El Tribunal Superior Electoral (TSE) impidió la candidatura Lula, basándose en la Ley de la Ficha Limpia, aprobada por el Congreso Nacional, apoyada por el PT y sancionada por el propio Lula en 2010, mientras gobernaba. El tribunal decidió también que el PT tiene 10 días para cambiar de candidato a presidente y permitió la participación de Lula en los programas de TV, siempre que no sea como candidato.

Por Mariucha Fontana

Estamos llegando entonces al punto central, al que la campaña “Lula Libre” – campaña electoral desde su nacimiento – llegaría: Lula candidato o candidato de Lula (Haddad).

Lula, sin dudas, fue discriminado por la Justicia, pues Aécio, Alckmin, Temer y muchos más también deberían estar en la cárcel, o condenados. Si la Ley de la Ficha Limpia, votada por el Congreso con el apoyo del PT, estuviese vigente, tampoco deberían poder candidatarse. El mismo TSE, que impugnó la candidatura Lula, se negó a derrocar a Temer (nuevamente con el apoyo del PT), cuando votó a favor de archivar el proceso que impugnaba toda la candidatura electa en 2014.

Como decimos siempre, no podemos apoyar la impunidad para todos los corruptos, como defiende el PT, ni la justicia burguesa o la Lava Jato, como defienden algunos, pues ella no va a meter a todos los corruptos en la cárcel, porque no es neutra, forma parte del Estado capitalista. Si fuese “neutra” y justa, Alckmin debería ser reo y estar en la cárcel también, junto con Temer y compañía. Entonces, ni la política del PT de libertad para todos los corruptos puede defenderse, ni la de la justicia burguesa de prisión para algunos corruptos y corruptores. Debemos exigir que también Alckmin, Temer y otros sean investigados y castigados.

Esa es democracia de los ricos con sus “tres poderes” gerenciando el sistema de explotación capitalista. Esos tres poderes existen para resolver las diferencias entre los diversos sectores de la burguesía, que en tiempos normales aceptan resolver sus conflictos por esa vía. La crisis capitalista actual puso el régimen en crisis y el juego de zancadillas entre los de arriba se endureció. Las peleas y divisiones entre los de arriba aumentaron y la movilización de los de abajo creció muchísimo. Lo que pasa es que el bloque burgués que el PT constituye, del que participan no solo políticos burgueses (incluso innumerables “golpistas”), sino también grandes empresarios y banqueros, al incorporar organizaciones de la clase trabajadora, dificulta que esa misma clase y el pueblo pobre, que son la enorme mayoría del país, tengan una acción independiente de la burguesía.

La campaña “Lula Libre” cumplió, en este sentido, el papel de desviar e impedir la movilización directa de la clase trabajadora por sus derechos y por la derrocada de Temer y del Congreso corrupto. La nueva Huelga General necesaria para impedir la reforma laboral e, incluso, derrocar a Temer, no salió porque, con excepción de la CSP-Conlutas, las demás centrales sindicales  y movimientos sociales estuvieron y están bajo las alas del PT y de la campaña “Lula Libre”, que no es otra cosa sino la campaña electoral del PT en 2018. El mismo papel nefasto lo cumplieron en pro del desmonte de la huelga de los camioneros, en vez de llamar una Huelga General para derrocar a Temer y a la reforma laboral. Con ello, desviaron, una vez más, el proceso de luchas para el terreno de la burguesía: las elecciones burguesas. Aunque estas, como en 1989, expresen distorsionadamente la correlación de fuerzas de gran polarización social, política y de la lucha de clases, así como la importante división interburguesa.

La selectividad de la justicia burguesa contribuyó a la estrategia de Lula y del PT en la construcción de la falsa narrativa del golpe. En realidad, incluso el impeachment, al dejar en manos de Temer la guerra social que Dilma comenzó contra la clase, abrió la posibilidad de recuperación electoral de Lula y del PT. Si no fuese por eso, el PSDB tal vez no estaría en la situación que se encuentra hoy.

