El viernes 19 de febrero, en acto público televisado, el presidente Nicolás Maduro firmó el Contrato Colectivo Petrolero (CCP), luego de 16 meses y 18 días de retraso.

Por: Hipólito Cedeño – Unidad Socialista de los Trabajadores (UST)

Con gran pompa, pero ningún detalle, el jefe del gobierno dijo que era la “recuperación del salario de la clase trabajadora”, afectado por la disminución de 99% del ingreso de divisas, por la guerra económica y, dentro de ella, las sanciones.

Esta firma significó, suponemos, algún tipo de negociación, en el marco de reuniones entre el gobierno, las autoridades de PDVSA y los voceros sindicales reconocidos por el gobierno como “representantes” de los trabajadores, como Wills Rangel, quien funge de presidente de la FUTPV, a pesar de tener cuatro años de vencidas las elecciones, presidente de la CBST (sin elecciones), y ahora diputado de la Asamblea Nacional.

Aunque no nos sorprendería que, simplemente, el patrón le haya presentado el modelo de contrato definitivo para su firma, dada la trayectoria acrítica y genuflexa de este señor para con el patrón, debemos pensar que debieron cumplirse, al menos, algunas reuniones de intercambio de ideas, antes del paso definitivo (la firma). De ser esto así, ni el proyecto de contrato (sea quien fuere que lo haya hecho) ni las reuniones fueron notificadas –mucho menos consultadas o sometidas a aprobación– a la masa trabajadora.

Como resultado, hay muchas más incógnitas e incertidumbres, respecto de la convención colectiva petrolera, que certezas.

Luego de unos días de intensos debates entre los trabajadores y los líderes sindicales (muchos oficialistas, quienes tampoco conocían el acuerdo), donde se dejaron ver algunas cláusulas, entre suposiciones, chismes y comentarios, la FUTPV publicó en su cuenta Instagram[1] un compendio de algunas cláusulas del CCP, comparándolas con el anterior contrato. Podemos ver un compendio acá:

NOVEDADES

INDEXACIÓN

Ahora bien, asumiendo que el contenido de esta publicación sea cierto (aún faltan por ver las actas firmadas, con el texto real plasmado en ellas, no la interpretación que luego le dan a las mismas), la “novedad” del caso es que “el monto del Salario Básico, así como el de todas las primas y bonificaciones descritas en la convención se autoregulan tomando como referencia el valor del Petro” (FUTPV).

Ponemos “novedad” entre comillas, ya que no es la primera vez que se anuncia el anclaje de un derecho laboral al Petro. Recordemos que, en el marco del “Programa de Recuperación” anunciado por el gobierno el 20/08/2018, se hablaba de un salario mínimo de 0,5 Petros, equivalentes a 30$, lo cual nunca fue publicado en Gaceta Oficial… y nunca se cumplió.

Ahora lo mencionan de nuevo, sin saber si ha sido firmado en el Contrato Colectivo, o fue un acuerdo “de palabra”, anunciado con bombos y platillos por unos pseudodirigentes sindicales que no sabemos si, por inocentes o por cómplices, repiten como loros. De ser cierto, haría falta una segunda aclaratoria, ya que el valor del Petro varía según quien lo publica. El BCV lo tiene en Bs 105.529.057,66, mientras que la plataforma Patria (mercado secundario) lo tiene en 28.200.201,16, un 73,28 % menor que el anterior.

El primer valor nos daría una protección real, aunque no necesariamente constante, ante las fluctuaciones del dólar y la inflación, ya que este valor depende del compendio de materias primas (petróleo, principalmente) que se supone que respaldan al Petro como criptoactivo. Pero, en el segundo caso, es la oferta y la demanda la que regula el precio, en un entorno de continua desconfianza en la política económica del gobierno, lo cual provoca la acentuada demanda de divisas por parte de los tenedores de Bs y Petro, devaluando este último de manera casi constante. Al incorporarse aproximadamente 50 mil petroleros queriendo cambiar Petros por dólares u otras criptomonedas, es de esperarse que su precio baje aún más.

BONO DE TRANSPORTE

Entre los beneficios se plantea un bono mensual de transporte equivalente a Bs 50.000.000,00. Este bono, suponemos, se plantea como un incentivo para que el trabajador compense las penurias existentes en el sistema de transporte público y distribución de gasolina.

