Una vez es desmontado el Paro Nacional, los partidos reformistas iniciaron la campaña electoral, dejando a un lado las luchas e incluso a las decenas de detenidos que dejaron las protestas y que han sido judicializados en las últimas semanas.

Por: Comité Ejecutivo PST

De hecho, el Comité Nacional de Paro, CNP, convocó la movilización el día 20 de julio para respaldar una serie de proyectos de ley que presentarían ante el Congreso de la República los llamados partidos alternativos, sabiendo que no tienen ningún futuro al ser minorías, pero vendiendo la ilusión de unas posibles mayorías en 2022.

Esta apertura de la campaña electoral, se hace con la ilusión de que el ascenso de las movilizaciones se pueda reflejar en las urnas a favor de los sectores políticos y sociales que se agrupan en el Pacto Histórico y la Coalición de la Esperanza, la aspiración electoral de Gustavo Petro, dirigente reúne la mayor simpatía en la juventud, la clase trabajadora y los sectores populares que protagonizaron el Paro Nacional.

Desde el Partido Socialista de los Trabajadores, hemos llamado a mantener la movilización como principal forma de afrontar la contraofensiva del Gobierno de Duque y a no aplazar las luchas hasta las elecciones, hemos advertido que las urnas son controladas por el régimen y que solo la movilización de masas nos puede dar triunfos, incluso electorales.

Pero una vez se impone una campaña electoral, es necesario analizar lo que está en juego y cómo pueden participar quienes luchan en este proceso, si lo que se aspira es a enfrentar el régimen y en hacer realidad en clamor de las calles de que caiga el Gobierno de Duque.

Las calles mueven el ajedrez político

Las movilizaciones que se iniciaron el 28 de abril han puesto en crisis a la mayoría de los partidos reformistas. La Coalición de la Esperanza – conformada por el Partido Alianza Verde, Dignidad (MOIR), el neoliberal Sergio Fajardo y sectores santistas como Juan Fernando Cristo – que tiene mayorías en el desprestigiado CNP y las centrales sindicales, se rompe en medio de las protestas al separar a los Verdes por tener entre sus filas sectores petristas como el de Camilo Romero.

Por su parte, el Pacto Histórico anunció que su lista al Senado será cerrada y con paridad entre hombres y mujeres, las candidaturas serían elegidas por un colegio electoral conformado por delegados de los movimientos que lo conforman: Colombia Humana, Unión Patriótica, Polo Democrático, MAIS y Alianza Democrática Afrocolombiana, ADA. En las campañas regionales a cámaras, la lista puede ser abierta y sería definida por estos partidos.

Programa del Pacto Histórico

Pero el Pacto Histórico no solo lanzó su estrategia electoral, también un acuerdo programático por: “la diversidad de sectores sociales, intelectuales y liderazgos de opinión, el liberalismo socialdemócrata, el empresariado, la gente trabajadora, el campesinado, la comunidad del LGTBIQ+, toda la diversidad regional, cultural y espiritual”.

Es decir, las listas del Pacto Histórico no serán solo listas de luchadores y luchadoras, sino que allí estarán también sectores burgueses y miembros de partidos tradicionales como Armando Benedetti y Roy Barreras, que tendrá su cupo en los primeros lugares con su esposa Gloria Arizabaleta.

Ya Petro – en medio del Paro Nacional – se había reunido con el empresariado judío en Colombia y ha manifestado en reiteradas ocasiones que su proyecto no es anti-capitalista, su mensaje es un pacto entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos, entre victimarios y víctimas para desarrollar el capitalismo en Colombia.

De esa posición no se han deslindado candidaturas como las de Francia Márquez y Alexander López Maya, tampoco partidos de izquierda que hacer parte del Pacto Histórico como el Partido Comunista, pues en general no apuestan a una derrota del régimen sino a su ‘democratización’.

Un llamamiento al Pacto Histórico

Por ahora, las tensiones internas en el Pacto Histórico tienen que ver con la conformación de las listas, con la paridad, con el carácter de lista abierta o cerrada, es decir, con la mecánica electoral. Pero este llamamiento va más allá de eso, es a una discusión programática y a una elección democrática de quienes integren las listas.

No puede ser que después de una movilización histórica la propuesta política que más arraigo tiene entre las y los luchadores sea un pacto histórico con sectores oportunistas del santismo y que sea un grupo de compromisarios de los partidos los que terminen definiendo sus listas.

El Pacto Histórico debería ser entre la juventud, la clase trabajadora y los sectores populares que batallaron en las calles en el Paro Nacional, su programa debería ser el programa que se levantó en las calles. Los actuales dirigentes deberían dejar las peleas intestinas por los cupos en las listas para propiciar asambleas populares que elijan listas de luchadores sociales.

Sin duda, estas listas constituyen una esperanza para millones de personas que esperan un cambio en el país, para millones de desempleados, de víctimas, de jóvenes sin futuro, de mujeres, pero debemos advertir que el programa que unifica esta lista no enfrenta a los enemigos de la clase trabajadora y de los pobres y que independientemente del número de curules que obtengan, tendremos que salir a las calles a enfrentar el régimen para defender nuestros derechos.

Para responder a esa esperanza de millones la unidad que se expresó en las calles debe expresarse en las listas, lo primero sería romper con quienes hasta el momento nos han gobernado, como Roy Barreras y Benedetti politiqueros oportunistas de las clases dominantes. Además, abrir sus listas a luchadores y dirigentes honestos, que se elijan en asambleas, pues la antidemocrática legislación electoral impide que se presenten como candidatos independientes. Esta apertura tiene que ser sin más condición que la de seguir luchando por los intereses de los trabajadores y los pobres del campo y la ciudad.