La campaña “Lula Libre”, siempre fue una campaña electoral en defensa de un programa capitalista y de colaboración de clases, uniendo bajo las alas de PT, al PCdoB, al PSOL y compañía. Ese frente actuó para defender los ex gobiernos del PT como gobiernos “progresistas”, ayudando así al PT a recomponer su espacio electoral, incluyendo la construcción de Haddad como el nuevo suplente de Lula. Hasta el propio Lula se negó a dejar avanzar la negociación de prisión domiciliaria, que lo dejaría libre de la prisión de Curitiba, para poder seguir con la misma estrategia de Lula candidato o candidato de Lula.

Quien se queda en el mero análisis superestructural y no estructural de la realidad debería pensar que ahora que el PT está en alta en las encuestas, la correlación de fuerzas debe haber cambiado de modo favorable a los trabajadores.

Pero, desde el punto de vista estructural, la correlación de fuerzas continúa siendo la misma. Lo que ocurre es que la clase obrera y los de abajo están furiosos con Temer, como en su momento lo estuvieron con Dilma, por la guerra social que todos esos gobiernos, desde 2013, vienen desatando contra los trabajadores y sus derechos. Guerra social que el capitalismo continúa exigiendo y que todas las candidaturas de las diferentes fracciones del mercado, incluyendo la del PT, van a continuar aplicando contra los de abajo en pro de los de arriba, a menos que sean derrotados por la clase en acción directa. Y, como demuestran todas las estadísticas, la clase nunca luchó tanto, desde los años 1980. Pero la superación de las direcciones traidoras es un proceso, un camino que la clase comenzó a trillar, aunque toda la “izquierda” defienda que la clase debería retroceder y quedarse parada en el campo burgués de colaboración de clases, propuesto por el “lulismo”.

¿Otra estafa electoral a la vista?
Todos los candidatos que están compitiendo hoy, excepto Vera, van a atacar a la clase trabajadora, en la medida en que van a pagar la deuda y defender la propiedad privada de los grandes empresarios en tiempos de gran crisis capitalista. No estamos en tiempos de crecimiento capitalista, como en la época de Lula, que permitan engaño.

Bolsonaro, Alckmin y Marina van a atacar violentamente a los trabajadores, en caso de que sean electos. Pero también lo harán Ciro y Haddad, el candidato de Lula.

El PT y Haddad prometen los niveles de desempleo de la era Lula, cuando el capitalismo y el boom de materias primas estaban en alza. Hacen el discurso del falso golpe y se alían en 13 estados con “golpistas” del mismo MDB de Temer (vice de Dilma), como Eunício de Oliveira y otros. Le dicen al pueblo que van a garantizar derechos. Pero, como informaban los periódicos “O Estado de São Paulo” y “Valor Económico” días atrás, Haddad conversaba con el “PIB”, el 1% que controla el poder económico, que lo consideran inofensivo, como ya sabíamos. Haddad garantiza también que hará la reforma de la Seguridad Social. Como Dilma, si lo eligen, hará una nueva estafa electoral.

Ni una dictadura, ni la democracia de los ricos van a mejorar la vida de la mayoría

El PT y el PSOL defienden la democracia de los ricos. Creen que puede ser justa y garantizar la “soberanía popular”, o sea, un gobierno de la mayoría, a través del voto y de la elección de los poderes Ejecutivo y Legislativo, o incorporar los mecanismos “participativos”.

La burguesía, puede optar por una dictadura militar o por la democracia de los ricos para gerenciar el sistema. El sistema capitalista tiene diferentes formas de organización. Una de ellas es la democracia de los ricos, la otra, el régimen militar (que Bolsonaro defiende, aunque sea, como Trump, un populista de derecha o sea, una extrema derecha electoral). Cuando la burguesía opta por la dictadura, impone sus gobiernos a la fuerza, no permite elecciones, ni que los partidos obreros se legalicen, ni libertad de organización, de reunión, de manifestación, de opinión, etc. El fascismo, mucho peor que la dictadura, usa métodos de guerra civil contra la clase obrera y sus organizaciones y mata masivamente a los trabajadores y sus líderes. En estos casos, la clase obrera debe hacer unidad  de acción en la lucha con cualquier sector, incluso de la burguesía, para impedir un régimen autoritario, que impida su organización y expresión. Pero, esa unidad es en la lucha, nunca debe ser un apoyo político.