En el caso del sistema de transporte público, hasta tanto no se normalice la distribución de efectivo necesario para pagarlo, o se implemente de manera global la tarjeta prepago de transporte (lo cual dudamos, dadas las implicaciones tecnológicas necesarias para su implementación de manera masiva), no vemos cómo podrá este beneficio ser utilizado para ello.

En el caso de los que utilizan transporte privado (una minoría), el beneficio no aliviará las colas en las estaciones de servicio que venden gasolina subsidiada, pero podría permitir tener acceso al consumo de gasolina a precio internacional. Pues bien, a la fecha de escribir este artículo (06/03/21), el precio del dólar está en alrededor de los Bs 1.900.000,00/$, lo cual nos da un equivalente a 26,32 $ por bono. Esta cantidad de divisas nos da la posibilidad de adquirir (luego de ir al mercado informal de divisas y comprarlas en efectivo), unos 52 litros de gasolina dolarizada. Esa gasolina, dividida entre 22 días laborales al mes, nos da un consumo posible de 2,36 litros por día. Pues bien, eso nos da un equivalente a 23,6 km de recorrido diario total o ida y vuelta, 11,8 Km de ida y otro tanto de vuelta. Asumiendo su uso exclusivo para ir y venir del trabajo, sin salir los fines de semana y sin tomar en cuenta el incremento del consumo en las colas y los pequeños desvíos y paradas para llevar/recoger a tus hijos del colegio o parar en la panadería a comprar el botellón de agua o el pan. La mayoría de los trabajadores petroleros, en las diferentes instalaciones del país, deben hacer recorridos mayores, dada la naturaleza del negocio petrolero.

BONO SOCIAL DE ALIMENTACIÓN (BSA)

Este bono, equivalente a Bs 82.000.000,00, sustituye a la Tarjeta Electrónica de Alimentación. Llama la atención el cambio de nombre, el cual ha generado muchas especulaciones sobre su causa, dada la falta de información característica de los líderes de la FUTPV y del Gobierno.

Algunos dicen que el cambio tiene como origen la necesidad de no generar retroactividad en su pago, dado el retraso de la discusión del CCP. Tiene sentido.

En el marco de la implementación de los ajustes derivados del nuevo salario mínimo de 30$ en agosto de 2018, el gobierno sacó el memorándum 2792, el cual justificaba el incumplimiento de los contratos colectivos, en aquellas cláusulas que tenían como referencia el salario mínimo, o que necesariamente serían empujadas por este, con el argumento que el aumento salarial era tan grande (6.000%) que él solo arropaba a todas las demás cláusulas en progresividad de derechos. O sea, que ese aumento era otorgado a cambio de renunciar a todos los demás.

No nos sorprendería entonces, que esta dirigencia sindical apéndice del patrón haya pactado la renuncia a la retroactividad de la TEA, por el aumento del BSA , en el marco del memorándum 2792.

MITOS

Ante el desencanto de los trabajadores que ahondan en los detalles y sacan sus cálculos, el presidente de la FUTPV, Wills Rangel, se excusa de lo insuficiente de los beneficios, alegando que ellos se irán incrementando conforme aumente la producción. Aunque suene lógico, ya en el pasado, con el barril de petróleo en más de 100$ y la producción en más de 2 millones de barriles diarios, los beneficios no fueron aumentados, sino que la renta petrolera fue a parar a manos de los enchufados corruptos, descubiertos y por descubrir. No vemos cómo este gobierno, que amparó o se hizo la vista gorda ante el desfalco de PDVSA, vaya a cumplir su palabra ahora.

Por supuesto, nos siguen vendiendo el mito de una mejora sustancial del CCP. Ya hemos visto el cambio de la TEA por el BSA.

Pero, además, el cuadro comparativo que publica la FUTPV, se hace en Bs, obviando el valor de la moneda en cada momento, por lo que aparecen como muy “progresivos” los sustanciales aumentos nominales de dichos beneficios.

¿Por qué decimos que “nominales”? Para explicarlo en términos sencillos, todos sabemos que a finales del año pasado, con un millón de bolívares podíamos comprar un paquete de harina de maíz. Hoy día necesitamos casi dos millones para comprar el mismo producto. Entonces, si a finales del 2020 me daban Bs 1.000.000,00 y ahora me dicen que me van a dar Bs 1.500.000,00 y me lo presentan como un logro, con un aumento del “beneficio” de un 50%, me están mintiendo. En realidad, a nivel “nominal” (de nombre) me están dando un aumento, pero a nivel real, estoy perdiendo dinero, pues no puedo comprar lo mismo.

