a esa conclusión, contraria a los hechos. Pero luego se entiende, al ver que él defiende un “frente único” contra Bolsonaro, capitaneado por Lula, con “un programa anticapitalista”. Valério, sorprendentemente, justifica esa táctica citando a Lenin: “Esa es la mayor lección que heredamos de Lenin. Ese fue el secreto de la política bolchevique entre febrero y octubre. Lenin y Trotsky defendían la agitación de todo el poder a los soviets. ¿Quién dirigía los soviets? Los dirigentes moderados mencheviques y eseristas”.

En primer lugar, Valério sabe muy bien que no existe ninguna hipótesis de una candidatura de Lula con un programa anticapitalista. El PT y Lula gobernaron el país durante 14 años con un programa enteramente capitalista y social liberal. Lula está, activamente, buscando acuerdos aún más amplios con sectores pesados de la burguesía y sus partidos.

Ese hecho presente todos los días en los noticieros, no existe en los textos de Valério. En verdad, el “programa anticapitalista” es mera disculpa para justificar el apoyo a Lula; pues, además de Valério, pocos apoyadores de Lula, por más fervorosos que sean, tienen la ilusión de que Lula defienda tal programa.

La comparación con la táctica bolchevique de “todo el poder a los soviets” es aún más descolocada. No se trata solo de la comparación entre dos realidades distintas, entre el proceso revolucionario de febrero a octubre de 1917, en Rusia, y la coyuntura brasileña. El poder para los soviets no era la defensa de un gobierno con la burguesía. Muy por el contrario. Era un gobierno de ruptura con la burguesía, incluso en la vía de la destrucción del Estado de la burguesía, para imponer el poder del proletariado y de los campesinos.

Además, es la extensión, para el terreno electoral, de la táctica de frente único que los bolcheviques aplicaron para la lucha directa. La táctica de frente único en las luchas directas es muy importante, porque, caso se concrete, fortalece las luchas. Caso las direcciones reformistas lo nieguen, se desgastan frente a las masas. En las elecciones burguesas, el criterio, en general, es completamente distinto, según Lenin, siendo fundamental presentar el programa de los partidos revolucionarios, y no la unidad electoral.

Vale recordar, aquí, la tradición trotskista: “Marchar separadamente, luchar juntos. El bloque es únicamente para acciones prácticas de masas… La idea de proponer el candidato a la presidencia por el frente único obrero es una idea radicalmente errónea. Solo se puede proponer un candidato sobre la base de un programa definido. El partido no tiene el derecho de escaparse, durante la elección, de movilizar a sus simpatizantes y de contar sus fuerzas”, escribió León Trotsky, en “Cómo combatir el fascismo” (1931).

Además, es preciso un mínimo sentido de las proporciones. Esa discusión hecha por Valério se da en el interior de un partido reformista electoral, como el PSOL, que no defiende y no aplica ni siquiera la independencia de clase. Ese partido no va a proponer un programa anticapitalista en nivel nacional, aunque presente candidatura propia. Como máximo, el PSOL defiende la tasación de las grandes fortunas, medida correcta y necesaria, pero dentro del orden capitalista, sostenida hasta por el gobierno imperialista de Biden.

Roberto Robaina critica la posición de Valério, defendiendo que el PSOL presente candidatura propia en el primer turno, como una de las dos tácticas posibles. Es interesante la argumentación, porque Roberto cita la discusión interna del PSTU que precipitó la ruptura de la actual corriente Resistência con nuestro partido:

“Es curioso que el ala del PSTU que rompió y adhirió al PSOL sostuvo una posición globalmente equivocada mientras el ala mayoritaria estaba cierta en la esencia del debate en su aspecto teórico, aunque tuviese muchos errores, también en la teoría y, más aún, en la línea práctica. Me refiero, entonces, a las conclusiones teóricas, no al análisis concreto de la situación concreta acerca de quien debería ser aliado del PSTU, ya que el sector minoritario defendía alianzas con el PSOL –y, por lo tanto, desde mi punto de vista, acertaba en ver al PSOL como aliado–, mientras la mayoría estaba en contra de la alianza con el PSOL y defendía presentación de candidatura propia. Pero, en el aspecto teórico, la mayoría tenía razón, y la posición teórica de la minoría era falsa”, escribió el dirigente del MES en el documento titulado “Las lecciones de Lenin y las elecciones de 2022”, publicado en marzo de 2021.

Es realmente interesante que Roberto defienda la corrección de la postura leninista de la dirección del PSTU, contra la de la minoría. No obstante, después, incluso aceptando esa postura, pasa a defender que, en el caso concreto, ella estaba equivocada.

Roberto cita a Lenin para defender el lanzamiento de candidatura propia por el PSOL como una de las primeras hipótesis de táctica electoral. Pero, después, también defiende otra hipótesis de frente electoral con el PT, con Lula como candidato, en alianza con el PDT, un partido burgués.

¿Cómo se puede combatir la propuesta de Valério, aceptando apoyar la candidatura de Lula, desde que ella sea también apoyada por un partido burgués como el PDT? Lenin nunca defendió candidatura o gobierno de alianza con la burguesía.

Incluso con esas diferencias, es preciso reconocer que tanto Valério como Roberto defienden que la entrada del PSOL en un gobierno del PT, junto con sectores de la burguesía, sería un error de principio. Se trata de una posición correcta. No obstante, vale levantar algunas cuestiones: ¿Qué van a hacer Resistência y el MES frente a la hipótesis (más que probable) de una candidatura Lula, aliada al PSOL y sectores de peso de la burguesía? ¿Se van a juntar en esa campaña “críticamente”? ¿Y qué van a hacer en caso de que Lula venza y componga un gobierno junto con el PSOL y la burguesía? ¿Van a romper con el PSOL?

El PSTU defiende la más amplia unidad de acción por la caída del gobierno Bolsonaro, ya. Y defenderemos en las elecciones de 2022 una alternativa socialista, independiente de todos los sectores de la burguesía. Nuestra propuesta es categóricamente distinta de este “frente amplio” del PT, PSOL y partidos de la burguesía que está siendo montada.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 5/5/2021.
Traducción: Natalia Estrada.