Recientemente, la presidente del FMI, Christine Larcade declaró: “Soy optimista, aunque la crisis aún persiste, la etapa de hielo ha quedado atrás y tengo la esperanza que, en 2014, empiece el ‘período de vacas gordas’” (El País, 15/01/2013).

Con el mismo tono, el jefe de gobierno español, Mariano Rajoy, en su reunión con Barack Obama, afirmó que “lo peor ya había pasado” y que la economía española entraba en un período de recuperación.

En otras palabras, la crisis económica internacional abierta en 2007 habría tocado su piso y, a partir de ahora, “sólo cabe ir mejorando”. ¿Son correctos estos pronósticos?

Una situación altamente contradictoria

Nuestra respuesta es negativa. Por un lado, consideramos que todavía estamos en la onda de impacto de la crisis abierta en 2007 y que la actual coyuntura es parte de ella. Así ocurrió con la crisis de 1929, cuyo impacto duró casi hasta la década del 1940 y tuvo, en el medio, una cierta recuperación. La burguesía imperialista sólo podrá salir de esta onda larga descendente a nivel mundial si consigue dar un salto mayor y mucho más profundo en los niveles de explotación de la clase obrera mundial y de la de sus países, en particular.

Coyunturalmente, el imperialismo está consiguiendo, de conjunto, no caer en una nueva recesión, especialmente en los EEUU. En ese país, hay una cierta recuperación real, aunque no sea espectacular. Al mismo tiempo, Europa que, si bien técnicamente sale de la recesión, lo hace con tasas de crecimiento apenas arriba de 0. En tanto, la economía china se desacelera y, tras de sí, los “países emergentes” (que en años anteriores estaban eludiendo la crisis) comienzan a tener graves problemas monetarios y financieros.

En resumen, si consideramos la economía mundial de conjunto, no nos estaríamos acercando a una nueva recesión, como erróneamente señalamos en artículos anteriores. Al mismo tiempo, estamos muy lejos de haber dejado atrás la onda de impacto de la crisis iniciada en 2007 y entrado en el ciclo de “vacas gordas”. Por razones de espacio, en este artículo vamos a concentrarnos en el análisis de la situación de EEUU y en la de los países emergentes.

La economía de EEUU mejora sin un gran “salto inversor”

La economía de EEUU continúa siendo la principal del mundo (21,4% del PIB mundial, en 2012) y el imperialismo hegemónico. Luego de haber sido el epicentro de la crisis de 2007/2009, hoy está mucho mejor que Europa y fuera de una recesión. Esta dinámica parece confirmarse en 2013. Según la BEA (Bureau de Economics Affairs del gobierno), para el conjunto del año 2013, se estimó un crecimiento entre 2,5 y 3%, con una dinámica en ascenso. Son cifras que se ubican por debajo del promedio mundial pero por arriba del “crecimiento anémico” que había caracterizado Nouriel Roubini.

¿Es una recuperación sostenida o tenderá a frenarse y caer, o a equilibrarse como ya sucedió antes? Lo que es innegable es que hay una recuperación. Veamos los elementos que la impulsan.

a) Hubo un aumento de la explotación y la tasa de plusvalía. En los últimos cinco años, la productividad creció un 20%. La burguesía utiliza la crisis para aumentar la tasa de explotación:“la productividad aumentó 0,9% en el primer trimestre de este año, con una caída de 4,3% en los costos laborales”. La tasa de ganancia hoy ya se encuentra en los mismos niveles que antes del estallido de la crisis.

b) Hay cierta expansión del sector servicios y una cierta recuperación en la construcción. El desempleo ha venido bajando desde el momento más agudo de la crisis (casi 10%) hasta junio de 2013, cuando llegó a 7,6%.

c) Hay un cambio importante y favorable en la situación de la balanza energética (producción y consumo de combustibles) a partir de la extracción de los esquistos (petróleo superpesado) y un exponencial aumento de la explotación del llamado “shale gas”.

d) Hay un constante aumento de la producción de valor agregado en tecnología.

e) Hay una recuperación del sector de la construcción e inmobiliario que creció 3,2% en 2012 y se estima un crecimiento algo superior a 13% en 2013.

Reducción del déficit estatal y aumento de la deuda pública

Por otro lado, hay una reducción del déficit público a 4% del PIB en 2013 (642.000 millones de dólares) desde el 7% (1,1 billones) registrado en 2012. Esta caída se debe a dos factores combinados: la caída del gasto publico en términos de porcentaje del PIB, en los hechos un plan de ajuste presupuestario moderado, y al aumento de ingresos impositivos que genera la recuperación.

La deuda pública, en tanto, ha continuado aumentando. En EEUU, tanto la deuda interna como la externa se contabilizan en una cuenta única (los bonos del tesoro). La deuda pública en 2013 superó los 17 billones de dólares (alrededor de 105% del PIB y casi el doble que en 2002). En la secuencia histórica, esta relación deuda-PIB sólo fue superada en la década de 1940 y el “esfuerzo bélico” de la Segunda Guerra.

¿Cuál va a ser la política monetaria?

Los gobiernos de EEUU (Bush y Obama) tuvieron diferentes políticas monetarias frente a la crisis. Primero dejaron correr el proceso, lo que llevó a la caída del Lehman Brother. Luego pasaron a una política expansiva de la masa monetaria, de inyección de grandes capitales a los mercados, a tasas muy bajas.

