El nuevo coronavirus llevó a la muerte a más de un millón de personas. Brasil concentra 15% de las muertes.

Por: Jeferson Choma

A pesar de todo el negacionismo del gobierno Bolsonaro, que estimula la naturalización de la pandemia de Covid-19, el Brasil camina rápidamente hacia alcanzar las 150.000 muertes por el virus Sars-CoV-2, según datos oficiales.

El último 29 de setiembre, se constató que el nuevo coronavirus ya llevó a la muerte a más de un millón de personas alrededor del mundo. Y continúa extendiéndose, con más de 32 millones de nuevos casos. Además, ya fue registrada una segunda ola de contaminación en varios países de Europa, donde se registra un nuevo aumento diario del número de casos.

El Brasil aparece en tercer lugar, con 4,7 millones de casos confirmados, concentrando 15% de todas las muertes en el mundo. Pero especialistas apuntan, no obstante, que el número de personas infectadas en estos países es mucho mayor que lo que las cifras oficiales indican. Nuestro país es uno de los miembros de la comunidad internacional donde hay menos testeos: menos de 9% de nuestra población pasó por algún tipo de test.

Subnotificación enmascara la dimensión del genocidio

El resultado es que existe una gran subnotificación de casos y muertos. Por eso, muchos especialistas hablan de que el número real de víctimas sobrepasa, fácilmente, 200.000 muertos. Según datos del Ministerio de Salud, hasta el 21 de setiembre ocurrieron 56.000 muertes por Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SRAG) no especificado, o sea, hay muertes en exceso sin confirmación del agente causante. Solo para comparar, entre enero y setiembre de 2019, el Brasil tuvo aproximadamente tres mil muertes por SRAG no especificada.

Además, por impericia, negligencia o falta de estructura, muchas muertes por Covid-19 pueden no estar siendo computadas, lo que aumenta la subnotificación. Eso lleva a algunos especialistas a llamar a esas víctimas “los desaparecidos del Covid-19”.

Este genocidio, que alcanza desproporcionadamente y con más intensidad a la población pobre y negra, es responsabilidad directa de Bolsonaro, que siempre negó la gravedad de la pandemia, llamándola de “gripecita”. En discurso ante la ONU, el último 22 de setiembre, el presidente culpó a los medios por diseminar el pánico entre la población y dijo que fue siempre contrario al lema “quédese en casa”. E, incluso, mintió, diciendo que pagó un millón de dólares de Auxilio de Emergencia.

Pero Bolsonaro no es el único culpable. Los gobernadores tampoco garantizaron una cuarentena válida y reabrieron buena parte de los comercios. El resultado fue una tragedia más que anunciada.

Retorno a las aulas solo con vacuna

 A pesar del escabroso escenario, la mayoría de los gobiernos de los Estados siguen presionando para el retorno a las aulas presenciales. Los Estados que ya planean reabrir sus escuelas son Pará, Rio de Janeiro, Rio Grande do Sul, Santa Catarina y San Pablo. Pero hay una batalla judicial para conseguir medidas precautorias que impidan la reapertura. Al mismo tiempo, los trabajadores de la educación se movilizan y amenazan realizar huelgas en defensa de la vida. Encuestas muestran que la absoluta mayoría de la población está en contra de la reapertura.

Muchos alcaldes, temiendo que el desgaste amenace su reelección, empujaron la decisión para después de las elecciones, como Bruno Covas (PSDB) en San Pablo. El Estado es el que registra más contaminación y muertes por Covid-19, con más de 36.000 óbitos. Con eso, ya pasó a Italia. San Pablo, solo, también sobrepasó a países como Francia (32.171), España (32.086), Perú (32.609) y Colombia (26.556).

“No hay una preocupación con el aprendizaje, el retorno visa atender las exigencias de los dueños de las redes privadas y de las burguesías. A los capitalistas y a los gobiernos no les importa la vida de los estudiantes”, explica Flávia Bischain, profesora de la red pública en la capital y candidata a concejal por el PSTU de San Pablo. Ella cita la encuesta serológica realizada con estudiantes de la red pública y privada de San Pablo que demostró que la actual tasa de contaminación de los estudiantes de la red pública (18%) es el doble que la de la red privada (9%).

“El retorno presencial solo aumentará aún más la exposición y el riesgo de contaminación en las periferias, donde está ubicada la mayoría de las escuelas públicas y donde falta estructura, tanto en las escuelas como en los barrios. Aquí en Brasilândia [barrio de la Zona Norte de San Pablo], las escuelas no tienen ni techo”, explica Flávia. Para ella, la falta de estructura en las escuelas de la periferia de San Pablo expresa la realidad de la mayor parte de las escuelas de todo el país, que no tienen ninguna condición de garantizar la vida de los alumnos, los trabajadores y el país.

La profesora también explica que el gobierno ignoró el pedido de los padres. “El gobierno consultó, y los padres dijeron que no quieren volver. Pero el gobierno no respeta la decisión. Muchos profesores relatan que están sufriendo presión para volver a las escuelas, aunque no haya seguridad sanitaria”, dijo Flávia, para quien solo la movilización puede impedir la reapertura de las escuelas en los Estados.

“Llamamos a una movilización unitaria de los padres, trabajadores y estudiantes para derrotar esta política de los gobiernos. No hay condiciones de reapertura hasta que haya vacunación para todos y todas. Si los capitalistas y los gobiernos no se preocupan con nuestras vidas y las de los estudiantes, tenemos que ir a la lucha”, concluyó Flávia.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.