Vie Jun 21, 2024
21 junio, 2024

Colombia: La crisis de la salud y las contradicciones de fondo que expresa

Por: Francisco Cuartas

La intervención de las EPS Sanitas, Nueva EPS; el hundimiento en el Congreso de la reforma a la salud y la solicitud de liquidación de la EPS Compensar, ha desatado una crisis que supera el ámbito de la salud. Es el estallido de una parte de las contradicciones de fondo que atraviesan la relación del gobierno nacional con sectores de la burguesía.

Desde que fue presentada la reforma a la Salud, recogiendo de forma limitada algunas reivindicaciones históricas, no acababa con el problema principal, el negocio privado de la salud. Modificaban la forma, más no el fondo, pues las ganancias astronómicas seguirán llegando a manos privadas. Entonces la explicación de la virulencia de la oposición burguesa de derecha a la reforma hay que buscarla en las contradicciones más de fondo que se expresan en la relación del gobierno con la burguesía, tanto desde sus entrañas como con la que se encuentra fuera de su gobierno. Ése es el objetivo de este análisis.

El colapso de la gallina de los huevos de oro

Actualmente, tanto en el mundo como en Colombia se presenta una situación de crisis del orden mundial de dominación imperialista, en el cual las crisis y recesiones económicas tienen un gran papel. Esta situación de la economía lejos de ser coyuntural, muestra el agotamiento de una forma particular en que los capitalistas han acumulado capital durante al menos tres décadas. Este régimen de acumulación, conocido como neoliberalismo, se consolidó gracias a la derrota histórica de la clase obrera mundial producida por la restauración del capitalismo en la antigua URSS y los demás estados obreros (mal conocidos como “Socialismo Real”) y por la derrota de grandes movimientos de resistencia obrera y popular en el mundo.

En Colombia, a partir de la Constitución del 91 se desató una serie de contrarreformas que concretaron ese régimen de acumulación capitalista neoliberal en el país. Con la llamada “Apertura Económica” del gobierno de Gaviria, se impusieron las privatizaciones, pérdida de derechos y la ruina de sectores de la burguesía y pequeña burguesía nacional que producían para el mercado interno. Florecieron los negocios del capital financiero, tanto nacional como extranjero que aprovecharon las privatizaciones de servicios y la explotación de materias primas, especialmente el auge de la gran minería de minerales e hidrocarburos y la apertura al comercio mundial. Las familias tradicionales de la rancia burguesía liberal y conservadora se “modernizaron” vendiendo sus negocios familiares a grandes conglomerados, convirtiéndose en socios menores de transnacionales y oligopolios imperialistas. Medios de comunicación como El Tiempo o Caracol, fueron vendidos a grupos españoles; Santodomingo vendió Bavaria a la Multinacional SabMiller y así sucedió con otros grandes negocios.

Lo que en los noventa fue presentado como la superioridad del capitalismo y el mercado, sólo agudizó las contradicciones sociales. La desigualdad aumentó en Colombia y el mundo, la pobreza se agudizó y el capital especulativo provocó mayores contradicciones que llevaron a un punto de quiebre, la crisis económica mundial de 2008, y a partir de ahí a una dinámica de crisis y recesión que la burguesía no ha podido superar. Al tiempo que las masas resistían y se rebelaban surgieron corrientes burguesas imperialistas que advertían las aberraciones del neoliberalismo y proponían mayor regulación del capital, junto a medidas asistencialistas para mitigar la desigualdad y el empobrecimiento, caldo de cultivo para insurrecciones y revoluciones.

Estas corrientes burguesas imperialistas presentes hoy en los organismos imperialistas internacionales han terminado confluyendo con reformistas como Petro, Lula, Podemos en España, entre otros, que pregonan un capitalismo con rostro humano (y ahora “sostenible medioambientalmente”) junto a viejos keynesianos liberales que añoran el paraíso perdido del estado de bienestar. Por eso el programa de Petro es respaldado por la OCDE, el FMI y la CEPAL.

La llegada de Petro al gobierno, expresa por un lado el ascenso de las luchas (del que hemos hablado ampliamente en otros artículos) aún preso de una conciencia reformista que confía en las posibilidades de cambio de las propuestas reformistas del gobierno del Pacto Histórico. Pero por otro, expresa también la política de sectores de la burguesía que quieren quitarle presión a la olla, al tiempo que paliar la crisis social que la depredación neoliberal han causado; todo para poder seguir garantizando la continuidad del capitalismo en Colombia.

Las contradicciones y la polarización alrededor de las reformas y la política del gobierno, expresadas desde fracciones burguesas de derecha, son expresión de intereses económicos que en medio de la crisis actual del capitalismo son cuestionados por otras fracciones burguesas, los estallidos sociales y por los reformistas del gobierno.

Con vacas flacas o gordas, los de arriba siguieron ganando

Es sintomático que los sectores de la economía controlados por el capital financiero en Colombia, casi siempre presentan ganancias astronómicas, ya sea en situaciones de crisis y recesión, o de auge y ascenso.

