El surgimiento de las primeras líneas, ante la agresión constante de la Policía Nacional a través de los Escuadrones Antidisturbios, ESMAD, a lo largo y ancho del país no es una cuestión coyuntural, al contrario, es una respuesta legítima de las organizaciones y comunidades ante un régimen presidencialista autoritario que ha respondido de una manera criminal al estallido social generado por la aplicación del neoliberalismo, la cara más cruda de la economía capitalista.

Por PST-Colombia

La reforma tributaria (Ley de Solidaridad Sostenible), la reforma a la salud (acto legislativo 010) y la reforma laboral (decreto 1174) son algunas de las expresiones de la avanzada neoliberal y capitalista (bajo las órdenes de la OCDE, el FMI, y el BM), cuyo único resultado es la sobreexplotación laboral y el empobrecimiento de los trabajadores y la clase popular, mientras las entidades privadas acumulan mayor capital en su poder.

Para poder aplicar planes que beneficien a la burguesía, a favor de la extracción de riqueza de lo que consideran “minas de oro” (salud, educación, servicios públicos, contratos laborales, etc.), el régimen ha venido desarrollando y sofisticando las fuerzas de represión social, usando el “garrote” y el encarcelamiento como herramientas contra aquellos que se oponen a la aplicación de esos planes.

El estallido social no es producto solamente de una rabia coyuntural y generacional contra Duque y todos los planes que ha aplicado. Esa juventud pertenece a una clase social, es clase trabajadora precarizada, informal, desempleada. El estallido social que inició en 2019 y continuó de manera desigual en 2020, llegando a tener su expresión más fuerte en 2021, es producto de una desigualdad profunda, expresada en la falta de acceso a servicios públicos, educación y servicio de salud, tercerización y precariedad laboral, desempleo y, por ende, una tasa de pobreza que va en crescendo.

La respuesta de los sectores más precarizados ha sido la única posible: salir a las calles a enfrentar esta pobreza bien planeada por el Estado, a lo cual, éste, ha respondido con la más cruda represión social. La razón de ello es el conflicto de intereses entre clases sociales, mediado por el Estado. La prosperidad de unos es la miseria de otros. La manifestación y la protesta social son los únicos mecanismos con los que cuenta el pueblo colombiano para enfrentar esos planes de miseria y pobreza.

La represión como respuesta

A través de las redes sociales, podemos notar que no importa cuán pacífica pueda ser la protesta social, puesto que, en una sociedad que se desarrolla por un conflicto de intereses (donde unos buscan salud pública para preservar su existencia y otros buscan salud privada para enriquecerse por prestar un mísero e insuficiente servicio, por ejemplo), cualquier forma de protesta recibirá una respuesta de violencia y sangre. El papel del ESMAD de la Policía Nacional no ha sido, jamás, el de proteger los intereses de la clase trabajadora y del pueblo, sino ser el garrote que permita al Estado aplicar sus planes de privatización y empobrecimiento progresivo.

El régimen colombiano, en cabeza del presidente Iván Duque, ha respondido con más de 70 asesinatos, más de 29 violaciones sexuales, más de 89 desapariciones, más de 1400 encarcelamientos, entre otros crímenes. Por lo cual, una de las consignas de lucha más fuertes del Paro ha sido la del desmonte del ESMAD, y sobran otras explicaciones teniendo en cuenta lo que hasta aquí hemos dicho.

El desmonte del ESMAD no sólo es la exigencia del pueblo que lucha por obtener garantías para ejercer el derecho a la protesta; también se ha convertido en una lucha directa contra el régimen por defender la vida de aquellos que salen a luchar. El desmonte del ESMAD significa la exigencia por la abolición de un cuerpo de asesinos entrenados, cuya tarea es debilitar física y moralmente a quienes luchan, con el fin de permitir al Estado aplicar sus proyectos y reformas corruptos en beneficio suyo y de la burguesía nacional e imperialista.

Pero el desmonte del ESMAD, como una exigencia al gobierno de Duque y a quien le siga en la larga lista de presidentes de Colombia, no es la única contestación ante los métodos sanguinarios del Estado por conseguir sus fines. El fenómeno de las primeras líneas es la respuesta política organizada de los sectores más pobres y golpeados por la crisis social económica y hacia las medidas policivas y punitivas de este régimen autoritario. Es decir, ante la represión del Estado, los sectores más precarizados han adoptado formas de defensa legítima: al inminente golpe de un garrote, han levantado un escudo para protegerse del impacto, Por ello, la exigencia del desmonte del ESMAD y el fortalecimiento de las primeras líneas es una necesidad objetiva en esta situación de lucha. Estos cuerpos se han convertido en un símbolo de resistencia y aguante que moraliza enteramente a los demás manifestantes y pueblo que sale a protestar.

El papel de las primeras líneas

No obstante, las primeras líneas no deben ser el método principal de lucha, ni estos cuerpos de defensa popular deben permanecer aislados de la lucha organizada del resto de sectores políticos y sociales. Si las primeras líneas se han conformado como cuerpos de defensa legítima de los sectores sociales más pobres ante la agresión física del Estado, deben atender a sus exigencias y necesidades, y evitar convertirse en grupos de ultraizquierda, en grupos de vanguardia que impongan su opinión por la fuerza que representan, cuyo único fin no sea más que el enfrentamiento con la policía sin más.

Es menester evitar la desconexión de las primeras líneas con los sectores que defienden y los intereses de clase por los que deben luchar; de lo contrario, tendríamos sólo grupos de enfrentamiento contra la policía, por un lado y sectores en lucha desprotegidos de la represión estatal, por otro lado.

La combinación correcta y bien articulada de los distintos métodos de lucha (movilizaciones, bloqueos, primeras líneas y, eventualmente, huelgas generales de trabajadores), bajo un programa de lucha único y vinculante, no sólo nos asegura la fuerza y organización suficiente para combatir los planes de miseria que viene aplicando el gobierno, sino que permite darles sentido, horizonte y objetivos claros a los enfrentamientos directos con las fuerzas represivas del Estado.