Durante los últimos meses el gobierno, la burguesía y sus medios de comunicación han mantenido una campaña mediática que busca retratar a Carlos Alvarado y su gobierno como los salvadores de una “democracia’’ costarricense amenazada.

Por PT-Costa Rica

Una “democracia” sinónimo de bienestar. Considerada como ejemplar y excepcional por todos los políticos e ideólogos burgueses, que hoy correría, según estos, el mayor peligro a manos de una minoría que prepara un golpe contra la institucionalidad manipulando al pueblo con “noticias falsas” y organizando “atentados” con bomba.

Dicha estrategia “golpista” contra la democracia y la defensa de lo que la “mayoría silenciosa” votó en las pasadas elecciones serían la justificación de la represión que hoy lanza Alvarado contra el pueblo.

No queremos aquí juzgar este argumento lleno de falsedad  pero sí exponer cómo la comprensión marxista sobre el Estado nos permite desnudar a esta “democracia” como un instrumento de dominación de la clase capitalista, o como Lenin le llama, “la mejor envoltura política” (1) de la que puede disfrazarse el capitalismo y la burguesía para su explotación.

Hoy queremos cuestionar si realmente debemos resignarnos con el Plan Fiscal y toda la agenda antipopular de Alvarado y tomarlas como sagrado mandato de la voluntad popular emitido en elecciones y ratificado por la Asamblea Legislativa.

Para Lenin la respuesta sería que no, dado que “los explotadores transforman inevitablemente el Estado en instrumento de dominio de su clase, de la clase de los explotadores, sobre los explotados. Por eso, aun el Estado democrático, mientras haya explotadores que dominen sobre una mayoría de explotados, será inevitablemente una democracia para los explotadores.” (2).

Esto quiere decir que leyes como el Plan Fiscal o propuestas como la Ley de Empleo Público o la Educación Dual, lejos de ser propuestas surgidas de un debate entre ciudadanos iguales definido por las elecciones, son en realidad parte la receta que la burguesía impone a la clase trabajadora para cobrarle la crisis económica y mantener a flote sus negocios y que vende como un resultado de un debate democrático.

Como se verifica en la realidad esta teoría de que en un régimen democrático solo haya democracia para los explotadores y no para los explotados.

Para Nahuel Moreno esto se muestra en que “los individuos se relacionan con la sociedad por medio de las clases sociales; están mediados por ellas. No todos los individuos tienen las mismas posibilidades. Del hecho fundamental de que uno es burgués y el otro proletario surge el margen de sus posibilidades, de su desarrollo y de su libertad” (3).

Este hecho de la sociedad dividida en clases sociales demuestra que es un mito que en un régimen democrático sea la voluntad popular, surgida de un debate público libre y en igualdad de condiciones, lo que guíe el rumbo de un país.

Lo que realmente sucede y ha sucedido en el marco de la discusión del Plan Fiscal es que existe una clase pro empresarial que ha tenido todos los recursos políticos y económicos a su disposición para lograr que se vote una ley según sus intereses y una clase trabajadora cuya mayoría ni siquiera ha podido participar realmente en la discusión.

Mientras la burguesía contó con tiempo para preparar la discusión, espacios de organización en el seno de sus cámaras empresariales, profesionales educados para asesorarse, partidos políticos que formularon sus proyectos, medios de comunicación y publicidad que los vendieran y en general una fuerza del Estado que los impusiera, la mayoría de la clase trabajadora ni siquiera tiene sindicatos para poder comprender sus verdaderos intereses como clase asalariada en la discusión.

Por eso Lenin dice que “las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagrante entre la igualdad formal, proclamada por la «democracia» de los capitalistas, y las mil limitaciones y tretas reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados” (4).

Hoy Alvarado y toda la burguesía avanzan en imponer una nueva limitación de la poca democracia que existe para la clase trabajadora. Se trata de los proyectos de ley que cercenan el derecho de huelga, que, aunque vedadas para el sector privado, representan uno de los poquísimos medios mediante el cual la clase trabajadora ha podido participar en la vida política del país.


(1) Lenin, El Estado y la Revolución

(2) Lenin. La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky. P 32. Disponible en https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/lenin_renegado_kautsky.pdf

(3) Moreno, Nahuel. Dictadura Revolucionaria del Proletariado. P37.

(4) Lenin. La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky. P 26.