Después, Obama pasó a una política de expansión controlada (la FED inyectaba 85.000 millones de dólares mensuales (emitiendo dinero por la vía de comprarse a sí misma bonos del tesoro). Al mismo tiempo, debían reducirse los gastos del presupuesto. Ahora, está comenzando a disminuir esta emisión y subiendo las tasas pagadas por la FED, lo que como veremos impacta en toda la dinámica financiera mundial.

Al mismo tiempo, la balanza comercial si bien ha disminuido un poco su saldo negativo (gracias al mayor equilibrio energético), continúa siendo altamente deficitaria (cerca de 500.000 millones de dólares en 2013).

Las inversiones crecen pero parten de un nivel muy bajo

En su análisis de la dinámica inversora, la BEA dice que las inversiones están creciendo. Pero lo hacen a partir de un nivel históricamente muy bajo. Un informe de la FED señala que “la relación fondos disponibles/inversión efectiva en capital fijo es la más baja desde 1935”. Es decir, la relación entre el capital circulante y el que se vuelca a la inversión es uno de los más bajos de la historia (1935 fue considerado un año referente de muy baja inversión por el efecto de la crisis iniciada en 1929).

¿Estamos en un punto de inflexión de la dinámica inversora o, por el contrario, es sólo un altibajo más de la economía estadounidense en los últimos años? Es algo que sólo se clarificará en un período más largo. De todos modos, es necesario analizar por qué se llegó a este punto tan bajo. Creo que se combinan varios factores.

El factor  más importante es político: el imperialismo no ha logrado revertir la relación de fuerzas desfavorable a nivel mundial, resultado de las guerras de Afganistán e Irak. Esto mina la “confianza inversora” de la burguesía estadounidense.

El segundo aspecto es que, en las últimas décadas, la economía estadounidense se ha ido tornando cada vez más especulativa y parasitaria, con predominio de los sectores de finanzas y servicios y mucho menos industrializada. El peso de la industria en el PIB del país se redujo de 38% en 1965, a 12% en 2004. Al mismo tiempo, como hemos visto, sólo una pequeña parte de las inyecciones a los mercados financieros llega a transformarse en una inversión real porque la mayoría es utilizada por los bancos para capitalizar su situación. Esto significa que, a diferencia del período anterior 2002-2007, cuando esa expansión del sector especulativo impulsaba indirectamente la economía en su conjunto, ahora su efecto es mucho menor.

Otro aspecto tiene que ver con la dificultad de impulsar el consumo de modo sostenido, algo muy importante en la actual estructura económica de EEUU para apalancar un crecimiento de las inversiones. En términos de crecimiento económico, los ajustes embutidos en las leyes de renovación y la reducción de los presupuestos estatales tiene un efecto negativo (o neutro) sobre la dinámica del PIB. Al mismo tiempo, continúan creciendo de modo sostenido las inversiones estadounidenses en el exterior: un 40% entre 2008 y 2012.

«¿Acaso los emergentes caerán uno tras otro?»

Esa es la pregunta que se hacía el diario francés Le Monde. Es que, de modo simultáneo, varios “países emergentes” (algunos de ellos, hasta hace poco tomados como modelos) están atravesando graves problemas monetarios y financieros. La revista británica especializada The Economist habla del “fin de fiesta” en Venezuela y Argentina por la situación de la moneda y la economía venezolanas y argentinas, con altísima inflación, mercado paralelo de divisas, fuga de capitales, etc.

Lo que The Economist (que siempre fue crítico de los gobierno de Chávez-Maduro y de los Kirchner) omite decir es que ambos casos no son rayos en cielo sereno. La situación parece cada más generalizada a varios otros países emergentes en el mundo. Hay problemas económicos graves y crisis monetarias, en el marco de crisis políticas y económicas, en Turquía, Sudáfrica y la India (y Brasil parece ir en esa dinámica). En Turquía, la lira se devaluó 30% y los mercados financieros se debilitan, en el marco del fin del ciclo de inversiones extranjeras. Situaciones similares viven el rand sudafricano y la rupia indiana.

Según los analistas internacionales, aunque existen elementos de ataques especulativos, hay bases objetivas, económicas y políticas, para este proceso. En varios casos, como ya hemos visto, incide fuertemente en la situación financiera de esos países la caída de los precios de los comodities, a partir de la desaceleración de la economía china y la crisis europea.

En este marco, los precios más afectados por el “fin del ciclo” son los de los minerales: en los últimos dos años, el precio del cobre cayeron 35%, el del hierro 40% y el del oro 36%. Aunque en menor medida, los precios de los alimentos también tienen una tendencia a la baja: el precio de la soja bajó de 610 dólares, en julio de 2012, a 520 en la actualidad; el de trigo de 360 a 320 y el del maíz de 340 a 300.

En segundo lugar, el cambio de la política financiera de EEUU (aumento de las tasas pagadas por la FED para los bonos del tesoro) también provoca una retracción de inversiones y del flujo de capitales hacia esos países. Esto se combina, en varios casos, con situaciones de cada vez mayor inestabilidad política, como Turquía, Argentina, Sudáfrica y Brasil.

La conclusión de los analistas es que la tendencia de las tasas de crecimiento de esos países es reducirse a “niveles europeos” y que esto, a su vez, tendrá un impacto negativo sobre la situación económica mundial en su conjunto.