Las elecciones están siendo amenazadas permanentemente por Bolsonaro, quien ha estado haciendo dos movimientos. Por un lado, tiene una política de ganar votos liberando medidas económicas, usando la maquinaria del gobierno para ver si puede aumentar su popularidad. Por otro lado, desarrolla una campaña sobre que las máquinas de votación electrónica y el conteo en las elecciones no son confiables, creando un caldo de confusión que permita cuestionar el resultado electoral, en caso de perder la votación, acciones autoritarias y golpistas.

Por: Júlio Anselmo

Episodios como el indulto de Daniel Silveira sirven a ambos propósitos. Tanto inflaman su base más radicalizada como, al enfrentar una decisión del Supremo Tribunal Federal (STF), amenazan el funcionamiento “normal” de las instituciones de la democracia burguesa.

El plan es claro. En este primer momento, hace todo lo posible por aumentar los votos e intentar ganar la elección. Pronto, si eso no es suficiente, creará alguna razón para no admitir la derrota. A partir de ahí, intentará evitar que el vencedor tome posesión y, si tiene fuerza, dar un golpe.

Toda la estratagema golpista se basa en cuestionar la imparcialidad de las elecciones. Aunque parece que el peligro está más adelante, ya se ha hecho algo de daño. Las elecciones tuteladas y monitoreadas por militares son, en sí mismas, un retroceso para las libertades democráticas.

El cuestionamiento de los generales al Tribunal Superior Electoral (TSE), la cancelación de observadores europeos, y la propuesta de un conteo militar paralelo prueban el intento de los militares de interferir en el proceso electoral y el cuestionamiento de las elecciones. En otras palabras, se hacen eco de la tesis bolsonarista de que serían fraudulentas.

Piso de arriba: divisiones en la burguesía, en la barbarie capitalista

Un golpe significaría un cambio en el régimen democrático burgués: la construcción de una dictadura que perseguiría a opositores, atacaría las libertades democráticas y reprimiría las organizaciones de los trabajadores. Si gana las elecciones, seguirá buscando avanzar y tratar de imponer un curso reaccionario hacia un régimen autoritario.

La razón de esta aventura bolsonarista no es solo el corporativismo de los militares, que están repartidos en miles de puestos y quieren mantener sus privilegios. Tampoco es solo el hecho de que se mantuvo una basura autoritaria al final de la dictadura, dejando intactas las Fuerzas Armadas, dando amnistía a dictadores, torturadores, corruptos, etc.

El mundo está siendo asolado por las contradicciones del capitalismo. El contexto de crisis social, económica y política en el Brasil es parte de esto. Esta nueva ultraderecha mundial es fruto de la decadencia del capitalismo y la expresión de la política de la barbarie capitalista. En el Brasil, Bolsonaro es un reflejo de la larga decadencia y reversión colonial que vive el país, producto de años y años de neoliberalismo y localización subalterna en la división mundial del trabajo imperialista.

El papel de la extrema derecha es profundizar el nivel de explotación capitalista a expensas de aumentar los mecanismos autoritarios y represivos principalmente contra la clase trabajadora y el pueblo pobre. Estos mecanismos, por cierto, también fueron incorporados por gobiernos anteriores, aunque dentro de los límites de la democracia burguesa.

Hay divisiones arriba. La burguesía brasileña no está mayoritariamente por el golpe hoy, pero hay un sector que se lava las manos y minimiza las embestidas autoritarias del gobierno. Pero incluso está en contra, porque tampoco es la posición de la mayoría del imperialismo. La toma de posición de la administración Biden y la CIA contra un golpe de Estado lo demuestra. A su vez, el ala ligada a la extrema derecha, por ejemplo, aboga porque Bolsonaro haga aquí el mismo intento que hizo Trump allá con la invasión del Capitolio, si pierde las elecciones.

Ante un aumento de la crisis en el futuro, no se puede descartar que más sectores de la clase dominante opten por un régimen autoritario. Y la ultraderecha emerge en este proceso de decadencia, sobre todo si no encuentra una alternativa que la enfrente radicalmente. Por eso no se puede confiar en ningún sector burgués.

Todos defienden sus intereses capitalistas contra el pueblo y los trabajadores. Incluso los sectores burgueses actualmente en contra del golpe no son democráticos. Hoy están en contra, pero eso puede cambiar. Bolsonaro crece sin un combate digno, porque a los de arriba no les interesa un combate coherente, y los “progresistas” del orden son serviles y están y dirigidos por los de arriba.

La lucha contra las amenazas a las libertades democráticas, contra el crecimiento del autoritarismo, debe ser dada por la clase trabajadora y el pueblo pobre, de manera independiente, y debe convertirse en una lucha también contra el capitalismo.

En esta lucha se necesita unidad de acción con todos los que estén dispuestos a combatir el golpismo. Pero no se puede confiar y mucho menos someterse a la dirección errática, insegura y cobarde de estos sectores burgueses. Es necesario derrotar a la burguesía golpista, reaccionaria, de esta nueva ultraderecha. Pero para acabar con esta amenaza de raíz, es necesario ir más allá y cambiar este sistema capitalista.