Ya la democracia de los ricos garantiza el control por el poder económico y por un sistema que, en realidad, le quita diariamente a los de abajo su soberanía, para que sea ejercida por los “electos” a cada 4 años, en las elecciones que conocemos.

Todos los gobiernos, sean de dictadura o de la Nueva República (Collor, Itamar, Fernando Henrique Cardoso, Lula, Dilma y Temer), gobernaron para el mismo 1% de siempre. Fueron todos gobiernos de la clase dominante, aunque con diferencias entre sí. Representaron, en diferentes circunstancias, a diferentes sectores de la clase dominante, que en su conjunto representa 1% de la población.

Las elecciones burguesas son un juego de cartas marcadas y antidemocráticas. Como sistema de gobierno, en la democracia de los ricos, el sistema representativo no es democrático. No es de hecho un gobierno de la mayoría, es un simulacro, un engaño. Es un sistema en el que quien manda de verdad es la minoría.

Es mentira que hay “soberanía popular” en la democracia de los ricos. Pues quien gobierna no es la mayoría del pueblo y sí “los electos”. Electos, además de todo, por el poder económico del 1%. Esos electos después gobiernan todos los días para el “mercado”. El pueblo es convocado para legitimar el sistema a cada cuatro años, en votación individual, en campañas de mentiras y sin que los candidatos tengan condiciones mínimamente iguales de disputa. Por eso, el Congreso es tan corrupto y el diputado hace lo que quiere cuando está en él. No representa al pueblo, porque sabe que no va a tener que rendir cuentas de nada.

Es importante recordarle también a la llamada “izquierda”, que se dice democrática, que el sistema representativo usurpa el nombre democracia y se autodenomina “democracia representativa”. O sea, la democracia de los ricos, es un régimen hecho para gobernar el sistema capitalista.

Por eso, los trabajadores y la mayoría del pueblo pobre deben defender los consejos populares. Esa es la única forma de que los trabajadores gobiernen, todos los días, desde abajo y tengan poder de decisión sobre todo. La democracia obrera es verdaderamente democrática

¿Estafa electoral también es golpe?
El PT y el PSOL dicen que hay un régimen de excepción hoy en Brasil, o sea, una dictadura. Según ellos, hubo un “golpe”. Golpe significa cambio de régimen, de sistema de gobierno, una situación en que la burguesía necesita acabar con cualquier libertad democrática. Como eso no pasó, inventaron que hubo un “golpe institucional”. Ese tipo de zancadilla, que ellos llaman “golpe”, forma parte de la naturaleza de la democracia de los ricos. Este tipo de golpe también existió durante los gobiernos del PT. ¿O la estafa electoral de Dilma de 54 millones de electores es “respeto al deseo de la mayoría? Este tipo de “golpe” es dado por todos los gobiernos burgueses, incluyendo los de Lula y Dilma.
Otra zancadilla y medida antidemocrática fueron los cambios en la ley electoral para mucho peor, con el apoyo del PT. Medidas que benefician a los grandes partidos e impiden cualquier renovación electoral, además de dejar partidos ideológicos y no corruptos, como el PSTU, en la semi-ilegalidad.  

La coherencia no tiene precio: ¡El 16 es rebelión! ¡Por Vera del PSTU!

La tarea más importante en el proceso electoral es defender la independencia de clase, la necesidad de un proyecto socialista y de una Rebelión, para que los de abajo puedan derrocar a los de arriba. Esa necesidad, solo se expresa hoy a través de la única candidatura que defiende un proyecto socialista y que no forma parte de ningún bloque burgués, sea o no de colaboración de clases .

El 16 es Rebelión.

Traducción: Davis