En el transcurso de los siete artículos de esta serie tratamos de explicar y polemizar con las diferentes propuestas que constituyen el programa de los partidos y corrientes que se autodenominan “progresistas”.

Por: Bernardo Cerdeira

Buscamos demostrar que propuestas tales como la distribución de renta, justicia social, tributación de los ricos, inclusión de los oprimidos, capitalismo racional, “vivir bien”, solidaridad de los países ricos con los países pobres, y otras, pueden ser bien intencionadas pero son ilusorias, precarias, temporarias y, por lo tanto, no solucionan la situación de los trabajadores y explotados cuando aplicadas en el interior del sistema capitalista mundial, caracterizado por la explotación y la opresión.

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El progresismo y la ilusión con la solidaridad de los países imperialistas
El progresismo y la “inclusión” de los oprimidos
Progresismo, reformismo y socialismo
Las ilusiones sobre la distribución de la renta
El «progresismo» y la idea de un capitalismo racional y consciente
Progresismo: el “buen vivir” solo es posible con el fin del capitalismo

Ahora, en el artículo final de esta serie, analizaremos la naturaleza del llamado “campo progresista”, en el Brasil y en el mundo, y explicaremos qué es la “teoría de los campos” que fundamenta esa propuesta política.

El “campo progresista”, según sus propios componentes, está formado por partidos de izquierda (como el PT, PCdoB y PSOL), otros partidos que son de izquierda en el nombre pero en realidad son burgueses (como PDT y PSB); centrales sindicales, movimientos sociales (como MTST, MST, CMP, Marcha de Mujeres, Coalición Negra), ONGs, y sectores de la burguesía liberal.

Campo progresista hoy

Hoy en día, el “campo progresista” liderado por Lula defiende un Frente Amplio con las fuerzas de “centro derecha”, o de la derecha “civilizada” o derecha “democrática” (sea lo que fuere que eso significa) para derrotar a Bolsonaro. Ese Frente Amplio incluiría hasta el PSD de Gilberto Kassab, Alexandre Kalil, el intendente de Belo Horizonte (Minas Gerais); Rodrigo Maia; Eduardo Paes; sectores del MDB, como Renan Calheiros, José Sarney, Roberto Requião, y otros.

La justificativa para esa alianza, según el diputado Marcelo Freixo –que recientemente dejó el PSOL para adherir al PSB y, según él, ser el candidato de ese Frente Amplio al gobierno del Estado de Rio de Janeiro– es que se trata de una lucha entre la “civilización” y la barbarie, representada por el “fascismo” agrupado alrededor de Jair Bolsonaro.

Unidad de acción para derrotar a Bolsonaro

Vamos a analizar esos argumentos, uno por uno. En primer lugar, no tenemos duda de que Bolsonaro es la cara más brutal de la barbarie capitalista por todo lo que representa: la política genocida en relación con la pandemia; el “negacionismo” de la ciencia; los ataques a los trabajadores y sectores oprimidos (mujeres, negros, indígenas, LGBTs); y los ataques a la libertades democráticas.

También está claro que el proyecto de Bolsonaro es implantar una dictadura militar en el Brasil, si consigue reunir condiciones para eso. Por todo eso, estamos de acuerdo con que es preciso derrotar a Bolsonaro. Eso es URGENTE e inmediato. Estaremos juntos con cualquier sector u organización que esté dispuesto a movilizar, a luchar para defender las libertades democráticas y derrocar este gobierno, ¡Fuera Bolsonaro y Mourão!

Pero, a partir de ahí, aparece una primera divergencia. La principal forma de derrotar a Bolsonaro no es en las elecciones que son de aquí a un año y medio, sino sí sacarlo YA, y eso solo puede hacerse con movilizaciones de masa, en las calles, a ejemplo de los actos del 29 de mayo y el 19 de junio, intensificando esas luchas y combinándolas con una huelga general sanitaria.

Acto en São José dos Campos. Foto: Roosevelt Cassio.

Tragedia: la barbarie del capitalismo

Pero, la tarea de los trabajadores y de los sectores populares no termina con el fin de este gobierno nefasto. Bolsonaro es una cara brutal de la barbarie, pero es solo una expresión de ella. La verdadera barbarie es el capitalismo. La pandemia reveló en forma aguda lo que hoy es un hecho evidente: el capitalismo está llevando a la humanidad al abismo.

La crisis sanitaria, el verdadero genocidio que afecta a millones de personas que no tienen acceso a las vacunas y al sistema de salud; la crisis económica y social, el desempleo, el hambre, la precariedad laboral; la destrucción de la naturaleza y el calentamiento global; la violencia y la represión de gobiernos cada vez más autoritarios, todo eso muestra que o acabamos con el sistema capitalista o el capitalismo terminará de empujar al género humano y a todo el planeta a la barbarie.

La clase trabajadora, unida a todos los sectores explotados y oprimidos, es la única que puede acabar con este sistema porque no tiene propiedades ni riquezas que perder con su fin.

La burguesía, o sea, la clase propietaria de las multinacionales, de las grandes empresas industriales y comerciales y de los grandes bancos de todo el mundo, aliada con los militares, funcionarios privilegiados y políticos corruptos, lucha para mantener esta situación a costa de la explotación de los trabajadores. Para eso, usa los gobiernos y las fuerzas armadas para reprimir cuando los explotados y oprimidos se insurreccionan contra esa situación o se levantan contra ella.