Tomando sólo el caso de la salud, durante más de 30 años de vigencia de la Ley 100, de las muchas EPS que han surgido la mayoría desapareció, se expresa así la tendencia al monopolio con cada vez menos sobrevivientes que acaparan las ganancias del sector. Además de la salvaje competencia capitalista, la corrupción y el endeudamiento de las EPS han provocado sus crisis y liquidación, mientras que las que sobreviven al acumular más usuarios, recursos y deudas, amplifican exponencialmente las contradicciones fermentando la crisis generalizada del sistema que presenciamos hoy en día.

Los dueños de las grandes EPS son grandes conglomerados financieros. La multinacional española Keralty es dueña de Sanitas; Sura es parte del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA); Compensar es parte del negocio privado en que se han convertido las cajas de compensación familiar; por sólo nombrar a tres de las más grandes. Y son estos, a través de ACEMI; de los congresistas y sus partidos financiados por ellos; los grandes medios de comunicación propiedad de estos y otros conglomerados y tecnócratas que han sido parte del andamiaje institucional del neoliberalismo, quienes han comandado la oposición a la reforma a la salud de Petro.

La crisis de las EPS es ahora presentada como consecuencia de la política de Petro y su proyecto, ahora archivado, de reforma a la salud. Una parte de la crisis es inducida por las propias EPS, como parte de la vieja táctica de paro patronal usada por sectores burgueses de derecha que se oponen a gobiernos de colaboración de clases cuando ven cuestionados sus intereses. Forzar el desabastecimiento de medicamentos, negar servicios a pacientes y amenazar con despidos a trabajadores de la salud deliberadamente, buscan alimentar un clima de incertidumbre y rechazo al gobierno favorable a salidas de derecha.

Lo cierto es que los problemas financieros de las EPS vienen de hace muchos años y sólo quieren que continúe la política de rescate financiero del Estado, para garantizar continuar con su acumulación de capital a través de la más descarada especulación. Antes del gobierno actual, varias EPS habían colapsado bajo su lógica especulativa, mientras que las sobrevivientes, al absorber el mercado sólo preparaban las crisis venideras mientras que los usuarios, las IPS públicas y  el presupuesto nacional pagaban las consecuencias y las pérdidas. Las EPS pelean por seguir la vieja fórmula de socializar las pérdidas mientras que las ganancias son concentradas por pocas manos privadas. Por eso ante la crisis actual de las EPS, piden más plata al gobierno para cubrir sus desastres y garantizar las tasas de ganancia.

Esta batalla alrededor de la Salud, es expresión de las contradicciones más amplias de los sectores burgueses que más se han enriquecido con la especulación y la renta en Colombia.  En las discusiones acerca de las reformas, las posturas de los gremios anteponen a la necesidad general de la burguesía de otorgar concesiones a cambio de apaciguar el descontento, sus propios intereses gremiales e individuales. Saben que deben soltar concesiones, pero no están dispuestos individualmente a renunciar a parte de sus ganancias para ello. Como dijo el escritor español Antonio Gala “Los privilegiados arriesgarán siempre su completa destrucción antes que ceder una mínima parte de sus privilegios”.

Cambios “embolatados”

Desde la presentación de la reforma a la Salud, la relación con la burguesía ha sido tensa, de negociación y de imposición de sus intereses al gobierno, que ha priorizado la concertación con la burguesía sobre la necesidad de dar respuestas a las masas que esperan cambios.

Por eso lo que avanza no es el prometido cambio, sino el estancamiento y la parálisis del gobierno cada vez más presa de su política de mantener los pactos con los burgueses, mantener medidas reaccionarias como el aumento del precio de la gasolina, y sólo usar la movilización de los sectores de masas que aún confían y tienen expectativas en su gobierno de manera instrumental para mostrar fuerza ante la burguesía.

Nuevamente las posibilidades de cambio se agotan dentro de los estrechos marcos del régimen político antidemocrático hecho a la medida de los intereses burgueses, especialmente de sus fracciones más ligadas al capital financiero. Las derrotas de los proyectos de reformas en el Congreso, el uso de Instituciones del régimen como la Fiscalía, las cortes, la Procuraduría y todo el tejido burocrático que ahoga cualquier medida reformista que intente abrirse paso, muestran que en los marcos del régimen actual es imposible responder mínimamente a las expectativas de quienes se levantaron los paros nacionales.

Esta situación reitera la necesidad de una transformación de fondo, por eso Petro se ve obligado a hablar nuevamente de la constituyente, o de intentar implementar medidas de la reforma a la salud fracasada desde el poder Ejecutivo, mientras intenta recomponer el apoyo popular con convocatorias a movilizaciones limitadas y asfixiadas por la burocracia sindical. Mientras tanto el escepticismo y el descontento crece, sin respuestas desde la izquierda más allá de agitar las teorías del “golpe blando” y esconder y condenar cualquier critica al gobierno.

Petro seguirá preso de sus limitaciones y contradicciones. Por eso debemos dar fuerza a la propuesta una constituyente que modifique y ponga en debate el régimen político, pero para que realmente sirva esta debe ser verdaderamente amplia, libre, democrática y soberana. Corresponde a las masas, con los trabajadores a su vanguardia, reconstruir las organizaciones y la independencia de clase, para retomar las reivindicaciones y la lucha; por un verdadero gobierno obrero y popular que no esté presa de estas contradicciones burguesas que bloquean cualquier respuesta de fondo a las necesidades de las masas.

Publicado en ES 753 abril-mayo 2024

Tomado de https://www.magazine.pstcolombia.org/

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