La debilidad y capitulación de las instituciones ‘democráticas’

El avance del golpismo de Bolsonaro es también resultado de la vergonzosa capitulación de las instituciones de la democracia burguesa. Barroso, del STF y TSE, creía que con poner un milico en la comisión que supervisa las elecciones desarmaría el golpismo y ganaría la confianza de los militares. De hecho, alimentó y fortaleció los ataques a las elecciones.

El STF duda en enfrentar los crímenes de la banda bolsonarista. Al mismo tiempo, intentó conciliar con parte de las Fuerzas Armadas y terminó siempre capitulando. La debilidad mostrada en el caso del indulto de Daniel Silveira es un síntoma de ello. Desde militares ejerciendo como asesores de un ministro hasta interminables reuniones con promesas vacías, lo cierto es que la toga teme a las armas. Y los jueces tienen mucho que perder para arriesgarse tanto por tal “democracia”.

Las demás instituciones de la República también están rendidas al gobierno. Del Congreso Nacional no se necesita ni hablar. Lira y el centrão son parte fundamental del apoyo al gobierno y de las payasadas golpistas. Pacheco dice defender la democracia y no estar de acuerdo con las embestidas contra las urnas, pero en la presidencia del Senado sigue siendo el sirviente de Bolsonaro.

En estos momentos cruciales de la vida política, el velo místico de las instituciones burguesas desaparece y estas muestran su verdadero contenido: ¿quién tiene el poder de la fuerza y de ​​las armas para garantizar su voluntad política? Esta es la base del Estado burgués, y en esto se apoya Bolsonaro.

El límite en el combate al golpismo por parte de las instituciones del régimen está dado por su carácter de clase. Son instituciones burguesas que no pueden llevar hasta el final la lucha contra un golpe reaccionario. ¿Por qué? Porque eso significaría tener que llamar al pueblo para que, movilizado y con las armas en la mano, pueda derrotar cualquier aventura golpista.

Y si temen un poco a un golpe reaccionario, estas instituciones temen mucho más al pueblo movilizado y más aún a la autodefensa organizada. La posibilidad de una salida del control y un cuestionamiento no solo a un cierre del régimen sino también de todo el edificio capitalista es bastante alta. Así, prefieren seguir en el mundo de la fantasía, esgrimiendo palabras y, en la práctica, pasándole paños al golpista.

Esta es incluso la explicación de la desesperación por parte de la prensa liberal que comprende la gravedad de la situación, pero no ve quién puede detener a Bolsonaro. Atónita, clama por los poderes místicos de las instituciones, como si pudieran, por sí mismas, impedir cualquier cosa. Y, al final, se rinden a los llamados a una supuesta autoconciencia de las Fuerzas Armadas.

Todavía hay quienes minimizan todo, dicen que como no hay condiciones para un golpe, bastaría no hablar de estas cosas para no hacerle el juego a Bolsonaro, porque eso es lo que él quiere, y la vida sigue. Es una variante de los que dicen que no hay que hacer nada para no provocar al enemigo. Esta es la línea de la derrota segura y sin  lucha.

En las calles y en las luchas, ¿quién puede detener a Bolsonaro, la ultraderecha armada y las amenazas de golpe?

Hoy, de hecho, no hay condiciones para que un golpe de Bolsonaro triunfe y se consolide. Pero eso no quiere decir que no haya condiciones para un intento de golpe. El mayor peligro no es precisamente que existan o no las condiciones para ello sino, sí, quién lo detendrá si lo intenta.

¿Qué fuerza social, política y, sobre todo, armada puede impedir que Bolsonaro intente imponerse por la fuerza con el apoyo de un sector de las Fuerzas Armadas? ¡Solo los trabajadores movilizados, organizados y preparados pueden derrotar un golpe! Incluso construyendo desde ya su autodefensa contra las bandas armadas de la ultraderecha. El primer paso para esto es que los trabajadores sean conscientes de ello. Confíe solo en sus fuerzas y mantenerse alerta para la hora de la batalla, luchando desde ahora por elecciones limpias y sin supervisión militar.

El PT debería estar a la cabeza de la movilización contra la posibilidad de un golpe de Estado. Pero sigue volcando todas las expectativas en las elecciones, en la búsqueda de alianzas aún más profundas con la burguesía, y frenando toda movilización. Confía en la derecha y en las instituciones, como si estas fuesen un baluarte contra el golpe. Terceriza para los ricos y parte de la derecha una tarea que cabría a los trabajadores.

¡Por supuesto, defendemos la unidad total en la lucha, en las calles, en la acción contra el golpismo de Bolsonaro! Pero esto es muy diferente a confiar, aliarse o gobernar junto con los ricos y la derecha, como hace el PT. Si para derrotar a la ultraderecha y sus amenazas necesitamos fortalecer la organización y la lucha de los trabajadores, no es construyendo una candidatura con la burguesía y la derecha que se hace eso.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 11/5/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.