Eso lo podemos ver si hacemos las comparaciones, respecto al dólar, aunque en Venezuela se da el fenómeno de incremento de los precios en dólares, que también nos perjudica y que es producto de la incertidumbre y desconfianza en la economía venezolana y el gobierno que la maneja, aunque este lo achaque a la guerra económica.

La misma tabla anterior, convertida a dólares de cada momento (dólares vigentes en 2019 y dólares vigentes hoy), nos da el siguiente resultado:

LA REALIDAD

Estos resultados son elocuentes, en cuanto al deterioro de nuestros beneficios, si los comparamos con el dólar. Una disminución de hasta un 96% en los beneficios pactados a espaldas de los trabajadores, comparados con el contrato pasado, también acordado a nuestras espaldas, pero con “un poco” más de información, en cuanto a reuniones y propuestas discutidas se refiere.

Además, si nos enfocamos en el ingreso mensual del trabajador, podemos ver resultados como este:

Como vemos, la realidad desmiente la supuesta mejora que significa este CCP, porque:

  1. El 300% del aumento salarial no se compara con la hiperinflación acumulada (4.000% solo en los últimos 12 meses).
  2. Del total de ingresos mensuales, solo un 13,16% será utilizado para calcular caja de ahorros, fideicomiso, días feriados, bono nocturno, horas extras, vacaciones y utilidades. El resto son bonos sin incidencia salarial. El impacto ya lo hemos visto en años anteriores. No habrá dinero para disfrutar las vacaciones en familia ni para los gastos de diciembre. El trabajador petrolero venezolano sigue siendo una jugosa prenda a exprimir por los capitalistas nacionales o extranjeros.
  3. El total de ingreso apenas representa la cuarta parte de lo necesario para cubrir la Canasta Básica Familiar (alimentos, servicios, educación, vivienda, vestimenta, entretenimiento, etc.).
  4. Los planes de vivienda se siguen acumulando contrato tras contrato, y los trabajadores no tienen cómo adelantar una inicial para conseguir un contrato de compra-venta, necesario para adquirir el préstamo de vivienda.
  5. El seguro médico, que aún no está activo, sigue bajo el esquema de que el trabajador pague cuando el servicio de salud exceda el límite de 10.000,00 $, es decir, cuando los gastos o gravedad del evento de salud más exige liquidez, que el trabajador no tiene, para ser cancelado en Bs devaluados, meses después.
  6. Los demás beneficios publicados, por irrisorios, ni se comentan en este artículo.
  7. Si la retroactividad de los beneficios se elimina, se estaría sentando un nuevo y nefasto precedente contra la progresividad de los derechos, consagrada en la Constitución Nacional y la Ley Orgánica del Trabajo, de los Trabajadores y Trabajadoras.
  8. El carácter inconsulto de su firma, reafirma el carácter antiobrero, antipopular de este gobierno y su dirigencia sindical, muy contraria a sus discursos y declaraciones. Fue discutido a espaldas de los trabajadores por dirigentes que tienen cuatro años de mandato vencido. No hubo conocimiento del proyecto de contrato ni consulta para armarlo. No hubo consulta ni testigos para la discusión de cada cláusula, y mucho menos para su firma final. No hubo preparación ni ejercicio del derecho a huelga para presionar al patrón. El trasfondo es que el CCP es hecho por el patrón, no por los trabajadores.

Todo esto es el resultado de la pasividad y desunión reinantes entre la clase trabajadora, la cual es un gigante dormido, que no sabe o no cree de lo que es capaz si se organiza democráticamente, se unifica y lucha por sus intereses.

La reactivación de la industria petrolera, telón de fondo del CCP, requiere de trabajadores con las mínimas fuerzas e intelecto para cumplir con las tareas que les encomendarán, pero lo suficientemente sumisos para que no hagan cuestionamientos y acaten al pie de la letra los lineamientos que emanen de la cúpula empresarial.

Queda de nuestra parte decidir entre mantenernos como modernos esclavos del capital, sea nacional –estatal o foráneo– trasnacional, o revelarnos y tomar las riendas del país y su economía, en unión con los demás trabajadores de las demás industrias. Los trabajadores generamos las riquezas pero no las disfrutamos, es hora de revertir esa situación.

¡¡POR UN GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO!!

[1] https://www.instagram.com/p/CLmOk6nh2nE/