Para los socialistas, la sociedad capitalista se divide en clases y las principales son la burguesía y la clase trabajadora. Existen dos campos de clase. En un campo, la burguesía, incluyendo todos los sectores, también los liberales, y el imperialismo. En el campo opuesto, están el proletariado, los sectores populares, campesinos, y todos los explotados.

Hay una lucha de clases permanente entre esos dos campos. Ese es el verdadero enfrentamiento. Eso es lo que explica todos los conflictos y luchas en todo el mundo. Pero, si la lucha es entre clases, ¿dónde queda el tal “campo progresista”, o su versión actual, el tal Frente Amplio?

Colaboración de clase. ¿Qué es el “campo progresista”?“

La “teoría de los campos” toma como base la idea de que la sociedad no está dividida en campos de clase, sino sí entre un “campo reaccionario” formado por la burguesía reaccionaria, por los fascistas, por los golpistas, etc., y por un “campo progresista” donde estarían los partidos de izquierda, las organizaciones del movimiento popular, la burguesía liberal y el imperialismo “democrático”.

Esa “teoría” no es nueva, ya tiene más de un siglo. Los mencheviques defendieron un “campo progresivo” para derrotar al zar, durante la Revolución Rusa. En 1935, en el VII Congreso de la Internacional Comunista, el estalinismo elevó la teoría de los “campos” al ámbito internacional con la política de Frente Popular adoptada, que debería unir en un mismo campo todas las fuerzas “democráticas y progresistas” (incluso el imperialismo “democrático”, inglés, francés y norteamericano) para enfrentar el fascismo. También defendieron formar frentes con la burguesía “nacional” en los países periféricos.

Límites

El problema es que el “campo progresista” es un campo de clara defensa del sistema capitalista porque, en la medida en que la burguesía participa, impone un límite claro: respeto a la propiedad privada, el mercado, la ganancia, respeto a las instituciones del Estado burgués, y la represión a cualquier lucha que se dirija contra cualquiera de esos pilares del capitalismo.

Un Frente Amplio aún más Amplio defenderá, sin duda, políticas neoliberales tales como la reforma de la previsión, la reforma laboral, la ley de tercerizaciones y las privatizaciones. Ese es claramente el programa de figuras como Rodrigo Maia, Gilberto Kassab, Eduardo Paes, y otros.

El “campo progresista” y, más aún un Frente Amplio, es un frente de colaboración de clases entre la burguesía y los partidos y organizaciones oportunistas de trabajadores. O sea, un frente común de colaboración política con el enemigo de clase con el único objetivo de impedir o desviar las luchas de los trabajadores y de los sectores populares que puedan aproximarse a la revolución socialista.

Proyecto de gobierno

El papel reaccionario del “campo progresista” se acentúa al máximo cuando este llega al gobierno porque pasa a ser el líder del “campo” capitalista, ya que ejerce el poder del Estado burgués y lo defiende. La larga experiencia de 13 años de los gobiernos Lula y Dilma muestran eso con claridad: políticas neoliberales en la economía, involucramiento con la corrupción, atadura del movimiento sindical y popular, y reformas mínimas que ni siquiera se consolidaron.

No obstante, frente a las barbaridades del gobierno Bolsonaro muchos compañeros que quieren derrocarlo preguntan: ¿no sería correcto formar un Frente Amplio con todos los que están contra Bolsonaro, incluso hasta con los burgueses, para vencer las elecciones de 2022? ¿Es eso derrotar primero el “fascismo”, uniendo a todos los “demócratas”? ¿Un Frente de la “civilización” contra la barbarie, como alega Marcelo Freixo?

El problema es que el “campo progresista” o un Frente Amplio para las elecciones de 2022 no se limitará a derrotar a Bolsonaro. Será, principalmente, un proyecto político burgués para gobernar durante cuatro años, y ese proyecto será necesariamente neoliberal.

¿Alguien cree que Rodrigo Maia, Kassab, Renan Calheiros o Kalil van a enfrentar la barbarie y luchar por una misión “civilizadora” o, por el contrario, van a defender con uñas y dientes las contrarreformas neoliberales que ya vienen aplicando?

Lucha de clases. Independencia de clase para preparar el camino de la Revolución Socialista

Detalle del 19J en São José dos Campos. Foto: Roosevelt Cassio/SindmetalSJC.

Existen conflictos y choques entre diferentes sectores burgueses, pero la clase obrera debe aprovechar esas contradicciones para fortalecer su lucha y su independencia y no para apoyar un campo burgués, por más que este se coloque como “progresista”.

A veces, ese enfrentamiento entre sectores burgueses puede llegar hasta un enfrentamiento armado, como un golpe militar o un movimiento fascista. Un partido socialista revolucionario puede luchar en unidad de acción junto al sector burgués que está contra el fascismo o el golpe. Pero, siempre debe tener claro, y alertar a los trabajadores, que los dos campos son burgueses y, por lo tanto, contrarrevolucionarios, y después de derrotar el fascismo será preciso enfrentar el campo “progresista”.

Una organización socialista revolucionaria que abandona la política de independencia de clase y termina por apoyar un frente de conciliación de clases con nuestros peores enemigos acaba adoptando la teoría de los campos como base de su política. En el Brasil, ese peligro está planteado más que nunca con la constitución del Frente Amplio encabezado por Lula. Rechazar ese frente de colaboración de clases será el desafío y una prueba para las organizaciones revolucionarias en el próximo período.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 30/6/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.